jueves, 8 de febrero de 2018

EL MISMO MAR

Hace algún tiempo, al manifestar yo, con la vehemencia que me caracteriza, lo mucho que admiraba a Amos Oz, un amigo lector me habló del libro con el que inauguro en Opticks este frío y desapacible mes de febrero que acaba de empezar; se trata de El mismo mar y su publicación data de 1999.
El mismo mar es una obra distinta a las que hasta ahora he leído de Amos Oz. En principio, porque alterna la prosa con el verso; después, porque los personajes, algunos de ellos muertos, se relacionan y actúan creando un ambiente entre onírico y real muy apropiado para la poesía, que ocupa la mayor parte de la narración.
Por el contrario, las inquietudes propias de este escritor, que ya he observado en todas las obras que conozco de él, como son la preocupación que le supone el enfrentamiento entre árabes y judíos (es un declarado pacifista), o la influencia de los sucesos vividos a lo largo de su vida, a destacar el suicidio de su madre cuando era niño y la muerte de su hijo, sí que aparecen en El mismo mar, las va aportando el narrador, que no es otro que el autor israelí.

No muy lejos del mar, en la calle Amirim
vive solo el señor Albert Danon. Le gustan las
aceitunas
y el queso curado. Es un hombre apacible, asesor
fiscal,
hace poco que Nadia, su mujer,
murió una mañana de cáncer de ovarios. Dejó algunos vestidos, un tocador, unas servilletas
bordadas
con delicados hilos. Su único hijo, Enrico David,
se ha ido a escalar las montañas del Tíbet.

El mismo mar comienza así, presentando, en un barrio de la ciudad de Tel Aviv, a los principales personajes, a los que se incorporarán progresivamente Dita, novia de Enrico o Rico que es como se le llama más tarde en el libro; Bettine, viuda amiga de Albert y de edad similar; María, prostituta portuguesa con la que se relaciona Rico en su viaje por Nepal; el narrador, al que ya he aludido; dos conocidos de Dita, y algunos más cuya importancia descubrirá el lector conforme avance en la lectura.
Todas estas personas aparecen y desaparecen, interrelacionándose en un elaborado relato coral, apoyado en ocasiones en textos bíblicos, y llevando consigo una profunda reflexión sobre el amor, la soledad y el deseo.
Su mano suave en el heno de mi pecho. Sobre su
mano
mi mano arrugada. Ella con mi soledad. Yo con su soledad.
En el porche. De pie. El mar quita el mar
da. Una fina silueta y una pequeña sombra. Una
sombra
arrepentida. Se gira. Huye. El mar da el mar
quita.

El mismo mar no resulta fácil de leer, encierra demasiados mensajes y su estructura no se adapta a lo que puede considerarse habitual.
A mí me parece una obra muy sincera y doliente, que se comprende mejor si se ha leído Una historia de amor y oscuridad.
No quiere esto decir que el no haber leído el libro citado pueda influir en el placer que los buenos lectores, que reconocen la obra bien hecha, han de sentir leyendo El mismo mar.
También tú. Y todos. Todo Bat Yam se llenará
de gente nueva y también ellos
cuando les toque estar solos por las noches se
quedarán
asombrados al intentar comprender lo que la luna
le hace
al mar y cuál es el propósito del silencio.
Respuesta
tampoco tendrán ellos. Todo esto se mueve
más o menos en el vacío. El propósito del silencio
es silencio.


 

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