lunes, 4 de septiembre de 2017

UN LARGO SÁBADO. EN MEMORIA DE KIKO

Me hubiera gustado comentar con Kiko el libro que hoy voy a presentar en esta página. Aunque sería más exacto decir que me hubiera gustado escuchar el minucioso y profundo análisis que él habría hecho de dicho libro.
Ésa fue siempre su forma de aproximarse a la literatura, tanto en las distintas reuniones en las que participamos juntos, como en el blog que inició en septiembre del año 2011 bajo el nombre de Bibliotropismos.
Uno de los aportes positivos que ha traído Internet es que cualquiera de nosotros puede acceder a las palabras sabias del amigo que nos ha dejado, y continuar aprendiendo con lo escrito en su blog. Crítica de relatos, movimientos, autores: Javier Marías, Vila-Matas, Dickens, Carlos Marzal...; prosa, poesía, teatro, reflexiones diversas; dudas, preguntas, sueños, propósitos no siempre realizados.
Entradas y más entradas en las que fácilmente advertimos su manera de ser y el amor que sentía por los libros; él tan ligado a ellos como archivero, bibliotecario, profesor y lector reflexivo y exigente.
Por esa razón creo que hubiese disfrutado leyendo Un largo sábado, libro en el que Laure Adler, investigadora y periodista francesa, entrevista a George Steiner, catedrático de literatura comparada, Premio Príncipe de Asturias 2001 de Comunicación y Humanidades y autor de obras fundamentales del pensamiento moderno, la historia y la semiótica como Lecciones de los maestros, Errata, La idea de Europa, Los Logócratas o Fragmentos.
Muchas son las cuestiones que George Steiner aborda en Un largo sábado a preguntas de la periodista. No rehúye ninguna cuestión por controvertida que pueda ser considerada: los movimientos totalitarios, el judaísmo, el Islam, las deficiencias en la enseñanza, las humanidades y la ciencia, el aprendizaje de las lenguas, la importancia de la memoria, de la poesía; el nacionalismo, el psicoanálisis, el marxismo, las nuevas tecnologías, la eutanasia, su especial relación con la música…
George Steiner se aproxima a estos temas y a otros muchos con total libertad y el rigor intelectual que caracteriza toda su extensa obra.
Ese rigor intelectual lo encontramos también en el blog de Kiko y en los análisis que realizaba de los libros que decidíamos comentar en grupo. Al contrario de Steiner, nunca lo consideré un polemista, defendía su criterio basándose en los conocimientos que había adquirido sobre el tema a debate, pero lo hacía sin levantar la voz, sonriendo y con ese aire reposado y tímido del que se sabe seguro de lo que defiende, pero desea que nadie se sienta ofendido con esa defensa.
Steiner afirma que siempre habrá lectores y que la lectura requiere silencio, un espacio privado y tener libros; esto último porque es esencial leer lápiz en mano. No hay nada tan fascinante como las notas marginales de los grandes escritores.
Kiko, además de subrayar y apuntar en sus propias lecturas, explica que, en su trabajo como archivero, disfrutaba investigando en los libros antiguos y leyendo las notas de sus márgenes; ampliaba así sus conocimientos y ponía lo que iba descubriendo al servicio de los interesados.
Labor que continuó realizando en la biblioteca. En este caso se trataba de seleccionar y recomendar después determinadas obras a las personas que se lo pedían, aunque confesase que recomendar libros era la actividad más difícil con la que se encontraba, porque el hábito de la lectura es subjetivo y esencialmente intransferible.
De todas formas, aun considerándolo difícil, desempeñaba de la mejor manera y con una sonrisa su tarea, doy fe de ello.
Kiko fue fue sin duda ninguna un excepcional “invitado a la vida”. Vuelvo a citar a Steiner que, para explicar que nadie puede elegir su lugar de nacimiento, las circunstancias, la época histórica a la que pertenece, un hándicap o una buena salud, se apoya en la frase de Heidegger que dice precisamente eso: “Somos los invitados de la vida”. Añade George Steiner que un buen invitado, un invitado digno, deja el lugar en que ha sido hospedado algo más limpio, algo más bonito, algo más interesante que como lo encontró. Kiko lo hizo.
Ahora sin él, y con palabras del escritor judío, empieza un largo sábado.
Un sábado en el que hay una mecánica a la vez de desesperación y de esperanza. La desesperación y la esperanza son dos caras de la misma moneda de la condición humana.
En estas circunstancias de pérdida reciente cuesta mucho imaginar el domingo, salvo, sigue diciendo Steiner, en el ámbito de la vida privada. Los que tienen la alegría del amor han conocido esos domingos, ciertos momentos de epifanía, de transfiguración total.
 Ojalá que el recuerdo de los domingos que vivieron juntos le sirva a la familia más cercana de Kiko para suavizar el dolor de su ausencia.
 

 

 

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