jueves, 20 de septiembre de 2018

MÁS QUE UNAS MEMORIAS

Repasando mi vida de lectora, caigo en la cuenta de que nunca me interesaron los libros de memorias. De hecho, el que hoy traigo a Opticks me lo prestó un amigo, al que se lo regaló el mismo autor incluyendo una amable dedicatoria.
El libro se titula Más que unas memorias y el escritor de la amable dedicatoria es nada menos que Ramón Tamames.
Digo nada menos porque Ramón Tamames desempeñó un importante papel en gran parte de los acontecimientos que han dado forma a la España actual: antifranquismo, Transición democrática, Constitución de 1978.
Aunque conozco una parte de ese importante papel desde mis tiempos de estudiante, sólo había leído de él Introducción a la economía española, un compendio de su extraordinaria obra sobre economía que fue Estructura económica de España, a cuya elaboración se refiere con detalle en estas memorias.
Ahora sé que también ha escrito novelas y hasta se ha atrevido con la  pintura en una larga, fecunda y apasionante vida que aquí explica con la amenidad y buen hacer de un experto creador.
Son muchas las cuestiones que interesan en este extenso libro, 807 páginas; entre ellas, el repaso que hace de la historia de España a partir de sus primeros recuerdos cuando tenía 3 años en 1936, hasta 2013, fecha en que lo publica.
Pese a vivir en Madrid las estrecheces de la posguerra, con su padre, médico, encarcelado al haber sido comandante de Sanidad en el ejército republicano, y una vez éste libre, huérfano de madre a los siete años, la visión que Tamames ofrece de la infancia junto a sus cuatro hermanos resulta positiva.
Está claro que fue un niño feliz. Tuvo la enorme suerte de contar con un padre que se preocupó siempre del bienestar y la educación de sus hijos. Asistió al Liceo Francés, aprendió idiomas, dispuso de la excelente biblioteca paterna y aprovechó las posibilidades de formación que se le ofrecían gracias a su inteligencia, curiosidad y deseos de aprender. Así cursó dos carreras universitarias (Derecho y Económicas) y acumuló un impresionante bagaje cultural en multitud de campos.
Comprometido muy joven con la sociedad de su tiempo, en 1956 ingresa en el Partido Comunista. Partido que ayuda a legalizar y que abandona decepcionado por su estancamiento en 1981. Hasta entonces, es un antifranquista activo y participa junto a otras eminentes personalidades en los Pactos de la Moncloa y en la elaboración de la Constitución de 1978.
El relato de cómo se gestó la Transición, tan denostada por algunos en estos días, me ha recordado las clases que dediqué a explicarla entusiásticamente a mis alumnos, cuando, además de la aceptación popular que obtuvo en nuestro país, eran numerosas las naciones sudamericanas y de otras latitudes que querían conocer los pasos que se habían dado para pasar sin traumas de una dictadura a una democracia. Ramón Tamames se encargó en varias ocasiones de viajar a esas naciones e informar al respecto ya que, en palabras de Adolfo Suárez, a la Carta Magna vigente, la única verdaderamente consensuada en nuestra historia de doce constituciones o similares, se debe la estabilidad política de cuarenta años, que ha permitido generar un considerable progreso.
Junto a la enumeración y, en su caso, el análisis de cuestiones serias, hay en el libro multitud de anécdotas que otorgan ligereza al relato. Por ejemplo, las relacionadas con el torero Luis Miguel Dominguín, amigo del padre y del tío de Tamames, cirujanos ambos en plazas de toros.
Del mismo modo resultan curiosos e instructivos los viajes que Ramón Tamames, solo o en compañía de su esposa Carmen, realiza. Una esposa a la que declara su amor en bastantes páginas del libro.
El amor que confiesa sentir por su esposa es un buen acicate, en los tiempos convulsos que vivimos llenos de enfrentamientos, rupturas, insultos y descalificaciones, para terminar la reseña de Más que unas memorias, destacando la faceta afectiva de Ramón Tamames, amigo de sus amigos, admirador de todo lo que merece ser admirado, ya se trate de libros, músicas, pinturas, paisajes o personas; hijo agradecido, marido amante, padre pesaroso por las muchas ausencias y abuelo satisfecho y encantado de poder ejercer como tal.  

lunes, 10 de septiembre de 2018

LA REBELIÓN DE ATLAS


Otro de los libros que he leído durante el largo y tedioso agosto ha sido La rebelión de Atlas de la escritora rusa nacionalizada norteamericana Ayn Rand.
De Ayn Rand ya conocía Los que vivimos y El manantial. De esta última obra, incluso, vi la película que dirigió King Vidor y protagonizaron Gary Cooper y Patricia Neal.
Ayn Rand nació en Rusia en 1905, padeció los efectos de la revolución de 1917, lo que más tarde le permitió escribir Los que vivimos (1936), obra que considera próxima a su autobiografía, en la que relata algunas de las muchas penalidades que sufrió gran parte del pueblo ruso con la llegada del comunismo; la protagonista es una joven, Kira, que ama la libertad por encima de todas las cosas.
También el protagonista de El manantial (1943), el arquitecto Howard Roark, independiente e íntegro como Kira, ama la libertad y se enfrenta a la corrupción de un sistema que considera a las personas simples peones al servicio de intereses espurios. Estos intereses los puede representar el Estado, las iglesias o cualquier otra organización que no tenga en cuenta la individualidad del ser humano.
En el año 1957, supongo que con las ideas filosóficas y sociales que encontramos en sus anteriores obras del todo asentadas, Ayn Rand publica La rebelión de Atlas, novela de casi 1200 páginas en las que, valiéndose de dos grupos bien diferenciados de personajes, intenta poner al alcance del gran público dichas ideas.
La rebelión de Atlas recrea en sus inicios una sociedad distópica imaginaria en la que se repite la enigmática pregunta: ¿Quién es John Galt?
La pregunta, cuya respuesta aparecerá bien avanzada la lectura, se plantea a la vez que va desmoronándose el sistema empresarial y de servicios por la acción de un grupo de personas que representan lo que Ayn Ran critica. Entre ellas están Jim Taggart, presidente de los ferrocarriles Taggart, el Dr Pritchett, director de un importante departamento de filosofía; Wesley Mouch, intermediario en Washington, Mister Thompson, jefe del Estado, y algunos más, entre políticos, funcionarios y empresarios.
Frente a este grupo, se hallan los que practican las ideas de la autora; curiosamente aquí no aparece ningún político. Serían Dagny Taggar, hija del fundador de los ferrocarriles Taggar, hermana de Jim y jefe de operaciones de la compañía; Hank Rearden, industrial del acero e inventor del metal Rearden, Francisco d’Anconia, rey mundial del cobre o Ragnar Daneneskjold que considera a Robin Hood un enemigo de la humanidad.
Una de las claves del conflicto, que se extiende progresivamente, está en la práctica del principio marxista que subyace tras los planteamientos del primer grupo, que mantiene que hay que aportar a la sociedad “cada uno según sus condiciones para cada uno de acuerdo con sus necesidades”.
Este principio les lleva a implantar de forma obligatoria el colectivismo, la nacionalización de empresas y hasta La Edad del Amor, desde un Estado omnipresente que lo regula todo y pone cientos de trabas a la iniciativa personal, porque es más fácil gobernar a los mediocres.
Por el contrario, los pertenecientes al segundo grupo defienden la libertad del espíritu humano para crear y trabajar en ello, teniendo como principal objetivo la consecución de la felicidad y la prosperidad individual mediante el ejercicio de ese trabajo.
Ante la presión de los defensores del colectivismo que, entre otras maldades, utilizan la prensa como ariete, los partidarios de la libertad optan por desaparecer.
Entonces la distopía poco a poco da paso a la utopía. Pero eso es algo que ya habrán descubierto los que hayan leído este libro, dada su antigüedad.
A los que pretendan leerlo ahora, no puedo descubrirles nada más sin estropear la intriga del relato.
Decirles sólo que La rebelión de Atlas, se esté o no de acuerdo con los postulados que defiende su autora, y a pesar de lo que se extiende a veces en esa defensa, supone una muy interesante, entretenida  y aleccionadora lectura.