jueves, 28 de febrero de 2019

ANTONIO MACHADO


El viernes, 22 de febrero, se cumplieron ochenta años desde la muerte en Colliure (Francia) del poeta nacido en Sevilla Antonio Machado.
Son muchos los poemas de Antonio Machado que aprendí de memoria y que he ido haciendo míos a lo largo de una vida en la que la poesía siempre estuvo presente. Así que no quiero que termine este mes sin manifestarle en Opticks, mediante la reproducción de algunos de ellos, toda mi admiración y cariño al hombre bueno y al poeta.
Adscrito en los primeros tiempos al Modernismo, bajo la influencia de Rubén Darío, Francisco Villaespesa o Juan Ramón Jiménez, el primer libro que publica Antonio Machado es Soledades (1899-1907).

Era una tarde de un jardín umbrío,
donde blancas palomas arrullaban
un sueño inerte, en el ramaje frío.
Las fuentes melancólicas cantaban.

Sin embargo, aunque los poemas contenidos en Soledades recogen, como observamos en el anterior fragmento, características del Modernismo, también se puede apreciar en muchos de ellos el dolorido sentir propio de la Generación del 98, que encontraremos posteriormente en Campos de Castilla (1907-1917), y las certeras reflexiones en pocas pinceladas, extraídas algunas de la sabiduría popular, que aparecen en Nuevas canciones (1917-1930).

¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

Todo necio
confunde valor y precio.

Entre las cualidades a destacar en la poesía de Antonio Machado está su cercanía. Cualquier persona puede hacer suyos con facilidad los sentimientos que expresa el poeta.

Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón
.……………………………………….

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿A dónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero…
-La tarde cayendo está-

Campos de Castilla, fue el libro que completó cuando ya había conocido a Leonor, la jovencita que sería su esposa y su gran amor, que le animó a escribir y que murió antes de verlo publicado. Se inicia con la maravilla de Retrato:

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Hay muchos poemas dedicados a la esposa muerta:

Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
………………………………………………………………………….

Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.

A Soria:
Es la tierra de Soria árida y fría.
Por las colinas y las sierras calvas,
verdes pradillos, cerros cenicientos,
la primavera pasa
dejando entre las hierbas olorosas
sus diminutas margaritas blancas.

A Andalucía desde Úbeda, con la nostalgia de Castilla.

En estos campos de la tierra mía,
y extranjero en los campos de mi tierra
-yo tuve patria donde corre el Duero
por entre grises peñas,
y fantasmas de viejos encinares,
allá en Castilla, mística y guerrera,
Castilla la gentil, humilde y brava,
Castilla del desdén y de la fuerza-,
en estos campos de mi Andalucía,
¡oh tierra en que nací! cantar quisiera.
…………………………………………………………………….

Tiene Cazorla nieve,
y Mágina, tormenta,
su montera, Aznaitín. Hacia granada,
montes con sol, montes de sol y piedra.

A España siempre:

Fue un tiempo de mentira, de infamia. A España toda,
la malherida España, de carnaval vestida
nos la pusieron pobre y escuálida y beoda,
para que no acertara la mano con la herida.

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios,
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.


sábado, 23 de febrero de 2019

LA URUGUAYA


El amigo, experto en Literatura, de una amiga que está en vías de serlo, me recomienda la novela que hoy traigo a Opticks. Se titula La uruguaya y su autor es el argentino Pedro Mairal.
Quizá no lo sean tanto en otros casos, pero en éste sí que importan las respectivas nacionalidades de los principales protagonistas, él de Argentina y ella de Uruguay, porque el autor se refiere en su obra a diferencias existentes entre ambos países, incluso, abordando cuestiones futbolísticas.
Lucas Pereyra, protagonista masculino de la historia, es un cuarentón que se dedica a la literatura con éxito mudable. Al inicio de la narración, escrita en primera persona y dirigida a su esposa, de la que se ha despedido con un beso a las 6 de la mañana, dejándola en casa junto con Maiko, el hijo de ambos de corta edad, Lucas Pereyra cuenta el objetivo de su viaje. Se trata de recoger en un banco en Montevideo los anticipos de España y de Colombia de dos contratos de libros que había firmado hacía meses. Si me transferían los dólares a la Argentina, el banco me los pesificaba al cambio oficial y me descontaban el impuesto a las ganancias. Si los buscaba en Uruguay y los traía en billetes, los podía cambiar en Buenos Aires al cambio no oficial y me quedaba más del doble.
Lo que ocurre es que, además de recoger un dinero que le va a venir muy bien en unos momentos en los que la casa común se cae a pedazos, la esposa ha de ocuparse de los gastos y el matrimonio parece zozobrar, Lucas ha quedado con una joven, Magali Guerra Zabala, protagonista femenina nacida en Uruguay, a la que conoció el año anterior en un congreso de escritores y de la que espera lograr, en su imaginación galopante, algo más que los roces eróticos y las promesas que alcanzó a conseguir cuando se conocieron.
La uruguaya tiene sólo 140 páginas pero la riqueza de contenidos que albergan y el modo de expresarlos, con una estudiada sencillez en la que resalta la ironía despiadada con la que el autor presenta a su personaje principal y a los distintos ambientes en los que se desenvuelve, las convierte en geniales.
La manera de narrar el viaje de Buenos Aires a Montevideo, con los tipos humanos que va encontrando en el camino, y el recuerdo que guarda del congreso citado y de su encuentro con Magali, daría para un relato independiente.
Al mismo tiempo, la descripción de su matrimonio, incluidos los problemas económicos y el deterioro de las relaciones sexuales, supone otro relato más.
Combinados con los anteriores y constituyendo lo que podríamos considerar el nudo de la historia, están la estancia en Montevideo, lo que el argentino aspira a lograr de la uruguaya y el caótico desarrollo de los acontecimientos.  
Finalmente, el regreso a casa y el previsible, en cierto modo, aunque también, por otra parte, sorprendente desenlace, ponen el broche final a La uruguaya de Pedro Mairal, una pequeña obra cuyo éxito mundial, tras publicarse en el año 2016, afirma que le supuso una sorpresa.

sábado, 16 de febrero de 2019

YO, JULIA


En numerosas ocasiones uno de mis hijos me ha recomendado las novelas sobre la historia de Roma escritas por Santiago Posteguillo, y hasta ahora no se me había ocurrido leer ninguna.
Debo decir en mi descargo que las últimas novelas históricas que he leído, algunas de ellas reseñadas en Opticks, me han decepcionado bastante, y no me apetecía perder el tiempo en un nuevo y, por lo general, voluminoso tocho que conllevase otra decepción.
Sin embargo Yo, Julia, Premio Planeta 2018, obra de Santiago Posteguillo, ha supuesto una grata sorpresa y me ha reconciliado con el género y hasta con mi hijo que empezaba a enfadarse.
Ya no tanto por el personaje, Julia Domna, esposa del emperador Septimio Severo, nacida en Emesa, en la provincia oriental de Siria, hija de un rey sacerdote del culto al dios del sol El-Gabal, inteligente y ambiciosa que logra, mediante la eliminación de todos sus enemigos, ayudada por su astucia y las dotes guerreras de su esposo, fundar una dinastía, la Dinastía Severa; sino por el modo de escribir que tiene el escritor valenciano, que, además de valerse de una exhaustiva documentación que aporta rigor científico al relato, consigue, mediante una eficaz combinación de factores, dotar a sus libros de interés y amenidad de principio a fin.
Así en Yo, Julia conviven un narrador histórico, el médico Galeno, con otro omnisciente, el autor; y una gran cantidad de personajes importantes contemporáneos de la protagonista: Cómodo, Pertinax, Didio Juliano, Plauciano, Dion Casio, etc., etc., con personas anónimas que para ellos no tenían valor alguno, como los esclavos y los soldados, cuyas vidas nos dicen mucho de las características de la sociedad romana de aquellos siglos.
Santiago Posteguillo es un profesor universitario que ama su trabajo y que se esfuerza para que sus alumnos se interesen también por las materias que imparte.
Esa vocación pedagógica se nota en sus libros, en la forma tan visual de las escenas que describe, ya sea una batalla, perfectamente diseñada en su estrategia y en su resultado; ya sea un complot político, una masacre o un acto amoroso. Todo es real y fácilmente imaginable.
Junto a la vocación pedagógica, están su temprano interés por la novela negra y la poesía. Lo primero añade una dosis de misterio a la narración; lo segundo contribuye a su fluidez. 
En la historia de Roma las mujeres más destacadas lo fueron por su relación con el emperador o el gobernante correspondiente y muchas de ellas no terminaron sus días de la mejor manera.
La verdad es que tampoco abundan los gobernantes del Imperio que muriesen de muerte natural; y en la despiadada lucha por el poder que solía caracterizarlos, resultaba difícil que las mujeres se mantuviesen al margen.
Julia Domna no sólo no se mantuvo, sino que, convencida de que los dioses le habían asignado esa tarea (se habla de un oráculo), influyó de manera decisiva en la ascensión al trono imperial de Septimio Severo y comenzó a preparar a sus hijos, Basiano y Geta, como futuros césares.
Santiago Posteguillo destaca todo esto y la convierte en protagonista, situándola al lado de su esposo en todos los momentos en los que fue necesario adoptar decisiones determinantes.
El libro incluye al final una “nota histórica” del autor, en la que analiza los personajes históricos de la novela según el tiempo y las circunstancias concretas que vivieron y lo que se nos ha contado sobre ellos, con poca objetividad en ocasiones.
De igual modo, Santiago Posteguillo se refiere a los personajes creados por él, justificando su aparición en la necesidad de mostrar aspectos de la sociedad romana que, sin su presencia, desconoceríamos. Está claro también que los papeles que desempeñan contribuyen a que la urdimbre del relato sea aún más consistente.
Tras la “nota histórica”, la novela se enriquece todavía más con un mapa del Imperio romano desde el año 192 d. C. a 197 d. C., el árbol genealógico de la Dinastía Severa, los planos de las principales batallas, un extenso glosario de términos latinos y de otras lenguas y una completa bibliografía.
En resumen, Yo, Julia de Santiago Posteguillo reúne todos los ingredientes para ocupar desde hoy un lugar de honor en mi biblioteca.





viernes, 8 de febrero de 2019

UN MAR VIOLETA OSCURO


Mientras leía Un mar violeta oscuro, obra que quedó finalista en el Premio Planeta 2018, pensaba que para el jurado sería del todo imposible desconocer la identidad de su autora, Ayanta Barilli, hija del escritor Fernando Sánchez Dragó, ya que ella en ningún momento oculta su origen, y el libro es el relato de la historia familiar, centrada en especial en las mujeres: la bisabuela Elvira, la abuela Ángela, la madre Caterina, hasta llegar a la misma Ayanta y relatarnos su infancia en Italia, país donde nació, y su vida actual en Madrid, ciudad en la que habitualmente reside.
Dejando al margen el nulo anonimato de la autora, que continúo sin entender a la hora de presentarse a un concurso, Un mar violeta oscuro, además del precioso título, posee valores que lo hacen muy aconsejable y que explicaré a continuación.
En primer lugar, las personas que aparecen en él son seres reales con sus virtudes y sus defectos. Ayanta Barilli no embellece los hechos acaecidos ni pretende dejar bien a quienes los realizan, intenta ser objetiva, a pesar de que se trata de su propia familia, cuyos comportamientos no siempre fueron admirables.
En segundo lugar, la escritora describe el marco de la historia que nos cuenta de una manera muy detallada. Sobre todo lo referido al ambiente social en el que se desenvuelven las protagonistas y que determina muchas de sus acciones.
En tercer lugar, realiza un profundo análisis psicológico de los personajes principales, hombres y mujeres, y aunque los primeros, en general, no salen demasiado bien parados, hay que reconocer que dicho análisis lleva consigo una cierta mirada compasiva que reduce su gravedad o vileza.
En cuarto lugar, el modo de unir personas y acontecimientos de tiempos distintos (todo el siglo XX y parte del XXI) no añade complicación a la lectura ni limita el interés del relato, sino que nos hace reflexionar sobre las consecuencias de nuestras acciones y la libertad que tiene el individuo de comportarse de una forma u otra.
En quinto lugar, y como he apuntado anteriormente, ésta es, en lo fundamental, una historia de mujeres con personalidades y vivencias tan especiales y significativas que merecen el libro que acaba de editarse, Un mar violeta oscuro, en el que otra mujer, Ayanta Barilli, última descendiente de la saga, las trae hasta nosotros con poético y amoroso cuidado.