domingo, 20 de mayo de 2018

LINCOLN EN EL BARDO

Por el libro de esta semana, Lincoln en el Bardo, su autor, el norteamericano George Saunders, recibió el Premio Booker 2017, que es el premio de más prestigio que se puede otorgar a una novela en Gran Bretaña.
George Saunders era hasta ese momento conocido por sus relatos, pero nunca había escrito una novela, ésta es la primera. Intentaré explicar algo de su estructura y su argumento.
Empezaré por el título, Lincoln en el Bardo. Primero hay que decir que George Saunders es budista y el Bardo para el budismo consistiría en una especie de estado intermedio entre la muerte y lo que pueda haber más allá.
En segundo lugar está el hecho de situar en el Bardo al presidente Abraham Lincoln. Esto parte de un suceso que se afirma tuvo lugar tras la muerte por neumonía de Willie, el hijo de 11 años de Lincoln. Acontecimiento que produjo en el Presidente un desgarro de tal naturaleza, que acudió al cementerio en dos ocasiones para sacar al niño del ataúd y abrazarlo de nuevo. Saunders afirma que escuchó esta historia en los 90 y le ha costado veinte años escribirla.
Una vez aclarado el título, veamos la estructura de la narración. Todo sucede a lo largo de una noche, cuando Lincoln acude al cementerio de Oak Hill en Washington a abrazar a su hijo.
La originalidad reside en el modo que tiene el escritor norteamericano de contar lo ocurrido, alternando las voces de los espectros que habitan el Bardo con citas bibliográficas, reales e inventadas, en las que se habla del niño, de cómo era, de su enfermedad, de la reacción de sus padres y otros allegados ante su muerte; también de la imagen de Abraham Lincoln transmitida por los distintos investigadores, de los esclavos, de la guerra y de las dudas que torturan a Lincoln por la cantidad de vidas jóvenes que desaparecerán en ella. Recordemos que la llamada Guerra de Secesión (1861-1865) enfrentó al Sur con el Norte en Estados Unidos y fue terriblemente mortífera.
El Bardo está habitado por multitud de fantasmas que se manifiestan de una forma u otra según haya sido su vida anterior o los últimos pensamientos que sintieron al dejarla. Así los dos fantasmas que más aparecen, roger bevins iii y hans vollman, se caracterizan porque Bevins está lleno de ojos, de narices y de manos, ya que se suicidó cortándose las venas y en el último momento fue consciente de todas las oportunidades que iba a perder por ese acto. La característica principal de Hans Vollman es su enorme pene, la muerte le llegó a punto de consumar el matrimonio.
Las historias de estos dos fantasmas y de otros muchos que protagonizan la novela las conocemos a lo largo del relato, en una mezcla entre terrorífica e hilarante que demuestra con creces la pericia y singularidad del autor.
Los habitantes del Bardo, según Saunders, están atrapados en esa especie de estadio intermedio repleto de cajones de enfermos, sin entender aún que han muerto y no recuperarán sus antiguas vidas. El pasar a otro estadio podrá suponer un premio, pero también un castigo; así que permanecen en un limbo incalificable.
La llegada de Willie, una criatura inocente y muy querida, el amor que su padre le demuestra, la sinceridad de éste al pensar en la terrible guerra que asola el territorio y el conflicto moral que le plantea el hecho de que tantos jóvenes mueran en ella, contribuirá al desenlace de la historia.
Una historia hermosa, extraña e inquietante; escrita de una forma difícil de resumir por su riqueza expresiva, conceptual y filosófica. Estoy segura de que no dejará a nadie indiferente.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 9 de mayo de 2018

LA MUJER DEL PELO ROJO


De nuevo traigo a esta página la reflexión de Amos Oz sobre el escritor, su obra y lo que ésta pueda significar para un lector determinado.
En el caso que hoy me ocupa, primero fue la obra, Nieve, y después el autor, Orhan Pamuk.
Mis amigos de Plumier, Pili y Luis, me regalaron Nieve el año en el que Orhan Pamuk obtuvo el Premio Nobel de Literatura, 2006. Yo no había leído nada del escritor turco y ese libro supuso un placentero descubrimiento.
Después, comprados o regalados, vinieron más libros, entre ellos La vida nueva, El Museo de la Inocencia y Estambul que sirvieron para confirmar la opinión inicial.
Y ahora el autor. Orhan Pamuk es un escritor turco que no concibe la vida si no es a través de la literatura: No busco la literatura para que me salve la vida. Sólo para superar el día difícil que tengo que vivir. Porque se trata de un escritor comprometido con su tiempo. Amante del país en el que nació, cuya historia recrea en sus libros, pero en absoluto nacionalista; defensor siempre de la democracia, de la libertad y de la paz; pacifismo por el que los libreros alemanes le otorgaron un premio.
Así que en este caso mi admiración por la obra se une a la que siento por la persona de su autor: experto en la mejor literatura, pacifista, universalista y, por tanto, partidario de los puentes y no de las fronteras.
La última obra de Orhan Pamuk acaba de publicarse en España, se titula La mujer del pelo rojo.
Fiel a los puentes y al caudal de conocimientos que posee, Orhan Pamuk utiliza como fondo ancestral de su relato un mito griego, Edipo rey de Sófocles, en el que el hijo mata a su padre sin saberlo; y una leyenda persa, el Shahnameh, epopeya nacional iraní que contiene la historia de Rostam y Sohrab, escrita por el poeta sufí Ferdousí, en la que el padre, igualmente sin saberlo, mata a su hijo.
La historia contenida en La mujer del pelo rojo está contada en primera persona por su protagonista, Cem Bey, joven de 16 años que, al ser abandonado por su padre, que dejó a su madre y a él en una precaria situación económica, entra como ayudante de Mahmut Usta, maestro pocero al que le encargan buscar agua en una zona bastante árida próxima a Estambul.
El trabajo de pocero permite al escritor, en ese afán reivindicativo de la historia y de unir el pasado con el presente, explicar cómo han ido evolucionando los métodos en la obtención del agua, a la vez que la vida de los pueblos.
El joven aprendiz y el maestro mantienen una relación ambivalente. El joven busca la protección de la figura paterna que ha perdido en el pocero, que le enseña el oficio y le cuenta leyendas antiguas, por ejemplo, la historia de José y Jacob y la de Abraham e Isaac; padres e hijos presentes en el Corán y en la Biblia, y reacciona con rabia ante la exigencia de obediencia absoluta que reclama el maestro, al que cuenta a su vez la tragedia de Edipo, que no complace demasiado a éste.
Una tarde, al bajar al pueblo cercano al pozo que están excavando, Cem ve a una hermosa mujer de pelo rojo y se enamora de ella en el momento.
De ahí en adelante la obsesión por la mujer y su relación con la misma van complicándose, hasta que todo termina de una forma que los lectores deben descubrir.
Cem huye del pueblo impulsado por un suceso desgraciado y  regresa a él pasados muchos años, para encontrar junto al antiguo pozo el sentido trágico de los mitos.
En una de las entrevistas que hicieron a Orhan Pamuk con motivo de la publicación de La mujer del pelo rojo, calificó este libro de novela política, ya que lo escribió antes del fallido golpe contra Erdogan, actual presidente de Turquía. El porqué de ese calificativo, además de otra gran variedad de riquezas, también lo encontraremos en el libro.

domingo, 29 de abril de 2018

EL COLOR DEL SILENCIO

En ocasiones resulta imposible obedecer a Amos Oz cuando dice que el buen lector ha de centrarse más en lo que una determinada obra literaria significa para él, el terreno que está entre lo escrito y uno mismo que en el que se halla entre lo escrito y el escritor.
Más imposible aún si has tenido ocasión de escuchar personalmente al autor, en este caso autora, del libro que vas a comentar.
Se trata de El color del silencio, una novela bastante voluminosa, 477 páginas, escrita por Elia Barceló.
Antes de presentarnos su novela, Elia Barceló nos hablo de sí misma. De este modo supimos  que es profesora de Literatura Hispánica en la Universidad de Innsbruck en Austria, aunque ahora se dedica sólo a escribir; está casada con un historiador austriaco, y ha publicado numerosos libros de diversos géneros: infantiles y juveniles, ciencia ficción, realistas, etc. obteniendo gracias a ellos, además de bastantes premios, un reconocimiento internacional.
Durante el encuentro, se mostró como una persona sencilla, cercana, simpática, con sentido del humor y gran facilidad de palabra.
En referencia a  su trabajo en el mundo de la escritura, al preguntarle por el temor que sienten algunos autores ante la página en blanco, explicó que nunca ha experimentado tal temor. No le cuesta imaginar situaciones que más tarde convertirá en relatos; de hecho, tiene una buena cantidad iniciados. Al parecer, su mente está de continuo fabulando. Un detalle que al común de los mortales les parecería insignificante, es en su caso la piedra angular de una historia. Está claro que disfruta escribiendo y en sus libros se nota ese placer.
Centrados ya en El color del silencio, que empieza cuando la protagonista participa en una “constelación”, que su pareja cree podrá ayudarle a aclarar zonas oscuras del pasado, Elia confesó que, aunque en su vida no hay zonas oscuras, para hacer más creíble la historia contenida en la novela, decidió intervenir en una de esas constelaciones, y el resultado fue con el tiempo gratificante.
Feminista convencida, Elia Barceló elige para protagonizar El color del silencio a Elena, una mujer de más de sesenta años fuerte e independiente que dejó a su marido y a su hijo para dedicarse a la pintura, alcanzando en dicho campo un éxito notable. En la actualidad, Elena vive con Carlos, un editor que la conoce bien, la quiere y desea haga frente a sucesos que ocurrieron en su juventud y continúan angustiándola; entre ellos el asesinato de su hermana mayor.
La obra se convierte así en un ir y venir del presente al pasado, alternándose los capítulos en un sentido u otro.  
Elia Barceló despierta el interés de los lectores valiéndose de acontecimientos propios de la novela histórica habituales últimamente: Guerra Civil, franquismo, relaciones con Marruecos e inicios del régimen democrático, en los que sitúa una historia de amor, espionaje e intriga, con un asesinato de por medio, que se desarrolla en ambientes elegantes y sofisticados, en los que predominan las mujeres hermosas y los hombres apuestos.
El ritmo de la narración es ágil, se impone la acción a la reflexión, abundan los diálogos y los hechos se suceden con rapidez.
Todo esto contribuye a que sea una obra de fácil lectura, que deja en el lector un recuerdo tan grato y positivo como dejó el encuentro con la autora a los que tuvimos la satisfacción de escucharla.

jueves, 12 de abril de 2018

UN LIBRO DE MÁRTIRES AMERICANOS

Segunda semana de este mes de abril, que más parece febrero por lo frío y lo desapacible, y un nuevo libro fácil de leer, pese a sus más de ochocientas páginas, y muy apropiado para tratar en grupos de lectores, ya que su argumento gira en torno a dos cuestiones sin duda polémicas: el aborto y la pena de muerte.
El título de la obra aludida es Un libro de mártires americanos y lo ha escrito Joyce Carol Oates.
He indicado que la lectura es fácil porque Joyce Carol Oates escribe muy bien, se expresa con claridad y el argumento del relato, a pesar de no ser en absoluto amable, está organizado de manera que el lector conserve el interés desde el principio al fin.
Para ello Joyce Carol Oates se vale de un conjunto de personajes  principales y secundarios perfectamente dibujados, cuyas vidas responden a situaciones de gran actualidad y los sentimientos que manifiestan son imperecederos.
Así, junto al aborto y la pena de muerte, aparecen las creencias religiosas y el ateísmo, la maternidad y el rechazo de ésta, el sentimiento de culpa, la fidelidad conyugal, las diferencias sociales, el feminismo, el acoso escolar, y más que cada uno podrá extraer conforme avanza en la lectura según sean sus vivencias personales.
La historia que contiene Un libro de mártires americanos tiene como suceso central el asesinato en 1999 en el estado de Ohio de Augustus Voorhees, médico que práctica abortos, a manos de Luther Dunphy, de profesión techador y de religión evangélica, que se considera enviado por Dios para acabar con la vida de una persona a la que califica de asesino de niños.
Luther está casado con Edna Mae que padece una seria depresión al haber perdido en un accidente de coche, en el que se vio implicado Luther, a su hija menor con síndrome de Down que viajaba en el asiento de atrás.  
A Luther y a Edna Mae les quedan tras el accidente cuatro hijos, los dos mayores, Dawn y Luke, en especial Dawn, tendrán también relevancia en la narración.
A esta familia, de seres con escasa cultura que sobreviven a duras penas, con una madre drogada por los medicamentos y un padre fanático religioso, que pertenece a grupos organizados de antiabortistas y termina en el corredor de la muerte, se opone la familia del médico, de clase social alta, lo que le hubiera permitido dedicarse a la medicina privada y disfrutar de una boyante posición junto a Jenna, su esposa abogada, sus hijos Darren y Naomí, y la pequeña Melissa adoptada en China.
Sin embargo, Augustus (Gus) decidió ejercer la medicina pública al servicio de los desfavorecidos, y aunque atiende a mujeres en embarazos que llegan a término, le conocen sobre todo por practicar abortos. Esto hace que le persigan los antiabortistas, deba llevar protección y cambiar de residencia con frecuencia, lo que acarrea problemas a su esposa e hijos.
La muerte de Gus altera por completo la vida familiar. Entre las consecuencias del trauma compartido, está la decisión que adopta Melissa de poner por escrito todo lo que concierne a su padre y que ella desconoce.
En la familia de Luther, Dawn, joven poco agraciada de edad similar a Melissa, toma también una decisión: convertirse en boxeadora y adoptar el nombre de “El Martillo de Dios” para reivindicar la figura paterna.
Son muchos más los personajes a analizar que interesarán a los lectores y a los que Joyce Carol Oates dispensa un trato distinto, con debatibles matices,  según el grupo en el que se integran. Así en el retrato de los contrarios al aborto (la América profunda), resalta el fanatismo y la truculencia; y en el de los proclives, el altruismo y la intelectualidad.
Una cuestión curiosa en este aspecto es la utilización de la primera y la tercera persona a lo largo de las ochocientas catorce páginas del libro. Todos los personajes principales y algunos secundarios exponen cómo piensan en primera persona, excepto Gus, al que conocemos a través de sus hechos y de las opiniones de otros.
Como he apuntado anteriormente, Un libro de mártires americanos alberga tal cantidad de situaciones y detalles, que resulta imposible resumirlo en unas pocas líneas. Sólo queda recomendar su lectura, seguro que no deja a nadie indiferente.
 

 

 

viernes, 6 de abril de 2018

MIEDO

En ocasiones, al escribir estas breves reseñas de los libros que leo, suelo repasar la biografía de sus autores, algunos de ellos desconocidos para mí; y en bastantes de esas biografías descubro que sus protagonistas disfrutaron de excelentes bibliotecas familiares, lo que les permitió acceder desde niños a la mejor literatura.
Uno de esos privilegiados fue Stefan Zweig cuya familia, de la alta burguesía austriaca, le proporcionó todos los medios para adquirir una sólida formación literaria. También es cierto que el joven Stefan, como relata en El mundo de ayer, mostró bien pronto gran curiosidad por todo lo relacionado con la cultura y se convirtió más tarde en un excelente alumno universitario y en un agudo observador de los tipos humanos que lo rodeaban.
Las cualidades citadas se aprecian a la perfección en Miedo, última obra que acabo de leer del escritor vienés y con la que deseo empezar el mes de abril, al ser Stefan Zweig un autor que recomiendo siempre.
La protagonista de Miedo es Irene, bella mujer de 28 años casada con un magistrado  prestigioso y madre de dos hijos de corta edad. Irene vive una vida despreocupada llena de lujos y diversiones; hasta que durante un baile entabla relación con el pianista que ameniza la fiesta y se convierten en amantes.
La primera página de la novela nos habla ya del miedo. Un miedo que la joven considera irracional, pero que experimenta de manera intensa en las escaleras del piso del pianista cada vez que mantiene con él un encuentro amoroso. Miedo a que alguien pueda verla, a que la reconozcan pese al velo que cubre su rostro, al escándalo social y familiar que ese reconocimiento supondría.
Los temores de Irene se hacen realidad cuando encuentra, en el momento de escapar hacia la calle, a una mujer que dice ser la novia de su amante. La mujer se enfrenta a ella de forma violenta, amenazándola con publicar lo que está sucediendo si no le da dinero.
Se inicia de ese modo un chantaje que aterroriza a la joven esposa y la conduce, conforme la chantajista aumenta sus exigencias, a que se replanteé lo que ha sido su vida hasta esa fecha, la relación con su marido y sus hijos, su despreocupación y superficialidad. Empieza a valorar todo lo bueno que hay a su alrededor, ahora que parece estar a punto de perderlo.
Con el estilo ágil, profundo y elegante que le caracteriza, Stefan Zweig profundiza en los sentimientos de Irene, realizando un extraordinario análisis psicológico del personaje y de sus circunstancias.
El lector, conforme avanza la lectura, siente el terror de la joven, sus vacilaciones y su arrepentimiento.
El final, tan sorprendente como inesperado, permite comprender por qué las novelas de Stefan Zweig fueron superventas en su tiempo.
En la actualidad para mí cualquier libro de este escritor supone un auténtico placer.

 

lunes, 26 de marzo de 2018

LA UTILIDAD DE LO INÚTIL

El hombre moderno, que ya no tiene tiempo para detenerse en las cosas inútiles, está condenado a convertirse en una máquina sin alma. Prisionero de la necesidad, ya no está en condiciones de entender que lo útil puede transformarse en “un peso inútil, agobiante” y que “si no se comprende la utilidad de lo inútil, la inutilidad de lo útil, no se comprende el arte”.
La utilidad de lo inútil es un breve ensayo de Nuccio Ordine en el que el escritor italiano, apoyándose en las opiniones que a lo largo de la historia han expresado diversas personalidades del mundo de la cultura, la ciencia, la economía y la política, justifica lo expuesto en el párrafo inicial, entendiendo que, si en general se consideran inútiles todos los saberes que no producen beneficios, progresivamente se irá dejando de lado o  destruyendo la memoria del pasado, las disciplinas humanísticas, las lenguas clásicas, la enseñanza, la libre investigación, la fantasía, el arte, el pensamiento crítico y el horizonte civil que debería inspirar toda actividad humana.  
No hay que esforzarse mucho para comprobar lo que supone la economía en el devenir de las sociedades humanas y el lugar que ocupan en esas sociedades las actividades o saberes humanísticos a los que se refiere Nuccio Ordine.
No hay que esforzarse mucho, o quizá sí en los tiempos que corren, para saber que los regímenes totalitarios lo primero que destruyen o prohíben es todo aquello que contribuye a nuestro crecimiento como personas libres: el arte, la música, los libros…
Pero esto no es nuevo, los pensadores aludidos por Nuccio Ordine no son todos contemporáneos nuestros, las disciplinas humanísticas se han reivindicado siempre porque siempre estuvieron amenazadas. Pensemos, por ejemplo, en cómo murió Sócrates, en la nunca aclarada destrucción de la biblioteca de Alejandría o en Hipatia, extraordinaria intelectual asesinada por fanáticos.
Lo que ocurre es que, conforme avanza la historia y los medios de comunicación con ella, los ataques a todo aquello que contribuye a que reflexionemos, a que seamos más críticos, más conscientes, más humanos en suma, llegan a cualquier parte con facilidad.
Conocemos perfectamente lo que supuso el comunismo para las sociedades que lo padecieron, el nazismo, la revolución cultural china, el movimiento talibán o la implantación del llamado estado islámico, por citar situaciones sociales y bélicas que han atacado la cultura.
Teniendo en cuenta lo anterior, debemos aceptar qué el mundo ha mejorado. Por supuesto que continúa habiendo terribles situaciones de injusticia, pero ya nadie las considera normales y sólo los muy locos se implican en las guerras de forma voluntaria. Las personas de todos los rincones del planeta quieren vivir en paz y con un mínimo de comodidades.
En cuanto a lo que según Nuccio Ordine podía considerarse inútil porque no nos proporciona un beneficio económico: parques, museos, espectáculos de todo tipo, bibliotecas, libros y grupos de lectura, simposios, conferencias, encuentros tecnológicos, asociaciones, clubes, etc. nunca existieron tantos.
Claro que la población de la Tierra ha aumentado, pero si comparamos las civilizaciones antiguas con las actuales, el grupo de los pensantes y privilegiados era muy reducido, la gran masa social estaba compuesta en su gran mayoría por esclavos. 
Aun así, me parece muy bien que las personas de mentes brillantes y fácil acceso a los medios de comunicación adviertan del peligro que puede suponer para el género humano despreciar los saberes humanísticos, o pretender apropiarse de ellos en propio beneficio y en detrimento de los que otros poseen o fomentan.
Para avisar del segundo peligro Nuccio Ordine cita al pedagogo estadounidense Abraham Flexner (1866-1959) cuando dice: ¿Qué puede haber más necio o ridículo, a la vista de la historia del género humano, que las simpatías o antipatías fundadas en la raza o la religión? ¿Acaso la humanidad quiere sinfonías, pinturas y profundas verdades científicas o quiere sinfonías, pinturas y profundas verdades científicas cristianas, judías, y yo añado islámicas o de cualquier otra raza, nacionalidad o credo. ¿Acaso quiere contribuciones a la infinita riqueza del alma humana y expresiones suyas que sean musulmanas, comunistas, conservadoras o liberales?
La justificación de la libertad espiritual supera con mucho la cuestión de la creación en el ámbito científico o humanístico, pues implica la tolerancia de todo el espectro de las diferencias humanas.

 

 

 

martes, 20 de marzo de 2018

ORDESA

Cuando visito librerías, consulto las novedades de la biblioteca pública o leo las recomendaciones que aparecen en alguna de las revistas o periódicos que cuentan con secciones dedicadas a la literatura, aún me sorprendo de lo mucho que se edita en España.
Lo curioso es que, en la mayor parte de las ocasiones, al investigar en Internet sobre el libro de un autor desconocido para mí, compruebo que abundan las páginas en las que dicho libro se comenta; lo que quiere decir que se ha leído.
Así que no acabo de entender por qué en las estadísticas siempre aparecen cifras que demuestran lo poco que leemos en España. Si leemos poco, por qué se publica tanto y por qué existen tantos espacios en los que se comentan libros. Seguro que existe una explicación lógica; mientras llega, seguiré sorprendiéndome.
Acaba de ocurrírseme que las estadísticas se construyen preguntando a diversas personas si leen o no, pero en el resultado no significa nada el número de libros leídos por las que se confiesan lectoras. Ahí puede residir una respuesta a mis interrogantes.
Las disquisiciones anteriores tienen que ver con un escritor, Manuel Vilas, y una obra que acaba de publicar titulada Ordesa cuya lectura ha conseguido  emocionarme. Debo añadir que hasta ahora ni conocía a Manuel Vilas ni, por supuesto, ninguna de sus obras. Ha sido en Internet donde he descubierto cuestiones relacionadas con su trayectoria como poeta y prosista, los numerosos premios que ha recibido, incluso el de las Letras Aragonesas (nació en Barbastro), y lo mucho que se le valora.
Ojalá pudiera medirse el dolor humano con números claros y no con palabras inciertas. Ojalá hubiera una forma de saber cuánto hemos sufrido, y que el dolor tuviera materia y medición. Todo hombre acaba un día u otro enfrentándose a la ingravidez de su paso por el mundo. Hay seres humanos que pueden soportarlo. Yo nunca lo soportaré.
Son las líneas con las que empieza Ordesa. De ahí en adelante, Manuel Vilas se rebela contra esa ingravidez relatando su historia personal en una, yo diría catarsis, en la que hay amor, arrepentimiento, poesía y una serena aceptación del presente, porque los que murieron, padre y madre, continúan viviendo en nosotros: Si de algo me he dado cuenta en la vida es de que todos los hombres y las mujeres somos una sola existencia.
Pero antes de llegar a la certeza anterior, Manuel Vilas debió recuperar en su mente lo que sintió al viajar con sus padres a Ordesa en 1969 y cambiar el color amarillo, asociado a la inconsistencia, el rencor y el dolor, por el blanco del perdón y la conformidad consigo mismo.
En el libro, que él define como autobiográfico, parte de una serie de vivencias traumáticas, con divorcio y abandono del hogar familiar de por medio, para interrogarse sobre su pasado, relacionándolo siempre con las figuras de sus padres muertos y la vida que compartieron, el padre como viajante de comercio y la madre como ama de casa, en la España de los años 60 y 70 que describe mediante distintas situaciones y ejemplos.
Esos recuerdos, con los que podrá identificarse fácilmente quien haya experimentado, ante la muerte de sus progenitores, una sensación de soledad y desamparo similar:
Qué solo me he quedado, papá.
Qué voy a hacer ahora, papá.
Ya no verte nunca es ya no ver.
Insisto, esos recuerdos conducen a Manuel Vilas hasta la época actual y a las complicaciones que le plantea la convivencia esporádica con sus dos hijos, a los que, al igual que a sus padres: Bach, Wagner, identifica con nombres de músicos: Vivaldi, Brahms.
Ordesa es tan sincero que, en ocasiones, duele lo que expresa. Aunque suene a sabido, pasamos por la vida sin darnos cuenta de lo que tenemos, sin aprovechar las ocasiones en las que podríamos disfrutarlo. Después, cuando ya nada tiene remedio y aquellos a quienes amamos se han convertido en cenizas, nos lamentamos del tiempo perdido, de ciertos desencuentros, de la poca paciencia que tuvimos con manías de viejos que ahora reconocemos en nosotros.
En Ordesa Manuel Vilas
De modo que el gran secreto era éste:
ya estoy completamente desamparado,
arrodillado
para la decapitación,
para el anhelado adiós de este cuerpo,
de esta existencia meramente social y vecinal que lleva mi
nombre,
nuestro nombre.

 

 

 

 

martes, 13 de marzo de 2018

TAXI

Taxi es el primer libro que leo de Carlos Zanón.
Recuerdo que una de mis profesoras de literatura, cuando debíamos escribir algún relato, nos aconsejaba siempre que cuidásemos de manera especial el final y el principio. Las dos primeras páginas de Taxi y algunas de las últimas me han traído a la mente esos consejos.
Luego, al descubrir por su biografía que Carlos Zanón es músico y poeta, he comprendido por qué en esta obra hay tantas referencias musicales y tantos párrafos de alto valor poético.
La historia que contiene Taxi está contada en tercera persona y su protagonista es Jose, apodado Sandino, gran lector y escritor frustrado, que dejó la universidad en segundo o tercero y fue obligado por la crisis a aceptar el trabajo de taxista que antes hicieran su padre y su hermano. Sandino está casado con Lola, una ex drogadicta a la que engaña con diversas mujeres, hasta que ella al inicio del libro decide que deben hablar de la situación que atraviesan. Sandino teme esa conversación porque no sabe si desea estar con Lola o no; su vida es un continuo interrogante, una insatisfacción continuada que le impide dormir, condenándole a un insomnio severo.
Para evitar enfrentarse con Lola, Sandino se refugia en el taxi y recorre Barcelona transportando personas de lo más variopinto. Como sus idas y venidas ocupan siete días y seis noches, tenemos ocasión de conocer su historia familiar, a sus amigos y enemigos o a sus amantes, entre otros personajes que enriquecen la historia con matices que evocan en gran parte a Juan Marsé.   
Carlos Zanón es también un premiado escritor de novela negra, característica que en Taxi se descubre por la descripción de ambientes marginales y los episodios de violencia. De todas formas para mí no es eso lo más destacado, incluso creo que sobran páginas de su peregrinaje por la ciudad, sino el modo que tiene de escribir este autor con frases cortas y muy pensadas que convierten a Sandino en un filósofo desencantado, y a la vez en un hombre que busca dar sentido a una existencia que considera absurda.
Deberías rezar para que el insomnio convierta tu vida en algo que sea verosímil.
Hacer que suceda algo en ella.
Elige a una mujer y quédate a su lado.
Elige a Lola.
Elige a cualquier otra sin importar quién, porque tú eres Nadie.
No sé si Carlos Zanón para escribir el libro trabajó de taxista o acompañó a alguien que lo fuera, porque conduce al lector por las calles de Barcelona con la pericia y los conocimientos de un profesional de dicho gremio, mostrándonos los distintos espacios que la conforman, desde las zonas en las que residen los privilegiados por la fortuna, hasta los barrios más humildes o la Barcelona nocturna de las drogas y la prostitución.

  

 

 

 

 

 

miércoles, 7 de marzo de 2018

IMAGINAR A PETER PAN

Aunque no tenga de ello una certeza absoluta, podría asegurar que Peter Pan, el personaje creado por James Mattew Barrie en 1904 para una función de teatro, ha sido el invitado especial en muchas y variadas efemérides.
Si tenemos en cuenta que, además de en una función teatral, Peter Pan aparece como protagonista en películas, cómics, álbumes ilustrados, cuentos, novelas y hasta sesudos ensayos psicológicos y sociológicos, es fácil creer que algunas de las citadas representaciones sirvieron de apoyo en la celebración de cumpleaños, onomásticas y otras festividades señaladas y gozosas.
En el caso que hoy traigo a Opticks, la representación acompaña el nacimiento de un proyecto editorial, Degomagom, y consiste en un álbum ilustrado que se titula Imaginar a Peter Pan.
El álbum que edita Degomagom de una forma cuidada y preciosista, se compone de un conjunto de ilustraciones realizadas por el ilustrador Miguel Calatayud y de un relato obra del escritor Manuel Roig Abad.
En la presentación de la editorial y del álbum se dijo que las ilustraciones de Miguel Calatayud, prestigioso y muy premiado ilustrador valenciano, fueron en un principio diecisiete y las dibujó en 1976. Sin embargo, como sucede con las auténticas obras de arte, el tiempo no ha reducido el valor de las mismas, sino que lo ha aumentado y magnificado. Así que el espectador no se cansa de admirar la maestría con la que el artista  representa a los personajes de la historia del niño que no quería crecer, observando en cada recorrido visual detalles sorprendentes y estudiados que dan fe del genio de su creador.
Además de las diecisiete ilustraciones iniciales, Miguel Calatayud ha añadido otras de nueva creación e idéntica maestría que ilustran dos apartados más del libro, los titulados Para imaginar a Peter Pan y el auca El país de nunca jamás.
El relato de Manuel Roig, escritor castellonense de Vall d’Uixó premiado por sus libros de poesía y narrativa, se adapta a las ilustraciones desde la ingenuidad de Marcos, un niño de 5 años que aún no sabe leer, pero al que gustan las bibliotecas y sueña e imagina que vuela, utilizando en sus ensoñaciones la historia de Peter Pan. El autor implica progresivamente en la narración, de una manera divertida, sugerente y muy original, a los padres de Marcos, su abuela, su hermano y su maestra.
La obra se completa con un interesante epílogo escrito por Gustavo Martín Garzo, que analiza la obra de Barrie tomando como punto de partida la personalidad de éste.
 

martes, 27 de febrero de 2018

UNA LIBRERÍA EN BERLÍN

Tras leer Una librería en Berlín, se me ocurren diversas razones para considerarlo un libro diferente, a saber: porque es el único que conocemos de su autora, Françoise Frenkel; por la forma en que ésta relata la historia contenida en él; por el dosier que Fréderic Maria ha recopilado para acompañar dicha historia, en el que investiga la vida de Françoise Frenkel y aporta documentos sobre ella, la librería que abrió en Berlín (La Maison du libre) y la publicación de su única obra; por el prefacio escrito por Patrick Modiano explicando datos importantes del libro y de la escritora; por el relato en sí que la autora inicia de este modo: No sé muy bien a qué edad se remonta mi vocación de librera. Ya desde muy niña me podía pasar las horas muertas hojeando un libro con imágenes o un gran volumen ilustrado.
Mis regalos preferidos eran los libros, que se acumulaban en las estanterías de mi habitación de niña.
Una niña que nació en Polonia en el seno de una familia judía.
Luego pasó mucho tiempo…
La vida me había llevado a París para largos años de estudios y trabajo.
En París, la joven François compagina sus estudios en la Sorbona con su trabajo en la Biblioteca Nacional y en la biblioteca de Sainte-Geneviève. De vuelta a Polonia, prosigue su contacto con las librerías, aprende a conocer a los “clientes” del libro, y cuando llega el momento de escoger una profesión, no lo duda, escoge la profesión de librera.
Elegida la profesión, precisa de un lugar para ejercerla; lo encuentra en Alemania, en concreto en Berlín. Después de comprobar durante un viaje que la ciudad carece de librerías especializadas en literatura francesa, decide abrir una, que pronto se convierte en un centro cultural de primer orden. Era el año 1921 y la sociedad europea, como relata Stefan Zweig en El mundo de ayer, procuraba olvidar los horrores de la 1ª Guerra Mundial evadiéndose con variadas actividades culturales y recreativas, ajena a los movimientos políticos que preparaban ya nuevos horrores.  
En 1935 empiezan las complicaciones graves que la escritora va relatando con minuciosa incredulidad.
La primera acción, característica de cualquier movimiento totalitario, consiste en acabar con todo aquello considerado peligroso por los que pretenden imponer una determinada ideología.
En el caso de nuestra librera, se le dificulta el intercambio comercial con Francia necesario para mantener los fondos editoriales, se le requisan libros y periódicos, es interrogada por la Gestapo y señalado su establecimiento por las juventudes nazis.
Fiel a las consignas recibidas y a la estudiada propaganda, la presión va aumentando.  Se declara el boicot contra todos los comercios regentados por judíos y se queman y destruyen tiendas, viviendas y sinagogas.
Finalmente, Françoise Frenkel ha de cerrar la librería y marcharse a París, la pobre librera había sido desposeída de su reino.
En París todos los extranjeros se convierten en sospechosos, mucho más si se trata de judíos. Se necesitan permisos de residencia y trámites burocráticos exasperantes. En 1940, ante la inminente entrada de los alemanes en la ciudad, la joven acepta la invitación de un viejo profesor de sus tiempos estudiantiles y se traslada a Aviñon.
Es admirable que aun sabiéndose en peligro, Françoise Frenkel,  allá  donde va, no pierde el contacto con sus amados libros, visita las bibliotecas y disfruta paseando por los lugares más recónditos y misteriosos de la antigua ciudad de los papas; hasta que pasear en libertad supone un riesgo. Se imponen nuevos traslados en busca de una improbable seguridad.
El régimen de Vichy colabora con los ocupantes en la represión contra los judíos, que son encarcelados y deportados a campos de exterminio alemanes. La única posibilidad de salvarse es pasar a Suiza; lo intentan muchos judíos desesperados, Françoise Frenkel también.
La mayor parte del libro la dedica la autora a relatar esta huida constante, de ciudad en ciudad, de refugio en refugio, conviviendo con buena gente y con delatores y aprovechados; siendo testigo de auténticas tragedias familiares pero también de actos heroicos. Lo explica todo sin ninguna clase de estridencia o exageración; observa la realidad y cuenta lo que ve y vive de manera objetiva, levanta acta.
Quizá esa pretendida objetividad, ese deseo de narrar lo que acontece sin implicaciones sentimentales que puedan desvirtuarlo, es decir, sin que las tribulaciones del autor alteren la percepción que los lectores tengan de su obra, es lo que hace que Françoise Frenkel no se refiera nunca a su marido, apresado en París y muerto en el campo de concentración de Auschwitz, según se ha sabido por investigaciones posteriores.
Decía Amos Oz que aquel que busca el corazón del relato en el espacio que está entre la obra y quien la ha escrito, se equivoca: conviene buscar no en el terreno que está entre lo escrito y el escritor, sino en el que está entre lo escrito y el lector.    
Si dificultar la primera búsqueda era la pretensión de Françoise Frenkel al escribir Una librería en Berlín, no hay duda de que consiguió su propósito. Si no lo era, nunca lo sabremos, murió en Niza en 1975.

martes, 20 de febrero de 2018

EL ABISMO VERDE

Tras leer con la lentitud que merecía El espíritu áspero de Hidalgo Bayal, pedí en la biblioteca un libro de Manuel Moyano, autor del que había oído hablar con admiración en tertulias literarias radiofónicas.
La obra conseguida fue El abismo verde, cuyas 166 páginas, al contrario de lo que sucede con El espíritu áspero, requieren poco tiempo y poco esfuerzo, aunque después te dejen un rescoldo incómodo al que cuesta trabajo definir.
El protagonista de El abismo verde es un joven sacerdote con espíritu aventurero, fomentado mediante las lecturas de Julio Verne, H. Rider Haggard, Jack London o Joseph Conrad, entre otros autores que han escrito libros en los que juega un papel importante dicho espíritu.
El sacerdote cuenta la historia contenida en El abismo verde, una vez superados los trágicos sucesos a los que ha de enfrentarse, tras ser destinado a Agaré, aldea mísera situada en el área amazónica a dos días de cabalgadura de cualquier lugar habitado.
Agaré está poblada únicamente por hombres, a excepción de la esposa indígena del europeo encargado de controlar la explotación ahora  maderera y antes minera, en la que trabaja un grupo de mestizos embrutecidos por el alcohol y otras cuestiones que iremos descubriendo conforme avancemos en el relato.
La narración, contada en primera persona, se inicia de la siguiente forma: Dios somete a pruebas implacables a sus emisarios; por eso acabé apartándome de Él. Durante cierto tiempo, mientras aún ejercía el sacerdocio, fui conocido como «el Padrecito»: así solían llamarme los habitantes de aquel inmundo pueblo amazónico de Agaré, antes de que su propia insensatez los borrara de la faz de la tierra.
Podemos comprobar que la prosa de Manuel Moyano es directa y clara, por lo tanto, fácil de leer. Facilidad que no está alterada por  los inquietantes sucesos que atañen a los trabajadores del poblacho y que el sacerdote se propone aclarar, a pesar del riesgo que eso conlleva.
El ambiente creado por Manuel Moyano en El abismo verde resulta opresivo e inquietante. A las dudas teológicas que cada vez con más intensidad afectan al sacerdote, se une el entorno que rodea la iglesia; empezando por la mísera casa del sacerdote muerto al que sustituye, y continuando con las características físicas y psicológicas de las personas que habitan Agaré, la impenetrabilidad de la selva y los misterios que encierra en su interior.
En las tertulias radiofónicas a las que aludí antes, se dijo que Manuel Moyano era muy hábil en el relato corto, que consiste básicamente en saber decir mucho utilizando pocas palabras. La historia que nos cuenta en El abismo verde es una buena muestra de esa habilidad.  
 

 


 

miércoles, 14 de febrero de 2018

EL ESPÍRITU ÁSPERO

Tres son los libros que he leído hasta ahora de Gonzalo Hidalgo Bayal. El primero, recomendación de mi amigo Manolo allá por el 2008, se titulaba Campo de amapolas blancas, tenía 110 páginas. El segundo, La sed de sal, lo comenté en Opticks el 11 de junio de 2014, ahí las páginas eran 328. El tercero, de 556 páginas, y que hoy traigo a Opticks, se titula El espíritu áspero.
La alusión a las páginas viene determinada porque considero que Hidalgo Bayal es un extraordinario escritor, al que cualquiera que disfrute con la buena literatura debiera leer. Sin embargo, creo que todo aquel que no esté demasiado acostumbrado a la lectura y pretenda conocer a este autor, si empieza por el libro que he citado el último, sentirá tal complejo de inculto, que no pasará del capítulo uno.
Confieso que yo, que me considero una lectora media, decidí dejar de buscar en el diccionario las palabras que no entendía, cuando ya había completado una hoja por ambas caras.
Una vez que tome esa decisión y deduje el significado del término desconocido por el sentido de la frase en la que se insertaba, pude disfrutar de una novela con un apabullante derroche de recursos estilísticos y una más que apabullante demostración de la cultura literaria, lingüística, idiomática y métrica que Hidalgo Bayal posee.
La acción de El espíritu áspero, que, insisto, exige una lectura sosegada y atenta, se desarrolla en el mismo territorio mítico que La sed de sal. Se trata de lugares al norte de la provincia de Cáceres inventados por el autor extremeño. Allí sitúa la tierra de Murgaños, con ciudades como Murania y pueblos como Casas del Juglar. Todo ese territorio está perfectamente descrito: montañas, ríos, valles, calles y plazas, por las que deambula un conjunto de personajes inolvidables, cuyas personalidades y acciones suelen esconder una crítica social feroz.
Son dos los protagonistas principales de la historia: Don Gumersindo,  Sindo o Sin y Pedro Cabañuelas. Don Gumersindo es un profesor de latín que, al principio del libro, conocemos en el acto de su jubilación. Gran conocedor de las lenguas clásicas, ha escrito sus memorias titulándolas Beatus Ivre. Beatus por el Beatus ille (Dichoso aquel) del poeta latino Horacio e ibre por Le bateau ivre (El barco ebrio) de Rimbaud. Éste será uno de los muchos juegos de palabras que aparecen en el texto y que nos demuestran los conocimientos, imaginación y habilidades técnicas de Hidalgo Bayal.
Pedro Cabañuelas es un joven analfabeto, quizá un delincuente (el Canícula) al que Sindo, en sus tiempos de joven estudiante, enseñó a leer valiéndose del catón y comenzando con un texto que hablaba de la estancia de los cartagineses en la península y sus enfrentamientos con los romanos. De tal forma impactó esta historia a Pedro Cabañuelas, que a los terrenos que iba comprando conforme aumentaba su prosperidad les ponía nombres relacionados con los cartagineses: Trebia, Trasimeno, Cannas…; y sus hijos fueron bautizados como Amílcar, Asdrúbal y Aníbal.
El narrador, joven profesor compañero de Don Gumersindo en el instituto, que ha encontrado por casualidad las memorias de éste, articula el relato en dos tiempos: el pasado de Sin, que conoce por las memorias encontradas  y lo que el viejo profesor le cuenta; y el presente centrado en los alumnos del instituto, entre los que destacan Minerva Cabañuelas, nieta de Pedro, y sus amigos, en especial Valentín Valiente apodado Mente Cato.
En ocasiones, me refiero aquí a lo difícil que resulta resumir determinados libros en el poco espacio de que dispongo, El espíritu áspero es uno de ellos. La narración abarca más de medio siglo de la historia de España. Hay referencias a la dictadura de Primo de Rivera, a la Guerra Civil y la posguerra; memorable resulta la estancia de Sindo en el internado de los padres hervacianos o el juicio al que lo someten ya adulto acusándolo de estar contra el régimen.
Termino la reseña con unos párrafos del discurso que había escrito don Gumersindo para leer en su jubilación, lo que luego no hizo, pero que el narrador trascribe. Después de dividir a los profesores en ínsitos, internos, inversos e inopes, afirma: Yo he aspirado siempre a ser interno, como los acusativos que derivan del verbo, aunque con el paso del tiempo he ido propendiendo cada vez más a la inopia.  Admito que enseñar puede ser agradable cuando el alumno quiere aprender, pero las nuevas pedagogías, inversas, insumisas e insolventes, entienden que aprender es agradable cuando se quiere enseñar. Me jubilo en buen momento, antes de la catástrofe. Firmado: “Sin”.

jueves, 8 de febrero de 2018

EL MISMO MAR

Hace algún tiempo, al manifestar yo, con la vehemencia que me caracteriza, lo mucho que admiraba a Amos Oz, un amigo lector me habló del libro con el que inauguro en Opticks este frío y desapacible mes de febrero que acaba de empezar; se trata de El mismo mar y su publicación data de 1999.
El mismo mar es una obra distinta a las que hasta ahora he leído de Amos Oz. En principio, porque alterna la prosa con el verso; después, porque los personajes, algunos de ellos muertos, se relacionan y actúan creando un ambiente entre onírico y real muy apropiado para la poesía, que ocupa la mayor parte de la narración.
Por el contrario, las inquietudes propias de este escritor, que ya he observado en todas las obras que conozco de él, como son la preocupación que le supone el enfrentamiento entre árabes y judíos (es un declarado pacifista), o la influencia de los sucesos vividos a lo largo de su vida, a destacar el suicidio de su madre cuando era niño y la muerte de su hijo, sí que aparecen en El mismo mar, las va aportando el narrador, que no es otro que el autor israelí.

No muy lejos del mar, en la calle Amirim
vive solo el señor Albert Danon. Le gustan las
aceitunas
y el queso curado. Es un hombre apacible, asesor
fiscal,
hace poco que Nadia, su mujer,
murió una mañana de cáncer de ovarios. Dejó algunos vestidos, un tocador, unas servilletas
bordadas
con delicados hilos. Su único hijo, Enrico David,
se ha ido a escalar las montañas del Tíbet.

El mismo mar comienza así, presentando, en un barrio de la ciudad de Tel Aviv, a los principales personajes, a los que se incorporarán progresivamente Dita, novia de Enrico o Rico que es como se le llama más tarde en el libro; Bettine, viuda amiga de Albert y de edad similar; María, prostituta portuguesa con la que se relaciona Rico en su viaje por Nepal; el narrador, al que ya he aludido; dos conocidos de Dita, y algunos más cuya importancia descubrirá el lector conforme avance en la lectura.
Todas estas personas aparecen y desaparecen, interrelacionándose en un elaborado relato coral, apoyado en ocasiones en textos bíblicos, y llevando consigo una profunda reflexión sobre el amor, la soledad y el deseo.
Su mano suave en el heno de mi pecho. Sobre su
mano
mi mano arrugada. Ella con mi soledad. Yo con su soledad.
En el porche. De pie. El mar quita el mar
da. Una fina silueta y una pequeña sombra. Una
sombra
arrepentida. Se gira. Huye. El mar da el mar
quita.

El mismo mar no resulta fácil de leer, encierra demasiados mensajes y su estructura no se adapta a lo que puede considerarse habitual.
A mí me parece una obra muy sincera y doliente, que se comprende mejor si se ha leído Una historia de amor y oscuridad.
No quiere esto decir que el no haber leído el libro citado pueda influir en el placer que los buenos lectores, que reconocen la obra bien hecha, han de sentir leyendo El mismo mar.
También tú. Y todos. Todo Bat Yam se llenará
de gente nueva y también ellos
cuando les toque estar solos por las noches se
quedarán
asombrados al intentar comprender lo que la luna
le hace
al mar y cuál es el propósito del silencio.
Respuesta
tampoco tendrán ellos. Todo esto se mueve
más o menos en el vacío. El propósito del silencio
es silencio.