lunes, 25 de junio de 2018

NUEVOS LIBROS DE FRED VARGAS

Tras leer Tiempos de hielo de la escritora francesa y Premio Princesa de Asturias 2018 Fred Vargas, sentí curiosidad por conocer algunos datos más de la historia del comisario Adamsberg que en Tiempos de hielo se dan por sabidos.
Dos han sido las obras que me han permitido aproximarme a esa historia esta semana. La primera, El hombre de los círculos azules, obtuvo el Prix du Festival de Saint-Nazaire 1992. Presenta a Adamsberg recién nombrado comisario en París, en el distrito 5. Ascenso obtenido por haber resuelto cuatro asesinatos en su anterior destino.
Pese a sus reconocidos éxitos, los antiguos compañeros le consideraban un tanto asilvestrado (procedía de los Bajos Pirineos) y no acababan de entender cómo sin un método sistemático y científico de investigación, de manera casi intuitiva, lograba resolver los casos.
Junto a Adamsberg trabaja ya el inspector Danglard, y también se nos habla de Camille, la joven de la que el comisario está enamorado. Apunto estos nombres porque los hallamos de nuevo en la segunda obra aludida: Huye rápido, vete lejos publicada en el año 2002.
El hombre de los círculos azules tiene sólo 196 páginas. Una de sus protagonistas es Mathilde Forestier, oceanógrafa que, cuando no estudia peces en los océanos, se dedica a estudiar personas. Así encuentra a un hombre que dibuja por las noches en lugares solitarios círculos azules, en el centro de los cuales sitúa objetos que tiran los viandantes o algún animal muerto. Al lado del círculo hay una inscripción: Víctor, mala suerte, ¿qué haces fuera?
La cuestión se complica cuando en el centro del círculo aparece una persona asesinada. Entonces el comisario y su método intuitivo entran en juego.
Debo decir que si éste fuese el primer libro que hubiese leído de Fred Vargas, no habría buscado ninguno más. Aunque el eje central del argumento sea original y la figura del comisario se aparte de la norma, la mayoría de los personajes se comporta de un modo absurdo, sin que ese comportamiento aporte nada al relato. Por otro lado, el ritmo de la narración es muy lento y la trama criminal resulta demasiado rebuscada. Tanto, que he terminado el libro sin haber descubierto por qué el hombre de los círculos azules coloca junto a ellos la citada inscripción; y, la verdad, no me apetece una segunda lectura.
Pasan los años. Fred Vargas continúa escribiendo novelas policiacas con los personajes señalados y otros de creación nueva, entre ellos los llamados evangelistas que darán nombre a una serie distinta, pero que tendrán un papel en el segundo libro al que me he referido, Huye rápido, vete lejos en el que el dibujo que vemos del comisario Adamsberg y todo lo relacionado con los hechos que ha de investigar, muestran con creces la madurez creativa de la autora.
Aquí las calles de París están limpias de círculos azules. Sin embargo, en las puertas de cada vez más edificios alguien dibuja un cuatro invertido y debajo tres letras: CLT.
Previamente a estas apariciones, Joss, un viejo marino bretón que abandonó la profesión porque siendo capitán de un barco, tras explicar al patrón que no estaba en condiciones de navegar, forzarle éste a hacerlo y morir dos marineros en una tormenta que estalló durante la travesía, al regresar a tierra, se enfrentó a él y le golpeó. Por ello fue encarcelado y al término de su condena nadie quiso contratarle.
Ahora, ya viejo, en un distrito humilde de París ejerce de pregonero, tras aceptar la sugerencia del fantasma de su bisabuelo que también lo fue.
Para realizar esa función, ha construido una urna que deposita en un lugar concreto, pidiendo a la gente que deje el dinero que corresponde al mensaje que se encargará de pregonar. El trabajo le va bien y le reporta beneficios, hasta que depositan en la urna, dentro de gruesos sobres de color marfil, unos textos extraños que parecen anunciar un peligro.
En el barrio donde vive Joss, junto a una serie de personajes con características singulares, existe un bar, el Vikingo, en el que suelen reunirse los vecinos, y un hotel propiedad de un anciano letrado, Herve Decambrais, que alquila habitaciones y ayuda a resolver los distintos asuntos que le plantean.
Decambrais escucha habitualmente los pregones de Joss e intenta descifrar el contenido de los extraños textos. Al fin descubre que son fragmentos de tratados sobre la peste escritos a lo largo de los siglos, y sospecha que anuncian una nueva epidemia. Esa sospecha le impulsa a acudir, acompañado de Joss, a la comisaria dirigida por Adamsberg.
En paralelo a las actividades de Joss, Decambrais y resto de vecinos, Adamsberg ha recibido la visita de una mujer que ha visto en las puertas de las viviendas de varios edificios en París los cuatros invertidos y las letras. Al investigar la denuncia, comprueban que siempre queda una puerta por marcar.
La coincidencia temporal entre la aparición de los dibujos y el depósito en la urna de los mensajes, hace que el comisario se preocupe. Preocupación que aumenta cuando en una de las viviendas con la puerta no marcada se comete un asesinato.
Huye rápido, vete lejos tiene 416 páginas y mucha y variada riqueza de contenidos, que seguro atraerá la atención del lector y que resulta imposible resumir en pocas líneas. Por mi parte debo decir que me ha gustado tanto como Tiempos de hielo y constituye un excelente acicate para seguir leyendo a Fred Vargas.   
 
 
 

lunes, 18 de junio de 2018

LA TRANSPARENCIA DEL TIEMPO

El primer libro que leí de Leonardo Padura fue Herejes. El segundo, Máscaras. Hoy traigo a Opticks el tercero, se titula La transparencia del tiempo y, al igual que los anteriores, tiene como protagonista al detective privado y ex policía Mario Conde.
En La transparencia del tiempo Mario Conde está a punto de cumplir 60 años. Ante él se erguía la evidencia numérica de haber gastado ya las tres cuartas partes (quizá más, nadie lo sabe) del tiempo máximo que pasaría en la tierra y la firme convicción de que el último plazo probable no iba a ser para nada el mejor.
Con ese estado de ánimo, acentuado por las características del entorno, en el que junto a una Habana que se cae a pedazos, habitada por gentes que sobreviven a duras penas, empiezan a surgir lujosas viviendas propiedad de políticos, contrabandistas y diversas clases de delincuentes más o menos peligrosos, Mario Conde acepta el encargo de buscar para un antiguo compañero de preuniversitario la talla de una Virgen de Regla que heredó de su abuela y dice le han robado.
El compañero, Roberto Roque Rosell, “Bobby”, es uno de esos contrabandistas que vive muy bien vendiendo al exterior obras de arte. La historia que le cuenta al detective pasa por su ingreso en el Partido y posterior expulsión, al ser denunciado por haber mantenido relaciones homosexuales. Homosexualidad que intentó reprimir casándose y engendrando dos hijas, pero que ya, quizá por la nueva apertura del régimen, no disimula alejada su familia y con diversos amantes; el último de los cuales es el que ha robado la Virgen y desvalijado casi por completo la vivienda que compartían.
Mientras busca la imagen perdida, se producen varios asesinatos, interviene la policía y Mario Conde termina colaborando con ellos. Es en esa búsqueda cuando constata las enormes diferencias, a las que ya he aludido, entre el modo de vivir de los ricos y la miseria de asentamientos ilegales, en donde se amontonan, en condiciones infrahumanas, personas que provienen de apartados lugares de la isla.
Los capítulos en los que se nos cuentan las peripecias de la investigación y de la propia vida del detective, se alternan con otros que forman parte de la novela que él, en la faceta de escritor que siempre deseó cultivar, intenta sacar adelante.
El protagonista de esa futura obra es Antoni Barral, un campesino del Pirineo catalán que, durante la Guerra Civil, huyó de su aldea con la Virgen negra que conservaban en ella y que consideraban muy milagrosa. Tras una larga y complicada travesía, Antoni Barral y su Virgen llegaron a Cuba.  
Pero la historia de Antoni Barral y de la Virgen no se limita a eso, Leonardo Padura, retrocediendo en un estudiado viaje en el tiempo, los hace aparecer de nuevo en los siglos XV, XIV y XIII.
En fechas concretas de esos siglos, el catalán, ligado siempre a la Virgen negra, protagoniza impactantes aventuras; en algunas participan los templarios, San Bernardo y hasta el mismo Roger de Flor.
Como he dicho antes, La transparencia del tiempo, que acaba de ser publicado, es el tercer libro que leo de Leonardo Padura. El primero que leí, Herejes, lo publicó en el año 2013. El segundo, Máscaras, data de 1997.
Los tres coinciden en que desarrollan una trama de tipo policiaco, en que su protagonista es Mario Conde y en la visión que éste da de La Habana y de sus habitantes. Pese a lo cual no se exilia como tantos, sino que permanece en ella, a pesar de las penurias, porque se siente ligado emocional y estéticamente a esa tierra.  
Sin embargo, en La transparencia del tiempo, tal vez por las referencias a la edad que encontramos al principio, he observado ciertos rasgos que no recuerdo estuviesen presentes en los dos anteriores.
El primer rasgo es la espiritualidad y hasta el misticismo con el que Leonardo Padura trata lo que se relaciona con la Virgen de Regla y con la Virgen negra.
El segundo es la amarga desesperanza al referirse a Cuba. Incluso el Conejo, amigo culto e imbatible de Conde y personaje fijo en las novelas que protagoniza, tiene previsto dejar el país. Lo que quiero es probar. Al menos eso: tener la posibilidad de probar y, si me dejan, escoger… No es que quiera quedarme: es que casi nunca hemos podido escoger, nos quitaron el derecho a equivocarnos.
Finalmente, y como curiosidad, existen alusiones al independentismo catalán tan en boga en los últimos meses. Hasta la bandera independentista catalana se creó en Cuba… Parece que algunos de los nacionalistas se reunieron acá en La Habana con el anarquista Buenaventura Durruti para sumarlo a la causa.

 

 

 

 

 

 

viernes, 8 de junio de 2018

TIEMPOS DE HIELO

Con la curiosidad de conocer la forma de escribir de Fred Vargas, que ha obtenido el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2018, me dispongo a leer Tiempos de hielo, investigando previamente detalles relacionados con una autora de la que hasta hoy no había leído nada.
Descubro que Fred Vargas es el seudónimo que eligió Fréderique Audoin-Rouzeau para sus obras de ficción, inspirándose en el personaje de María Vargas que interpreta Ava Gadner en la película La condesa descalza. Hay que añadir aquí que esta reputada arqueóloga e historiadora francesa es autora también de libros de divulgación científica en los que aparece su nombre real.
Sin embargo, el jurado del Premio Princesa de Asturias, en sus alegaciones al otorgárselo a la escritora francesa, no destaca la formación científica de la misma, sino su maestría para construir historias en el campo de la novela negra y policiaca. Aunque en dicha maestría está claro que ha de influir la formación científica que atesora.
Veamos algunas de esas alegaciones: Fred Vargas (Frédérique Audoin-Rouzeau) entiende la sociedad como un misterioso y complejo ecosistema. En su obra narrativa destaca la originalidad de sus tramas, la ironía con la que describe a sus personajes, la profunda carga cultural y la desbordante imaginación, que abre al lector horizontes literarios inéditos. Su escritura combina la intriga, la acción y la reflexión con un ritmo que recuerda la musicalidad característica de la buena prosa en francés. En cada una de sus novelas la Historia surge como metáfora de un presente desconcertante. El vaivén del tiempo, la revelación del Mal se conjugan en una sólida arquitectura literaria, con un fondo inquietante que, para goce del lector, siempre se resuelve como un desafío a la lógica.
Tiempos de hielo pertenece a la serie de novelas policiacas que tienen como principal protagonista al comisario Adamsberg, un policía singular algo despistado en apariencia, sus colaboradores le apodan “peleador de nubes”, que, como es lógico, resuelve con brillantez los casos que se le presentan.
Los compañeros del comisario, al menos los que aparecen en Tiempos de hielo, número ocho de la serie, poseen igualmente rasgos singulares. Citaré a unos cuantos de todos los que forman la Brigada Criminal. Así el comandante Danglard es una enciclopedia andante. Al comandante Mordent le apasionan los cuentos de hadas. La teniente Violette Retancourt mide 1’80 m y pesa 110 kg, talla y peso que sabe utilizar con eficacia. El teniente Mercadet sufre de hipersomnia, lo que no le impide hacer bien su trabajo con el apoyo de los compañeros. El teniente Veyrenc es especialista en historia y el pelo le crece de dos colores por una agresión que sufrió en la infancia.
La trama desarrollada en Tiempos de hielo se inicia con el aparente suicidio de una sexagenaria profesora de matemáticas. Aparente porque a su lado se ha trazado un signo que semeja ser una guillotina, lo que hace que el caso se derive a la Brigada Criminal del comisario Adamsberg.
Tras esta muerte, se producen otras, coincidiendo las víctimas con los miembros de una expedición a Islandia que terminó de manera trágica.
La situación se enreda aún más cuando los policías descubren que los muertos forman parte de una misteriosa asociación que se dedica a reconstruir las sesiones de la Asamblea Nacional que tuvieron lugar durante la Revolución Francesa. Los asociados, que visten como se vestía entonces, aprenden de memoria los discursos de los miembros más significativos de la Asamblea, entre los que destaca Robespierre.
Volviendo al fallo del jurado, en Tiempos de hielo podemos encontrar las características de Fred Vargas destacadas en él. Por ejemplo, la ironía en la descripción de los personajes; la intriga, la acción y la reflexión que se aprecian en todo el relato; el vaivén del tiempo, la revelación del mal, el desafío a la lógica, el fondo inquietante, la sólida arquitectura literaria; y lo que a mí, aficionada a la materia me ha interesado más, la Historia como metáfora de un presente desconcertante.