lunes, 26 de marzo de 2018

LA UTILIDAD DE LO INÚTIL

El hombre moderno, que ya no tiene tiempo para detenerse en las cosas inútiles, está condenado a convertirse en una máquina sin alma. Prisionero de la necesidad, ya no está en condiciones de entender que lo útil puede transformarse en “un peso inútil, agobiante” y que “si no se comprende la utilidad de lo inútil, la inutilidad de lo útil, no se comprende el arte”.
La utilidad de lo inútil es un breve ensayo de Nuccio Ordine en el que el escritor italiano, apoyándose en las opiniones que a lo largo de la historia han expresado diversas personalidades del mundo de la cultura, la ciencia, la economía y la política, justifica lo expuesto en el párrafo inicial, entendiendo que, si en general se consideran inútiles todos los saberes que no producen beneficios, progresivamente se irá dejando de lado o  destruyendo la memoria del pasado, las disciplinas humanísticas, las lenguas clásicas, la enseñanza, la libre investigación, la fantasía, el arte, el pensamiento crítico y el horizonte civil que debería inspirar toda actividad humana.  
No hay que esforzarse mucho para comprobar lo que supone la economía en el devenir de las sociedades humanas y el lugar que ocupan en esas sociedades las actividades o saberes humanísticos a los que se refiere Nuccio Ordine.
No hay que esforzarse mucho, o quizá sí en los tiempos que corren, para saber que los regímenes totalitarios lo primero que destruyen o prohíben es todo aquello que contribuye a nuestro crecimiento como personas libres: el arte, la música, los libros…
Pero esto no es nuevo, los pensadores aludidos por Nuccio Ordine no son todos contemporáneos nuestros, las disciplinas humanísticas se han reivindicado siempre porque siempre estuvieron amenazadas. Pensemos, por ejemplo, en cómo murió Sócrates, en la nunca aclarada destrucción de la biblioteca de Alejandría o en Hipatia, extraordinaria intelectual asesinada por fanáticos.
Lo que ocurre es que, conforme avanza la historia y los medios de comunicación con ella, los ataques a todo aquello que contribuye a que reflexionemos, a que seamos más críticos, más conscientes, más humanos en suma, llegan a cualquier parte con facilidad.
Conocemos perfectamente lo que supuso el comunismo para las sociedades que lo padecieron, el nazismo, la revolución cultural china, el movimiento talibán o la implantación del llamado estado islámico, por citar situaciones sociales y bélicas que han atacado la cultura.
Teniendo en cuenta lo anterior, debemos aceptar qué el mundo ha mejorado. Por supuesto que continúa habiendo terribles situaciones de injusticia, pero ya nadie las considera normales y sólo los muy locos se implican en las guerras de forma voluntaria. Las personas de todos los rincones del planeta quieren vivir en paz y con un mínimo de comodidades.
En cuanto a lo que según Nuccio Ordine podía considerarse inútil porque no nos proporciona un beneficio económico: parques, museos, espectáculos de todo tipo, bibliotecas, libros y grupos de lectura, simposios, conferencias, encuentros tecnológicos, asociaciones, clubes, etc. nunca existieron tantos.
Claro que la población de la Tierra ha aumentado, pero si comparamos las civilizaciones antiguas con las actuales, el grupo de los pensantes y privilegiados era muy reducido, la gran masa social estaba compuesta en su gran mayoría por esclavos. 
Aun así, me parece muy bien que las personas de mentes brillantes y fácil acceso a los medios de comunicación adviertan del peligro que puede suponer para el género humano despreciar los saberes humanísticos, o pretender apropiarse de ellos en propio beneficio y en detrimento de los que otros poseen o fomentan.
Para avisar del segundo peligro Nuccio Ordine cita al pedagogo estadounidense Abraham Flexner (1866-1959) cuando dice: ¿Qué puede haber más necio o ridículo, a la vista de la historia del género humano, que las simpatías o antipatías fundadas en la raza o la religión? ¿Acaso la humanidad quiere sinfonías, pinturas y profundas verdades científicas o quiere sinfonías, pinturas y profundas verdades científicas cristianas, judías, y yo añado islámicas o de cualquier otra raza, nacionalidad o credo. ¿Acaso quiere contribuciones a la infinita riqueza del alma humana y expresiones suyas que sean musulmanas, comunistas, conservadoras o liberales?
La justificación de la libertad espiritual supera con mucho la cuestión de la creación en el ámbito científico o humanístico, pues implica la tolerancia de todo el espectro de las diferencias humanas.

 

 

 

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