miércoles, 18 de abril de 2018

BERTA ISLA

En ocasiones, mientras iba leyendo la novela de Javier Marías titulada Berta Isla, pensaba en que, a pesar de que no ocurría nada reseñable en ese momento, la narración resultaba absolvente.
No sé si por el modo de escribir de este autor o por la historia en sí. Pero, al abandonar la lectura, lo hacía acompañada por las dudas, las sospechas, la incertidumbre que, en tercera persona, se nos dice, en las primeras líneas del relato, alteraban la vida de Berta Isla: Durante un tiempo no estuvo segura de si su marido era su marido, de manera parecida a como no se sabe, en la duermevela, si se está pensando o soñando, si uno aún conduce su mente o la ha extraviado por agotamiento.
El marido de Berta es Tomás o Tom Nevinson, de madre española y padre inglés, educado en ambas lenguas, que domina a la perfección, con una gran habilidad para aprender otras e imitar diferentes acentos, dejes o entonaciones.
La habilidad de Tom, al igual que sucede con la del protagonista de Tu rostro mañana, aunque en ese caso se refiera a la expresión facial, es aprovechada por el Servicio Secreto británico para reclutarlo. Algunos personajes, el profesor de Oxford Peter Wheeler y el enlace con la organización Bertram Tupra, aparecen en ambas novelas.
Los dos primeros capítulos de Berta Isla nos cuentan, además de la vida de los jóvenes cuando a los 15 años se conocieron y se hicieron pareja, los acontecimientos que en 1969 empujaron a Tom a incorporarse al citado Servicio.
A partir del tercero, en el año 1984, fecha en la que Berta y Tom se casaron, es la mujer quien habla en primera persona. Relato de los hechos acaecidos que se interrumpen en el octavo y que retoma al final en el décimo.
Una mujer enamorada de Tom desde su adolescencia en la España franquista; que ahora, ya casada, se pregunta cuáles son las actividades que llevan al marido a dejar el hogar familiar por semanas o meses, sin que él acceda a darle ninguna explicación.
Mientras está en Madrid, Tom trabaja en la embajada inglesa, participa en reuniones de amigos o familiares y es el mismo joven que alegraba a los demás en el pasado con sus bromas y sus imitaciones.
Sin embargo, de forma progresiva, su actitud va cambiando. En especial en casa, cuando cree que nadie le observa, se muestra preocupado y absorto en cuestiones que Berta desconoce.
Esta situación, a consecuencia de una serie de acontecimientos traumáticos para ella y los dos hijos que tienen ya en común, provoca que la esposa desee saber más de las actividades que desarrolla su marido. La respuesta del hombre es que resulta mejor para todos que el silencio sobre su trabajo tutele la convivencia matrimonial.
Una convivencia que se verá drásticamente alterada durante muchos años, en los que asistiremos al crecimiento de Berta como persona libre, profesional valiosa y madre en soledad de dos criaturas.
Pese a lo cual, no abandonará nunca la incertidumbre que presidió la relación con Tom, la nostalgia, el anhelo de hallar respuesta a sus preguntas.
Hasta aquí un adelanto del contenido que Javier Marías desarrolla a lo largo de 544 páginas. Un adelanto pobre, porque Berta Isla es mucho más que esto.  
Se podría decir que Berta Isla es literatura en estado puro, por el desarrollo del argumento, la manera en que el autor construye la novela, su dominio del lenguaje, el cuidadoso estudio de los tiempos y de la construcción de las frases; el profundo conocimiento de la literatura y el cine que sabemos posee y que nos muestra a lo largo de la obra, intercalando citas y autores.
También es la historia de una determinada época: Transición española, sangrientos conflictos en Irlanda del Norte, terrible y absurda como todas guerra de las Malvinas.
Y de igual modo es una exploración, aunque nos quedemos en la periferia, de los servicios secretos, de la vida de los infiltrados; de la psicología de los distintos personajes, del sentimiento de impotencia que compartimos con Tom cuando afirma: Tengo la sensación de que yo no he escogido tanto como se me ha escogido a mí.  

   

jueves, 12 de abril de 2018

UN LIBRO DE MÁRTIRES AMERICANOS

Segunda semana de este mes de abril, que más parece febrero por lo frío y lo desapacible, y un nuevo libro fácil de leer, pese a sus más de ochocientas páginas, y muy apropiado para tratar en grupos de lectores, ya que su argumento gira en torno a dos cuestiones sin duda polémicas: el aborto y la pena de muerte.
El título de la obra aludida es Un libro de mártires americanos y lo ha escrito Joyce Carol Oates.
He indicado que la lectura es fácil porque Joyce Carol Oates escribe muy bien, se expresa con claridad y el argumento del relato, a pesar de no ser en absoluto amable, está organizado de manera que el lector conserve el interés desde el principio al fin.
Para ello Joyce Carol Oates se vale de un conjunto de personajes  principales y secundarios perfectamente dibujados, cuyas vidas responden a situaciones de gran actualidad y los sentimientos que manifiestan son imperecederos.
Así, junto al aborto y la pena de muerte, aparecen las creencias religiosas y el ateísmo, la maternidad y el rechazo de ésta, el sentimiento de culpa, la fidelidad conyugal, las diferencias sociales, el feminismo, el acoso escolar, y más que cada uno podrá extraer conforme avanza en la lectura según sean sus vivencias personales.
La historia que contiene Un libro de mártires americanos tiene como suceso central el asesinato en 1999 en el estado de Ohio de Augustus Voorhees, médico que práctica abortos, a manos de Luther Dunphy, de profesión techador y de religión evangélica, que se considera enviado por Dios para acabar con la vida de una persona a la que califica de asesino de niños.
Luther está casado con Edna Mae que padece una seria depresión al haber perdido en un accidente de coche, en el que se vio implicado Luther, a su hija menor con síndrome de Down que viajaba en el asiento de atrás.  
A Luther y a Edna Mae les quedan tras el accidente cuatro hijos, los dos mayores, Dawn y Luke, en especial Dawn, tendrán también relevancia en la narración.
A esta familia, de seres con escasa cultura que sobreviven a duras penas, con una madre drogada por los medicamentos y un padre fanático religioso, que pertenece a grupos organizados de antiabortistas y termina en el corredor de la muerte, se opone la familia del médico, de clase social alta, lo que le hubiera permitido dedicarse a la medicina privada y disfrutar de una boyante posición junto a Jenna, su esposa abogada, sus hijos Darren y Naomí, y la pequeña Melissa adoptada en China.
Sin embargo, Augustus (Gus) decidió ejercer la medicina pública al servicio de los desfavorecidos, y aunque atiende a mujeres en embarazos que llegan a término, le conocen sobre todo por practicar abortos. Esto hace que le persigan los antiabortistas, deba llevar protección y cambiar de residencia con frecuencia, lo que acarrea problemas a su esposa e hijos.
La muerte de Gus altera por completo la vida familiar. Entre las consecuencias del trauma compartido, está la decisión que adopta Melissa de poner por escrito todo lo que concierne a su padre y que ella desconoce.
En la familia de Luther, Dawn, joven poco agraciada de edad similar a Melissa, toma también una decisión: convertirse en boxeadora y adoptar el nombre de “El Martillo de Dios” para reivindicar la figura paterna.
Son muchos más los personajes a analizar que interesarán a los lectores y a los que Joyce Carol Oates dispensa un trato distinto, con debatibles matices,  según el grupo en el que se integran. Así en el retrato de los contrarios al aborto (la América profunda), resalta el fanatismo y la truculencia; y en el de los proclives, el altruismo y la intelectualidad.
Una cuestión curiosa en este aspecto es la utilización de la primera y la tercera persona a lo largo de las ochocientas catorce páginas del libro. Todos los personajes principales y algunos secundarios exponen cómo piensan en primera persona, excepto Gus, al que conocemos a través de sus hechos y de las opiniones de otros.
Como he apuntado anteriormente, Un libro de mártires americanos alberga tal cantidad de situaciones y detalles, que resulta imposible resumirlo en unas pocas líneas. Sólo queda recomendar su lectura, seguro que no deja a nadie indiferente.
 

 

 

viernes, 6 de abril de 2018

MIEDO

En ocasiones, al escribir estas breves reseñas de los libros que leo, suelo repasar la biografía de sus autores, algunos de ellos desconocidos para mí; y en bastantes de esas biografías descubro que sus protagonistas disfrutaron de excelentes bibliotecas familiares, lo que les permitió acceder desde niños a la mejor literatura.
Uno de esos privilegiados fue Stefan Zweig cuya familia, de la alta burguesía austriaca, le proporcionó todos los medios para adquirir una sólida formación literaria. También es cierto que el joven Stefan, como relata en El mundo de ayer, mostró bien pronto gran curiosidad por todo lo relacionado con la cultura y se convirtió más tarde en un excelente alumno universitario y en un agudo observador de los tipos humanos que lo rodeaban.
Las cualidades citadas se aprecian a la perfección en Miedo, última obra que acabo de leer del escritor vienés y con la que deseo empezar el mes de abril, al ser Stefan Zweig un autor que recomiendo siempre.
La protagonista de Miedo es Irene, bella mujer de 28 años casada con un magistrado  prestigioso y madre de dos hijos de corta edad. Irene vive una vida despreocupada llena de lujos y diversiones; hasta que durante un baile entabla relación con el pianista que ameniza la fiesta y se convierten en amantes.
La primera página de la novela nos habla ya del miedo. Un miedo que la joven considera irracional, pero que experimenta de manera intensa en las escaleras del piso del pianista cada vez que mantiene con él un encuentro amoroso. Miedo a que alguien pueda verla, a que la reconozcan pese al velo que cubre su rostro, al escándalo social y familiar que ese reconocimiento supondría.
Los temores de Irene se hacen realidad cuando encuentra, en el momento de escapar hacia la calle, a una mujer que dice ser la novia de su amante. La mujer se enfrenta a ella de forma violenta, amenazándola con publicar lo que está sucediendo si no le da dinero.
Se inicia de ese modo un chantaje que aterroriza a la joven esposa y la conduce, conforme la chantajista aumenta sus exigencias, a que se replanteé lo que ha sido su vida hasta esa fecha, la relación con su marido y sus hijos, su despreocupación y superficialidad. Empieza a valorar todo lo bueno que hay a su alrededor, ahora que parece estar a punto de perderlo.
Con el estilo ágil, profundo y elegante que le caracteriza, Stefan Zweig profundiza en los sentimientos de Irene, realizando un extraordinario análisis psicológico del personaje y de sus circunstancias.
El lector, conforme avanza la lectura, siente el terror de la joven, sus vacilaciones y su arrepentimiento.
El final, tan sorprendente como inesperado, permite comprender por qué las novelas de Stefan Zweig fueron superventas en su tiempo.
En la actualidad para mí cualquier libro de este escritor supone un auténtico placer.