sábado, 22 de diciembre de 2018

NAVIDAD LITERARIA


Mientras buscaba textos que tuviesen relación con la Navidad, encontré la recopilación que adjunto realizada en el año 2017 por Andrés Seoane. Como su vigencia no ha prescrito ni lo hará nunca, se me ha ocurrido pedírsela prestada. Espero que todos disfruten de ella. Cualquier aficionado a la literatura lo haría. 


Las fechas navideñas están marcadas por historias atemporales, esos relatos clásicos que encierran toda la magia y el espíritu de una época especial. Partiendo de la canónica literatura anglosajona del XIX, y ampliando el foco hacia alguna de las tradiciones del resto de Europa, ofrecemos una selección de los mejores textos para sentarse frente a la chimenea y dejarse llevar por la imaginación.
Son muchas las historias navideñas que juegan un papel destacado en nuestro imaginario común, pero si tuviéramos que destacar una de ellas sería sin duda el archiconocido Cuento de Navidad de Charles Dickens, publicado originalmente en 1843. No es el ejemplo más antiguo, pero, sin duda, esta historia de redención en la que el escritor vuelca su dura y pobre infancia para criticar sin piedad la crueldad y la codicia supuso un hito duradero que más de un siglo y medio después sigue vigente a través de su versión original, que continúa editándose, y también a través de multitud de adaptaciones literarias, teatrales y cinematográficas. Una de las más destacadas de los últimos tiempos es el volumen Cuentos de Navidad (Literatura Random House), inspirado en la edición inglesa de 1852, que añade al célebre relato otras cuatro narraciones de ambientación navideña, donde se entreveran los motivos principales del mundo dickensiano: la caridad, la infancia, los mitos populares, las desigualdades sociales, los sueños y la magia.

El incontestable éxito de Dickens estuvo favorablemente abonado por una sociedad victoriana que en aquellos años estaba inmersa en la recuperación de las viejas tradiciones navideñas que habían sufrido un periodo gris bajo el severo puritanismo de siglos anteriores. Desde entonces, leer y releer el fantasmal clásico se tornó un ritual más para alcanzar la milagrosa catarsis provocada por estas fechas. Pero como decíamos, aunque Dickens disfruta del privilegiado título de "Padre de la Navidad", este honor debería recaer en otro escritor anglosajón que el propio Dickens reconoció como fuerte inspiración, el estadounidense Washington Irving, que en 1820 ya dejó reflejada esa nostalgia y melancolía navideñas en Vieja Navidad, una pequeñita novela que recoge las tradicionales celebraciones navideñas en una casa de campo inglesa.
Recientemente traducida por primera vez al español por la editorial El paso, el relato de Irving recorre cinco escenas hiladas sobre una tradicional familia campestre decimonónica que contiene todos los cánones del género prefigurado por él, con abundancia de humor, ternura, nostalgia y una exacerbada exaltación de la amistad y la fraternidad. Resulta hoy paradójico leer cómo ya entonces el escritor se queja amargamente de la trivialización de unas Navidades que comenzaban sutilmente a tomar un cariz más materialista que espiritual, a pesar de estar las historias sobrenaturales tan íntimamente ligadas al género navideño. Fue tal el éxito del libro en el siglo XIX, que éste conoció una nueva edición, ya en Inglaterra en 1885, con el añadido de los dibujos de Randolph Caldecott, un ilustrador clásico de la era victoriana cuyas imágenes también se incluyen en la actual edición.

Continuando el periplo por las islas, el artefacto navideño sufre una nueva evolución con otro gigante de las letras británicas que vivió a caballo entre los siglos XIX Y XX. Ningún escritor podría representar mejor que el gran 
G.K. Chesterton la figura de Papá Noel, por su descomunal volumen y su aire de ferocísima bondad, cualidad especialmente navideña. Su condición de católico activista se manifiesta en su decidida e insistente defensa de la Navidad, a la que dedicó artículos, ensayos, cuentos y poemas e incluso una breve obra de teatro, recopiladas ahora por la editorial Renacimiento en El espíritu de la Navidad. Nótese que Chesterton, confeso admirador de Dickens, ya alude impunemente al "espíritu de la Navidad", ese constructo conformado durante todo el XIX y que el escritor hereda gozosamente. Su afilada y polémica pluma brilla aquí en defensa de las tradiciones y ataca críticamente a aquellos que eran demasiado modernos para unas fiestas tan familiares.

Aunque no solo de literatura anglosajona viven las Navidades. Otro de los grandes clásicos europeos en el ámbito del relato, el danés 
Hans Christian Andersen, es autor de un buen puñado de cuentos enmarcados en estas fechas. La editorial Everest ha publicado no hace mucho una versión ilustrada de sus Cuentos, entre los que se encuentran relatos tan conmovedores como La pequeña cerillera, que narra la historia de la niña que aterida de frío en Nochevieja intenta calentarse encendiendo las cerillas que no ha conseguido vender. También firma Andersen La Reina de las Nieves, un cuento sobre la lucha entre el bien y el mal en el que prima la amistad, adaptado hace algunos años al cine por Disney, que ha disfrutado recientemente de versiones ilustradas de editoriales como Anaya, Laberinto o San Pablo.

Bajando hacia Centroeuropa, y obviando la rica tradición recogida por los Hermanos Grimm, entre la que se podrían destacar narraciones como Hansel y Gretel o Rumpelstiltskin, merece ser mencionada una de las primeras historias navideñas del romanticismo alemán, especialmente famosa en la actualidad por el ballet musicado por Chaikovsky. Aunque el compositor ruso se basó en una versión del cuento escrita por Alejandro Dumas, la narración original de El Cascanueces y el rey de los ratones data de 1816 y pertenece al prolífico escritor alemán E. T. A. Hoffmann. La editorial Blume recupera este cuento clásico en el que una niña que permanece enferma en cama comienza a alternan viajes entre el mundo real y otro de fantasía en una maravillosa oda a la imaginación.

Viajando a latitudes más septentrionales, nos encontramos con un maravilloso ejemplo de uno de los cuentistas más grandes de todos los tiempos. En Vanka Antón Chéjov aborda también el tema de la infancia maltratada, tan caro a la literatura victoriana, pero tratado desde una inconfundible óptica rusa. Se trata de un precioso y tierno cuento de Navidad, en el que un pequeño huérfano de nueve años, aprendiz de zapatero en Moscú, pobre y que lleva una vida mísera, se dirige a su abuelo para que venga a por él. Otro delicioso relato navideño salido de la estepa, en este caso ucraniana, es Nochebuena (Nórdica, 2017), una historia costumbrista con coloridos toques folclóricos donde Nikolái Gógol representa, en un mundo surreal y mágico, la lucha cósmica y eterna entre el bien y el mal. Diablos, brujas y pasiones humanas narradas en un plástico cuento que como no puede ser de otro modo en estas fechas, termina con final feliz.

España, espíritu propio
Nuestro país también ha sido pródigo en la producción de historias navideñas firmadas por algunas de las mejores plumas del XIX. En sus volúmenes de Cuentos españoles de Navidad, publicados en 2015, la editorial clan reúne narraciones de Nochebuena, Nochevieja, Reyes y el gordo del sorteo de Navidad, que retratan una sensibilidad que hemos heredado y constituyen un medio de mantenerlas vivas y de conocer nuestra identidad cultural en las fiestas más hermosas del año escritas por grandes autores como Pedro Antonio de Alarcón, BécquerGaldós, Blasco Ibáñez o Emilia Pardo Bazán.
Salpicados de costumbrismo patrio, muchas de las historias también beben de los temas tradicionales en las literaturas europeas. Por ejemplo en La mula y el buey, Galdós crea el personaje de Celinina, una niña muy enferma ya próxima a morir que mezcla en su cabeza realidades y puras ensoñaciones. Por contra, El premio gordo de Blasco Ibáñez aborda un tema puramente español como la lotería. ¿No le ha tocado el premio gordo de la Navidad? Al protagonista de este relato sí. Blasco Ibáñez cuenta la vida de Jacinto, un hombre humilde al que le toca la lotería y descubre que no es todo tan bonito como parece antes de ver como su vida se desmorona por momentos. Una historia perfecta para desear que no nos haya tocado el gordo, quizá un consuelo para muchos en un día como hoy.




viernes, 14 de diciembre de 2018

LOS 115 PASOS DE KAIRÓS

Tras el éxito obtenido por Imaginar a Peter Pan, libro ilustrado por Miguel Calatayud con texto de Manuel Roig, la Editorial Degomagom saca al mercado un nuevo libro, ilustrado esta vez por Miguel Cerro y cuyo texto lo ha escrito alguien que se esconde bajo el seudónimo Remo Mora.
El título de este nuevo libro es Los 115 pasos de Kairós, y en su presentación, que se realizó en Ibi, sede de la citada editorial, actúo, con una canción alusiva a la historia contenida en él y con el mismo título, el cantante de rap Abram.
Miguel Cerro es un ilustrador cordobés que conocí en el año 2015, cuando dibujó la portada del número 19 de Opticks. Desde que se inició en el mundo del diseño y de la ilustración allá por el 2008, ha evolucionado, hasta lograr un estilo del todo personal y, por lo tanto, inconfundible.
Eso ha supuesto años de trabajo, de desarrollar al máximo su talento innato para el dibujo y la creación artística. Trabajo que le ha llevado a participar en multitud de proyectos nacionales e internacionales, a contar con su propio estudio y a obtener premios tan importantes como el Internacional de Compostela de Álbum Ilustrado y a ser el único ilustrador español incluido en la Lista de Honor de la IBBY 2018.
El estilo personal de Miguel Cerro lo podemos apreciar en las ilustraciones de la obra que hoy traigo a Opticks, que responden, no sólo a su evolución como autor, sino al interés que ha ido adquiriendo por difundir un determinado mensaje. En Los 115 pasos de Kairós el mensaje resulta optimista y esperanzado, empuja a actuar, y el resultado es tan hermoso como positivo.
Un mensaje, que aunque pueda parecer sorprendente, han reconocido sin dificultad los que, de alguna manera, han tenido contacto con él. Así Remo Mora, autor del texto, o Abram, poeta, compositor y cantante de rap, que forma parte de las filas del sello alicantino Magna Records, y ha publicado una buena cantidad de canciones, incluida la que lleva el título del libro, Los 115 pasos de kairós, que impresiona por su belleza y profundidad.
Centrándonos en las ilustraciones de Miguel Cerro y el mensaje que pretende transmitir con ellas, y que el resto de colaboradores ha compartido, hay que tener en cuenta el nombre que Remo Mora da al protagonista del relato, Kairos, que en griego representa un tiempo en el que algo importante y bueno sucede.
¿Y qué es lo bueno e importante que ocurre aquí?  Pues que Kairós, un niño que no era demasiado rápido, ni demasiado hábil ni demasiado bueno jugando al fútbol, no se rinde a la primera, descubre que tiene un talento especial, en este caso para la papiroflexia, y una vez descubierto ese talento, se pone a trabajar y no se acobarda ni se encierra en casa cuando algunos vecinos rechazan o no entienden lo que hace.
¿Y por qué no se rinde y no se acobarda? Porque Kairós disfruta construyendo figuras de papel, le gusta su trabajo, pone pasión en él, cree que puede ser útil a los demás, confía en sí mismo y en el resultado de su esfuerzo.
Y así, pasito a pasito, con 115 pasos y un trabajo creativo y constante, consigue convertir un pueblo triste, en el que todo el mundo tenía prisa, en un lugar tan, tan bonito que sólo contemplando las figuras de formas y colores diferentes que adornaban las calles, la gente fue feliz, comprendiendo además que lo que hacía diferente a Kairós era una riqueza de la que todos participaban.
Lo que acabo de contar es el relato que inventa Remo Mora, porque, por otro lado, los dibujos con los que Miguel Cerro construye su historia son un texto en sí mismos, aunque el texto sea importante para los que sabemos leer. Pero aún así, cualquier persona, un niño contándola a otro niño, aunque ninguno de los dos sepa leer, podría interpretarlos. De igual modo, un adulto si se la cuenta a un niño o a otro adulto.
Y aún hay más, los dibujos son tan expresivos, que estimulan la imaginación para que podamos añadir detalles, destacar aspectos que nos parezcan interesantes, confeccionar narraciones distintas y hasta adjudicar a Kairós personalidades diferentes: el extraterrestre de Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza, alguien experto en disfrazarse como Mortadelo, o el poseedor del chakra del tercer ojo, centro de la energía sutil de la conciencia y de la espiritualidad en la filosofía budista, que hace a sus poseedores personas especiales (la madre decía a Kairós que todos somos diferentes de algún modo).
Todo esto provoca que, al terminar de ver o de leer el libro, teniendo como fondo el rap de Abram, permanezca en nosotros, en mi caso así ha sido, la grata sensación de haber participado en un proyecto joven que merece la pena, presentado ahora también, como sucedió con la publicación de Imaginar a Peter Pan, en una primorosa y excelente edición.

jueves, 6 de diciembre de 2018

CUANDO SALE LA RECLUSA

El pasado 19 de octubre se entregaron en Oviedo los Premios Princesa de Asturias. Entre los premiados, en este caso con el Premio Princesa de Asturias de las Letras, como ya indiqué el 8 de junio en la reseña de Tiempos de hielo, estaba la escritora francesa Fréderique Audoin-Rouzeau, autora de dicho libro, que firma sus obras con el seudónimo de Fred Vargas.
Los periodistas dicen de Fred Vargas, refiriéndose a su carácter, que es una persona tímida, que jamás firma autógrafos y huye de las entrevistas y de cualquier clase de exposición pública.
Quizá por esa razón, en una emotiva carta de agradecimiento, excusó su asistencia a la entrega de los Premios alegando motivos de salud. Lo que le supuso dejar de recibir los 50.000 euros y la escultura de Joan Miró que obtienen los galardonados, ya que en las bases se indica que la presencia de éstos en el acto de entrega es obligatoria.
Ese carácter retraído e introspectivo lo encontramos en muchos de los personajes que aparecen en las novelas policiacas que escribe esta autora, género que, por otro lado, afirma comenzó a cultivar por diversión y para descansar de su habitual trabajo como especialista en arqueología, zoología e historia.
Se me ocurre que el hecho de que Fred Vargas se divierta escribiendo sus novelas, ayuda a que todas sean distintas y vayan mejorando con cada nueva entrega.
Así me parecen geniales Huye rápido vete lejos (2001), Tiempos de hielo (2015) y la que hoy traigo a Opticks, última publicada, Cuando sale la reclusa (2017).
Por el contrario, no encuentro tan extraordinarias Los que van a morir te saludan, escrita en 1987 y El hombre de los círculos azules de 1991.
Como en entradas anteriores, 8 de junio y 25 de junio, he hablado ampliamente de las características de la escritora francesa, me centraré  en Cuando sale la reclusa, obra perteneciente a la serie que protagoniza el comisario Adamsberg ayudado por sus habituales compañeros en la comisaría: los comandantes Dangrard y Mordent, las tenientes Retancourt y Froissy, los también tenientes Mercadet, Veyrenc, Voisenet y Noël, el cabo Estalère, y algunos más que los lectores irán descubriendo, ya que se trata de un libro en el que conviven tres investigaciones diferentes y una gran cantidad de personajes.
La novela se inicia con el comisario Adamsberg en Islandia (allí se desarrolla una parte de Tiempos de hielo). Sentado en una roca de la escollera del puerto, contempla relajado a los marineros que regresan de la pesca. Acaba de perder el móvil sepultado en excrementos de oveja, lo que aprecia en su justo valor y le hace sentirse muy lejano de los 27 agentes de la Brigada Criminal del distrito 13 de París.
Perdido el móvil, es un marinero el que le avisa de que ha llegado un mensaje de la capital de Francia. En el mensaje se requiere su presencia para investigar el asesinato de una mujer que ha sido atropellada, quizá por su marido o quizá por su amante.  
Resuelto ese primer asesinato, llegan las noticias de dos muertes más, las de dos hombres de edad avanzada, infectados inexplicablemente al morderles una pequeña araña denominada reclusa.
Es en este caso en el que Fred Vargas despliega todo su talento como arqueóloga, narradora, historiadora, zoóloga y experta en recorrer los oscuros laberintos del alma humana.
Al igual que en las anteriores novelas que protagoniza, el comisario Adamsberg se deja guiar por su intuición para investigar la muerte de esos hombres, que él considera han sido asesinados, pero en su mente hay una especie de niebla que le impide dar a su equipo elementos sólidos en que apoyar la investigación.
Por otro lado, dos miembros del equipo, el comandante Danglard y la teniente Froissy, se ven afectados por cuestiones en las que el comisario también se verá obligado a intervenir.
Entre unas cosas y otras, la trama se complica con nuevas muertes y nuevas y horripilantes historias que nos presentan a reclusas que no son  precisamente arañas.
Tratándose de una novela del género negro, mejor es no seguir hablando sobre ella y que el lector descubra sus muchas y variadas cualidades.
Sí que puedo decir que en sus páginas va a encontrar ternura, humor, maestría en el desarrollo de la trama, angustia, compasión, rabia, compañerismo y hasta seducción.
De igual modo podrá obtener conocimientos de historia, arqueología y aracnología, por citar unos cuantos.    
Además, dejando a un lado los conocimientos y las cualidades que cada uno apreciará a su manera, Cuando sale la reclusa de Fred Vargas  permite, al sumergirse en un apasionante y extraordinario relato policiaco, alejar por un tiempo las preocupaciones habituales.