jueves, 20 de abril de 2017

LA AMIGA ESTUPENDA

Cuando recogí en la biblioteca el libro de Elena Ferrante titulado Un mal nombre, Isa me advirtió que era el segundo de una trilogía. Mi respuesta fue que me daba igual, sólo quería saber cómo escribía una autora de la  que tanto me habían hablado. De la impresión que me causó el citado libro dejé constancia en Opticks el pasado 18 de octubre.
Ahora, después de que en uno de los grupos de lectores de los que formo parte decidieran leer La amiga estupenda, primer título de la trilogía, pienso que no me precipité en mi elección, porque el hecho de conocer en gran parte el desenlace de la historia iniciada en este volumen ha contribuido a que disminuya el interés por dicho desenlace, lo que me ha permitido centrarme más en todo aquello que lo provoca: ambientes familiares y sociales, caracteres, relaciones que se establecen entre los distintos protagonistas, etc.
También es cierto que la autora o el autor (hay páginas que creo más propias de una imaginación masculina), profundiza con gran habilidad en la psicología de los personajes y describe muy bien los ambientes en los que éstos se desenvuelven y sus respectivos modos de actuar, así que resulta sencillo e interesante investigar las causas de los hechos narrados.
La amiga estupenda se inicia con un preámbulo o introducción en el que Elena Greco (Lenú) ya una señora de más de 60 años que vive en Turín, recibe la llamada desde Nápoles de Rino, hijo cuarentón y bastante inútil de Raffaela Cerullo (Lila o Lina), comunicándole que su madre lleva dos semanas desaparecida.
La amistad entre Lila y Lenú comenzó en la infancia, al haber nacido ambas a mediados del siglo XX en un barrio marginal de Nápoles y compartido colegio y experiencias. Lina fue siempre una persona brillante, decidida y libre. Lenú, más insegura, creció bajo la influencia de la fuerte personalidad de su amiga. Una amiga que le había confesado en varias ocasiones sus deseos de desaparecer, de volatilizarse; y da la impresión de haberlo conseguido ya que su hijo no encuentra ni un solo rastro de ella en la casa, hasta ha cortado la parte de las fotografías en las que podía verse su imagen.
La reacción de Lenú es de enfado; tanto, que decide escribir la historia de la desaparecida para que quede constancia de su existencia y no logre de nuevo cumplir sus propósitos.
En La amiga estupenda Lenú explica el nacimiento de su amistad con Lila y el modo como ésta evoluciona durante la infancia y la adolescencia. Junto a la evolución de su amistad, detalla las distintas transformaciones físicas que ambas experimentan e insiste una vez y otra en el vínculo que las une, pese a lo antagónico de unos caracteres que las conducen a transitar por diferentes caminos, Lenú asciende en la escala social gracias a los estudios y Lila busca otros medios para ese ascenso.     
Aunque el eje central de la novela sea la relación entre las chicas, el resto de las personas que intervienen en el relato, pertenecientes sobre todo a nueve familias que habitan el barrio, están fabulosamente bien caracterizadas: aspecto físico, miedos, envidias, sueños, fracasos…
La narración es ágil y elegante. Los detalles que diferencian a unas clases de otras, por ejemplo hablar en dialecto o en italiano clásico, resultan siempre significativos. La historia atrapa desde la primera página y es rica en vocabulario y matices.
En resumen, por lo escrito hoy y por lo que escribí en la anterior reseña, pienso que la trilogía de Elena Ferrante será sin duda un excelente regalo con el que celebrar el Día del Libro.

jueves, 13 de abril de 2017

PRIMER TESTAMENTO

Hoy, Jueves Santo, día en el que las calles de España se llenan de procesiones, traigo a Opticks el libro de una persona a la que no agradaban demasiado dichas manifestaciones religiosas, salvando las saetas, expresión real de un sufrimiento secular.
El libro es Primer testamento y la persona el escritor catalán, fundador de la editorial Kairós, Salvador Pániker, que murió el  pasado 1 de abril a los 90 años y cuya vida desde el principio consistió en una larga búsqueda. En Primer testamento, publicado en 1985, habla, a modo de dietario o de diario, de los tiempos en los que esa búsqueda se inicia.
Salvador Pániker nació en Barcelona en 1917. Su padre era un indio cosmopolita de educación británica y su madre una joven de la alta burguesía catalana. De ese matrimonio nacieron cuatro hijos, Salvador fue el menor, lo que, unido a la diferencia de edad con sus hermanos, originó que le mimasen más que al resto. Todo esto lo cuenta él mismo cuando, aquejado de los problemas de salud que padeció a lo largo de su vida adulta, se le ocurre mirar hacia atrás y poner por escrito los recuerdos de entonces a la luz del ahora.
Surge así ante los ojos del lector una completa panorámica del tiempo transcurrido entre el nacimiento del escritor y el año 1956, fecha en la que termina este Primer testamento. Esa panorámica, que tiene sobre todo como marco central la ciudad de Barcelona, incluye ciencia, filosofía, literatura, política, música y religión, mucha religión, y junto a la religión, las dudas.
Salvando las tremendas distancias de edad, clase social, cultura y sexo, es fácil identificarse con el adolescente inquieto que busca respuestas, que oculta su profunda insatisfacción bajo una pose cínica, que critica las incongruencias que ve a su alrededor y, en soledad, se critica a sí mismo con enorme dureza, saber lo que quiero, vivir como quiero.
La crítica está presente desde el principio al fin del relato y en ocasiones es demoledora, porque el autor la justifica siempre con ejemplos concretos: los jesuitas, el nacionalismo, el Opus, el franquismo, el nacionalcatolicismo, la universidad, algunos miembros de su familia más cercana, el papel social de la mujer, etc. nada escapa a su aguda e inteligente manera de mirar.
Un análisis crítico, apoyado en la lectura de obras religiosas, filosóficas o científicas cuyos autores cita, que pone de manifiesto lo que le preocupó a lo largo de unos años en los que descubrimos su hedonismo, su interés por el sexo, su curiosidad intelectual, su evolución de un cristianismo basado en la culpa hacia un taoísmo que relativiza todo lo que pasa y que ahuyenta el temor a la muerte porque fuera del espacio-tiempo lo que ha sido siempre es.
La presencia de la muerte resulta una constante en el libro y ante ella Pániker reacciona más como un observador que como alguien afectado directamente, aunque se trate de su abuela, su padre o su segundo hijo. En realidad sus dotes de observador determinan el contenido de Primer testamento. Científico y filósofo, ingeniero y humanista, observa y analiza lo que ve y lo que le sucede en un ejercicio de introspección en el que destacan sus ansias de libertad, de belleza, de trascendencia y su necesidad de amar y ser amado (habla de él mismo como un joven guapo y es muy bella la chica de ojos verdes de la que se enamora y que será su primera mujer, Nuria Pompeia).
Las últimas páginas de Primer testamento están destinadas precisamente a explicar la relación matrimonial por completo burguesa que establece con Nuria. Relación en la que ambos actúan como se espera lo haga una pareja de su clase. Pero… Nosotros, durante años, fuimos trampeando. La falta de información y la necesidad de amparo retrasaron la crisis… No se podía negar la buena intención. Sólo que una sutil y subterránea corriente de tristeza, de mentira verdadera, de asilo de enajenados, se colaba en el ambiente.
La historia continúa. Por fortuna Salvador Pániker ha escrito más libros.

 

  

lunes, 3 de abril de 2017

MIRLO BLANCO,CISNE NEGRO

Leer la prosa de Juan Manuel de Prada supone siempre una lección, por su estilo denso y cuidado, por la riqueza de vocabulario que utiliza y por sus metáforas y giros sintácticos tan personales y deslumbrantes.
Todo ello lo podemos encontrar en el libro que hoy traigo a Opticks titulado Mirlo blanco, cisne negro.
La primera impresión que te produce la lectura de Mirlo blanco, cisne negro es que se trata de una sátira despiadada contra el mundillo que rodea a la literatura en general. No queda nada a salvo: editoriales y editores, suplementos literarios, autores consagrados, el escritor los llama “viejas glorias”; autores noveles, para Juan Manuel de Prada “nocilleros”; magnates o “mangantes” de la prensa, antólogos “cantamañanas”, blogueros “misacantanos” etc.
Luego, conforme te adentras en el libro y vas reflexionando, comprendes hasta qué punto la novela es también un ensayo sobre lo que es y lo que debiera ser la Literatura, las dificultades de todo tipo a las que se enfrenta el creador, pienso que cualquier creador no sólo el que escribe.
Al mismo tiempo Juan Manuel de Prada analiza la relación que puede establecerse entre maestro y discípulo, sin quedar en la novela clara cómo debería ser esa relación para beneficiar al uno y al otro.
Los sucesos narrados en Mirlo blanco, cisne negro los relata en primera persona uno de los protagonistas, cuando ya han transcurrido bastantes años de que acaeciesen. Se trata de Alejandro Ballesteros, un joven que obtuvo cierto éxito al publicarle el editor Ramiro Cifuentes una colección de cuentos más o menos fantásticos que tituló Un debut prodigioso. Deseando proseguir el camino iniciado, pero sin demasiada confianza en sí mismo, el joven escritor se traslada a Madrid, encuentra alojamiento con Paloma, una chica que poco después se convierte en su novia, empieza a escribir una novela que titula Madonna y, con su primer libro en ristre, se dedica a asistir a todos los saraos literarios, esperando entrar en un mundo que se describe con sarcástica ironía.
En uno de los festejos conoce a Nieves, la atractiva esposa de Octavio Saldaña, autor de El arte de pasar hambre, una obra que él leyó con 17 años y que le pareció excepcional. Ante la simpatía y receptividad de la mujer, Alejandro le entrega Un debut prodigioso buscando conocer la opinión del marido. Mientras le llega la respuesta, busca el libro de Octavio Saldaña para leerlo de nuevo, quedando de nuevo admirado, y se informa sobre las actividades actuales de Saldaña, descubriendo que, por su forma de ser directa y libre, al margen de cualquier norma social o corrección política, se ha convertido en una especie de apestado que dejó de escribir y critica a todo el mundo en un programa de radio que dirige y cuyo director lo soporta porque la crítica destructiva que ejerce, aunque disguste a muchos, aumenta la audiencia.
Pronto entre Alejandro Ballesteros y Octavio Saldaña se establece una relación de maestro discípulo, en la que Saldaña, cisne negro, pretenderá dirigir y encauzar en una determinada dirección a Ballesteros, mirlo blanco.  
La historia va progresivamente complicándose con la aparición de nuevos personajes y acontecimientos. Pero todo eso tendrá que descubrirlo el posible lector. A mí me queda por decir que Mirlo blanco, cisne negro es una obra polémica por el tema que trata y la manera que tiene Juan Manuel de Prada de tratarlo, dejando al margen la forma de escribir del autor a la que ya he aludido al principio de la reseña.

martes, 28 de marzo de 2017

EL AZAR Y VICEVERSA

El azar y viceversa es el primer libro que leo del escritor gaditano (nació en Rota) Felipe Benítez Reyes. Se trata de una novela y apunto lo de Rota porque la historia que relata el personaje principal, Antonio Escribano Rangel,  en primera persona, con un breve paso a la tercera, transcurre en gran parte en esa población desde los años 60 a la actualidad.
Rota, un pueblo de tradición marinera y agrícola, experimenta una modernización acelerada al instalar los estadounidenses la base militar. Desde Estados Unidos llegan automóviles, músicas y costumbres. Aparecen la droga, los clubes de alterne o el contrabando y proliferan grupúsculos de izquierdas poco partidarios del militarismo yanqui.
En ese ambiente, descrito por Benítez Reyes a través de las personas que pueblan la narración, se desenvuelve Antonio, al que iremos conociendo por otros nombres como El Rányer, Padilla, Jesús o Tony, un  pícaro que, a lo largo de las 508 páginas de la obra, nos cuenta, junto con su vida, la manera que tiene de interpretar el mundo, lo que añade a las continuas peripecias que le ocurren una profunda y filosófica reflexión.
El joven pierde a su padre a los 13 años y aunque era buen estudiante, su madre insiste en que ha de trabajar. Cada uno de los distintos jefes a los que sirve le aportan algo: la colección de insectos de García de Quirós, con la que hace una fogata por no saber qué otra utilidad darle; las nociones de latín de Mario Vidal, de fotografía de Gavilla o de cocina cuando entra de pinche en el club de la tropa de la base, por citar algunas de las muchas ocupaciones que encuentra o busca para sanear en lo posible su de ordinario maltrecha economía.
Junto a trabajos de lo más diverso están los amores: Silva, Macarena, Lali, Mabel, Neli… y las amistades de lo más diverso también: Joseli, Carmelo, Cupido López, Beltran, Kwan… con las que frecuenta los bares, en especial el Hades, fuma de todo y se introduce aún más en el mundo de la picaresca.
Pese a lo poco edificante de su existencia, Antonio es un personaje que cae bien al lector por su sentido del humor, su optimismo y su particular filosofía: Todos llevamos una triple vida, sustentada en tres pilares: lo que creemos ser, lo que quisiéramos ser y lo que en verdad somos. La mezcla de los tres elementos suele resultar bastante mala, aunque conviene mostrarse optimista y hacerse cuanto antes a la idea de equilibrar de la mejor manera posible esa conjunción desconcertante.
Es imposible resumir toda la riqueza que encierra el libro de Benítez Reyes, que es un maestro en el tratamiento de los personajes secundarios, además de los ya citados: los padres de Antonio, el padrastro Fantomas y, conforme avanza el tiempo, el Fiti con el que se traslada a Cádiz y lo suplanta en la universidad para estudiar Filosofía a la que es tan aficionado; el Tunecino que le supone un nuevo traslado, esta vez a Sevilla, modifica su aspecto y lo convierte en un atildado hombre de negocios; María con la que se casa vestido de chaqué, y finalmente Inma, insisto, por citar sólo a los más sobresalientes entre la profusión abigarrada de seres más o menos excéntricos que pueblan la novela.
Resumiendo, El azar y viceversa de Felipe Benítez Reyes es una extraordinaria novela picaresca que, como el Lazarillo, posee un marcado carácter oral, conjuga la ironía, la ternura, el humor y la crítica social magistralmente, y el ritmo trepidante que el autor imprime al relato contribuye a que se lea con interés y agrado, pese a sus 508 páginas.

martes, 21 de marzo de 2017

DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA

Ayer, en uno de los grupos de lectores a los que pertenezco, hablamos de poesía y aparecieron los nombres habituales: Neruda, Alberti, García Lorca, Miguel Hernández, los Machado… Muchos hombres y ninguna mujer.
Por eso, hoy, 21 de marzo y equinoccio de primavera, fecha en la que se celebra el Día Mundial de la Poesía, traigo a Opticks a dos poetas o poetisas, una más conocida, Gloria Fuertes, y otra no tanto, al menos para mí, Ángela Figuera Aymerich, cuyos poemas, destinados al público infantil, tuve ocasión de leer hace algún tiempo en una antología titulada El silbo del aire, pero que ahora he descubierto como poeta comprometida con el bienestar de las personas y su entorno gracias a una componente del grupo.

De Gloria Fuertes  este año se ha empezado a hablar bastante, es la conmemoración del centenario de su nacimiento (Madrid en 1917). Yo la conocí en Granada, cuando empezaba a valorarse mucho su poesía, en especial la dedicada a los niños. Me pareció una mujer sencilla y cercana, a la vez que profunda y consciente de la realidad de su tiempo. Algo que más tarde pude comprobar leyendo el libro Obras incompletas que ella misma prologó, exponiendo sus inquietudes y explicando las características de su poesía: Mi obra, en general, es muy autobiográfica, reconozco que soy muy “yoista”. Lo que a mí me sucedió, sucede o sucederá, es lo que ha sucedido al pueblo, es lo que ha ocurrido a todos, y el poeta sabe, más o menos, mejor o peor, contarlo, necesita decirlo, porque necesitáis que lo digamos.

NO DEJAN ESCRIBIR

Trabajo en un periódico
pude ser secretaria del jefe
y soy sólo mujer de la limpieza.
Sé escribir, pero en mi pueblo
no dejan escribir a las mujeres.

Al igual que Ángela Figuera, Gloria Fuertes fue poeta de postguerra: En los primeros años de nuestra postguerra, al palparnos vivos, a pesar y todavía, necesitábamos gritar –como todo superviviente- que estábamos aquí, que nos llamábamos así, que sentíamos de aquella manera.

CANTAMOS CONTIGO

Ven a jugar con nosotros,
nosotros somos unos buenos chicos.
Hemos cambiado el fusil por una escoba,
vamos a barrer la trinchera.
Hemos cambiado la bomba de mano
por una mano en la mano.

Sin embargo su gran éxito lo consiguió al hacer del público infantil sujeto y destinatario fundamental de sus poemas:

VERSOS DE LA MADRE

Cierra los ojitos,
mi niño de nieve.
Si tú no los cierras,
el sueño no viene.
Arriba, en las nubes,
las estrellas duermen,
y abajo, en el mar,
ya sueñan los peces.

O los muchos que protagonizan animales:

TODO EN SU SITIO

Los lobos, en el monte;
Los pollitos, en el corral,
Los peces, en el agua;
Los barcos, en el mar.

Ángela Figuera Aymerich nació en Bilbao en 1902 y murió en Madrid en 1984. De familia republicana, padeció en especial los rigores de la postguerra. Posteriormente fue profesora de Lengua y Literatura en diversos institutos. Su poesía, más ligada a los estándares clásicos que la de Gloria Fuertes, sin que podamos considerarla por completo como poesía social, expresa su compromiso con el ser humano y es un grito de denuncia contra las situaciones de injusticia, desigualdad o violencia:

NO QUIERO

No quiero
que los besos se apaguen
ni la sangre se venda
ni se compre la brisa
ni se alquile el aliento.
No quiero que el trigo se queme y el pan se escatime.
No quiero
que haya frío en las casas,
que haya miedo en las calles,
que haya rabia en los ojos.
No quiero
que en los labios se encierren mentiras,
que en las arcas se encierren millones,
que en la cárcel se encierre a los buenos.

Ángela Figuera también escribe para niños:

ANTOJOS

-Mamá, yo quiero la luna…
-Hijo mío, está muy alta…
-Mamá, yo quiero un caballo…
-Hijo, si no tienes cuadra.
-Mamá, quiero un pececito…
-¿Y quién lo saca del agua?...
-Mamá, yo quiero una piedra…
-Eso, sí…Ten dos, y calla.
Termino la conmemoración del Día Mundial de la Poesía con un nuevo poema de Ángela Figuera que dedico, como seguro hubiese querido ella, a todas las personas amen la poesía.

UNIDAD

Si todos nos sintiéramos hermanos.
(Pues la sangre de un hombre, ¿no es igual a otra sangre?)
Si nuestra alma se abriera (¿No es igual a otras almas?)
Si fuéramos humildes. (El peso de las cosas,
¿no iguala la estatura?)
Si el amor nos hiciera poner hombro con hombro,
fatiga con fatiga
y lágrima con lágrima.
Si nos hiciéramos unos.
Unos con otros.
Unos junto a otros.
Por encima del fuego y de la nieve;
aún más allá del oro y de la espada.
Si hiciéramos un bloque sin fisura
con los dos mil millones
de rojos corazones que nos laten.
Si hincáramos los pies en nuestra tierra
y abriéramos los ojos serenando la frente,
y empujáramos recio con el puño y la espada,
y empujáramos recio, solamente hacia arriba,
qué hermosa arquitectura se alzaría del lodo.

lunes, 13 de marzo de 2017

SUEÑOS EN EL UMBRAL

En los distintos medios de comunicación se hace referencia al conflicto entre ciertos países de la Unión Europea y Turquía, a consecuencia de los impedimentos que estos países ponen a las campañas políticas del presidente turco Erdogan, que pretende convocar un referéndum para controlar todo el poder por tiempo indefinido.
Estas noticias me han recordado el libro de Fatema Mernissi, socióloga y escritora marroquí, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2003,  titulado Sueños en el umbral.
Fatema Mernissi nació en Fez en 1940, cuando Marruecos estaba ocupado por los franceses y en la sociedad del territorio pervivían las antiguas tradiciones. Así que la niñez y pubertad de Fatema transcurrió entre las paredes de un harén en el que vivían su abuelo paterno y sus mujeres, un tío de la niña y las suyas, sus propios padres y otros familiares, ya que todos ellos pertenecían a la clase acomodada de la ciudad y podían permitírselo.
Sueños en el umbral es el relato en primera persona de las vivencias de la futura socióloga en esa época, el choque entre unas costumbres que su madre y algunas mujeres del harén criticaban frente a las que, también en el harén, defendían la tradición oponiéndose a los cambios. Ahí aparece una referencia a Atatürk, el primer Presidente de la República de la Turquía democrática y laica, que otorgó a las mujeres idénticos derechos que a los hombres, algo que se envidiaba en el harén al conocerse las noticias.
Al igual que hiciera Shrezade en los cuentos de Las mil y una noches, en dieciocho capítulos Fatema va narrando lo que ocurre en su entorno, tanto en Fez, en un harén de ciudad, como en las visitas que realizaba a su abuelo paterno y a su abuela Yasmina en las propiedades que éste tenía en el campo. De las esposas del abuelo, Yasmina era la más libre y decía a su nieta que nunca debía aceptar la desigualdad porque no era lógica y así lo habían mantenido Alá y Su profeta.
Sueños en el umbral, pese a que sólo tiene 299 páginas, esconde una enorme riqueza de contenido que llega al lector por medio de una niña muy querida por todos, con una madre que se rebela y desea para ella una vida distinta, pero sin estridencias, sin rupturas, citando unos orígenes en los que las mujeres desempeñaron una importante función social y, como Shrezade, destacaron por su sagacidad e inteligencia.
La narración para mí ha sido una gozada, recoge la belleza de la decoración que existe en el harén, de los campos cuando van a la granja, de las telas que bordan las mujeres, de los baños, del cielo cambiante que se contempla desde la terraza, de las historias que cuenta la tía Habiba o las representaciones teatrales de la prima Chama. Junto a la belleza, hay también humor en las travesuras de los niños y su esfuerzo por entender el mundo de los adultos, las triquiñuelas de que se valen las mujeres para burlar a los hombres, los cuidados faciales, los coqueteos de los primos mayores…
Belleza, humor, ternura, ingenuidad, interesantes reflexiones femeninas e historia del mundo musulmán desde el punto de vista de una mujer abierta a los cambios, pero que conoce y respeta la riqueza histórica que sustenta la cultura en la que fue educada.
Un punto de vista que Fatema Mernissi defendió a lo largo de su vida en la gran cantidad de libros que escribió, sus clases en la universidad y sus demandadas conferencias. Lo que la convirtió en una intelectual enormemente valorada dentro del mundo islámico más democrático y abierto, aunque temo que Erdogan no comparta ese punto de vista.    

domingo, 5 de marzo de 2017

NADA SE OPONE A LA NOCHE

Quizá porque entre mis lecturas más recientes están el libro de Lucia Berlin, Manual para mujeres de la limpieza, y el de Angelika Schrobsdorff, Tú no eres como otras madres, el que acabo de leer, Nada se opone a la noche, de la escritora francesa Delphine de Vigan, no me ha impresionado tanto como a la mayoría de las personas que forman el grupo de lectores.
Reconozco que Nada se opone a la noche es una obra muy bien escrita y cumple a la perfección el objetivo que se había propuesto su autora: exorcizar pasados fantasmas, reconstruyendo la historia familiar e intentando hallar las claves del trastorno mental que sufría su madre (a la que se refiere con el nombre de pila, Lucile) y de su posterior suicidio.
Delphine de Vigan piensa que se lo debía a Lucile, que era preciso escribir esa historia, ajustar las piezas del puzle integrado por parientes y amigos en una especie de ofrenda de amor a la madre que acaba de morir.
Partiendo del diario personal de la mujer, antiguas fotografías, otros testimonios gráficos, sus propios recuerdos y lo que pueden aportarle los hermanos de la madre muerta, Delphine de Vigan habla de sus abuelos, Liane y Georges, padres de Lucile, de cómo se conocieron y de la numerosa familia que crearon: nueve hijos propios y uno adoptado; de la alegría y vitalidad ruidosa y desinhibida que reinaba en la casa y del drama que se produjo cuando uno de los hijos propios y el adoptado murieron.
Habla también de las características especiales de Lucile, su extraordinaria belleza que propició se convirtiese en modelo de ropa infantil, y al mismo tiempo de su fragilidad y de sus ausencias y silencios en medio del bullicio.
Poco a poco, en una investigación con altibajos, recorre la vida de su madre, su matrimonio a los dieciocho años, el nacimiento de ella y de su hermana, el divorcio de sus padres cuando tenía seis años y su hermana dos, la aparición de la enfermedad mental que obligó a ingresarla en diversos momentos, sus distintas parejas, su forma de vivir fuera de cualquier norma y al final, sus ganas de superar el pasado, de ganarse la vida trabajando como asistente social, de cuidar de sus nietas y sus plantas.
Expuesto así, exceptuando la muerte de los chicos y la enfermedad mental de Lucille, no parece una historia demasiado brutal. Sin embargo, si a lo anterior añadimos incestos, suicidios, drogas y otras cuestiones igual de traumáticas, entendemos por qué  Delphine de Vigan se ve impulsada a realizar un exorcismo vertiendo en el papel unos hechos que, de alguna manera, justifican el comportamiento de Lucille que es presentada aquí como una víctima y, a la vez, como un ser humano admirable.
Nada se opone a la noche ha obtenido en Francia numerosos premios, lo que ha consolidado la carrera literaria de  Delphine de Vigan, que ya  presentó al público cuestiones personales en un libro anterior, Días sin hambre, en el que se refería a su anorexia.

martes, 28 de febrero de 2017

LO PROHIBIDO

Mi amiga Mila me recomienda un libro publicado en el año 1971 por la editorial Clásicos Castalia. Indico esto porque las personas encargadas de seleccionar las obras que tal editorial había de publicar, y que aparecen en las primeras páginas, poseían un prestigio intelectual indudable.
Así que no sorprende que el autor del libro recomendado por mi amiga, que se titula Lo prohibido, sea Benito Pérez Galdós.
Lo prohibido es una voluminosa novela cuyo protagonista, José María Bueno de Guzmán, relata en primera persona lo que le ocurre durante unos años tras llegar a Madrid en 1880 e instalarse cerca de un primo de su padre, su tío Rafael, agente de negocios muy valorado, que tiene un hijo soltero, Raimundo, bastante estrambótico y tres hijas casadas: María Juana, Eloísa y Camila, a cuyos maridos José María no les reconoce demasiadas virtudes.
El tal José María es hijo único de un andaluz juerguista y una inglesa puritana que, al morir, le han dejado convertido en un hombre rico educado en el puritanismo de su madre, lo que no ha contribuido a que disfrute de muchas diversiones hasta su llegada a la capital.
El ambiente de Madrid hace que el joven, con dinero y bien parecido, se integre en las fiestas y en las tertulias, se olvide de los negocios y se dedique a seducir a las jóvenes más cercanas: sus tres primas, lo prohibido.
El proceso de seducción con sus ventajas e inconvenientes ocupa toda la novela, que sería un auténtico folletín si no fuera porque Galdós es un maestro y esa maestría se expresa en la manera cómo profundiza en los distintos personajes, realizando un auténtico análisis psicológico de cada uno de ellos.
Junto al análisis de los personajes, está el retrato que hace de la sociedad madrileña en la etapa de la Restauración. Nada escapa a la agudeza de su pluma. Con tono irónico nos habla de unas gentes que viven de las apariencias, de la hipocresía de políticos y banqueros no menos corruptos que los que a diario vemos en los periódicos; de la frivolidad de las damas, su necesidad de figurar y su falta absoluta de escrúpulos que las conduce al adulterio.
Pero no todo es negativo en Lo prohibido, una de las primas de José María, Camila, no se presta a los manejos del libertino y Galdós destaca en ella características que la muestran como una mujer libre y leal en aquella sociedad corrompida. Una mujer a la que importa poco el qué dirán y que, aunque al principio José María piensa por su comportamiento extravagante, que no está en sus cabales, poco a poco va valorando su espontaneidad, el amor desinhibido que demuestra a su esposo, el desapego de la riqueza, la salud y hasta las ganas de comer, concluyendo que, si no puede tener su amor y sus favores, no renunciará nunca a su amistad.
Concluyendo, Lo prohibido, sin ser una de la novelas más conocidas de Benito Pérez Galdós, nos permite encontrarnos con su genio de escritor de culto, así como con algunos de los personajes que aparecen en otras obras suyas más conocidas, por ejemplo La de Bringas.
 

lunes, 20 de febrero de 2017

MANUAL PARA MUJERES DE LA LIMPIEZA

Afirma el escritor israelí Amos Oz que el espacio que el buen lector prefiere labrar durante la lectura de una obra literaria no es el terreno que está entre lo escrito y el escritor, sino el que está entre lo escrito y el lector mismo.
Sin embargo mi opinión es que no siempre ocurre así. Hay obras muy alejadas de tus personales circunstancias pero que reflejan la vida de sus protagonistas de una manera tan auténtica, tan especial, que deseas conocer a quien supo mirar, sentir y expresar lo mirado y sentido de ese modo.
Es lo que me ha ocurrido al terminar de leer Manual para mujeres de la limpieza de la escritora norteamericana Lucia Berlin.
Lucia Berlin nació en Alaska en 1936 y murió en California en el año 2004. Se casó y se divorció tres veces, tuvo cuatro hijos y provenía de una familia en la que algunos de sus miembros eran alcohólicos: su abuelo, su tío, su madre y ella misma.
Su infancia no fue fácil, padecía escoliosis por lo que llevaba un corsé ortopédico; eso, unido a los continuos cambios de residencia debidos al trabajo de su padre, a lo que se añadía la inadaptación y el alcoholismo de su madre, podría haber provocado que las historias que nos cuenta fuesen amargas y desesperanzadas. Muy al contrario, hay tal vitalidad en ellas, tantas ganas de sobrevivir a los fracasos y las pesadumbres, que esas historias no atraen la compasión del lector sino su admiración y su respeto.
Manual para mujeres de la limpieza contiene cuarenta y tres de los setenta y siete relatos que Lucia Berlin escribió, animada por diversos amigos del mundo de las letras y de la creación en general que supieron apreciar sus cualidades literarias y humanas. Los relatos, de extensión variable, repasan toda la vida de la autora hasta que su salud, cada vez más deteriorada, le permitió cierta autonomía, aunque su casa era una caravana y no podía prescindir de la botella de oxígeno fundamental para sus deteriorados pulmones.
En dichos relatos aparece con distintos nombres. Pero, y volvemos a lo de tener en cuenta la vida del autor, como sabemos bastantes detalles de esa vida, a pesar de que, como afirmaba en una entrevista su hijo mayor, la imaginación de Lucia era mucha, visualizamos con facilidad lo que ocurre en cada uno de ellos y la reconocemos, porque Lucia se detiene en los detalles que, aunque parezcan nimios, nos sitúan en el lugar concreto en el que suceden los hechos que narra, escondiendo además siempre una profunda reflexión.  
Lucia Berlin tuvo que desempeñar trabajos muy diversos para sacar adelante a sus hijos, mujer de la limpieza fue uno de ellos. Por consiguiente, no le resultaría difícil escribir un Manual para mujeres de la limpieza, título de uno de los relatos, elegido también para dar nombre a este libro que recomiendo hoy con entusiasmo, por las cuestiones que ya he comentado y muchas otras que seguro descubrirán los lectores.

domingo, 12 de febrero de 2017

DIENTES BLANCOS

La novela Dientes blancos se publicó en Gran Bretaña el año 2001. Su autora, Zadie Smith, de padre inglés y madre jamaicana, tenía sólo 23 años y no esperaba el enorme éxito que obtuvo la que era su primera novela, hasta el punto de convertirse en un libro de obligada lectura en muchos centros educativos.
La verdad es que ahora, con una Europa desconcertada entre el Brexit, los atentados terroristas, los populismos, el auge de la extrema derecha nacionalista y la crisis de los refugiados, el libro de Zadie Smith es de una vigencia total porque en él encontramos, descritos con ironía y una singular agudeza, algunos de los conflictos que estamos viviendo y hasta de los avances en el campo científico que, como entonces, crean polémica. 
La historia que nos cuenta Zadie Smith se desarrolla sobre todo en un barrio de Londres, iniciándose con el suicidio fallido de uno de sus protagonistas, Alfred Archivald Jones de 47 años que trabaja doblando folletos en una imprenta y al que un matrimonio frustrado impulsa a quitarse la vida. El hecho de que su plan no dé resultado, hace que Archie decida vivir de otra manera. Así que al conocer a la joven Clara Bowden, hija de una jamaicana Testigo de Jehová que desea escapar del fanatismo de su madre y de su novio igualmente Testigo, pese a la muy notable diferencia de edad, le pide en matrimonio y ella acepta.
Por otro lado tenemos a Samad Miah Iqbal, musulmán de origen bengalí que trabaja de camarero en el restaurante de un pariente y es amigo de Archie desde que combatieron en la misma patrulla durante la 2º Guerra Mundial, que se ha casado con Alsana Begum, una veinteañera de Bangladesh.
La amistad entre los hombres conduce a que las dos mujeres se hagan también amigas, quedándose embarazadas a un tiempo; Clara tiene una niña, Irie, y Alsana los gemelos Millat y Magid.
Como Samad es un musulmán fiel a su religión y vive anclado en un pasado familiar que considera glorioso, decide enviar a su tierra a Magid uno de los gemelos, porque no tiene dinero para enviarlos a los dos. Su idea es que el niño sea educado en los valores musulmanes tradicionales. Millat e Irie quedan en Londres, asisten al mismo instituto y el director, defensor del multiculturalismo, los pone en contacto con una familia de intelectuales ingleses acomodados, los Chalfens, en la que el marido investiga los efectos de la manipulación genética y la mujer es una experta en botánica.
Dientes blancos tiene 525 páginas, así que lo que acabo de contar no supone ni una mínima parte de su enorme riqueza argumental y de contenido. Zadie Smit, por su juventud al escribirla y por sus propias circunstancias familiares, puede mostrar sin riesgo a equivocarse los conflictos que viven los jóvenes: enfrentamiento con los padres para afianzar la propia personalidad, problemas de estudios y generacionales, primeros amores y escarceos sexuales, drogodependencias, etc. lo hace imprimiendo al relato un ritmo ágil y un tono desenfadado, a ratos humorístico y a ratos sarcástico, que resulta muy atrayente.
Tono con atisbos de novela negra, aunque sin olvidarse del humor, que usa cuando se refiere a la etapa bélica de Archie y Samad, y que sigue existiendo al tratar las cuestiones raciales. En este último caso hay bastante denuncia social y una mordacidad no muy frecuente en alguien tan joven.
En resumen, Dientes blancos de Zadie Smit es una extraordinaria novela que divertirá y sorprenderá al lector por su contenido, que en el año 2002 adelantó cuestiones que preocupan y mucho en 2017, y por el genial modo de ver la realidad y reflejarla que tiene esta escritora.

  

sábado, 4 de febrero de 2017

ZYGMUNT BAUMAN


Hace unas semanas leí con admiración la entrevista que Gonzalo Suárez realizó en Papel a Zygmunt Bauman. Algún tiempo después Yasmina Yousfi, una antigua y querida alumna, me hizo llegar el libro de este filósofo y sociólogo polaco de origen judío titulado VIDAS DESPERDICIADAS-La modernidad y sus parias cuya lectura acentuó en mí la admiración inicial.
Zygmunt Bauman nació en Polonia en 1925 y murió en Gran Bretaña el pasado 9 de enero. Así que posiblemente la entrevista que le hizo Gonzalo Suárez en su casa de Leeds, con motivo de la publicación del libro Extraños llamando a la puerta, sería la última que concedió.
Tanto en la entrevista como en el libro, Zygmunt Bauman plantea cuestiones de total actualidad que encontramos habitualmente en los distintos medios de comunicación. Por ejemplo, la eliminación de los desechos que, a consecuencia de la oferta continúa de novedades y el elevado consumismo, producimos  cada vez en mayor cantidad.
Pero Bauman no se refiere sólo a desechos materiales, sino que habla de desechos humanos, personas no productivas, inmigrantes, refugiados y demás parias que la globalización económica va dejando fuera del sistema.
Zygmunt Bauman crea el término “modernidad líquida” para referirse a esa sociedad de consumo global en la que todo se escurre y cambia rápido: las modas, los afectos, los artilugios electrónicos, las noticias, los sucesos…
Los sólidos valores de antaño: estado fuerte, empleo indefinido, familia estable, religión como freno o como refugio han desaparecido. Ahora se nos dice que hay que hacerse a la idea de cambiar de trabajo varias veces a lo largo de la vida, también de ciudad y de forma de pensar, adaptándose a las circunstancias que se modifican de continuo, haciendo que nuestras vidas se definan por la precariedad y la incertidumbre y que la depresión se haya convertido en una enfermedad corriente.
Esa fragilidad en el pensamiento da como resultado individuos fácilmente manejables que tienen dificultad para comprometerse con nada que implique una continuidad a la que no están acostumbrados o alguna clase de sacrificio y cuyas ideas de felicidad acaban en una tienda.
Es fácil comprobar, mirando alrededor, que ante la fragmentación y la fragilidad que experimenta en situaciones como las citadas: cambio de pareja, de trabajo, de ambiente…, el individuo busque seguridad fuera de sí en un líder fuerte o un sentimiento tribal compartido: Trump, Putin, nacionalismos excluyentes.
Las redes sociales que multiplican los contactos y te proporcionan amigos virtuales no atajan esa fragilidad, todo lo contrario, aumentan la soledad, el egoísmo y hasta la simpleza, porque son tan “líquidas” que no permiten el razonamiento, la reflexión o el anclaje intelectual de las opiniones.
Sigue explicando Bauman que la globalización ha terminado con la individualidad, el conócete a ti mismo y actúa en consecuencia. La televisión muestra a personas en todos los lugares del mundo que, en general, se diferencian poco. En especial los jóvenes visten de un modo similar, escuchan las mismas músicas, consumen idénticos alimentos, leen el best seller de moda, se comportan de manera parecida. Diferenciarse de la manada sin salir de ella cuesta dinero: zapatillas, móviles de alta gama, ropa de marca, vacaciones exóticas que, no obstante, otros conseguirán también siempre que su poder adquisitivo lo permita.
De lo anterior podría deducirse que Zigmunt Bauman fue un filósofo y sociólogo pesimista y desesperanzado. Sin embargo, reconocidas y estudiadas las enfermedades que padece el mundo, el diagnóstico ya se ha realizado y las soluciones  empiezan a materializarse, apoyadas en planteamientos de personas de ambientes distintos que han sido conscientes de la gravedad del problema. Por ejemplo, las alegaciones del filósofo alemán Hans Jonas a favor de una mayor conciencia ecológica planetaria y una ética de la responsabilidad; o el Papa francisco que aporta tres soluciones para construir una sociedad sana: recuperar el arte del diálogo, ofrecer a la gente un lugar digno en la sociedad y lograr para todos una educación de calidad; o el mismo Bauman  que, junto a plantear la necesidad de una mayor solidaridad mundial o, como también dice el Papa Francisco, que la economía ponga a las personas por encima de los beneficios, insiste en lo relacionado con la educación citando una enseñanza de la sabiduría china: Si piensas en el próximo año, planta maíz. Si piensas en la próxima década, planta un árbol. Pero si piensas en el próximo siglo, educa a la gente.
Zygmun Bauman recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en el año 2010. Sería genial para todos nosotros tener su magisterio en cuenta.

 

jueves, 26 de enero de 2017

UNA VIDA MEJOR

Una vida mejor  es el segundo libro que leo de Anna Gavalda, el primero fue Juntos nada más, regalo de una amiga y recomendado por mí a otras varias.
Una vida mejor también es el segundo libro, en este caso de una trilogía sobre la juventud actual que la autora inició con Billie, su anterior novela. Contiene dos relatos cuyos protagonistas principales son jóvenes que comparten las inquietudes y los problemas de muchos de su generación, por ejemplo, trabajos no satisfactorios, relaciones amorosas inestables, desarraigo y desconcierto ante un futuro complicado.
El primer relato, Mathilde, nombre de su protagonista, nos presenta a una chica de veinticuatro años que, a punto de terminar la carrera de Historia del Arte y al haber muerto su madre de cáncer, es contratada por su cuñado para realizar a través de Internet un trabajo bien pagado en el que tiene que mentir de continuo. Eso, unido al abandono de su novio, le origina una frustración constante que intenta superar a base de alcohol y contactos sexuales efímeros. Cierto día, al encargarle sus compañeras de piso que entregue diez mil euros al contratista que ha de reformarles la vivienda, olvida el bolso en el bar. La persona que lo encuentra, un hombre de aspecto que considera deplorable, se lo devuelve intacto despidiéndose con la recomendación de que si hay algo en la vida que de verdad le importa, haga lo que sea para no perderlo. Esas palabras, la actitud del hombre y algunas cuestiones más quizá un tanto rocambolescas provoca en Mathilde un cambio radical.
El segundo relato, Yann, igual aquí nombre de su protagonista, me parece más completo y pensado que el primero. Trata de un joven de veintiséis años licenciado en Diseño que trabaja como comercial después de mucho buscar un empleo acorde con sus estudios y aspiraciones; búsqueda muy bien contada por Anna Gavalda común a tantos otros jóvenes en circunstancias parecidas. Yann vive en un bloque de pisos con su novia de categoría social elevada y con la que aún continúa por inercia. Una tarde en la escalera coincide con un matrimonio y sus dos hijas que habitan el mismo bloque y queda maravillado de la relación que existe en la familia. Lo que ve y lo que escucha mientras cena con ellos le conduce a reflexionar y, al igual que en el caso de Mathilde,  su percepción de la realidad y su comportamiento cambian.
Fiel a su estilo ligero y optimista, Anna Gavalda relata en Una vida mejor historias de la vida cotidiana protagonizadas en este libro por jóvenes que, en primera persona, nos cuentan lo que hacen y lo que sienten utilizando un lenguaje de frases cortas y ágiles que refleja su manera de vivir. Insisto en que la reflexión y la riqueza de esas historias, según mi parecer, resulta bastante superior y convincente en Yann.

jueves, 19 de enero de 2017

CUANDO ÉRAMOS ÁNGELES

Vuelvo de la biblioteca con una de las muchas novelas que se editan en España anualmente. Me sorprende que sean tantos los libros editados cuando, según las últimas estadísticas, en nuestro país se lee bastante poco, si exceptuamos los mensajes en facebook, WhatsApp y el resto de canales más o menos tecnológicos, ahí sí que estamos a la cabeza.
En fin. El libro de la biblioteca se titula Cuando éramos ángeles y es la segunda novela de Beatriz Rodríguez, autora para mí desconocida hasta estos momentos.
Aunque no me considero ni mucho menos una experta en crítica literaria, sólo soy una lectora, me creo capaz de distinguir un buen libro de otro al que le faltan algunas cualidades para serlo, Cuando éramos ángeles pertenecería al segundo grupo.
No quiero decir con ello que Beatriz Rodríguez no pueda convertirse con el tiempo en una excelente narradora, en la novela hay párrafos brillantes, pero quizá porque pretende abarcar demasiado, el libro se queda en la superficie de todo. Intentaré explicar por qué.
Verán, en las primeras páginas del libro Beatriz Rodríguez nos habla de un árbol centenario, el Pino de Rocafría, que aparece partido por la mitad, no se sabe sí a consecuencia de un rayo ni tampoco qué relación tiene esto con el resto del relato, excepto que la noticia la leen unos veraneantes en el periódico La Velaña Información que dirige Clara Ibáñez en Fuentegrande, pueblo en el que se desarrolla la historia en la que Clara tiene un papel destacado. 
A continuación la autora nos presenta a Fran Borrego, un hombre que, según los policías locales Celestino y Ángel, da la impresión de haber sido asesinado y cuyo cadáver encuentran a diez kilómetros de la población.
El tercer escenario que conocemos es el hostal de Fuentegrande en el que su dueña, Chabela, está preparando sangre encebollada.
Luego, en la página 27 retrocedemos en el tiempo acompañando a Eugenia, una niña de 13 años rubia y con los ojos verdes que pasa las vacaciones en la localidad con su padre viudo y su hermano. Junto a Eugenia vamos conociendo a otros chicos y chicas de su edad o algo mayores con los que termina formando una pandilla interesada por las modas y la música de los 90 a la que también se cita de pasada.   
Para ampliar aún más el panorama nos enteramos de que Fernando, un hombre feromona como lo define Chabela en cuyo hostal se aloja, al igual que Clara, es el comercial de una empresa norteamericana que pretende comprar la mayor parte de las huertas del Fuentegrande para gestionar las aguas que se acumulan en el subsuelo.
Todo lo anterior, junto a lo que piensa Clara de los hombres, su situación emocional actual, las conversaciones con Chabela, las recetas de cocina de la misma y una buena cantidad de esbozos más que se quedan en eso en 30 páginas.
En el resto de la novela Clara intenta averiguar quién ha asesinado a Fran Borrego, pero pese a esa investigación y las recetas de Chabela no podemos decir que se trata de una novela negra; existen también capítulos dedicados a las actividades de la pandilla, amoríos incluidos, pero tampoco podemos decir que sea una novela de aprendizaje; Clara y Fernando mantienen una relación sexual intensa, pero no se trata de una novela de amor, y el descubrimiento del asesino al final de libro no sorprende ni emociona en absoluto.
En resumen, Cuando éramos ángeles es un relato plano que podría haber dado más de sí si la autora no hubiese pretendido unir en una sola historia tal variedad de cuestiones diversas. Modernidad líquida, diría Bauman.

 

jueves, 12 de enero de 2017

SPQR UNA HISTORIA DE LA ANTIGUA ROMA

Desde que la escritora inglesa Mary Beard obtuvo en el año 2016 el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, he deseado leer alguno de sus libros.
Hoy por fin, con la satisfacción de un deseo cumplido, puedo hablar sobre  SPQR UNA HISTORIA DE LA ANTIGUA ROMA, obra de la citada autora que va ya por la sexta edición.
Mary Beard elige como punto de partida a la hora de escribir SPQR Senatus PopulusQue Romanus, “El senado y el pueblo de Roma”, el enfrentamiento entre Cicerón y Catilina a mediados del siglo I a.C., más de 600 años después de la fundación de la ciudad.
A partir de ahí, basándose en los escritos de Cicerón, de Livio, de otros autores romanos o no y en los restos arqueológicos que no cesan de enviarnos mensajes sobre cómo fueron en realidad, se remonta a los orígenes de Roma: Rómulo y Remo, Eneas, sabinos, latinos y etruscos, primeros reyes… Después, remitiéndose a ese pasado, analiza el senado, la república, el enfrentamiento con Cartago, la conquista de las Galias, el asesinato de César, el gobierno de Augusto, el imperio y los emperadores, el frente doméstico, las clases sociales, Roma fuera de Roma y, finalmente, el decreto de ciudadanía del emperador Caracalla.
Afirma Mary Beard que escribir SPQR le ha supuesto dedicarse durante cincuenta años a investigar y estudiar la antigua Roma. Lo curioso es que pese a esa investigación tan exhaustiva y laboriosa, no pontifica, no da nada por cerrado. Plantea que las cosas pudieron suceder como parece ser que sucedieron o que hubo variantes. Es muy difícil juzgar los hechos del pasado con la mentalidad actual. Por esa razón, insisto, en su análisis, Mary Beard se apoya en todo lo encontrado o escrito hasta ahora: Cicerón, Polibio, Salustio, Tácito, Suetonio, Juvenal, Ovidio, Plinio el Joven, Edward Gibbon y muchos más aparecen en las páginas de SPQR, permitiendo a la investigadora alcanzar la objetividad deseada.
Los que no somos especialistas en esta etapa histórica, tenemos sobre Roma y los romanos una impresión estereotipada y hasta peliculera. También la autora habla de películas. Así consideramos a los romanos bastante pendencieros, según Mary Beard no más que sus coetáneos; muy buenos constructores, ella afirma que aún mejores fueron los griegos; o dividimos a los emperadores en malos, por ejemplo Nerón y Calígula, y buenos, Trajano, Adriano, Marco Aurelio, tampoco aquí acertamos del todo.
Destaca que muchos pueblos a lo largo de la historia han tenido mentalidad de conquistadores, pero no la capacidad de mantener lo conquistado como lo hizo Roma durante tantos siglos, en especial mientras permaneció el régimen autocrático establecido por Octavio César Augusto que creó un lenguaje político y unas instituciones que se remontaban al pasado más remoto. Patrón de gobierno que permaneció vigente casi doscientos años después de la muerte de Augusto, 14 d. C.
En el mantenimiento de los territorios conquistados señala la importancia de la llamada romanización, el proceso por el que los romanos tomaban de la cultura y costumbres del pueblo conquistado lo que les convenía y al contrario.
De todas formas en Roma siempre hubo clases, además de los miles de esclavos, estaban los que eran ciudadanos romanos, portadores de unos derechos especiales que los diferenciaban del resto, y los que no gozaban de esos privilegios.
Esa discriminación terminó, como he apuntado anteriormente, cuando el emperador Caracalla extendió los derechos de ciudadanía a todos los habitantes libres del Imperio desde Escocia hasta Siria, año 212 d. C.
La posibilidad de convertirse en ciudadano romano existía ya antes. Podían obtener la ciudadanía los esclavos que hacían méritos para ser liberados o los extranjeros, soldados o civiles, como pago a sus servicios o colaboración. Pero el decreto de Caracalla no pone condiciones. Cree Mary Beard que lo decide así con la intención de recaudar mayores impuestos, aunque los motivos no están muy claros.
La cuestión es que a partir de esa fecha el Imperio Romano cambia. Las diferencias sociales no se basan en los derechos de ciudadanía, sino en la cantidad de riquezas acumuladas. A esto se une la presión de los bárbaros sobre las fronteras y el inicio de las grandes invasiones.
Con estos cambios concluye Mary Beard su libro, en el que es importante señalar, además de lo expuesto, la claridad y rigurosidad en el análisis y el hecho de que, a pesar del número de páginas, 647, y la gran cantidad de datos que contiene, su lectura no cansa en absoluto.

viernes, 6 de enero de 2017

PERDIDA

Quizá no sea una decisión demasiado acertada empezar el año 2017 con Perdida, novela de la escritora norteamericana Gillian Flynn que hizo famosa a su autora al convertirse pronto en un best seller.
Digo esto porque los primeros días del año entrante suelen estar llenos de buenos propósitos; y en la historia que nos cuenta Gillian Flynn, los propósitos de los protagonistas no parecen ser precisamente buenos.
Verán, Amy y Nick, protagonistas principales de Perdida, viven en Nueva York. Amy es una guapa y rica joven que trabaja realizando test de personalidad para una revista. Nick, también joven y guapo, se gana la vida escribiendo artículos sobre cine, libros y televisión.
Amy y Nick se enamoran y deciden casarse. Hasta ahí todo normal. El problema surge cuando a los tres años de casados, pierden sus trabajos por la crisis y se trasladan de Nueva York a Misuri, lugar en el que había nacido Nick y en el que aún viven sus padres y su hermana.
Tras dos años en Misuri, y en esa fecha comienza la historia que nos cuenta Gillian Flynn, el día del quinto aniversario de su boda, Amy desaparece dejando en la casa rastros que parecen implicar a Nick en la desaparición.
La actitud del joven, desconcertante en ciertos aspectos, no contribuye a que la policía y la gente en general crean en su inocencia.
Y hasta aquí puedo contar. Cualquier otra cosa que añadiera sobre el argumento reduciría el suspense, un suspense que mantiene el interés del lector hasta la última página.
Son muchas las características que han contribuido a que Perdida se convierta en best seller. En principio su estructura, la historia está contada en capítulos alternativos por Amy y por Nick, cada uno de ellos nos proporciona su versión de lo que sucedió cuando se conocieron y sucede en la actualidad.
En segundo lugar, tratándose de un thriller, no se insiste en la investigación propia de la novela negra o policiaca, sino en lo que piensan y sienten los protagonistas. Por lo tanto, más que una novela de acción es una novela de personajes y costumbres sociales. 
En tercer lugar, resulta significativo y muy actual en el relato el papel de los medios de comunicación sensacionalistas contribuyendo a que Nick sea considerado el principal sospechoso, lo que en España se denomina “pena de telediario”.
En cuarto lugar, el análisis que Gillian Flyn hace del matrimonio y la familia, aunque demoledor, es tan inteligente y profundo que impresiona la perspicacia de la autora estadounidense.
Termino esta breve reseña señalando que a varias personas de las que integran mi grupo de amigos lectores el final de Perdida les pareció fatal.
Por este motivo, por el señalado anteriormente y por respeto a esos miembros del grupo, creo conveniente repetir que quizá no haya sido una decisión demasiado acertada iniciar con ella el nuevo año.