domingo, 22 de julio de 2018

EL CORAZÓN DEL HOMBRE

Un antiguo tratado de medicina árabe afirma que el corazón del hombre se divide en dos partes, la primera se llama “dicha”, la segunda, “desesperación”. ¿En cuál de ellas hemos de confiar?
Así introduce Jón Kalman Stefánsson El corazón del hombre, tercera parte de la Trilogía del muchacho que inició al publicar Entre cielo y tierra y prosiguió después con La tristeza de los ángeles.
En antiguas entradas he hablado admirativamente de los dos primeros títulos que muestran el amor que el escritor siente por su tierra, la singular y misteriosa Islandia.
Un amor que Jón Kalman Stefánsson demuestra con creces en la trilogía citada, no ocultando nunca lo terrible que puede ser el país en el que ha nacido: paisajes, clima… Menos aún lo terrible que fue para las gentes que vivieron en él a lo largo del siglo XIX, que es la época en la que se desarrolla la historia del muchacho protagonista.
Como a Jón Kalman Stefánsson, además de amar a Islandia y disfrutar escribiendo, le gustan la filosofía y la poesía, en los libros aludidos abundan poéticas y filosóficas descripciones. Por ejemplo, en El corazón del hombre: El día desperdiga por el páramo a los pájaros, esas notas que están entre el cielo y la tierra, las matas de hierba son perros que sestean, los riachuelos, una música resplandeciente y cristalina, en días como esos los páramos son parte del país de la eternidad.
He elegido esta descripción porque los acontecimientos narrados en este tercer libro suceden sobre todo en primavera y verano. Aunque el autor nos advierte: Los veranos en Islandia son tan breves y caprichosos que a veces se diría que no existen. Pero luego añade con admiración: No hay nada en el mundo más luminoso ni límpido que el mes de junio: el crepúsculo y el alba se confunden, las sombras desaparecen y el cielo se pinta de un azul de eternidad incluso en plena noche.
Los personajes principales que aparecen aquí son los mismos que en los otros dos títulos: el muchacho, Jens, Geirprúdur, Helga, Ragnheidur, Kolbeinn, Gísli, Fridrik… A ellos se añaden personajes nuevos, como Álfheidur, la joven madre de pelo rojo y ojos verdes que tendrá un papel importante en el relato.
Poesía, filosofía, valor de las palabras, cuidada descripción de paisajes y ambientes, la pesca del bacalao fundamental para la subsistencia; mujeres fuertes, independientes y decididas (más aún que en los libros anteriores). Y junto a todo ello, como elemento que sobresale en El corazón del hombre, la maldad. Maldad y brutalidad en algunos; maldad asociada al poder en otros: El poder convierte a veces al hombre en un ser demoniaco, por eso los seres humanos pueden ser la peor plaga que existe sobre la tierra.
Termino el comentario del libro de Jón Kalman Stefánsson con una reflexión sobre las trilogía en conjunto y, quizá, mi equivocada percepción de la misma.
El primer título: Entre cielo y tierra, tiene 192 páginas sorprendentes y maravillosas.
Las 320 páginas del segundo, La tristeza de los ángeles, conservan la magia latente en el primero y logran que no decaiga el interés por conocer el desenlace de la historia.
En el tercero, El corazón del hombre, las páginas son 384. Creo que sobra un buen número de ellas y, además, el desenlace de la historia queda al arbitrio de cada lector.  
  

domingo, 15 de julio de 2018

MIDDLESEX


Nací dos veces: Fui niña primero, en un increíble día sin niebla tóxica en Detroit, en enero de 1960, y chico después, en una sala de urgencias cerca de Petoskey, Michigan, en agosto de 1974.
Así empieza el escritor norteamericano de ascendencia griega Jeffrey Eugenides la novela Middlesex, que fue publicada en el año 2002 y obtuvo el Premio Pulitzer en el 2003.
Cuando en uno de los grupos de lectores de los que formo parte recomendaron la citada obra, recordé haber leído del mismo autor hace bastante tiempo La trama nupcial, que, pese a sus más de 500 páginas y lo pretencioso de su contenido, no consiguió interesarme.
Middlesex tiene aún más páginas que La trama nupcial, 660, pero aquí el contenido está organizado de tal manera que interesa de principio a fin.
Esas líneas del principio que he copiado ya son un acicate para quienes se enfrentan a este libro. Luego el interés se acentúa al proseguir la lectura y escuchar a la persona que nos cuenta su historia, porque cumplidos 41 años, y habiendo sido como Tiresias, primero una cosa y luego otra, siente que se acerca otro nacimiento y quiere poner por escrito de una vez: ese viaje en montaña rusa de un solo gen a través del tiempo. ¡Háblame, Musa, de la mutación regresiva ligada a mi quinto cromosoma!
La persona que nos habla desde Berlín, donde trabaja como funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores de Estados Unidos, se llama Cal Stephanides. Sin embargo, hasta bien avanzada la pubertad respondió al nombre de Callíope o Callie.
La mutación regresiva a la que Cal se refiere determinó que la preciosa niña de ojos de Cleopatra admirada por todos en su infancia, se convirtiese, conforme iba creciendo, en un ser de constitución androide para lo que nadie, menos aún ella misma, aportaba ninguna explicación.
Así que a los problemas que su aspecto físico le ocasionaban en la vida diaria, Callie añadía el desconocimiento del porqué de su aspecto. Hasta el año 1974 en el que un diagnóstico médico certificó que era hermafrodita.   
Esa historia sola da para un libro, que sería de total actualidad a tenor de los últimos movimientos sociales, ya que realiza un profundo y exhaustivo análisis de los sentimientos de Callíope- Cal ante su gen alterado y explica cómo se enfrentaban los médicos estadounidenses y la sociedad en general, en la década de los 70, a las cuestiones relacionadas con la identidad sexual.
Pero Jeffrey Eugenides no se conforma con una sola historia y aprovecha las numerosas páginas de Middlesex para que Cal, haciendo de narrador omnisciente, relate dos historias más que también le afectan, aunque estén situadas en épocas distintas.
Los protagonistas de la más antigua son dos hermanos huérfanos, Lefty y Desdémona, sus abuelos, que en 1922, huyendo de la masacre de armenios y griegos en Esmirna cometida por los turcos, viajaron en un barco a los Estados Unidos y se instalaron en Detroit.
Esta parte tiene mucho de novela histórica, desde la vida de los jóvenes en su aldea natal, los gusanos de seda, la persecución turca, el viaje, el incesto y la boda, la llegada y la adaptación a una sociedad nueva y diferente; las transformaciones de esa sociedad, en especial entonces las que se relacionaban con la industria automovilística y la ausencia total de protección de los trabajadores.
Enlazada con la historia de los abuelos está la de los padres de Callie, Milton y Tessie, así como de su hermano mayor, Capítulo Once. En el libro no se nos dice el porqué de ese nombre. Parece ser que Cal le llama así a posteriori, después de que el muchacho dejase en bancarrota la empresa familiar. El Capítulo Once de la ley de impuestos norteamericana hace referencia a la bancarrota.
Aquí la historia familiar incluye los acontecimientos que se van produciendo en Estados Unidos a nivel político, militar y social. Por ejemplo, la guerra de Vietnam, la presidencia de Nixon, los disturbios raciales, etc. A la vez, la vivencia del sueño americano, que persigue con particular interés Milton; y los movimientos juveniles de protesta que fagocitan a Capítulo Once.
Pese a la gran variedad de contenidos y al elevado número de páginas, Middlesex no es una novela que resulte pesada en ningún momento. Jeffrey Eugenides se expresa con agilidad y claridad y enriquece el relato con detalles humorísticos, históricos y mitológicos que aportan ligereza, proporcionan un interés especial a los que somos aficionados a esas cuestiones, y reducen los aspectos dramáticos.
Identidades sexuales su evolución y vivencia, humor, documentado devenir histórico, al igual que fundamentada crítica; mitología griega, transformaciones políticas, económicas y sociales…
La riqueza de contenidos que encontramos en Middlesex y la maestría como narrador que muestra a lo largo de toda la novela Jeffrey Eugenides, convierten a este libro en una obra muy recomendable; merecedora sin duda ninguna del Pulitzer que obtuvo gracias a ella el autor norteamericano, que se declara admirador de Gabriel García Márquez y sus Cien años de soledad, así como de los relatos homéricos.

 

jueves, 5 de julio de 2018

LA LLAMADA DE LA TRIBU

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida…
He querido iniciar el comentario del libro que hoy traigo a Opticks titulado La llamada de la tribu, con unos párrafos del Quijote en los que Miguel de Cervantes pone de manifiesto la importancia de la libertad; importancia que he defendido siempre.
El autor de La llamada de la tribu es Mario Vargas Llosa, que aprovecha esta obra para explicar su devenir intelectual y político, desde la juventud marxista y existencialista admiradora de Sartre, hasta el liberalismo de la madurez.
La doctrina liberal ha representado desde sus orígenes las formas más avanzadas de la cultura democrática y lo que más nos ha ido defendiendo de la inextinguible “llamada de la tribu”.
Para llegar a ese convencimiento, Vargas Llosa ha recorrido un camino de reflexión y análisis, ayudado por la lectura de los pensadores liberales que aparecen en el citado libro: Adam Smith, José Ortega y Gasset, Friedrich von Hayek, Karl Popper, Raymond Aron, Isaiah Berlin y Jean-François Revel.
Sería del todo absurdo por mi parte pretender resumir la riqueza de datos y contenidos que albergan las 311 páginas de La llamada de la tribu, no tengo ni los conocimientos ni el espacio suficiente para hacerlo; me limitaré a bosquejar con unas cuantas pinceladas ideas significativas que he encontrado en ellas.
Antes debo decir que me he sentido reconfortada al comprobar que personas de extraordinaria valía intelectual y humana han dedicado su vida a demostrar que el ansia y la vivencia de la libertad es lo que hace que los seres humanos progresen como tales y en cualquier campo; mientras que su ausencia trae consigo todos los males.
En líneas muy generales, los siete pensadores que Vargas Llosa destaca en La llamada de la tribu coinciden en defender en sus distintas publicaciones la propiedad privada, la igualdad de los ciudadanos ante la ley, la educación como motor de progreso, la democracia con la correspondiente separación de poderes, el pluralismo ideológico y la libertad de mercado, aunque esto último siempre al servicio del bienestar de los individuos.
En lo que no existe una total coincidencia es en lo que más preocupa a cada uno de ellos. Brevemente señalaré algunas de esas preocupaciones.  A Adam Smith (1723- 1790) en La riqueza de las naciones le preocupa el intervencionismo estatal y los derroches y gastos inútiles que producen los reyes y ministros.
José Ortega y Gasset (1883-1955) en La rebelión de las masas critica el extremismo  dogmático de la izquierda, el conservadurismo nacionalista y católico de la derecha; el comunismo y el fascismo que convierten al individuo en hombre masa, y el nacionalismo como típico fenómeno de la hegemonía creciente de lo colectivo o gregario sobre lo individual.
A Friedrich August von Hayek (1899-1992), uno de los tres pensadores que, junto a Karl Popper e Isaiah Berlin, afirma Vargas Llosa que han influido más en su pensamiento político, en Camino de Servidumbre  expone que la planificación centralizada de la economía socava de manera inevitable los cimientos de la democracia y hace del fascismo y del comunismo dos expresiones de un mismo fenómeno, el totalitarismo.
La principal preocupación de Sir Karl Popper (1902-1994) en La sociedad abierta y sus enemigos es el nacionalismo, que supone el regreso a la tribu; lo llama “horrible herejía” de la civilización occidental y lo identifica como enemigo mortal de la cultura de la libertad.
Raymond Aron (1905-1983) era un anticomunista radical. Se enfrentó a los pensadores de izquierda de su generación y analizó el marxismo en El opio de los intelectuales que define como un libro “de combate y de filosofía”. Estaba en contra del poder del Estado y de la burocracia que limita.
Sir Isaiah Berlin (1909-1997) en Cuatro ensayos sobre la libertad expresa su aversión por las dictaduras y el totalitarismo. Como los anteriores, escribió multitud de ensayos y artículos. Personalmente es el que más me ha impresionado por su sentido común, su tolerancia y su imparcialidad al enfrentarse a personas con ideas distintas a las suyas. Isaiah Berlin no juzga, estudia y analiza en profundidad las ideas de lo que no piensan igual que él. Es aburrido leer a los aliados, a quienes coinciden con nuestros puntos de vista. Más interesante es leer al enemigo, al que pone a prueba la solidez de nuestras defensas. Y no queda ahí el argumento, sino que prosigue: Lo que, en verdad, me ha interesado siempre, es averiguar qué tienen de flaco, de débil o de erróneo las ideas en las que creo. ¿Para qué? Para poder enmendarlas o abandonarlas.
Jean-François Revel (1924-2006) en La tentación totalitaria expone, con multitud de datos objetivos, ya que los hechos le interesaban más que las teorías y nunca le importó refutarlas si descubría que no eran confirmadas por los hechos, que el principal obstáculo para el triunfo del socialismo en el planeta no era el capitalismo sino el comunismo.
Termino el comentario con una definición de liberalismo extraída del apartado que, en La llamada de la tribu, Vargas Llosa dedica a Ortega y Gasset: El liberalismo es primero que nada una actitud ante la vida y ante la sociedad, fundada en la tolerancia y el respeto, en el amor por la cultura, en una voluntad de coexistencia con el otro, con los otros, y en una defensa firme de la libertad como valor supremo.