lunes, 14 de agosto de 2017

EL BAILE DE LAS LUCIÉRNAGAS

Repaso en mi memoria las muchas reseñas que he realizado en Opticks de libros que me han parecido bastante flojos y advierto que buena parte de ellos los elegí porque había leído uno anterior del autor o autora al que otorgué la calificación de excelente o por lo menos entretenido.
Es lo que acaba de ocurrirme con El baile de las luciérnagas de la escritora estadounidense Kristin Hannah autora del best seller El ruiseñor.
Recuerdo que El ruiseñor, a pesar de su elevado número de páginas y de lo embrollado en ocasiones del argumento, me pareció bien escrito y con un argumento que interesaba e instruía a la vez, aunque se tratase de una historia más con la 2ª Guerra Mundial como telón de fondo, pero destacaba el papel que jugaron las mujeres en la misma poniendo a dos de ellas, muy diferentes entre sí, como protagonistas.
En El baile de las luciérnagas también las protagonistas son dos mujeres, Tully Hart y Kate Mularkey, y también son muy diferentes entre sí. Tully, de madre hippie y padre desconocido, vive con sus abuelos y las circunstancias de la vida la han convertido en una adolescente independiente que llama la atención por su forma de ser y de vestir. Kate, en cambio, con gafas de culo de vaso y aparato en los dientes, pertenece a una familia tradicional, tiene un padre que trabaja muchas horas, una madre ama de casa y un hermano pequeño.
El encuentro en el mismo colegio de las dos chicas y una serie de vicisitudes que afectan a Tully hace que se conviertan en amigas, y todo lo que acontece en el trascurso de esa amistad: entrada en el mundo adulto, estudios, trabajo, amores, hijos, enfermedades, etc. constituye el engranaje de la obra.
Kristin Hannah dedica El baile de las luciérnagas a “nosotras, las chicas”. Creo que con esa dedicatoria el libro queda definido.
 

 

 

 

 

miércoles, 9 de agosto de 2017

EL CORAZÓN ES UN CAZADOR SOLITARIO

El pasado febrero se cumplieron cien años del nacimiento de Carson McCullers (Columbus, Georgia 1917) y el próximo septiembre hará cincuenta años que murió (Nueva York 1967).
Estas dos fechas me han llevado a elegir para mi próximo comentario en Opticks una novela de la escritora estadounidense, se titula El corazón es un cazador solitario y el ejemplar que acabo de leer lo ha prologado  Elvira Lindo.
Aunque no se nombra, la novela, que se publicó en 1940, está ambientada en el estado de Georgia, así que muchas de las cuestiones que aparecen en ella parten de vivencias de la propia autora, por ejemplo, el racismo o el paso de una sociedad agrícola a una industrial, con la miseria de los obreros como telón de fondo y la soledad de aquellos que no encuentran su sitio ni nadie con quien compartir sus inquietudes.
En la ciudad había dos mudos, y siempre estaban juntos. Así inicia Carson MacCullers El corazón es un cazador solitario situando como personaje central de la obra a un sordomudo, John Singer.
John Singer es una figura extraña, trabaja como ayudante de joyero y vive con un griego, Antonapoulous, también sordomudo al que idealiza, a pesar de sus muchos defectos, y por el que siente un amor especial.
La vida cambia para Singer cuando su amigo, aquejado de frecuentes ataques de locura, es ingresado en un sanatorio psiquiátrico, entonces abandona la casa que compartían, alquila una habitación en la pensión que regenta el señor Kelly y se convierte en un parroquiano asiduo del café Nueva York propiedad de Biff Brannon.
Digo que John es una figura extraña porque aglutina a su alrededor al resto de personajes principales: el citado Biff, la hija adolescente del señor Kelly, Mick, una jovencita que ama la música de tal manera que es capaz de albergar los sonidos en su cabeza y componer melodías que sueña con interpretar en un piano que se compraría si alguna vez tuviese dinero.
Junto a los anteriores está Jake Blount, otro asiduo al café Nueva York, colérico y borracho, pretende agitar a los trabajadores de las hilanderas explicándoles ideas marxistas y se indigna ante el nulo interés que muestran.
Con parecido afán se mueve el doctor Copeland, un hombre negro enfermo de tuberculosis que ayuda a los suyos todo lo que puede e intenta que superen con formación y estudios el lugar miserable en la escala social que les han asignado los blancos. Tampoco él obtiene los resultados que le gustaría en lo que considera su misión. 
Estas cuatro personas valoran tanto al sordomudo que su sola presencia, su mirada inteligente y las pocas palabras que a veces les escribe en una hoja les basta para sentirse comprendidos.
Todos los personajes señalados y otros muchos que aparecen en menos ocasiones pero cuyo retrato lo realiza la autora con profundidad y agudeza convirtiéndolos en inolvidables, se relacionan en el mismo entorno: un barrio marginal que nació alrededor de las nuevas industrias.
Considerada una obra maestra, El corazón es un cazador solitario, ha sido estudiada en profundidad por la crítica, así que los comentarios al respecto que podemos hallar en Internet son numerosos.
Como simple lectora yo quiero destacar el retrato que la autora realiza de cada uno de los personajes, desde su aspecto físico a sus más escondidos deseos: la habitación interior de Mick, la sortija de Biff, la furiosa frustración del doctor…
Junto a los deseos, las dudas, la vulnerabilidad, las múltiples carencias, y todo ello sin ninguna acritud, destacando siempre que en el entorno más hostil es posible encontrar bondad y ternura.
 

 

 

 

 

domingo, 30 de julio de 2017

LA VIDA ENTERA

He leído varios libros del escritor israelí pacifista y no nacionalista Amos Oz, pero hasta esta semana no había leído nada de su amigo David Grossman con el que comparte profesión e ideas.
Fue a raíz de la obtención por David Grossman del premio Man Booker Internacional, para el que también estaba nominado Amos Oz, cuando tuve la curiosidad por conocer la forma de escribir del premiado y elegí una de sus obras más aclamadas por la crítica, se titula La vida entera y tiene ochocientas siete páginas de las que ninguna te deja indiferente.
La vida entera se inicia con tres adolescentes, Ora, Abram e Ila, ingresados en un hospital de enfermos contagiosos y atendidos por una joven enfermera árabe. En ese hospital, en el que la oscuridad resulta obligatoria, se oye a la enfermera llorar en la distancia. Tal vez llanto y oscuridad simbolicen las guerras que han enfrentado a Israel con sus vecinos árabes. En su retiro obligado, los adolescentes, en especial Ora y Abram, comparten vivencias y temores.
Pasan los años y La vida entera se convierte en la extraordinaria descripción de los sentimientos de una mujer, Ora, narrados por un hombre, David Grossman.
Ora es adulta y acompaña a su hijo Ofer a incorporarse a una unidad militar encargada de la defensa en los territorios ocupados. Viajan en el taxi de Sami, un árabe amigo de la familia que desconocía el destino del muchacho hasta que le vio bajar la escalera con el uniforme y el arma y comprendió que Ora le estaba pidiendo que aumentara  su modesta contribución a favor de la lucha de Israel.
Ofer ha terminado ya el servicio militar obligatorio y ha prometido a su madre que le acompañará en un recorrido a pie por Galilea. Sin embargo, cuando ya lo han preparado todo, decide alistarse de nuevo.
De regreso a su casa, Ora opta por hacer la excursión programada, se obliga a abandonar la vivienda; piensa que si vienen a decirle que su hijo ha muerto en combate y no la encuentran, la tragedia no se producirá.
Empieza así un recorrido por la región al que consigue arrastrar a Abram. Poco a poco nos enteramos de que el matrimonio de Ila con Ora se ha roto; que Ila se ha marchado a Sudamérica con su hijo mayor, Adam, y que Ofer, educado también por él como un hijo, no es suyo sino de Abram. Igualmente sabemos que Abram fue hecho prisionero y torturado salvajemente por los egipcios y que, tras ser rescatado, Ora e Ila se turnaron para cuidarle porque la especial relación que establecieron de adolescentes sigue intacta.
Abram y Ora caminan juntos por Galilea. La mujer habla y habla del pasado, de Ila, de Adam y de Ofer desde que ella se quedó embarazada hasta el momento actual en el que no quiere aceptar que puede haberles perdido. Es una larga reflexión consigo misma y con el hombre que siempre la quiso, que nunca se recuperó interiormente de las torturas y al que no ha visto en mucho tiempo. Ora cree que si no deja de nombrar a Ofer, éste no morirá.
La vida entera de los protagonistas principales de la narración desfila ante los ojos del lector dejando un poso de desesperanza. El conflicto con los palestinos, aunque sólo se nombre de pasada, está presente en detalles que impactan, que te hacen comprender que el dolor es común en las gentes de buena voluntad de ambas partes y que unos y otros son a la vez víctimas y verdugos.
La vida entera de David Grossman es una obra maestra por lo simbólico del contenido, la tensión emocional que hay en sus páginas, la belleza de las descripciones, la sutil forma de expresar el horror y la angustia, la ausencia de final (nadie sabe cómo va a acabar esto), el estudio psicológico de cada uno de los personajes principales o no; el amor sin medida de una mujer, de una madre que duda y se pregunta.
Cuando David Grossman había casi acabado La vida entera, su hijo Uri murió en la guerra contra el grupo libanés chií Hizbula: Empecé a escribir esta novela en mayo de 2003, seis meses antes de que mi hijo Uri se enrolara en el ejército. Él lo sabía todo del libro… Por aquel entonces yo tenía la sensación de que, escribiendo, de alguna manera, salvaba a mi hijo de la muerte.
No pudo ser. Uri había cumplido 20 años. Una razón más para que La vida entera  sobrecoja.

 

lunes, 24 de julio de 2017

DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE ESCRIBIR

Aunque coincido con Haruki Murakami en que las enfermedades limitan bastante en el momento de escribir cualquier cosa, aprovecho el tiempo extra que el malestar me otorga para comentar el libro que acabo de leer del escritor japonés que se titula De qué hablo cuando hablo de escribir.
De Murakami he leído varias novelas y dos ensayos, el citado y De qué hablo cuando hablo de correr. Ambos ensayos parecen estar escritos desde la sinceridad más absoluta. En el primero, del que ya hice una reseña en Opticks, nos explica, junto con otros muchos detalles de su vida, la importancia que tiene para él el hecho de correr a diario.
En el segundo, repite algunos de esos detalles, insistiendo en este caso como es lógico en todos aquellos que se relacionan con la escritura: acontecimientos que le llevaron a ser escritor, horario y sistema que utiliza, originalidad, cómo afrontar la escritura de una novela larga, primeros pasos en el mundo editorial, primeros libros, destinatarios de los mismos, relaciones con los críticos, etc.
Todo ello nos muestra en principio a un gran lector y después a una persona solitaria, perfeccionista y meticulosa, que reflexiona y analiza mucho, pero que también deja espacio al azar y a la improvisación, extrayendo de su cerebro fragmentos de informaciones archivadas en compartimientos distintos a lo largo de un tiempo; informaciones que va combinando cuando decide iniciar una obra. A esas acciones automáticas, incluso, les ha dado un nombre: otoma-kobito.
En repetidas ocasiones he leído que Haruki Murakami no es demasiado apreciado por la crítica de su país, se le acusa de “occidentalizado”. En el libro se refiere a las acusaciones sin ninguna acritud. Reconoce que muchas de sus obras han sido mal acogidas por la crítica, el éxito de ventas es otra cosa. Mantiene que en Japón quien hace algo distinto a los demás genera de inmediato una reacción de rechazo porque allí impera una cultura según la cual, para lo bueno y para lo malo, la armonía constituye uno de los valores supremos.
Esa forma de ser y de pensar condiciona también el sistema educativo japonés en el que se formó, cuya intención Haruki Murakami cree que era convertirnos a todos en ovejas para que la totalidad del grupo resultara fácil de pastorear. Opinando esto es lógico que Murakami no guarde un buen recuerdo de su etapa escolar y universitaria, que aún evoca con un escalofrío, a pesar de que sus padres eran profesores y que la superó sin problemas.
Pese a las críticas que vierte en su libro, Haruki Murakami no se muestra como alguien resentido y dogmático, sus opiniones nacen de una larga y solitaria reflexión basada en la experiencia, pero entiende que  pueda verse la realidad de manera distinta y considerarse que está equivocado.
En la contraportada del libro se afirma que De qué hablo cuando hablo de escribir es un texto cercano, lleno de frescura, delicioso y personalísimo y que gracias a él descubriremos cómo es Haruki Murakami. Estoy de acuerdo y me permito añadir que a la vez podremos comprobar, no sin cierta sorpresa, lo diferente que parece autor de este ensayo del ser humano que imaginamos mientras vamos leyendo sus novelas.
 

miércoles, 12 de julio de 2017

LA BIBLIOTECARIA DE AUSCHWITZ

Tras la muy favorable impresión que me causó la lectura de A cielo abierto de Antonio Iturbe, busqué algún otro libro de este autor para comprobar si esa favorable impresión continuaba.
El elegido fue La bibliotecaria de Auschwitz y el autor humanista amante de los libros que escribiera A cielo abierto se hizo otra vez presente en medio del horror de uno de los mayores campos de exterminio que idearon los nazis.
Antonio Iturbe explica que fue en La biblioteca de noche, documentada obra de Alberto Manguel, donde encontró la referencia a un barracón en Auschwitz que albergaba la biblioteca más diminuta de la historia.
A partir de ahí inició una investigación que le condujo a la  República Checa, a Polonia y a Israel, país en el que pudo entrevistarse con la que sería después protagonista de su libro, Dita Kraus.
La abundante información obtenida dio lugar a que Antonio Iturbe optase por escribir una novela y no el reportaje que había pensado primero.
Surgió así La bibliotecaria de Auschwitz, relato en el que el escritor mezcla la ficción con la realidad con tal perfección que hasta los personajes ficticios  que integran la historia parecen reales.
Dita Kraus, en el libro Dita Adlerova, es una niña de 13 años ingresada junto con sus padres en Auschwitz. La familia llegó al campo procedente del gueto de Terezín, ciudad amurallada a pocos kilómetros de Praga en la que los nazis encerraron, tras expulsarlos de la capital, a varios miles de judíos checos, entre ellos al joven deportista Fredy Hirsch.
En Auschwitz Fredy Hirsch consigue que los nazis le cedan el barracón 31 para organizar actividades lúdicas con los niños, que no incluyen libros, prohibidos en el campo, sólo canciones, juegos, manualidades y pasatiempos de esa clase. Todo bastante complicado de realizar porque no cuentan prácticamente con materiales de ningún tipo y el hambre, la suciedad y la muerte son sus habituales compañeros.
Pese a la prohibición de los libros, Hirsch consigue hacerse con ocho de lo más variado, de entre los muchos que se arrebataban a los judíos que eran gaseados nada más llegar, y Dita se convierte en la encargada de custodiarlos y esconderlos en los continuos registros y demás ocasiones de peligro.
La descripción de la vida en el campo es en bastantes páginas espeluznante. Antonio Iturbe no se recrea en el horror pero tampoco pasa de puntillas sobre él: los hornos crematorios, las torturas, la mezquindad y la envidia entre los mismos presos, los experimentos de Mengele…
Lo que ocurre es que al lado de ese horror inexplicable, el escritor aragonés muestra otras situaciones en las que priman la solidaridad, la valentía, la amistad, la esperanza y el amor por los demás y por los libros. Unos libros que Dita lee a escondidas cuando se los devuelven, comparando sus vivencias con las de los protagonistas de las distintas narraciones: La montaña mágica de Thomas Mann, La ciudadela de J. A. Cronin, Las aventuras del bravo soldado Svjk de Jaroslav Hasek, etc.
En resumen, La bibliotecaria de Auschwitz de Antonio Iturbe es una obra imprescindible para aquellas personas amantes de los libros que desean saber y que se hacen preguntas porque para ellas nunca será ajeno nada de lo humano.

martes, 4 de julio de 2017

PERDÓN

Empiezo las reseñas del mes de julio con una novela de Ida Hegazi Hoyer, escritora noruega hasta hoy desconocida para mí. Se titula Perdón y su argumento está entre lo sorprendente y lo inquietante.
Leo en la contraportada del libro que Ida Hegazi Hoyer, considerada como una de las mejores escritoras de Noruega, obtuvo por Perdón el Premio de Literatura de la Unión Europea.
Con estos brillantes antecedentes no sorprende que Ida Hegazi Hoyer comience su relato por el final de la historia que nos cuenta en él. Así logra poner en guardia al lector que asistirá de sorpresa en sorpresa al desarrollo de la relación amorosa que se establece entre dos personas: una impulsiva y confiada veinteañera y un joven algo mayor que reúne todas las cualidades que ella desea en el hombre ideal.
Con un estilo ágil, merced a la utilización de frases cortas y directas, la autora despliega ante nosotros la vida de los jóvenes: estudios, trabajo, amistades, proyectos…, que enseguida deciden vivir juntos y hacen planes de boda, todo ello en el contexto de un idilio perfecto en apariencia.
Luego, de forma progresiva, ese idilio se va complicando. Hay secretos que salen a la luz, situaciones que dan lugar a equívocos y provocan que para la mujer nada termine por ser lo que parece. Sin embargo, el amor que siente por el hombre se impone, intenta comprender, curar viejas heridas que vienen del pasado, perdonar.
Poco más se puede decir de Perdón sin estropear a los lectores el placer que puede producirles su lectura.
Sólo añadir que está escrito en primera persona por la protagonista; que  los distintos ambientes en los que se desarrolla el relato se describen aportando detalles que contribuyen a crear una atmósfera en ocasiones desasosegante y que la explicación psicológica de los hechos narrados y sus consecuencias se ajusta a lo real, lo que añade a esta novela de Ida Hegazi Hoyer un especial interés.
Por todo lo anterior y por lo que cada uno pueda descubrir en el libro, considero que Perdón es una obra muy recomendable que se lee en poco tiempo, sólo tiene 242 páginas, atrapa de principio a fin y nos permite conocer autores valorados en otras latitudes y las tendencias literarias más apreciadas en ellas.

 

 

 

domingo, 25 de junio de 2017

A CIELO ABIERTO

Tras la veraniega e intrascendente recomendación de la pasada semana, recupero la cordura literaria trayendo a Opticks un libro que también se lee con facilidad, pero que el “poso” que deja en el lector tiene la suficiente entidad para que la historia que se nos cuenta en él resulte inolvidable.
Se trata de A cielo abierto, ha obtenido el Premio Biblioteca Breve 2017 y lo ha escrito Antonio Iturbe.
Aunque conozco a bastantes autores que han obtenido el prestigioso Premio Biblioteca Breve, incluso algunos de ellos como Juan Bonilla y Clara Usón fueron entrevistados en Opticks, Antonio Iturbe era para mí hasta ahora un desconocido. Así que ha supuesto una grata sorpresa encontrar a un autor humanista que destaca en su libro las cualidades de personas con altos ideales, quizá utópicas, ¡bendita utopía!, pero que logran elevarte sobre el nivel de ramplonería y egoísmo que prevalece en estos tiempos.
A cielo abierto es una obra de 624 páginas que se lee en un soplo porque está escrita de tal forma que mantiene el interés del lector de principio a fin. Trata sobre todo de tres hombres: Jean Mermoz, Henri Guillaumet y Antoine de Saint-Exupéry que contribuyeron de manera notable al desarrollo de la aviación en la Francia de los años 20 y cuyas vidas  presenta Antonio Iturbe en capítulos alternativos.
Los tres fueron los mejores pilotos en Latécoère, después Compañía General Aeropostale, más tarde Air France, y abrieron las primeras rutas para llevar el correo de Europa hacia África y posteriormente a Sudamérica.
Al coincidir en la misma Compañía y compartir pericia, genialidad y entusiasmo, se hicieron amigos, mantuvieron el contacto y se apoyaron en todo momento, a pesar de que sus caracteres eran muy diferentes. En esta cuestión A cielo abierto es una novela psicológica, ya que profundiza en la personalidad de cada personaje y los hace cercanos sin ocultar sus luces y sus sombras.
A cielo abierto es también una novela de aventuras. Era lógico dadas las características de los protagonistas principales y el trabajo que han de realizar. Los Andes se convierten en una trampa mortal para Mermoz y para Guillaumet en dos ocasiones distintas. Una trampa que ambos consiguen esquivar, soportando las muchas penalidades que esa inmensa cordillera les provoca a base de tesón, creatividad y fe en el proyecto del que forman parte.
Algo parecido sucede con el desierto del Sahara en el caso de Sain-Exupéry. El esfuerzo continuado para cumplir con los objetivos que ellos mismos se fijan, unidos a los que les plantea su jefe, Didier Daurat, otro personaje memorable, se convierte en el argumento principal de la novela que Saint-Exupéry escribió en 1933 y que tituló Tierra de hombres.
Novela psicológica, novela de aventuras y novela de amor. De nuevo aquí la personalidad de los tres pilotos determina sus relaciones amorosas. Saint-Exupéry es un romántico sentimental que necesita sentirse querido y busca en la mujer el ideal que ha forjado. Mermoz es insaciable, desmesurado en todo, desde los afectos hasta la vivencia de su vocación de volar en libertad más lejos, cada vez más lejos. Guillaumet parece ser el más sensato de los tres, lo que le lleva a ser también el más estable en el momento que conoce a la persona adecuada para compartir su azarosa existencia.
Mermoz, Guillaumet y Saint-Exupéry, tres héroes que al igual que otros muchos que han pasado a la historia porque lograron hacer realidad un sueño, murieron jóvenes realizando el trabajo que amaban. Mermoz a los 35 años, al desaparecer su avión en 1936 mientras llevaba el correo de Europa hacia Sudamérica. Guillaumet a los 39, cuando en 1940 el avión que pilotaba fue atacado por un caza italiano y derribado sobre el Mediterráneo. Saint-Exupéry a los 44, derribado en vuelo por un caza alemán en la isla de Riou en 1944.
Antonio Iturbe ha plasmado de forma admirable en A cielo abierto la vida de estos tres pioneros. Lo ha hecho relatando a la vez la historia de la aviación comercial en los albores del siglo XX. Pero no se ha fijado sólo en la gran epopeya que supuso, sino que ha ido mostrando por medio de pequeños sucesos y anécdotas la faceta humanista de los personajes; lo que a mí parecer da una idea clara de los valores e intereses del autor.

miércoles, 14 de junio de 2017

EL COLOR DE LOS SUEÑOS

Como faltan pocos días para el verano, voy a empezar a recomendar libros de fácil lectura y con un argumento que atrape desde el principio el interés del lector. Aunque en el caso del libro que hoy traigo a Opticks, y temiendo no ser todo lo políticamente correcta que debiera, creo que logrará atrapar más bien el interés del público femenino. Público que, por otra parte y según la reciente Feria del Libro de Madrid, supera con creces al masculino en hábitos lectores.
Sin más preámbulos, paso a hablar sobre el libro elegido. Se trata de El color de los sueños y lo ha escrito la norteamericana Ruta Sepetys, que en la contraportada nos dicen logró hacerse famosa al publicar su primera novela titulada Entre tonos de gris, para la que se inspiró en la historia de su padre, un inmigrante lituano cuya familia fue víctima del genocidio estalinista.
El color de los sueños tiene poco que ver con genocidios ni con otra clase de tragedias que angustien a los lectores. Aquí se trata de una historia amable con algo de intriga, mucha acción y bastante amor que se desarrolla sobre todo en una librería y un burdel en la Nueva Orleans de los años cincuenta.
La protagonista principal y narradora del relato es Josie, una niña de 10 años que llega con su madre prostituta al burdel en el Barrio Francés de Nueva Orleans. Allí es acogida por la dueña, Willie, y protegida por el resto de los empleados, mientras su madre pasa de ella y se dedica a la práctica de su profesión.
Pronto Josie, que no desea seguir el camino materno, encuentra trabajo en una librería cercana al burdel, alojándose en la trastienda de la misma con el beneplácito de Charlie, el librero, y de su hijo Patrick del que se hace amiga y con el que, al enfermar Charlie, lleva adelante la librería.
En el capítulo cuatro visita la librería un caballero alto y guapo que resulta ser arquitecto. A Josie le produce una grata impresión. Hablan de libros y ella se fija en su reloj de alto precio. Al marcharse, le permite pagar con un cheque en contra del criterio habitual. El reloj y el cheque desempeñarán un importante papel en la narración.
En las 347 páginas que forman El color de los sueños de Ruta Sepetys encontramos gásteres, policías y gentes de lo más variopinto que llenaran de dificultades el camino de Josie o le ayudarán a convertir en realidad sus deseos, que consisten en alejarse de los turbios ambientes en que vive, ir a la universidad y hacer realidad sus sueños.

jueves, 1 de junio de 2017

LA MUERTE ES UNA VIEJA HISTORIA

Hernán Rivera Letelier es un escritor chileno autor de numerosas e importantes obras, como por ejemplo El arte de la resurrección con la que obtuvo el año 2010 el Premio Alfaguara de novela.
Pese  su importancia, y al igual que me sucede con otros muchos autores, yo no había leído nada de él hasta que me regalaron el libro que hoy traigo a Opticks; se titula La muerte es una vieja historia y pertenece al género policiaco.
Tras relatar el caso que más tarde será investigado, Hernán Rivera Letelier presenta al investigador de este modo: La mañana del viernes amaneció baldeada de sol. Octubre recién comenzaba y estos días eran como carteles publicitarios anunciando anticipadamente un verano de fuego. El Tira Gutiérrez llegó temprano a su oficina. John y Yoko aún no aparecían. John y Yoko son dos jotes, especie de buitres sudamericanos, a los que el investigador alimenta y llama con esos nombres.
Junto al Tira Gutiérrez que, tras desempeñar los más variados oficios, ha conseguido el título de investigador en unos cursos por correspondencia, está su ayudante, la hermana Tegualda, que entró en la oficina como estudiante en protesta arrancando del guanaco.
La hermana Tegualda es una monja evangélica a la que el Tira Gutiérrez le ofreció trabajar porque la muchacha necesitaba un trabajo…, porque vio que era lista e inteligente, y tenía la sagacidad de un animal de fábula… y porque pese a sus ásperas polleras largas, el cuello abotonado y una severa moña evangélica apercollada con elásticos negros, las redondeces de su cuerpo joven se dibujaban deliciosamente en la tela de sus vestidos color carmelita.
Esta inusual pareja de investigadores ha de averiguar quién es el autor de una serie de asaltos y violaciones a mujeres que se producen en el cementerio de Antofagasta.
He copiado literalmente algunas líneas de la novela para demostrar el perfecto uso del lenguaje que posee Rivera Letelier y la riqueza que supone la utilización de palabras habituales en su país de origen que a mí siempre me agrada escuchar o leer.
Aunque creo que la originalidad de La muerte es una vieja historia radica sobre todo en la pareja de protagonistas: el Tira Gutiérrez, antiguo minero, al igual que el autor, abandonado por su mujer (eres tan inteligente que no sirves para nada, le dijo), aficionado a las rancheras, bastante descreído y un tanto secundario en sus reacciones; complementándose con la hermana Tegualda, decidida y armada con un Nuevo Testamento y una referencia religiosa o un versículo de la Biblia que oponer a las opiniones sarcásticas del detective, también son reseñables, tanto la descripción que el autor hace de los ambientes en los que se desarrolla la historia: el cementerio, un cabaret, barrios marginales… como los hechos en sí que, en un principio, parecen obra de un ser de ultratumba.
En resumen, La muerte es una vieja historia, obra del escritor chileno Hernán Rivera Letelier, es una novela policiaca escrita con agilidad y maestría que en sus 192 páginas encierra humor, misterio, denuncia social y originales reflexiones sobre la naturaleza humana.

                                              

jueves, 25 de mayo de 2017

LAS SULTANAS OLVIDADAS

Las sultanas olvidadas es el segundo libro que leo de Fatema Mernissi. El primero fue Sueños en el umbral, memorias de una niña del harén ya reseñado en Opticks.
En Las sultanas olvidadas Fatema Mernissi, tras realizar una exhaustiva y bien documentada investigación que comprobamos, por ejemplo, en los abundantes y detallados “pies de página”, nos habla de las mujeres que en los primeros quince siglos de islamismo, a partir del año I de la Hégira (622 d.C.) estuvieron al frente de países o territorios musulmanes, cometido que se justifica y puede comprobarse gracias a las dos prerrogativas propias de dichos dirigentes: acuñar moneda con su nombre y presidir la oración del viernes en la mezquita.
La autora marroquí, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2003, explica, con la ironía que la caracteriza, que se le ocurrió esta investigación tras ser elegida Benazir Bhuto primera ministra de Pakistán, cuando otros políticos, lógicamente hombres, pusieron el grito en el cielo horrorizados porque, según ellos, nunca una mujer había gobernado un estado musulmán.
Fue entonces cuando decidió ocuparse de la fruslería que supone investigar una clase de mujeres que quizá jamás existieron, jugar a detectives, ya que como buena y obediente musulmana sabe que sólo puede ocuparse de lo que le concierne, es decir, de fruslerías.
Fatema Mernissi inicia sus tareas detectivescas, ante la total ausencia de referencias a esas mujeres en documentos más o menos actuales, que está claro han sido condenadas al olvido, en las bibliotecas mejor provistas de libros antiguos.
Poco a poco, adentrándose en el contenido de páginas amarillentas por el tiempo, va encontrando los nombres de mujeres que en la sociedad musulmana mandaron y mucho: las malikas  Arwa y Alam al Hurra, las sultanas Radiyya y Shajarat al durr, la jatun Turkan o, más modestamente, Taj al Alam (Corona del Universo) y Nur al Alam (Luz del Universo), entre otras, algunas de ellas esclavas, que solas, al lado de sus maridos, o como regentes mientras los hijos eran pequeños, dirigieron los destinos de sus pueblos en Asia, África o Europa (al-Ándalus) en el campo de batalla, la economía y la política, siendo respetadas y valoradas por su forma de ser y gobernar, aunque pocas muriesen de muerte natural, como le sucedería el  año 2007 a Benazir Bhuto, y algunas gobernasen sólo unos meses
Fatema Mernissi se pregunta en Las sultanas olvidadas por qué en esos lejanos tiempos las mujeres pudieron alcanzar tal alto rango político y ahora prácticamente se les excluye. En el libro busca razones, remontándose al nacimiento del Islam cuando Mahoma, creador de la primera mezquita, dirigía en ella la oración del viernes a la que asistían juntos hombres y mujeres.
Después, conforme el Islam va extendiéndose por amplios territorios del planeta durante los califatos omeya y abasida, nos habla de los pueblos que los habitan: mongoles, mamelucos, yemeníes…, su relación con la nueva doctrina y la importancia de las mujeres, que se mostraban a sus gobernados desprovistas de los actuales velos, en el control de algunos de esos territorios, bien por su belleza, su inteligencia, su valor o sus dotes diplomáticas.
Fatema Mernissi pone de manifiesto en su libro las diferencias de todo tipo que existen entre suníes, adheridos a las prácticas habituales del profeta, recogidas en la sunna y partidarios de que la autoridad religiosa la hereden los compañeros de Mahoma (sahaba) y los chiíes, cuyo nombre etimológico proviene de Chiat Ali, “el partido de Ali”, primo y yerno del profeta, al ser hijo de su tío Abu Talib y casarse con su hija Fatima, que pensaban que el califa que sucediera a Mahoma tenía que ser del Ahl al bayt, es decir, descendiente directo del profeta.
El enfrentamiento entre ambas corrientes viene de antiguo y siempre perjudicó al grupo que podemos considerar más débil, o sea, a las mujeres.
 

jueves, 18 de mayo de 2017

EL LIBRO DE JONÁS

Vuelvo de la biblioteca con El libro de Jonás, obra de un autor del que no había leído nada todavía, a pesar de saber que ha recibido varios premios, entre ellos el Azorín de novela por Hotel Paradiso en el 2014, se trata de Ramón Pernas.
En la contraportada nos explican que El libro de Jonás es una narración delicadamente literaria y evocadora basada en las voces de sus protagonistas, desde su infancia en un pueblo gallego costero, Vilaponte, hasta el comienzo de su ancianidad…
El principal protagonista del relato es un profesor de universidad jubilado que regresa de vez en cuando a la localidad en la que nació y va rememorando sucesos de la lejana niñez.
Así conocemos la gran influencia que ejerció sobre él, y que se mantendrá hasta el final de la historia, Justo Pastor Blanco, también llamado Jonás, que perdió un ojo a los 9 años a consecuencia del golpe de una varilla de paraguas lanzada por otro niño mientras jugaban.
La pérdida de un ojo no supuso ningún drama para el pequeño, ya que el ojo restante poseyó desde esa fecha la facultad de ver el futuro, dando lugar así a que Justo Pastor se sintiese de sobra compensado.
Justo Pastor Blanco tenía tres hermanas: Áurea, Argentea y Cobre. En el pueblo vivía también un misterioso sastre ciego, Nicanor Corbelle, que contaba a los chavales historias de ahogados y desaparecidos, en las que la muerte desempeñaba un papel primordial.
Mientras el profesor rememora todo esto, en Vilaponte permanece sólo, soltera como él, Argentea, su amor de juventud. Ninguno de los dos conoce el paradero de Justo Pastor Blanco, que abandonó el pueblo cuando todos eran jóvenes. El profesor sabe que está vivo porque así se lo aseguró Humberto Rey, un marino que llegó a Vilaponte diez años atrás, abrió la  librería Nemo y se convirtió en su compañero de tertulias librescas.  
En el tercer capítulo es Argentea la que relata sus experiencias de adulta, que le conducen a casarse con el profesor en los umbrales de la vejez.
En el cuarto, la narración corre a cargo de Humberto Rey.
Tras ellos, retoma el relato el profesor tres capítulos más. En el octavo será la mujer, convertida por fin en su esposa, la que habla.
El desenlace de la historia lo dejará Ramón Pernas a la responsabilidad del profesor en los capítulos noveno y décimo.
Resulta complicado destacar lo que podría ser más positivo en  El libro de Jonás por la enorme cantidad de cuestiones que Ramón Pernas aborda en sus doscientas ochenta y seis páginas y que, a mi parecer, siempre a mi parecer, provocan tal dispersión en la mente del lector que cuesta ocuparse de una de ellas.
A pesar de las complicaciones apuntadas, centrándonos en la figura del profesor, creo que darían para un buen libro los recuerdos de la infancia, que el escritor asocia al lugar de origen utilizando un bello lenguaje y numerosas referencias literarias (La Isla del Tesoro, Moby Dick, El motín de la Bounty, La travesía del Snark,…).
Junto a esos recuerdos, son destacables las formas de tratar el amor de juventud transformado en maduro, el inesperado matrimonio al iniciarse la vejez con la consiguiente limitación del espacio privado, la consciencia de la fugacidad de la vida o los lamentos por la pérdida del vigor que requiere la nueva pareja.  
Pero luego están las hermanas de Justo Pasto Blanco cada una con su singular historia: Argentea y su sexualidad saciada, Aurea, casada con un guardia civil al que ETA asesina en el País Vasco, y Cobre, que ejerce la medicina en África como miembro de una organización internacional.
Está Humberto Rey, el oscuro pasado que deja entrever, la organización de la librería, sus amores…
Está el misterio de Justo Pastor Blanco y el porqué del sobrenombre de Jonás.
Y para acabarlo de arreglar, está la omnipresente figura del sastre ciego Nicanor Corbelle que Ramón Pernas recupera en la última parte de la historia, convirtiéndolo en el promotor de una asociación de diablos de la que no acabo de ver la finalidad y el encaje en la mayoría de los capítulos

miércoles, 10 de mayo de 2017

ENTRE CIELO Y TIERRA

De nuevo traigo a Opticks un libro que me han recomendado, aunque éste no lo había leído antes ni estaba enterada de que tiene continuación. Se trata de Entre cielo y tierra, primer título de una trilogía escrita por el autor islandés Jón Kalman Stefánsson. En la contraportada aparecen los restantes títulos de la trilogía, a saber, La tristeza de los ángeles y El corazón del hombre.
De la lejana Islandia conozco sólo a Arnaldur Indridason y su nóvela del género negro La mujer de verde. La obra de Jón Kalman Stefánsson resulta muy distinta, en ella no hay tramas policiacas ni asesinatos muertos y el paisaje sobresale como determinante: Las montañas se alzan imponentes sobre la vida, la muerte, y también sobre las casas apiñadas en la lengua de tierra.
Y junto a las montañas el mar que modeló con su furia de siglos los fiordos y de cuya riqueza la población se vale para sobrevivir, a pesar de que el trance de obtenerla suponga para muchos pasar a formar parte del marítimo reino de los ahogados: Las autoridades y los comerciantes quizá gobiernen nuestros míseros días, pero el mar y las montañas reinan sobre nuestras vidas.
Las vidas de unas personas que vivieron hace ya cien años y que Jón Kalman Stefánsson pretende rescatar del olvido utilizando las palabras: Nuestras palabras son como brigadas de salvamento, que nunca desisten en su cometido, rescatar sucesos del pasado y vidas extintas del agujero negro del olvido.
Al principal protagonista de Entre cielo y tierra Jón Kalman Stefánsson no le adjudica un nombre, nos lo presenta como el muchacho. De hecho, la trilogía se denomina así: Trilogía del muchacho.
El muchacho y su amigo Bárdur son pescadores y regresan a la vivienda del patrón de la barca en la que faenan para reunirse con los compañeros y salir a pescar bacalao. Vuelven desde Lugar, localidad en la que han comprado provisiones, periódicos y varios libros, entre ellos El paraíso perdido de John Milton. El viaje dura más de tres horas por senderos escarpados y peligrosos, en los que se reparten el espacio la nieve de las montañas y el fuego de los volcanes. Hablan de poesía, de los sueños, de todo los que nos mantiene despiertos. Bárdur piensa en la joven que ama. El muchacho en que quiere hacer algo en esta vida, aprender idiomas, leer mil libros, llegar hasta la esencia de las cosas…
La historia continúa y vamos conociendo nuevos personajes masculinos y femeninos, nunca de manera superficial; el autor muestra el interior de cada uno, sus deseos, sueños, frustraciones.
Junto a los vivos, los que han muerto ahogados pasean por las páginas de Entre ecielo y tierra en una especie de realismo mágico similar al que podemos hallar en Pedro Páramo de Juan Rulfo. El infierno es no saber si estamos vivos o muertos…, estar muerto y darte cuenta de que no prestaste atención a la vida mientras podías hacerlo.
Los poemas de John Milton, la belleza cruel de una naturaleza salvaje, la soledad y el aislamiento de unas personas que luchan por sobrevivir, los sueños de los que ansían otra clase de lucha, el enfrentamiento sin sentido con un destino aciago, la solidaridad, la muerte, la amistad, la esperanza. Esto y mucho más, expresado con palabras sentidas y un enorme lirismo, convierte al libro de Jón Kalman Stefánsson en una obra muy recomendable con la que disfrutarán todos los amantes de la mejor literatura.

jueves, 4 de mayo de 2017

UNA BENDICIÓN

Compruebo al principio del libro que hoy traigo a Opticks, Una bendición de Toni Morrison, que la primera edición en español se realizó el año 2009; fue precisamente ese año cuando mi amigo Manolo me lo prestó para que lo leyera.
Deduje lo anterior porque, al empezar a leer la citada obra, prestada de nuevo, el contenido y la manera de escribir no me eran ajenos. Así que busqué entre las fichas que guardo de los libros recomendados por Manolo y encontré la correspondiente a éste.
Aun así debo decir que ha sido grato volver a leerlo, aunque de entrada no lo recordase en absoluto. ¡Ah la memoria!
En ocasiones he afirmado que los libros que escogía mi inolvidable amigo eran siempre buenos, no demasiado fáciles de leer y generalmente pesimistas. Características todas que aparecen en Una bendición; junto a las cuales yo añado que los sentimientos descritos y la sensibilidad con la que se exponen son propios de una mujer de raza negra.
En la ficha que realicé el año 2009 resumo el contenido del libro explicando que se trata de “una historia de esclavitud a finales del siglo XVII en tierras de América del Norte, entonces colonia británica”.
El principal protagonista masculino es Jacob Vaark, un comerciante que hereda de un tío al que no conocía una considerable extensión de terreno y decide montar una granja en la que, poco a poco y por diversas razones, se reúnen cuatro mujeres. Junto a su esposa inglesa, Rebekka, que Jacob consiguió de unos padres para los que suponía una carga y que poseía las cualidades que demandaba “que no fuese beata, en edad fértil, obediente pero no servil, que supiera leer pero no fuese orgullosa, independiente pero que le cuidara”; tres sirvientas: la indígena Lina, única superviviente de una tribu autóctona, acogida durante un tiempo por un grupo de presbiterianos y comprada después por él; Dolor, mestiza de origen desconocido a la que abandonaron y Florens, esclava negra que de niña entregó su madre a Jacob como pago de una deuda que el dueño de ambas había contraído con el comerciante.
El título Una bendición tiene su origen en esa entrega, la madre ofrece a la hija a un hombre que cree podrá cuidarla, con el objetivo de que no comparta su misma suerte.
Aunque todos los personajes femeninos son importantes, Florens, sobresale sobre las demás  y es la única que habla en primera persona. El relato comienza cuando la joven, que ha cumplido ya dieciséis años y vive en la granja, al morir Jacob de viruela y enfermar su mujer, va a buscar al herrero que trabajó el hierro en la mansión que el señor quiso construir a imitación de los grandes propietarios que conocía. Dicho herrero, un hombre libre de raza negra, conoce remedios capaces de curar a Rebekka. El viaje de Florens en su busca, enamorada de él desde que realizó las rejas de la casa, es tanto físico, a través de territorios salvajes e inhóspitos, como espiritual, hacia el amor y la libertad.
El libro, lo he apuntado antes, no resulta fácil de leer, la historia avanza y retrocede en el tiempo; se insiste una vez y otra sobre las motivaciones de los personajes, las relaciones entre ellos, las circunstancias que mediatizan comportamientos, el enfrentamiento continuado a un medio hostil y la influencia que todo ello tiene sobre la evolución personal de cada uno de los individuos.
En general en Una bendición, cuyo contenido denso, profundo y de gran belleza impresiona y hace pensar, creo que Toni Morrison, Premio Nobel 1993 y Premio Pulitzer 1988, pretende destacar no sólo la esclavitud de la población negra, sino otras muchas esclavitudes, por ejemplo, las provocadas por la ambición, el egoísmo, la religión, la apariencia, etc. Esto también lo apunté en mi ficha de hace ocho años.

jueves, 27 de abril de 2017

EL BUEN NOMBRE

El 3 de diciembre de 2012 escribí en Opticks la reseña de un libro de relatos de Jhumpa Lahiri designado Mejor Libro del año 2008 por el periódico The New York Times, se titulaba Tierra desacostumbrada.
Ahora, abril de 2017, he tenido la oportunidad de leer de nuevo una obra de la citada autora. En este caso se trata de una novela, El buen nombre, que publicó el año 2003, tras la obtención en el 2000 del Premio Pulitzer por Intérprete de emociones, que era también una colección de relatos.
Apunto lo anterior porque hay escritores especialistas en el relato pero que fallan en la novela. Sin embargo, Jhumpa Lahiri, aun tratando en El buen nombre los temas que podemos hallar en los relatos, por ejemplo, emigración y desarraigo, adaptación a una nueva cultura o conflictos generacionales, por citar algunos, no escribe páginas de más, es decir, no alarga la historia innecesariamente, sino que lo que cuenta forma parte de un todo que atrapa e interesa desde el principio.
En El buen nombre Jhumpa Lahiri construye, con ese estilo claro y preciso que la caracteriza, una novela de identidades, de búsqueda de un lugar propio en un mundo cambiante y de los conflictos personales y familiares que esa búsqueda lleva consigo.
La historia que nos cuenta abarca las cuatro últimas décadas del siglo XX y se inicia con la vida en común en Boston de Ashoke y Ashima Ganguli, un matrimonio indio cuya boda fue acordada por las respectivas familias. Ashoke es ingeniero, ha encontrado trabajo en Estados Unidos y no tiene demasiadas dificultades para adaptarse al nuevo ambiente. Ashima, que acaba de quedarse embarazada, echa de menos a su familia, junto a todo lo que ha dejado atrás, e intenta conservar las tradiciones que aprendió de pequeña en cuanto a vestimenta, comidas y costumbres.
Ashoke y Ashima quieren que sea la abuela de la joven la que les comunique mediante una carta el nombre que le gustaría tuviese la criatura que ha de nacer. Llega el parto y no la carta. Como la administración del hospital les exige que pongan un nombre al niño, Ashoke recuerda el accidente de tren que estuvo a punto de costarle la vida en su país, y del que se salvó gracias al libro de Nikolái Gógol que iba leyendo, así que decide llamarlo Gógol.
Gógol, hijo de bengalíes, ciudadano estadounidense y de nombre ruso, crece entre dos culturas. Sus padres complementan la más lejana viajando los tres a la India, y más tarde los cuatro, tras el nacimiento de su hermana Sonia.
Gógol y Sonia han de buscar un cobijo entre ambas culturas, integrar la una con la otra y encontrarse a sí mismos; aunque la novela se centra sobre todo en Gógol: infancia, adolescencia y madurez, y en su lucha por lograr una identidad propia, conquistar un espacio personal, sin que eso suponga rechazar, como hizo durante mucho tiempo, las enseñanzas familiares.
El hecho de que Jhumpa Lahiri sea una experta en Literatura, con varios títulos universitarios y un máster en escritura creativa, se nota en la maestría como está escrito el libro: en tercera persona, exactitud en las descripciones, frases cortas y directas y gran habilidad al presentar estados emocionales, lo que contribuye, junto a la importancia del tema tratado, a que El buen nombre se lea con facilidad e interés.
Por otro lado, está claro que Jhumpa Lahiri, nacida en Londres de padres bengalíes,  ha debido vivir situaciones similares a las que aparecen en El buen nombre. Al igual que ella misma, los personajes pertenecen a clases medias acomodadas en las que la educación tiene mucha importancia, y son abundantes las alusiones a obras literarias, músicas y usos y costumbres propios de esos ambientes.
Sólo muy de pasada se alude a la Calcuta mísera  y en ningún momento se plantean enfrentamientos serios que supongan marginar o rechazar a los que provienen de otra cultura.




jueves, 20 de abril de 2017

LA AMIGA ESTUPENDA

Cuando recogí en la biblioteca el libro de Elena Ferrante titulado Un mal nombre, Isa me advirtió que era el segundo de una trilogía. Mi respuesta fue que me daba igual, sólo quería saber cómo escribía una autora de la  que tanto me habían hablado. De la impresión que me causó el citado libro dejé constancia en Opticks el pasado 18 de octubre.
Ahora, después de que en uno de los grupos de lectores de los que formo parte decidieran leer La amiga estupenda, primer título de la trilogía, pienso que no me precipité en mi elección, porque el hecho de conocer en gran parte el desenlace de la historia iniciada en este volumen ha contribuido a que disminuya el interés por dicho desenlace, lo que me ha permitido centrarme más en todo aquello que lo provoca: ambientes familiares y sociales, caracteres, relaciones que se establecen entre los distintos protagonistas, etc.
También es cierto que la autora o el autor (hay páginas que creo más propias de una imaginación masculina), profundiza con gran habilidad en la psicología de los personajes y describe muy bien los ambientes en los que éstos se desenvuelven y sus respectivos modos de actuar, así que resulta sencillo e interesante investigar las causas de los hechos narrados.
La amiga estupenda se inicia con un preámbulo o introducción en el que Elena Greco (Lenú) ya una señora de más de 60 años que vive en Turín, recibe la llamada desde Nápoles de Rino, hijo cuarentón y bastante inútil de Raffaela Cerullo (Lila o Lina), comunicándole que su madre lleva dos semanas desaparecida.
La amistad entre Lila y Lenú comenzó en la infancia, al haber nacido ambas a mediados del siglo XX en un barrio marginal de Nápoles y compartido colegio y experiencias. Lina fue siempre una persona brillante, decidida y libre. Lenú, más insegura, creció bajo la influencia de la fuerte personalidad de su amiga. Una amiga que le había confesado en varias ocasiones sus deseos de desaparecer, de volatilizarse; y da la impresión de haberlo conseguido ya que su hijo no encuentra ni un solo rastro de ella en la casa, hasta ha cortado la parte de las fotografías en las que podía verse su imagen.
La reacción de Lenú es de enfado; tanto, que decide escribir la historia de la desaparecida para que quede constancia de su existencia y no logre de nuevo cumplir sus propósitos.
En La amiga estupenda Lenú explica el nacimiento de su amistad con Lila y el modo como ésta evoluciona durante la infancia y la adolescencia. Junto a la evolución de su amistad, detalla las distintas transformaciones físicas que ambas experimentan e insiste una vez y otra en el vínculo que las une, pese a lo antagónico de unos caracteres que las conducen a transitar por diferentes caminos, Lenú asciende en la escala social gracias a los estudios y Lila busca otros medios para ese ascenso.     
Aunque el eje central de la novela sea la relación entre las chicas, el resto de las personas que intervienen en el relato, pertenecientes sobre todo a nueve familias que habitan el barrio, están fabulosamente bien caracterizadas: aspecto físico, miedos, envidias, sueños, fracasos…
La narración es ágil y elegante. Los detalles que diferencian a unas clases de otras, por ejemplo hablar en dialecto o en italiano clásico, resultan siempre significativos. La historia atrapa desde la primera página y es rica en vocabulario y matices.
En resumen, por lo escrito hoy y por lo que escribí en la anterior reseña, pienso que la trilogía de Elena Ferrante será sin duda un excelente regalo con el que celebrar el Día del Libro.

jueves, 13 de abril de 2017

PRIMER TESTAMENTO

Hoy, Jueves Santo, día en el que las calles de España se llenan de procesiones, traigo a Opticks el libro de una persona a la que no agradaban demasiado dichas manifestaciones religiosas, salvando las saetas, expresión real de un sufrimiento secular.
El libro es Primer testamento y la persona el escritor catalán, fundador de la editorial Kairós, Salvador Pániker, que murió el  pasado 1 de abril a los 90 años y cuya vida desde el principio consistió en una larga búsqueda. En Primer testamento, publicado en 1985, habla, a modo de dietario o de diario, de los tiempos en los que esa búsqueda se inicia.
Salvador Pániker nació en Barcelona en 1917. Su padre era un indio cosmopolita de educación británica y su madre una joven de la alta burguesía catalana. De ese matrimonio nacieron cuatro hijos, Salvador fue el menor, lo que, unido a la diferencia de edad con sus hermanos, originó que le mimasen más que al resto. Todo esto lo cuenta él mismo cuando, aquejado de los problemas de salud que padeció a lo largo de su vida adulta, se le ocurre mirar hacia atrás y poner por escrito los recuerdos de entonces a la luz del ahora.
Surge así ante los ojos del lector una completa panorámica del tiempo transcurrido entre el nacimiento del escritor y el año 1956, fecha en la que termina este Primer testamento. Esa panorámica, que tiene sobre todo como marco central la ciudad de Barcelona, incluye ciencia, filosofía, literatura, política, música y religión, mucha religión, y junto a la religión, las dudas.
Salvando las tremendas distancias de edad, clase social, cultura y sexo, es fácil identificarse con el adolescente inquieto que busca respuestas, que oculta su profunda insatisfacción bajo una pose cínica, que critica las incongruencias que ve a su alrededor y, en soledad, se critica a sí mismo con enorme dureza, saber lo que quiero, vivir como quiero.
La crítica está presente desde el principio al fin del relato y en ocasiones es demoledora, porque el autor la justifica siempre con ejemplos concretos: los jesuitas, el nacionalismo, el Opus, el franquismo, el nacionalcatolicismo, la universidad, algunos miembros de su familia más cercana, el papel social de la mujer, etc. nada escapa a su aguda e inteligente manera de mirar.
Un análisis crítico, apoyado en la lectura de obras religiosas, filosóficas o científicas cuyos autores cita, que pone de manifiesto lo que le preocupó a lo largo de unos años en los que descubrimos su hedonismo, su interés por el sexo, su curiosidad intelectual, su evolución de un cristianismo basado en la culpa hacia un taoísmo que relativiza todo lo que pasa y que ahuyenta el temor a la muerte porque fuera del espacio-tiempo lo que ha sido siempre es.
La presencia de la muerte resulta una constante en el libro y ante ella Pániker reacciona más como un observador que como alguien afectado directamente, aunque se trate de su abuela, su padre o su segundo hijo. En realidad sus dotes de observador determinan el contenido de Primer testamento. Científico y filósofo, ingeniero y humanista, observa y analiza lo que ve y lo que le sucede en un ejercicio de introspección en el que destacan sus ansias de libertad, de belleza, de trascendencia y su necesidad de amar y ser amado (habla de él mismo como un joven guapo y es muy bella la chica de ojos verdes de la que se enamora y que será su primera mujer, Nuria Pompeia).
Las últimas páginas de Primer testamento están destinadas precisamente a explicar la relación matrimonial por completo burguesa que establece con Nuria. Relación en la que ambos actúan como se espera lo haga una pareja de su clase. Pero… Nosotros, durante años, fuimos trampeando. La falta de información y la necesidad de amparo retrasaron la crisis… No se podía negar la buena intención. Sólo que una sutil y subterránea corriente de tristeza, de mentira verdadera, de asilo de enajenados, se colaba en el ambiente.
La historia continúa. Por fortuna Salvador Pániker ha escrito más libros.