lunes, 25 de diciembre de 2017

LA LIBRERÍA. ASESINATO EN EL ORIENT EXPRESS

En las últimas semanas he visto dos películas basadas en obras literarias. La primera fue La librería dirigida por Isabel Coixert y basada en la novela del mismo título que escribió en 1978 Penelope Fitzgerald, y la segunda Asesinato en el Orient Express dirigida y protagonizada por Kenneth Branagh y basada a su vez en la novela que Agatha Christie publicó en 1934 y que se titula igual.
Hasta aquí todo normal en mis posibles apreciaciones, lo único que cambia es que La librería tuve ocasión de verla antes de leer el libro y con Asesinato en el Orient Express sucedió lo contrario.
Quizá por eso, mientras leía la novela de Penelope Fitgerald cuya protagonista, la viuda Florence Green, decide abrir una librería en Hardborough, pueblo costero de Suffolk (Gran Bretaña) en el que vive, imaginaba a la actriz que representa al personaje. No sólo a esa actriz, también el resto de las personas que intervienen en la narración: el señor Keble el banquero, el solitario señor Brundish, el oportunista Milo North, la orgullosa y manipuladora Violet Gamart, la pequeña y activa Christine y los demás vecinos de Suffolk me hacían recordar a los distintos interpretes, sus reacciones, gestos y modos de actuar.
Florence Green abre la única librería de un pueblo poco interesado por la cultura en un antiguo edificio llamado Old House para el que la acaudalada señora Gamart tiene otros planes. Dichos planes, que consisten en montar un hipotético centro de arte, unido a que a la dama le sea imposible digerir que alguien ajeno a ella ose poner en marcha en lo que considera sus dominios una iniciativa cultural, le hacen entorpecer de todas las formas posibles el proyecto de la viuda.
De ese argumento, que en la novela se desarrolla con lentitud y matices que no se descubren fácilmente, aunque, por supuesto, esté muy bien escrita, Isabel Coixert destaca las situaciones que creo son más fieles a lo que se propuso la autora cuando ideó el libro: subrayar la valentía y fidelidad a unos ideales de una mujer sola, frente a la mezquindad y mala intención de las fuerzas vivas del pueblo que manipulan a una sociedad cerrada y excluyente.
Para destacar esas situaciones, Isabel Coixert incorpora a la acción detalles, palabras y algunos hechos que iluminan la historia, la resaltan de manera especial, añaden dramatismo y convierten a La librería novela en una película inolvidable.
Respecto a Asesinato en el Orient Express ya he apuntado que previamente a ver la película había leído el libro, éste y bastantes novelas más de Agatha Christie protagonizadas por Hércules Poirot; lo que supone que me haya forjado una idea del aspecto y del comportamiento del personaje, y ni lo uno ni lo otro coincide con lo que me transmite Kenneth Branagh.
Luego la novela se inicia en Alepo y la película en Jerusalén junto al Muro de las Lamentaciones en una escena que considero bastante artificiosa.
Aún hay más cuestiones que me alejan del relato de la autora inglesa, por ejemplo, los suspiros de Poirot ante la fotografía de quien parece ser su amada muerta o desaparecida, las surrealistas escenas en la nieve o la carga dramática que arrastran los personajes y que predomina siempre, sin que aparezca por ningún lado ese toque irónico genial con el que Agatha Christie acostumbra a adornar sus obras.
Debo decir, porque resulta lógico, que tratándose de buenos actores los seleccionados para la película, la interpretación también es buena, e impresionan los paisajes que atraviesa el tren en su recorrido, aunque dudo que sean reales.
Pese a ello, en este caso, si he de elegir entre Asesinato en el Orient Express libro y Asesinato en el Orient Express película, mi opción es clara, prefiero el libro.     
 
 

 

 

domingo, 17 de diciembre de 2017

EL SIGLO DE LOS INDOMABLES

Aunque las estadísticas no sean siempre fiables, creo poder asegurar, apoyándome a pesar de todo en las listas de los libros más vendidos, que existe un grupo de personas fieles a una clase de novelas, muy extensas por cierto, que acostumbran a mezclar la historia con la ficción.
Los autores se valen para ello del protagonismo de una familia ficticia a la que relacionan con acontecimientos relevantes acaecidos a lo largo de una o varias épocas. Es el caso del norteamericano Noah Gordon, el inglés Ken Follett o los españoles Ildefonso Falcones y María Dueñas, por citar algunos de esos autores que además suelen ser superventas.
En esa línea está la novela El siglo de los indomables que en sus seiscientas siete páginas realiza un recorrido por los hechos más significativos del siglo XX; por ejemplo, las dos guerras mundiales, el marxismo y sus consecuencias, el nazismo y los campos de exterminio, la guerra civil española, la dictadura franquista y distintos avances científicos y técnicos en los ámbitos de la medicina y la aviación, entre los más sobresalientes.
El autor de El siglo de los indomables es el doctor en medicina Juan Carlos Padilla, y cito su profesión debido al especial interés que concitan las distintas descripciones médicas que aparecen en el libro, desde las características físicas del hijo del principal protagonista del relato hasta las intervenciones realizadas por los doctores que encontramos en él, algunos de tan infausta memoria como el nazi Josef Mengele.
El siglo de los indomables comienza en 1901. Ese año muere en el mar Vicent Elizaicin, un marinero de Villajoyosa. Su hijo, Florentino Elizaicín, se enrola en un carguero que transporta distintos materiales a la República Dominicana, prometiendo a su madre y a su hermana pequeña que regresará a España rico.
La inteligencia del joven Florentino y su carácter emprendedor le proporcionan  en poco tiempo prestigio y riqueza, gracias a los minerales que descubre en un terreno adquirido con bastantes dificultades a un terrateniente de la localidad con cuya hija, Beatriz, acabará casándose.
En paralelo a la felicidad de que disfruta el matrimonio, que pronto se ve completada con el nacimiento de una hija, Flora, se suceden distintas efemérides históricas en las que resulta fundamental el acero inoxidable que Florentino pone en el mercado, así la construcción del aeroplano con el que el aviador e ingeniero Louis Bleriot voló sobre el Canal de la Mancha en 1909.
En 1912, coincidiendo con la decepcionante llegada del británico Robert Falcon Scott al Polo Sur (el noruego Roald Amundsen había llegado un mes antes) nace Jacobo, el anhelado hijo de Beatriz y Florentino. Jacobo es albino y los médicos indican a sus padres que la exposición a la luz solar puede dejarlo ciego. Así que el niño no sale de la casa familiar en la que tiene toda clase de cuidados. Un tarde, cuando acaba de cumplir seis años, atraído por los alegres comentarios que Florita hace de un circo instalado en la localidad, logra salir sin que nadie le vea y el director del circo, al notar las peculiaridades físicas del pequeño, piensa que puede ser una buena atracción en la pista y lo secuestra.
De ahí en adelante la novela presenta de forma alternativa la vida de Jacobo y la de sus padres y hermana que no dejan nunca de buscarle. En paralelo a esta búsqueda, el autor continúa introduciendo los hechos históricos citados anteriormente y otros muchos hasta completar el siglo XX.
Como tengo por norma no alargar demasiado las reseñas de libros que realizo, dejo que los posibles lectores descubran todo lo que El siglo de los indomables puede ofrecerles, además de un repaso a la historia de un tiempo que no sería conveniente olvidar por lo que supuso de positivo y negativo para los habitantes del planeta, la obra nos presenta un conjunto de personajes memorables, entre los que destaca Florentino, inspirado por cierto en un tatarabuelo de Juan Carlos Padilla, que profundiza en todos ellos colocándolos en ambientes, paisajes y sucesos descritos de manera minuciosa y con una rauda secuencia de ritmos.
 







sábado, 9 de diciembre de 2017

ESPERANDO A MISTER BOJANGLES

Vuelvo de la biblioteca con un libro que acaba de editarse en España y cuya portada, un hombre y una mujer bailando agarrados de un modo entusiasta, me atrapa a primera vista. Se trata de Esperando a mister Bojangles y con él su autor, el francés Olivier Bourdeaut, ha conseguido importantes premios, además de lograr el primer puesto en las listas de los más vendidos y ser seleccionado para el premio Goncourt a la primera obra.
Según he leído en una reciente entrevista, Olivier Bourdeaut atravesaba una mala etapa y decidió pasar algunos días junto a sus padres en la costa valenciana donde residen, concretamente en Altea. Allí se le ocurrió la idea de este libro, y el éxito obtenido le ha llevado a elegir también esa zona como domicilio habitual. Quizá el ambiente mediterráneo contribuya a que sus próximas creaciones sean tan sorprendentes y singulares como la publicada.
La historia contenida en Esperando a mister Bojangles la relata el hijo de la pareja protagonista, un matrimonio enamorado que disfruta de manera especial bailando a los sones de Mr. Bojangles, antiguo disco de Nina Simone.
El baile a los sones del disco citado anima las ocasiones especiales. Pero hay otras músicas y otros bailes, ya que esa forma de actuar constituye un rasgo distintivo de ambos, junto a detalles tan singulares como organizar fiestas a las que invitan a gente diversa conocida o desconocida, tener de mascota a una grulla, Doña Superflua; que el hombre llame a la mujer cada día con un nombre distinto, contar con un amigo senador, el Crápula, cuya jocosa descripción ocupa una página entera o quitar a su hijo de la escuela porque allí les consideraban una familia de chiflados en la que el marido se define como un idiota feliz y de su mujer dice que tuteaba a las estrellas.
Para que la felicidad sea completa la pareja compra un castillo en España, bastante lejos, hacia el sur, y a él invitan a todos sus amigos que consideran el lugar un paraíso.
Y así página tras página, alternando sus recuerdos con lo escrito en los cuadernos privados de su padre, el joven regala al lector una historia hilarante, a veces surrealista, siempre poética; y conforme avanza el libro, melancólica y triste cuando la realidad se va imponiendo sobre la fantasía.
Esperando a mister Bojangles de Olivier Bourdeaut es un libro muy breve, tiene sólo ciento cuarenta y ocho páginas; la historia contenida en él, original en el fondo y la forma, pienso que puede agradar a los lectores, y lectoras, más exigentes y permanecer viva en su memoria; como han permanecido y espero permanezcan en la mía otras tantas fábulas inolvidables.