domingo, 17 de diciembre de 2017

EL SIGLO DE LOS INDOMABLES

Aunque las estadísticas no sean siempre fiables, creo poder asegurar, apoyándome a pesar de todo en las listas de los libros más vendidos, que existe un grupo de personas fieles a una clase de novelas, muy extensas por cierto, que acostumbran a mezclar la historia con la ficción.
Los autores se valen para ello del protagonismo de una familia ficticia a la que relacionan con acontecimientos relevantes acaecidos a lo largo de una o varias épocas. Es el caso del norteamericano Noah Gordon, el inglés Ken Follett o los españoles Ildefonso Falcones y María Dueñas, por citar algunos de esos autores que además suelen ser superventas.
En esa línea está la novela El siglo de los indomables que en sus seiscientas siete páginas realiza un recorrido por los hechos más significativos del siglo XX; por ejemplo, las dos guerras mundiales, el marxismo y sus consecuencias, el nazismo y los campos de exterminio, la guerra civil española, la dictadura franquista y distintos avances científicos y técnicos en los ámbitos de la medicina y la aviación, entre los más sobresalientes.
El autor de El siglo de los indomables es el doctor en medicina Juan Carlos Padilla, y cito su profesión debido al especial interés que concitan las distintas descripciones médicas que aparecen en el libro, desde las características físicas del hijo del principal protagonista del relato hasta las intervenciones realizadas por los doctores que encontramos en él, algunos de tan infausta memoria como el nazi Josef Mengele.
El siglo de los indomables comienza en 1901. Ese año muere en el mar Vicent Elizaicin, un marinero de Villajoyosa. Su hijo, Florentino Elizaicín, se enrola en un carguero que transporta distintos materiales a la República Dominicana, prometiendo a su madre y a su hermana pequeña que regresará a España rico.
La inteligencia del joven Florentino y su carácter emprendedor le proporcionan  en poco tiempo prestigio y riqueza, gracias a los minerales que descubre en un terreno adquirido con bastantes dificultades a un terrateniente de la localidad con cuya hija, Beatriz, acabará casándose.
En paralelo a la felicidad de que disfruta el matrimonio, que pronto se ve completada con el nacimiento de una hija, Flora, se suceden distintas efemérides históricas en las que resulta fundamental el acero inoxidable que Florentino pone en el mercado, así la construcción del aeroplano con el que el aviador e ingeniero Louis Bleriot voló sobre el Canal de la Mancha en 1909.
En 1912, coincidiendo con la decepcionante llegada del británico Robert Falcon Scott al Polo Sur (el noruego Roald Amundsen había llegado un mes antes) nace Jacobo, el anhelado hijo de Beatriz y Florentino. Jacobo es albino y los médicos indican a sus padres que la exposición a la luz solar puede dejarlo ciego. Así que el niño no sale de la casa familiar en la que tiene toda clase de cuidados. Un tarde, cuando acaba de cumplir seis años, atraído por los alegres comentarios que Florita hace de un circo instalado en la localidad, logra salir sin que nadie le vea y el director del circo, al notar las peculiaridades físicas del pequeño, piensa que puede ser una buena atracción en la pista y lo secuestra.
De ahí en adelante la novela presenta de forma alternativa la vida de Jacobo y la de sus padres y hermana que no dejan nunca de buscarle. En paralelo a esta búsqueda, el autor continúa introduciendo los hechos históricos citados anteriormente y otros muchos hasta completar el siglo XX.
Como tengo por norma no alargar demasiado las reseñas de libros que realizo, dejo que los posibles lectores descubran todo lo que El siglo de los indomables puede ofrecerles, además de un repaso a la historia de un tiempo que no sería conveniente olvidar por lo que supuso de positivo y negativo para los habitantes del planeta, la obra nos presenta un conjunto de personajes memorables, entre los que destaca Florentino, inspirado por cierto en un tatarabuelo de Juan Carlos Padilla, que profundiza en todos ellos colocándolos en ambientes, paisajes y sucesos descritos de manera minuciosa y con una rauda secuencia de ritmos.
 







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