domingo, 17 de marzo de 2019

SUNSET PARK


El primer libro que leí de Paul Auster, Premio Príncipe de Asturias 2006, fue Brooklyn Follies. Después vinieron otros muchos que me pareció respondían más que el citado a lo que el escritor norteamericano llama sus obsesiones: el azar como organizador de la vida de cada ser humano, el desarraigo, la búsqueda del sentido de la propia existencia, el amor a la lectura, la contraposición entre lo extraordinario y lo cotidiano, las relaciones entre padres e hijos, el sentimiento de culpa,  por citar algunas de esas obsesiones que podemos encontrar en Sunset Park, el libro que hoy traigo a Opticks.
El principal protagonista de Sunset Park, aunque en el libro hay varios que pueden considerarse como tales, es Miles Héller, un joven de 28 años que vive en Florida, se dedica a limpiar viviendas que han debido abandonar sus moradores por impago, deudas o ejecución de hipoteca, y mediante disciplina y dominio de sí mismo, ha logrado en los siete años y medio transcurridos desde que dejó la universidad no tener planes, que es lo mismo que carecer de deseos y esperanzas, contentarse con su suerte, aceptar lo que el mundo ofrece cada díaLa lectura es la única obsesión de la que no desea curarse.
Sin embargo, los planes de Miles se ven alterados cuando interviene el azar, facilitando se encuentre en un parque con una jovencita que está leyendo la misma obra que él: El gran Gatsby.
La jovencita se llama Pilar Sánchez, es cubana, tiene 17 años, estudia el último curso de bachiller y cambia por completo la vida del joven, que establece con ella una relación de pareja basada en el amor y la admiración mutuas, pero que cuenta con el inconveniente de que la chica es menor de edad, lo que provoca que una hermana de ella chantajee al joven que decide volver a Nueva York, ciudad en la que vivía y en la que aún viven sus padres, y esperar allí la mayoría de edad de Pilar.
En Nueva York, Miles se encuentra con Bing Nathan, antiguo compañero de estudios de ideas anarquistas y el único con el que ha mantenido contacto.
Bing, que en todo momento mantuvo al padre de Miles informado de sus movimientos, aunque él no lo sabe,  es músico y dueño de un local al que llama Hospital de Objetos Rotos, en el que repara marcos y chismes arrumbados por el progreso. Sus dos ocupaciones apenas le dan para vivir de manera precaria, así que ocupa ilegalmente una vieja casa de madera abandonada en el barrio de Sunset Park.
Le acompañan en la ocupación una joven de 29 años pintora aficionada que trabaja en una inmobiliaria, Ellen Brice, y una universitaria treintañera, Alice Bergstrom, que prepara la tesis doctoral sobre las relaciones y conflictos entre hombres y mujeres en Estados Unidos tal como se muestra en obras literarias y cinematográficas de 1945 a 1947. Esto le permite a Paul Auster, como sabemos gran amante del cine, explayarse en el análisis de una película de 1946, Los mejores años de nuestra vida; también le sirve para analizar la crisis económica y de ideales que están viviendo los protagonistas de la novela.
Para realizar esta serie de análisis, en el marco de la ciudad de Nueva York, Paul Auster presenta los capítulos en los que aparecen Bing, Alice, Ellen o Miles, exponiendo alternativamente lo que hace, dice o piensa cada uno de ellos.
A los capítulos dedicados a los cuatro jóvenes que titula con sus respectivos nombres, se unen otros en los que los personajes principales son los padres de Miles: Morris Héller y Mary-Lee Swann.
De nuevo aparecen aquí las obsesiones del autor reflejadas en Morris, editor de libros de alta literatura, de su amigo Renzo, famoso escritor que dice atravesar una etapa de crisis en el proceso creativo, y Mary-Lee Swann, actriz de cine y teatro de mediana edad, divorciada de Morris y con un cierto complejo de culpa por haber abandonado a Miles a poco de nacer.
Todo este contenido, y mucho más, por ejemplo, las referencias al béisbol, en 298 páginas.
Aun así, pese a la densidad del contenido, Sunset Park de Paul Auster se lee con facilidad y agrado. Sólo los capítulos finales, ésa es al menos mi impresión, me parecen un tanto improvisados y farragosos.



viernes, 8 de marzo de 2019

ÉPOCA DE MIGRACIÓN AL NORTE


Tras una larga ausencia, señores, volví junto a mi gente. Fueron exactamente siete años los que pasé estudiando en Europa. Aprendí muchas cosas y muchas otras me quedaron por aprender, pero esa es otra cuestión. Lo importante es que volví con un ardiente deseo de encontrarme con los míos en ese pueblecito de la curva del Nilo.
Se alegraron mucho de verme y armaron un gran alboroto a mi alrededor y enseguida sentí que empezaba a derretirse el hielo de mi corazón, como si hubiera pasado mucho frío y de repente el sol me calentara.
Era el calor de la vida entre mi gente, del que no había disfrutado durante tanto tiempo en un país “en el que los peces se mueren de frío”.

Así empieza, con algunas variantes, la obra literaria que hoy traigo a Opticks, se titula Época de migración al Norte, fue editada en 1966, tiene 192 páginas, está considerada como una de las mejores novelas del siglo XX escritas en árabe y su autor es el sudanés Tayyeb Saleh.
Tayyeb Saleh nació en 1929 en Merowe (Sudán). Estudió Literatura en la universidad de Jartum y en Londres. Al estallar la guerra civil en su país en 1956, se vio obligado a permanecer en el extranjero durante un tiempo.
Al regresar a Sudán, trabajó para la BBC y en Qatar y en París para la UNESCO. Murió en Londres en el año 2009.
Los párrafos que he copiado de la novela expresan, en cierta manera, una de las características de las obras de este escritor, y es el contraste entre el lugar donde nació y el extranjero en todos los aspectos: personas, costumbres, paisajes…
La novela de Tayyeb Saleh cuenta con dos protagonistas principales: el narrador de la historia, un joven que, al terminar el doctorado, vuelve a su aldea, y Mustafa Saíb, el hombre de unos cincuenta años, cuyo pasado desconocen los aldeanos, pero que se ha integrado perfectamente en la sociedad del lugar, se ha casado con la hija de uno de los lugareños y tiene ya dos hijos.
Con lenguaje poético, el joven describe los lugares en los que transcurrió su infancia y cómo fue evolucionando la vida rural en Sudán: Oí cantar a la tórtola y, al contemplar por la ventana la palmera del patio de nuestra casa, supe que todo iba bien… Las norias fueron desapareciendo y en su lugar se instalaron en las orillas del Nilo bombas eléctricas. De igual modo, el cariño con el que lo recibe su familia, en especial el abuelo, que, a sus 90 años, conserva intactas la inteligencia y la energía: Voy a ver a mi abuelo y me cuenta cosas de hace cuarenta años, de hace cincuenta y hasta de hace ochenta y mi sensación de seguridad aumenta.
Las preguntas que le hacen sus paisanos sobre los europeos, permiten a  Tayyeb Saleh reflexionar sobre la condición humana y el parecido que existe entre todos los individuos sean de donde sean: Se quedaron atónitos cuando les dije que los europeos, salvo pequeñas diferencias, eran exactamente igual que nosotros…Nacen, mueren y, en su viaje desde la cuna a la tumba, persiguen algunos sueños que se hacen realidad y otros que nunca se logran.  
Pronto esa realidad idílica que vive el recién llegado, soñador y optimista que ha estudiado poesía, se transforma. Mustafa Saíd, descrito por una compañera de estudios como “una máquina sin sentimientos”, lo elige como confidente, dada su formación universitaria, y le explica con todo detalle lo que fue su vida hasta que llegó a la aldea.
La narración experimenta así una transformación brutal, ya que las dos personalidades, al igual que las vivencias de ambos interlocutores, son del todo antagónicas, aunque en un futuro la tragedia del mayor atrapará también al más joven.
Entiendo que Época de migración al Norte tenga la consideración de obra maestra. En muy pocas páginas el escritor, además de profundizar en el carácter de los distintos personajes, refleja cómo fue la época colonial, la corrupción política que, por desgracia, en la mayoría de los países africanos continúa siendo extrema; habla igualmente del machismo propio de los árabes y hasta de la ablación del clítoris, no erradicada aún en estos tiempos.
Junto a la realidad africana de aquella época, está la sociedad europea en la que se integra Mustafa Saíb, en un drástico cambio que traslada a Londres el África más feroz y primitiva.
Al tratarse de una obra tan breve, creo que no debo contar nada más. Sólo decir que Época de migración al Norte es para mí uno de esos raros libros que interesa, emociona, instruye y hace pensar.