jueves, 18 de mayo de 2017

EL LIBRO DE JONÁS

Vuelvo de la biblioteca con El libro de Jonás, obra de un autor del que no había leído nada todavía, a pesar de saber que ha recibido varios premios, entre ellos el Azorín de novela por Hotel Paradiso en el 2014, se trata de Ramón Pernas.
En la contraportada nos explican que El libro de Jonás es una narración delicadamente literaria y evocadora basada en las voces de sus protagonistas, desde su infancia en un pueblo gallego costero, Vilaponte, hasta el comienzo de su ancianidad…
El principal protagonista del relato es un profesor de universidad jubilado que regresa de vez en cuando a la localidad en la que nació y va rememorando sucesos de la lejana niñez.
Así conocemos la gran influencia que ejerció sobre él, y que se mantendrá hasta el final de la historia, Justo Pastor Blanco, también llamado Jonás, que perdió un ojo a los 9 años a consecuencia del golpe de una varilla de paraguas lanzada por otro niño mientras jugaban.
La pérdida de un ojo no supuso ningún drama para el pequeño, ya que el ojo restante poseyó desde esa fecha la facultad de ver el futuro, dando lugar así a que Justo Pastor se sintiese de sobra compensado.
Justo Pastor Blanco tenía tres hermanas: Áurea, Argentea y Cobre. En el pueblo vivía también un misterioso sastre ciego, Nicanor Corbelle, que contaba a los chavales historias de ahogados y desaparecidos, en las que la muerte desempeñaba un papel primordial.
Mientras el profesor rememora todo esto, en Vilaponte permanece sólo, soltera como él, Argentea, su amor de juventud. Ninguno de los dos conoce el paradero de Justo Pastor Blanco, que abandonó el pueblo cuando todos eran jóvenes. El profesor sabe que está vivo porque así se lo aseguró Humberto Rey, un marino que llegó a Vilaponte diez años atrás, abrió la  librería Nemo y se convirtió en su compañero de tertulias librescas.  
En el tercer capítulo es Argentea la que relata sus experiencias de adulta, que le conducen a casarse con el profesor en los umbrales de la vejez.
En el cuarto, la narración corre a cargo de Humberto Rey.
Tras ellos, retoma el relato el profesor tres capítulos más. En el octavo será la mujer, convertida por fin en su esposa, la que habla.
El desenlace de la historia lo dejará Ramón Pernas a la responsabilidad del profesor en los capítulos noveno y décimo.
Resulta complicado destacar lo que podría ser más positivo en  El libro de Jonás por la enorme cantidad de cuestiones que Ramón Pernas aborda en sus doscientas ochenta y seis páginas y que, a mi parecer, siempre a mi parecer, provocan tal dispersión en la mente del lector que cuesta ocuparse de una de ellas.
A pesar de las complicaciones apuntadas, centrándonos en la figura del profesor, creo que darían para un buen libro los recuerdos de la infancia, que el escritor asocia al lugar de origen utilizando un bello lenguaje y numerosas referencias literarias (La Isla del Tesoro, Moby Dick, El motín de la Bounty, La travesía del Snark,…).
Junto a esos recuerdos, son destacables las formas de tratar el amor de juventud transformado en maduro, el inesperado matrimonio al iniciarse la vejez con la consiguiente limitación del espacio privado, la consciencia de la fugacidad de la vida o los lamentos por la pérdida del vigor que requiere la nueva pareja.  
Pero luego están las hermanas de Justo Pasto Blanco cada una con su singular historia: Argentea y su sexualidad saciada, Aurea, casada con un guardia civil al que ETA asesina en el País Vasco, y Cobre, que ejerce la medicina en África como miembro de una organización internacional.
Está Humberto Rey, el oscuro pasado que deja entrever, la organización de la librería, sus amores…
Está el misterio de Justo Pastor Blanco y el porqué del sobrenombre de Jonás.
Y para acabarlo de arreglar, está la omnipresente figura del sastre ciego Nicanor Corbelle que Ramón Pernas recupera en la última parte de la historia, convirtiéndolo en el promotor de una asociación de diablos de la que no acabo de ver la finalidad y el encaje en la mayoría de los capítulos

miércoles, 10 de mayo de 2017

ENTRE CIELO Y TIERRA

De nuevo traigo a Opticks un libro que me han recomendado, aunque éste no lo había leído antes ni estaba enterada de que tiene continuación. Se trata de Entre cielo y tierra, primer título de una trilogía escrita por el autor islandés Jón Kalman Stefánsson. En la contraportada aparecen los restantes títulos de la trilogía, a saber, La tristeza de los ángeles y El corazón del hombre.
De la lejana Islandia conozco sólo a Arnaldur Indridason y su nóvela del género negro La mujer de verde. La obra de Jón Kalman Stefánsson resulta muy distinta, en ella no hay tramas policiacas ni asesinatos muertos y el paisaje sobresale como determinante: Las montañas se alzan imponentes sobre la vida, la muerte, y también sobre las casas apiñadas en la lengua de tierra.
Y junto a las montañas el mar que modeló con su furia de siglos los fiordos y de cuya riqueza la población se vale para sobrevivir, a pesar de que el trance de obtenerla suponga para muchos pasar a formar parte del marítimo reino de los ahogados: Las autoridades y los comerciantes quizá gobiernen nuestros míseros días, pero el mar y las montañas reinan sobre nuestras vidas.
Las vidas de unas personas que vivieron hace ya cien años y que Jón Kalman Stefánsson pretende rescatar del olvido utilizando las palabras: Nuestras palabras son como brigadas de salvamento, que nunca desisten en su cometido, rescatar sucesos del pasado y vidas extintas del agujero negro del olvido.
Al principal protagonista de Entre cielo y tierra Jón Kalman Stefánsson no le adjudica un nombre, nos lo presenta como el muchacho. De hecho, la trilogía se denomina así: Trilogía del muchacho.
El muchacho y su amigo Bárdur son pescadores y regresan a la vivienda del patrón de la barca en la que faenan para reunirse con los compañeros y salir a pescar bacalao. Vuelven desde Lugar, localidad en la que han comprado provisiones, periódicos y varios libros, entre ellos El paraíso perdido de John Milton. El viaje dura más de tres horas por senderos escarpados y peligrosos, en los que se reparten el espacio la nieve de las montañas y el fuego de los volcanes. Hablan de poesía, de los sueños, de todo los que nos mantiene despiertos. Bárdur piensa en la joven que ama. El muchacho en que quiere hacer algo en esta vida, aprender idiomas, leer mil libros, llegar hasta la esencia de las cosas…
La historia continúa y vamos conociendo nuevos personajes masculinos y femeninos, nunca de manera superficial; el autor muestra el interior de cada uno, sus deseos, sueños, frustraciones.
Junto a los vivos, los que han muerto ahogados pasean por las páginas de Entre ecielo y tierra en una especie de realismo mágico similar al que podemos hallar en Pedro Páramo de Juan Rulfo. El infierno es no saber si estamos vivos o muertos…, estar muerto y darte cuenta de que no prestaste atención a la vida mientras podías hacerlo.
Los poemas de John Milton, la belleza cruel de una naturaleza salvaje, la soledad y el aislamiento de unas personas que luchan por sobrevivir, los sueños de los que ansían otra clase de lucha, el enfrentamiento sin sentido con un destino aciago, la solidaridad, la muerte, la amistad, la esperanza. Esto y mucho más, expresado con palabras sentidas y un enorme lirismo, convierte al libro de Jón Kalman Stefánsson en una obra muy recomendable con la que disfrutarán todos los amantes de la mejor literatura.

jueves, 4 de mayo de 2017

UNA BENDICIÓN

Compruebo al principio del libro que hoy traigo a Opticks, Una bendición de Toni Morrison, que la primera edición en español se realizó el año 2009; fue precisamente ese año cuando mi amigo Manolo me lo prestó para que lo leyera.
Deduje lo anterior porque, al empezar a leer la citada obra, prestada de nuevo, el contenido y la manera de escribir no me eran ajenos. Así que busqué entre las fichas que guardo de los libros recomendados por Manolo y encontré la correspondiente a éste.
Aun así debo decir que ha sido grato volver a leerlo, aunque de entrada no lo recordase en absoluto. ¡Ah la memoria!
En ocasiones he afirmado que los libros que escogía mi inolvidable amigo eran siempre buenos, no demasiado fáciles de leer y generalmente pesimistas. Características todas que aparecen en Una bendición; junto a las cuales yo añado que los sentimientos descritos y la sensibilidad con la que se exponen son propios de una mujer de raza negra.
En la ficha que realicé el año 2009 resumo el contenido del libro explicando que se trata de “una historia de esclavitud a finales del siglo XVII en tierras de América del Norte, entonces colonia británica”.
El principal protagonista masculino es Jacob Vaark, un comerciante que hereda de un tío al que no conocía una considerable extensión de terreno y decide montar una granja en la que, poco a poco y por diversas razones, se reúnen cuatro mujeres. Junto a su esposa inglesa, Rebekka, que Jacob consiguió de unos padres para los que suponía una carga y que poseía las cualidades que demandaba “que no fuese beata, en edad fértil, obediente pero no servil, que supiera leer pero no fuese orgullosa, independiente pero que le cuidara”; tres sirvientas: la indígena Lina, única superviviente de una tribu autóctona, acogida durante un tiempo por un grupo de presbiterianos y comprada después por él; Dolor, mestiza de origen desconocido a la que abandonaron y Florens, esclava negra que de niña entregó su madre a Jacob como pago de una deuda que el dueño de ambas había contraído con el comerciante.
El título Una bendición tiene su origen en esa entrega, la madre ofrece a la hija a un hombre que cree podrá cuidarla, con el objetivo de que no comparta su misma suerte.
Aunque todos los personajes femeninos son importantes, Florens, sobresale sobre las demás  y es la única que habla en primera persona. El relato comienza cuando la joven, que ha cumplido ya dieciséis años y vive en la granja, al morir Jacob de viruela y enfermar su mujer, va a buscar al herrero que trabajó el hierro en la mansión que el señor quiso construir a imitación de los grandes propietarios que conocía. Dicho herrero, un hombre libre de raza negra, conoce remedios capaces de curar a Rebekka. El viaje de Florens en su busca, enamorada de él desde que realizó las rejas de la casa, es tanto físico, a través de territorios salvajes e inhóspitos, como espiritual, hacia el amor y la libertad.
El libro, lo he apuntado antes, no resulta fácil de leer, la historia avanza y retrocede en el tiempo; se insiste una vez y otra sobre las motivaciones de los personajes, las relaciones entre ellos, las circunstancias que mediatizan comportamientos, el enfrentamiento continuado a un medio hostil y la influencia que todo ello tiene sobre la evolución personal de cada uno de los individuos.
En general en Una bendición, cuyo contenido denso, profundo y de gran belleza impresiona y hace pensar, creo que Toni Morrison, Premio Nobel 1993 y Premio Pulitzer 1988, pretende destacar no sólo la esclavitud de la población negra, sino otras muchas esclavitudes, por ejemplo, las provocadas por la ambición, el egoísmo, la religión, la apariencia, etc. Esto también lo apunté en mi ficha de hace ocho años.

jueves, 27 de abril de 2017

EL BUEN NOMBRE

El 3 de diciembre de 2012 escribí en Opticks la reseña de un libro de relatos de Jhumpa Lahiri designado Mejor Libro del año 2008 por el periódico The New York Times, se titulaba Tierra desacostumbrada.
Ahora, abril de 2017, he tenido la oportunidad de leer de nuevo una obra de la citada autora. En este caso se trata de una novela, El buen nombre, que publicó el año 2003, tras la obtención en el 2000 del Premio Pulitzer por Intérprete de emociones, que era también una colección de relatos.
Apunto lo anterior porque hay escritores especialistas en el relato pero que fallan en la novela. Sin embargo, Jhumpa Lahiri, aun tratando en El buen nombre los temas que podemos hallar en los relatos, por ejemplo, emigración y desarraigo, adaptación a una nueva cultura o conflictos generacionales, por citar algunos, no escribe páginas de más, es decir, no alarga la historia innecesariamente, sino que lo que cuenta forma parte de un todo que atrapa e interesa desde el principio.
En El buen nombre Jhumpa Lahiri construye, con ese estilo claro y preciso que la caracteriza, una novela de identidades, de búsqueda de un lugar propio en un mundo cambiante y de los conflictos personales y familiares que esa búsqueda lleva consigo.
La historia que nos cuenta abarca las cuatro últimas décadas del siglo XX y se inicia con la vida en común en Boston de Ashoke y Ashima Ganguli, un matrimonio indio cuya boda fue acordada por las respectivas familias. Ashoke es ingeniero, ha encontrado trabajo en Estados Unidos y no tiene demasiadas dificultades para adaptarse al nuevo ambiente. Ashima, que acaba de quedarse embarazada, echa de menos a su familia, junto a todo lo que ha dejado atrás, e intenta conservar las tradiciones que aprendió de pequeña en cuanto a vestimenta, comidas y costumbres.
Ashoke y Ashima quieren que sea la abuela de la joven la que les comunique mediante una carta el nombre que le gustaría tuviese la criatura que ha de nacer. Llega el parto y no la carta. Como la administración del hospital les exige que pongan un nombre al niño, Ashoke recuerda el accidente de tren que estuvo a punto de costarle la vida en su país, y del que se salvó gracias al libro de Nikolái Gógol que iba leyendo, así que decide llamarlo Gógol.
Gógol, hijo de bengalíes, ciudadano estadounidense y de nombre ruso, crece entre dos culturas. Sus padres complementan la más lejana viajando los tres a la India, y más tarde los cuatro, tras el nacimiento de su hermana Sonia.
Gógol y Sonia han de buscar un cobijo entre ambas culturas, integrar la una con la otra y encontrarse a sí mismos; aunque la novela se centra sobre todo en Gógol: infancia, adolescencia y madurez, y en su lucha por lograr una identidad propia, conquistar un espacio personal, sin que eso suponga rechazar, como hizo durante mucho tiempo, las enseñanzas familiares.
El hecho de que Jhumpa Lahiri sea una experta en Literatura, con varios títulos universitarios y un máster en escritura creativa, se nota en la maestría como está escrito el libro: en tercera persona, exactitud en las descripciones, frases cortas y directas y gran habilidad al presentar estados emocionales, lo que contribuye, junto a la importancia del tema tratado, a que El buen nombre se lea con facilidad e interés.
Por otro lado, está claro que Jhumpa Lahiri, nacida en Londres de padres bengalíes,  ha debido vivir situaciones similares a las que aparecen en El buen nombre. Al igual que ella misma, los personajes pertenecen a clases medias acomodadas en las que la educación tiene mucha importancia, y son abundantes las alusiones a obras literarias, músicas y usos y costumbres propios de esos ambientes.
Sólo muy de pasada se alude a la Calcuta mísera  y en ningún momento se plantean enfrentamientos serios que supongan marginar o rechazar a los que provienen de otra cultura.




jueves, 20 de abril de 2017

LA AMIGA ESTUPENDA

Cuando recogí en la biblioteca el libro de Elena Ferrante titulado Un mal nombre, Isa me advirtió que era el segundo de una trilogía. Mi respuesta fue que me daba igual, sólo quería saber cómo escribía una autora de la  que tanto me habían hablado. De la impresión que me causó el citado libro dejé constancia en Opticks el pasado 18 de octubre.
Ahora, después de que en uno de los grupos de lectores de los que formo parte decidieran leer La amiga estupenda, primer título de la trilogía, pienso que no me precipité en mi elección, porque el hecho de conocer en gran parte el desenlace de la historia iniciada en este volumen ha contribuido a que disminuya el interés por dicho desenlace, lo que me ha permitido centrarme más en todo aquello que lo provoca: ambientes familiares y sociales, caracteres, relaciones que se establecen entre los distintos protagonistas, etc.
También es cierto que la autora o el autor (hay páginas que creo más propias de una imaginación masculina), profundiza con gran habilidad en la psicología de los personajes y describe muy bien los ambientes en los que éstos se desenvuelven y sus respectivos modos de actuar, así que resulta sencillo e interesante investigar las causas de los hechos narrados.
La amiga estupenda se inicia con un preámbulo o introducción en el que Elena Greco (Lenú) ya una señora de más de 60 años que vive en Turín, recibe la llamada desde Nápoles de Rino, hijo cuarentón y bastante inútil de Raffaela Cerullo (Lila o Lina), comunicándole que su madre lleva dos semanas desaparecida.
La amistad entre Lila y Lenú comenzó en la infancia, al haber nacido ambas a mediados del siglo XX en un barrio marginal de Nápoles y compartido colegio y experiencias. Lina fue siempre una persona brillante, decidida y libre. Lenú, más insegura, creció bajo la influencia de la fuerte personalidad de su amiga. Una amiga que le había confesado en varias ocasiones sus deseos de desaparecer, de volatilizarse; y da la impresión de haberlo conseguido ya que su hijo no encuentra ni un solo rastro de ella en la casa, hasta ha cortado la parte de las fotografías en las que podía verse su imagen.
La reacción de Lenú es de enfado; tanto, que decide escribir la historia de la desaparecida para que quede constancia de su existencia y no logre de nuevo cumplir sus propósitos.
En La amiga estupenda Lenú explica el nacimiento de su amistad con Lila y el modo como ésta evoluciona durante la infancia y la adolescencia. Junto a la evolución de su amistad, detalla las distintas transformaciones físicas que ambas experimentan e insiste una vez y otra en el vínculo que las une, pese a lo antagónico de unos caracteres que las conducen a transitar por diferentes caminos, Lenú asciende en la escala social gracias a los estudios y Lila busca otros medios para ese ascenso.     
Aunque el eje central de la novela sea la relación entre las chicas, el resto de las personas que intervienen en el relato, pertenecientes sobre todo a nueve familias que habitan el barrio, están fabulosamente bien caracterizadas: aspecto físico, miedos, envidias, sueños, fracasos…
La narración es ágil y elegante. Los detalles que diferencian a unas clases de otras, por ejemplo hablar en dialecto o en italiano clásico, resultan siempre significativos. La historia atrapa desde la primera página y es rica en vocabulario y matices.
En resumen, por lo escrito hoy y por lo que escribí en la anterior reseña, pienso que la trilogía de Elena Ferrante será sin duda un excelente regalo con el que celebrar el Día del Libro.

jueves, 13 de abril de 2017

PRIMER TESTAMENTO

Hoy, Jueves Santo, día en el que las calles de España se llenan de procesiones, traigo a Opticks el libro de una persona a la que no agradaban demasiado dichas manifestaciones religiosas, salvando las saetas, expresión real de un sufrimiento secular.
El libro es Primer testamento y la persona el escritor catalán, fundador de la editorial Kairós, Salvador Pániker, que murió el  pasado 1 de abril a los 90 años y cuya vida desde el principio consistió en una larga búsqueda. En Primer testamento, publicado en 1985, habla, a modo de dietario o de diario, de los tiempos en los que esa búsqueda se inicia.
Salvador Pániker nació en Barcelona en 1917. Su padre era un indio cosmopolita de educación británica y su madre una joven de la alta burguesía catalana. De ese matrimonio nacieron cuatro hijos, Salvador fue el menor, lo que, unido a la diferencia de edad con sus hermanos, originó que le mimasen más que al resto. Todo esto lo cuenta él mismo cuando, aquejado de los problemas de salud que padeció a lo largo de su vida adulta, se le ocurre mirar hacia atrás y poner por escrito los recuerdos de entonces a la luz del ahora.
Surge así ante los ojos del lector una completa panorámica del tiempo transcurrido entre el nacimiento del escritor y el año 1956, fecha en la que termina este Primer testamento. Esa panorámica, que tiene sobre todo como marco central la ciudad de Barcelona, incluye ciencia, filosofía, literatura, política, música y religión, mucha religión, y junto a la religión, las dudas.
Salvando las tremendas distancias de edad, clase social, cultura y sexo, es fácil identificarse con el adolescente inquieto que busca respuestas, que oculta su profunda insatisfacción bajo una pose cínica, que critica las incongruencias que ve a su alrededor y, en soledad, se critica a sí mismo con enorme dureza, saber lo que quiero, vivir como quiero.
La crítica está presente desde el principio al fin del relato y en ocasiones es demoledora, porque el autor la justifica siempre con ejemplos concretos: los jesuitas, el nacionalismo, el Opus, el franquismo, el nacionalcatolicismo, la universidad, algunos miembros de su familia más cercana, el papel social de la mujer, etc. nada escapa a su aguda e inteligente manera de mirar.
Un análisis crítico, apoyado en la lectura de obras religiosas, filosóficas o científicas cuyos autores cita, que pone de manifiesto lo que le preocupó a lo largo de unos años en los que descubrimos su hedonismo, su interés por el sexo, su curiosidad intelectual, su evolución de un cristianismo basado en la culpa hacia un taoísmo que relativiza todo lo que pasa y que ahuyenta el temor a la muerte porque fuera del espacio-tiempo lo que ha sido siempre es.
La presencia de la muerte resulta una constante en el libro y ante ella Pániker reacciona más como un observador que como alguien afectado directamente, aunque se trate de su abuela, su padre o su segundo hijo. En realidad sus dotes de observador determinan el contenido de Primer testamento. Científico y filósofo, ingeniero y humanista, observa y analiza lo que ve y lo que le sucede en un ejercicio de introspección en el que destacan sus ansias de libertad, de belleza, de trascendencia y su necesidad de amar y ser amado (habla de él mismo como un joven guapo y es muy bella la chica de ojos verdes de la que se enamora y que será su primera mujer, Nuria Pompeia).
Las últimas páginas de Primer testamento están destinadas precisamente a explicar la relación matrimonial por completo burguesa que establece con Nuria. Relación en la que ambos actúan como se espera lo haga una pareja de su clase. Pero… Nosotros, durante años, fuimos trampeando. La falta de información y la necesidad de amparo retrasaron la crisis… No se podía negar la buena intención. Sólo que una sutil y subterránea corriente de tristeza, de mentira verdadera, de asilo de enajenados, se colaba en el ambiente.
La historia continúa. Por fortuna Salvador Pániker ha escrito más libros.

 

  

lunes, 3 de abril de 2017

MIRLO BLANCO,CISNE NEGRO

Leer la prosa de Juan Manuel de Prada supone siempre una lección, por su estilo denso y cuidado, por la riqueza de vocabulario que utiliza y por sus metáforas y giros sintácticos tan personales y deslumbrantes.
Todo ello lo podemos encontrar en el libro que hoy traigo a Opticks titulado Mirlo blanco, cisne negro.
La primera impresión que te produce la lectura de Mirlo blanco, cisne negro es que se trata de una sátira despiadada contra el mundillo que rodea a la literatura en general. No queda nada a salvo: editoriales y editores, suplementos literarios, autores consagrados, el escritor los llama “viejas glorias”; autores noveles, para Juan Manuel de Prada “nocilleros”; magnates o “mangantes” de la prensa, antólogos “cantamañanas”, blogueros “misacantanos” etc.
Luego, conforme te adentras en el libro y vas reflexionando, comprendes hasta qué punto la novela es también un ensayo sobre lo que es y lo que debiera ser la Literatura, las dificultades de todo tipo a las que se enfrenta el creador, pienso que cualquier creador no sólo el que escribe.
Al mismo tiempo Juan Manuel de Prada analiza la relación que puede establecerse entre maestro y discípulo, sin quedar en la novela clara cómo debería ser esa relación para beneficiar al uno y al otro.
Los sucesos narrados en Mirlo blanco, cisne negro los relata en primera persona uno de los protagonistas, cuando ya han transcurrido bastantes años de que acaeciesen. Se trata de Alejandro Ballesteros, un joven que obtuvo cierto éxito al publicarle el editor Ramiro Cifuentes una colección de cuentos más o menos fantásticos que tituló Un debut prodigioso. Deseando proseguir el camino iniciado, pero sin demasiada confianza en sí mismo, el joven escritor se traslada a Madrid, encuentra alojamiento con Paloma, una chica que poco después se convierte en su novia, empieza a escribir una novela que titula Madonna y, con su primer libro en ristre, se dedica a asistir a todos los saraos literarios, esperando entrar en un mundo que se describe con sarcástica ironía.
En uno de los festejos conoce a Nieves, la atractiva esposa de Octavio Saldaña, autor de El arte de pasar hambre, una obra que él leyó con 17 años y que le pareció excepcional. Ante la simpatía y receptividad de la mujer, Alejandro le entrega Un debut prodigioso buscando conocer la opinión del marido. Mientras le llega la respuesta, busca el libro de Octavio Saldaña para leerlo de nuevo, quedando de nuevo admirado, y se informa sobre las actividades actuales de Saldaña, descubriendo que, por su forma de ser directa y libre, al margen de cualquier norma social o corrección política, se ha convertido en una especie de apestado que dejó de escribir y critica a todo el mundo en un programa de radio que dirige y cuyo director lo soporta porque la crítica destructiva que ejerce, aunque disguste a muchos, aumenta la audiencia.
Pronto entre Alejandro Ballesteros y Octavio Saldaña se establece una relación de maestro discípulo, en la que Saldaña, cisne negro, pretenderá dirigir y encauzar en una determinada dirección a Ballesteros, mirlo blanco.  
La historia va progresivamente complicándose con la aparición de nuevos personajes y acontecimientos. Pero todo eso tendrá que descubrirlo el posible lector. A mí me queda por decir que Mirlo blanco, cisne negro es una obra polémica por el tema que trata y la manera que tiene Juan Manuel de Prada de tratarlo, dejando al margen la forma de escribir del autor a la que ya he aludido al principio de la reseña.

martes, 28 de marzo de 2017

EL AZAR Y VICEVERSA

El azar y viceversa es el primer libro que leo del escritor gaditano (nació en Rota) Felipe Benítez Reyes. Se trata de una novela y apunto lo de Rota porque la historia que relata el personaje principal, Antonio Escribano Rangel,  en primera persona, con un breve paso a la tercera, transcurre en gran parte en esa población desde los años 60 a la actualidad.
Rota, un pueblo de tradición marinera y agrícola, experimenta una modernización acelerada al instalar los estadounidenses la base militar. Desde Estados Unidos llegan automóviles, músicas y costumbres. Aparecen la droga, los clubes de alterne o el contrabando y proliferan grupúsculos de izquierdas poco partidarios del militarismo yanqui.
En ese ambiente, descrito por Benítez Reyes a través de las personas que pueblan la narración, se desenvuelve Antonio, al que iremos conociendo por otros nombres como El Rányer, Padilla, Jesús o Tony, un  pícaro que, a lo largo de las 508 páginas de la obra, nos cuenta, junto con su vida, la manera que tiene de interpretar el mundo, lo que añade a las continuas peripecias que le ocurren una profunda y filosófica reflexión.
El joven pierde a su padre a los 13 años y aunque era buen estudiante, su madre insiste en que ha de trabajar. Cada uno de los distintos jefes a los que sirve le aportan algo: la colección de insectos de García de Quirós, con la que hace una fogata por no saber qué otra utilidad darle; las nociones de latín de Mario Vidal, de fotografía de Gavilla o de cocina cuando entra de pinche en el club de la tropa de la base, por citar algunas de las muchas ocupaciones que encuentra o busca para sanear en lo posible su de ordinario maltrecha economía.
Junto a trabajos de lo más diverso están los amores: Silva, Macarena, Lali, Mabel, Neli… y las amistades de lo más diverso también: Joseli, Carmelo, Cupido López, Beltran, Kwan… con las que frecuenta los bares, en especial el Hades, fuma de todo y se introduce aún más en el mundo de la picaresca.
Pese a lo poco edificante de su existencia, Antonio es un personaje que cae bien al lector por su sentido del humor, su optimismo y su particular filosofía: Todos llevamos una triple vida, sustentada en tres pilares: lo que creemos ser, lo que quisiéramos ser y lo que en verdad somos. La mezcla de los tres elementos suele resultar bastante mala, aunque conviene mostrarse optimista y hacerse cuanto antes a la idea de equilibrar de la mejor manera posible esa conjunción desconcertante.
Es imposible resumir toda la riqueza que encierra el libro de Benítez Reyes, que es un maestro en el tratamiento de los personajes secundarios, además de los ya citados: los padres de Antonio, el padrastro Fantomas y, conforme avanza el tiempo, el Fiti con el que se traslada a Cádiz y lo suplanta en la universidad para estudiar Filosofía a la que es tan aficionado; el Tunecino que le supone un nuevo traslado, esta vez a Sevilla, modifica su aspecto y lo convierte en un atildado hombre de negocios; María con la que se casa vestido de chaqué, y finalmente Inma, insisto, por citar sólo a los más sobresalientes entre la profusión abigarrada de seres más o menos excéntricos que pueblan la novela.
Resumiendo, El azar y viceversa de Felipe Benítez Reyes es una extraordinaria novela picaresca que, como el Lazarillo, posee un marcado carácter oral, conjuga la ironía, la ternura, el humor y la crítica social magistralmente, y el ritmo trepidante que el autor imprime al relato contribuye a que se lea con interés y agrado, pese a sus 508 páginas.

martes, 21 de marzo de 2017

DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA

Ayer, en uno de los grupos de lectores a los que pertenezco, hablamos de poesía y aparecieron los nombres habituales: Neruda, Alberti, García Lorca, Miguel Hernández, los Machado… Muchos hombres y ninguna mujer.
Por eso, hoy, 21 de marzo y equinoccio de primavera, fecha en la que se celebra el Día Mundial de la Poesía, traigo a Opticks a dos poetas o poetisas, una más conocida, Gloria Fuertes, y otra no tanto, al menos para mí, Ángela Figuera Aymerich, cuyos poemas, destinados al público infantil, tuve ocasión de leer hace algún tiempo en una antología titulada El silbo del aire, pero que ahora he descubierto como poeta comprometida con el bienestar de las personas y su entorno gracias a una componente del grupo.

De Gloria Fuertes  este año se ha empezado a hablar bastante, es la conmemoración del centenario de su nacimiento (Madrid en 1917). Yo la conocí en Granada, cuando empezaba a valorarse mucho su poesía, en especial la dedicada a los niños. Me pareció una mujer sencilla y cercana, a la vez que profunda y consciente de la realidad de su tiempo. Algo que más tarde pude comprobar leyendo el libro Obras incompletas que ella misma prologó, exponiendo sus inquietudes y explicando las características de su poesía: Mi obra, en general, es muy autobiográfica, reconozco que soy muy “yoista”. Lo que a mí me sucedió, sucede o sucederá, es lo que ha sucedido al pueblo, es lo que ha ocurrido a todos, y el poeta sabe, más o menos, mejor o peor, contarlo, necesita decirlo, porque necesitáis que lo digamos.

NO DEJAN ESCRIBIR

Trabajo en un periódico
pude ser secretaria del jefe
y soy sólo mujer de la limpieza.
Sé escribir, pero en mi pueblo
no dejan escribir a las mujeres.

Al igual que Ángela Figuera, Gloria Fuertes fue poeta de postguerra: En los primeros años de nuestra postguerra, al palparnos vivos, a pesar y todavía, necesitábamos gritar –como todo superviviente- que estábamos aquí, que nos llamábamos así, que sentíamos de aquella manera.

CANTAMOS CONTIGO

Ven a jugar con nosotros,
nosotros somos unos buenos chicos.
Hemos cambiado el fusil por una escoba,
vamos a barrer la trinchera.
Hemos cambiado la bomba de mano
por una mano en la mano.

Sin embargo su gran éxito lo consiguió al hacer del público infantil sujeto y destinatario fundamental de sus poemas:

VERSOS DE LA MADRE

Cierra los ojitos,
mi niño de nieve.
Si tú no los cierras,
el sueño no viene.
Arriba, en las nubes,
las estrellas duermen,
y abajo, en el mar,
ya sueñan los peces.

O los muchos que protagonizan animales:

TODO EN SU SITIO

Los lobos, en el monte;
Los pollitos, en el corral,
Los peces, en el agua;
Los barcos, en el mar.

Ángela Figuera Aymerich nació en Bilbao en 1902 y murió en Madrid en 1984. De familia republicana, padeció en especial los rigores de la postguerra. Posteriormente fue profesora de Lengua y Literatura en diversos institutos. Su poesía, más ligada a los estándares clásicos que la de Gloria Fuertes, sin que podamos considerarla por completo como poesía social, expresa su compromiso con el ser humano y es un grito de denuncia contra las situaciones de injusticia, desigualdad o violencia:

NO QUIERO

No quiero
que los besos se apaguen
ni la sangre se venda
ni se compre la brisa
ni se alquile el aliento.
No quiero que el trigo se queme y el pan se escatime.
No quiero
que haya frío en las casas,
que haya miedo en las calles,
que haya rabia en los ojos.
No quiero
que en los labios se encierren mentiras,
que en las arcas se encierren millones,
que en la cárcel se encierre a los buenos.

Ángela Figuera también escribe para niños:

ANTOJOS

-Mamá, yo quiero la luna…
-Hijo mío, está muy alta…
-Mamá, yo quiero un caballo…
-Hijo, si no tienes cuadra.
-Mamá, quiero un pececito…
-¿Y quién lo saca del agua?...
-Mamá, yo quiero una piedra…
-Eso, sí…Ten dos, y calla.
Termino la conmemoración del Día Mundial de la Poesía con un nuevo poema de Ángela Figuera que dedico, como seguro hubiese querido ella, a todas las personas amen la poesía.

UNIDAD

Si todos nos sintiéramos hermanos.
(Pues la sangre de un hombre, ¿no es igual a otra sangre?)
Si nuestra alma se abriera (¿No es igual a otras almas?)
Si fuéramos humildes. (El peso de las cosas,
¿no iguala la estatura?)
Si el amor nos hiciera poner hombro con hombro,
fatiga con fatiga
y lágrima con lágrima.
Si nos hiciéramos unos.
Unos con otros.
Unos junto a otros.
Por encima del fuego y de la nieve;
aún más allá del oro y de la espada.
Si hiciéramos un bloque sin fisura
con los dos mil millones
de rojos corazones que nos laten.
Si hincáramos los pies en nuestra tierra
y abriéramos los ojos serenando la frente,
y empujáramos recio con el puño y la espada,
y empujáramos recio, solamente hacia arriba,
qué hermosa arquitectura se alzaría del lodo.

lunes, 13 de marzo de 2017

SUEÑOS EN EL UMBRAL

En los distintos medios de comunicación se hace referencia al conflicto entre ciertos países de la Unión Europea y Turquía, a consecuencia de los impedimentos que estos países ponen a las campañas políticas del presidente turco Erdogan, que pretende convocar un referéndum para controlar todo el poder por tiempo indefinido.
Estas noticias me han recordado el libro de Fatema Mernissi, socióloga y escritora marroquí, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2003,  titulado Sueños en el umbral.
Fatema Mernissi nació en Fez en 1940, cuando Marruecos estaba ocupado por los franceses y en la sociedad del territorio pervivían las antiguas tradiciones. Así que la niñez y pubertad de Fatema transcurrió entre las paredes de un harén en el que vivían su abuelo paterno y sus mujeres, un tío de la niña y las suyas, sus propios padres y otros familiares, ya que todos ellos pertenecían a la clase acomodada de la ciudad y podían permitírselo.
Sueños en el umbral es el relato en primera persona de las vivencias de la futura socióloga en esa época, el choque entre unas costumbres que su madre y algunas mujeres del harén criticaban frente a las que, también en el harén, defendían la tradición oponiéndose a los cambios. Ahí aparece una referencia a Atatürk, el primer Presidente de la República de la Turquía democrática y laica, que otorgó a las mujeres idénticos derechos que a los hombres, algo que se envidiaba en el harén al conocerse las noticias.
Al igual que hiciera Shrezade en los cuentos de Las mil y una noches, en dieciocho capítulos Fatema va narrando lo que ocurre en su entorno, tanto en Fez, en un harén de ciudad, como en las visitas que realizaba a su abuelo paterno y a su abuela Yasmina en las propiedades que éste tenía en el campo. De las esposas del abuelo, Yasmina era la más libre y decía a su nieta que nunca debía aceptar la desigualdad porque no era lógica y así lo habían mantenido Alá y Su profeta.
Sueños en el umbral, pese a que sólo tiene 299 páginas, esconde una enorme riqueza de contenido que llega al lector por medio de una niña muy querida por todos, con una madre que se rebela y desea para ella una vida distinta, pero sin estridencias, sin rupturas, citando unos orígenes en los que las mujeres desempeñaron una importante función social y, como Shrezade, destacaron por su sagacidad e inteligencia.
La narración para mí ha sido una gozada, recoge la belleza de la decoración que existe en el harén, de los campos cuando van a la granja, de las telas que bordan las mujeres, de los baños, del cielo cambiante que se contempla desde la terraza, de las historias que cuenta la tía Habiba o las representaciones teatrales de la prima Chama. Junto a la belleza, hay también humor en las travesuras de los niños y su esfuerzo por entender el mundo de los adultos, las triquiñuelas de que se valen las mujeres para burlar a los hombres, los cuidados faciales, los coqueteos de los primos mayores…
Belleza, humor, ternura, ingenuidad, interesantes reflexiones femeninas e historia del mundo musulmán desde el punto de vista de una mujer abierta a los cambios, pero que conoce y respeta la riqueza histórica que sustenta la cultura en la que fue educada.
Un punto de vista que Fatema Mernissi defendió a lo largo de su vida en la gran cantidad de libros que escribió, sus clases en la universidad y sus demandadas conferencias. Lo que la convirtió en una intelectual enormemente valorada dentro del mundo islámico más democrático y abierto, aunque temo que Erdogan no comparta ese punto de vista.    

domingo, 5 de marzo de 2017

NADA SE OPONE A LA NOCHE

Quizá porque entre mis lecturas más recientes están el libro de Lucia Berlin, Manual para mujeres de la limpieza, y el de Angelika Schrobsdorff, Tú no eres como otras madres, el que acabo de leer, Nada se opone a la noche, de la escritora francesa Delphine de Vigan, no me ha impresionado tanto como a la mayoría de las personas que forman el grupo de lectores.
Reconozco que Nada se opone a la noche es una obra muy bien escrita y cumple a la perfección el objetivo que se había propuesto su autora: exorcizar pasados fantasmas, reconstruyendo la historia familiar e intentando hallar las claves del trastorno mental que sufría su madre (a la que se refiere con el nombre de pila, Lucile) y de su posterior suicidio.
Delphine de Vigan piensa que se lo debía a Lucile, que era preciso escribir esa historia, ajustar las piezas del puzle integrado por parientes y amigos en una especie de ofrenda de amor a la madre que acaba de morir.
Partiendo del diario personal de la mujer, antiguas fotografías, otros testimonios gráficos, sus propios recuerdos y lo que pueden aportarle los hermanos de la madre muerta, Delphine de Vigan habla de sus abuelos, Liane y Georges, padres de Lucile, de cómo se conocieron y de la numerosa familia que crearon: nueve hijos propios y uno adoptado; de la alegría y vitalidad ruidosa y desinhibida que reinaba en la casa y del drama que se produjo cuando uno de los hijos propios y el adoptado murieron.
Habla también de las características especiales de Lucile, su extraordinaria belleza que propició se convirtiese en modelo de ropa infantil, y al mismo tiempo de su fragilidad y de sus ausencias y silencios en medio del bullicio.
Poco a poco, en una investigación con altibajos, recorre la vida de su madre, su matrimonio a los dieciocho años, el nacimiento de ella y de su hermana, el divorcio de sus padres cuando tenía seis años y su hermana dos, la aparición de la enfermedad mental que obligó a ingresarla en diversos momentos, sus distintas parejas, su forma de vivir fuera de cualquier norma y al final, sus ganas de superar el pasado, de ganarse la vida trabajando como asistente social, de cuidar de sus nietas y sus plantas.
Expuesto así, exceptuando la muerte de los chicos y la enfermedad mental de Lucille, no parece una historia demasiado brutal. Sin embargo, si a lo anterior añadimos incestos, suicidios, drogas y otras cuestiones igual de traumáticas, entendemos por qué  Delphine de Vigan se ve impulsada a realizar un exorcismo vertiendo en el papel unos hechos que, de alguna manera, justifican el comportamiento de Lucille que es presentada aquí como una víctima y, a la vez, como un ser humano admirable.
Nada se opone a la noche ha obtenido en Francia numerosos premios, lo que ha consolidado la carrera literaria de  Delphine de Vigan, que ya  presentó al público cuestiones personales en un libro anterior, Días sin hambre, en el que se refería a su anorexia.

martes, 28 de febrero de 2017

LO PROHIBIDO

Mi amiga Mila me recomienda un libro publicado en el año 1971 por la editorial Clásicos Castalia. Indico esto porque las personas encargadas de seleccionar las obras que tal editorial había de publicar, y que aparecen en las primeras páginas, poseían un prestigio intelectual indudable.
Así que no sorprende que el autor del libro recomendado por mi amiga, que se titula Lo prohibido, sea Benito Pérez Galdós.
Lo prohibido es una voluminosa novela cuyo protagonista, José María Bueno de Guzmán, relata en primera persona lo que le ocurre durante unos años tras llegar a Madrid en 1880 e instalarse cerca de un primo de su padre, su tío Rafael, agente de negocios muy valorado, que tiene un hijo soltero, Raimundo, bastante estrambótico y tres hijas casadas: María Juana, Eloísa y Camila, a cuyos maridos José María no les reconoce demasiadas virtudes.
El tal José María es hijo único de un andaluz juerguista y una inglesa puritana que, al morir, le han dejado convertido en un hombre rico educado en el puritanismo de su madre, lo que no ha contribuido a que disfrute de muchas diversiones hasta su llegada a la capital.
El ambiente de Madrid hace que el joven, con dinero y bien parecido, se integre en las fiestas y en las tertulias, se olvide de los negocios y se dedique a seducir a las jóvenes más cercanas: sus tres primas, lo prohibido.
El proceso de seducción con sus ventajas e inconvenientes ocupa toda la novela, que sería un auténtico folletín si no fuera porque Galdós es un maestro y esa maestría se expresa en la manera cómo profundiza en los distintos personajes, realizando un auténtico análisis psicológico de cada uno de ellos.
Junto al análisis de los personajes, está el retrato que hace de la sociedad madrileña en la etapa de la Restauración. Nada escapa a la agudeza de su pluma. Con tono irónico nos habla de unas gentes que viven de las apariencias, de la hipocresía de políticos y banqueros no menos corruptos que los que a diario vemos en los periódicos; de la frivolidad de las damas, su necesidad de figurar y su falta absoluta de escrúpulos que las conduce al adulterio.
Pero no todo es negativo en Lo prohibido, una de las primas de José María, Camila, no se presta a los manejos del libertino y Galdós destaca en ella características que la muestran como una mujer libre y leal en aquella sociedad corrompida. Una mujer a la que importa poco el qué dirán y que, aunque al principio José María piensa por su comportamiento extravagante, que no está en sus cabales, poco a poco va valorando su espontaneidad, el amor desinhibido que demuestra a su esposo, el desapego de la riqueza, la salud y hasta las ganas de comer, concluyendo que, si no puede tener su amor y sus favores, no renunciará nunca a su amistad.
Concluyendo, Lo prohibido, sin ser una de la novelas más conocidas de Benito Pérez Galdós, nos permite encontrarnos con su genio de escritor de culto, así como con algunos de los personajes que aparecen en otras obras suyas más conocidas, por ejemplo La de Bringas.
 

lunes, 20 de febrero de 2017

MANUAL PARA MUJERES DE LA LIMPIEZA

Afirma el escritor israelí Amos Oz que el espacio que el buen lector prefiere labrar durante la lectura de una obra literaria no es el terreno que está entre lo escrito y el escritor, sino el que está entre lo escrito y el lector mismo.
Sin embargo mi opinión es que no siempre ocurre así. Hay obras muy alejadas de tus personales circunstancias pero que reflejan la vida de sus protagonistas de una manera tan auténtica, tan especial, que deseas conocer a quien supo mirar, sentir y expresar lo mirado y sentido de ese modo.
Es lo que me ha ocurrido al terminar de leer Manual para mujeres de la limpieza de la escritora norteamericana Lucia Berlin.
Lucia Berlin nació en Alaska en 1936 y murió en California en el año 2004. Se casó y se divorció tres veces, tuvo cuatro hijos y provenía de una familia en la que algunos de sus miembros eran alcohólicos: su abuelo, su tío, su madre y ella misma.
Su infancia no fue fácil, padecía escoliosis por lo que llevaba un corsé ortopédico; eso, unido a los continuos cambios de residencia debidos al trabajo de su padre, a lo que se añadía la inadaptación y el alcoholismo de su madre, podría haber provocado que las historias que nos cuenta fuesen amargas y desesperanzadas. Muy al contrario, hay tal vitalidad en ellas, tantas ganas de sobrevivir a los fracasos y las pesadumbres, que esas historias no atraen la compasión del lector sino su admiración y su respeto.
Manual para mujeres de la limpieza contiene cuarenta y tres de los setenta y siete relatos que Lucia Berlin escribió, animada por diversos amigos del mundo de las letras y de la creación en general que supieron apreciar sus cualidades literarias y humanas. Los relatos, de extensión variable, repasan toda la vida de la autora hasta que su salud, cada vez más deteriorada, le permitió cierta autonomía, aunque su casa era una caravana y no podía prescindir de la botella de oxígeno fundamental para sus deteriorados pulmones.
En dichos relatos aparece con distintos nombres. Pero, y volvemos a lo de tener en cuenta la vida del autor, como sabemos bastantes detalles de esa vida, a pesar de que, como afirmaba en una entrevista su hijo mayor, la imaginación de Lucia era mucha, visualizamos con facilidad lo que ocurre en cada uno de ellos y la reconocemos, porque Lucia se detiene en los detalles que, aunque parezcan nimios, nos sitúan en el lugar concreto en el que suceden los hechos que narra, escondiendo además siempre una profunda reflexión.  
Lucia Berlin tuvo que desempeñar trabajos muy diversos para sacar adelante a sus hijos, mujer de la limpieza fue uno de ellos. Por consiguiente, no le resultaría difícil escribir un Manual para mujeres de la limpieza, título de uno de los relatos, elegido también para dar nombre a este libro que recomiendo hoy con entusiasmo, por las cuestiones que ya he comentado y muchas otras que seguro descubrirán los lectores.

domingo, 12 de febrero de 2017

DIENTES BLANCOS

La novela Dientes blancos se publicó en Gran Bretaña el año 2001. Su autora, Zadie Smith, de padre inglés y madre jamaicana, tenía sólo 23 años y no esperaba el enorme éxito que obtuvo la que era su primera novela, hasta el punto de convertirse en un libro de obligada lectura en muchos centros educativos.
La verdad es que ahora, con una Europa desconcertada entre el Brexit, los atentados terroristas, los populismos, el auge de la extrema derecha nacionalista y la crisis de los refugiados, el libro de Zadie Smith es de una vigencia total porque en él encontramos, descritos con ironía y una singular agudeza, algunos de los conflictos que estamos viviendo y hasta de los avances en el campo científico que, como entonces, crean polémica. 
La historia que nos cuenta Zadie Smith se desarrolla sobre todo en un barrio de Londres, iniciándose con el suicidio fallido de uno de sus protagonistas, Alfred Archivald Jones de 47 años que trabaja doblando folletos en una imprenta y al que un matrimonio frustrado impulsa a quitarse la vida. El hecho de que su plan no dé resultado, hace que Archie decida vivir de otra manera. Así que al conocer a la joven Clara Bowden, hija de una jamaicana Testigo de Jehová que desea escapar del fanatismo de su madre y de su novio igualmente Testigo, pese a la muy notable diferencia de edad, le pide en matrimonio y ella acepta.
Por otro lado tenemos a Samad Miah Iqbal, musulmán de origen bengalí que trabaja de camarero en el restaurante de un pariente y es amigo de Archie desde que combatieron en la misma patrulla durante la 2º Guerra Mundial, que se ha casado con Alsana Begum, una veinteañera de Bangladesh.
La amistad entre los hombres conduce a que las dos mujeres se hagan también amigas, quedándose embarazadas a un tiempo; Clara tiene una niña, Irie, y Alsana los gemelos Millat y Magid.
Como Samad es un musulmán fiel a su religión y vive anclado en un pasado familiar que considera glorioso, decide enviar a su tierra a Magid uno de los gemelos, porque no tiene dinero para enviarlos a los dos. Su idea es que el niño sea educado en los valores musulmanes tradicionales. Millat e Irie quedan en Londres, asisten al mismo instituto y el director, defensor del multiculturalismo, los pone en contacto con una familia de intelectuales ingleses acomodados, los Chalfens, en la que el marido investiga los efectos de la manipulación genética y la mujer es una experta en botánica.
Dientes blancos tiene 525 páginas, así que lo que acabo de contar no supone ni una mínima parte de su enorme riqueza argumental y de contenido. Zadie Smit, por su juventud al escribirla y por sus propias circunstancias familiares, puede mostrar sin riesgo a equivocarse los conflictos que viven los jóvenes: enfrentamiento con los padres para afianzar la propia personalidad, problemas de estudios y generacionales, primeros amores y escarceos sexuales, drogodependencias, etc. lo hace imprimiendo al relato un ritmo ágil y un tono desenfadado, a ratos humorístico y a ratos sarcástico, que resulta muy atrayente.
Tono con atisbos de novela negra, aunque sin olvidarse del humor, que usa cuando se refiere a la etapa bélica de Archie y Samad, y que sigue existiendo al tratar las cuestiones raciales. En este último caso hay bastante denuncia social y una mordacidad no muy frecuente en alguien tan joven.
En resumen, Dientes blancos de Zadie Smit es una extraordinaria novela que divertirá y sorprenderá al lector por su contenido, que en el año 2002 adelantó cuestiones que preocupan y mucho en 2017, y por el genial modo de ver la realidad y reflejarla que tiene esta escritora.

  

sábado, 4 de febrero de 2017

ZYGMUNT BAUMAN


Hace unas semanas leí con admiración la entrevista que Gonzalo Suárez realizó en Papel a Zygmunt Bauman. Algún tiempo después Yasmina Yousfi, una antigua y querida alumna, me hizo llegar el libro de este filósofo y sociólogo polaco de origen judío titulado VIDAS DESPERDICIADAS-La modernidad y sus parias cuya lectura acentuó en mí la admiración inicial.
Zygmunt Bauman nació en Polonia en 1925 y murió en Gran Bretaña el pasado 9 de enero. Así que posiblemente la entrevista que le hizo Gonzalo Suárez en su casa de Leeds, con motivo de la publicación del libro Extraños llamando a la puerta, sería la última que concedió.
Tanto en la entrevista como en el libro, Zygmunt Bauman plantea cuestiones de total actualidad que encontramos habitualmente en los distintos medios de comunicación. Por ejemplo, la eliminación de los desechos que, a consecuencia de la oferta continúa de novedades y el elevado consumismo, producimos  cada vez en mayor cantidad.
Pero Bauman no se refiere sólo a desechos materiales, sino que habla de desechos humanos, personas no productivas, inmigrantes, refugiados y demás parias que la globalización económica va dejando fuera del sistema.
Zygmunt Bauman crea el término “modernidad líquida” para referirse a esa sociedad de consumo global en la que todo se escurre y cambia rápido: las modas, los afectos, los artilugios electrónicos, las noticias, los sucesos…
Los sólidos valores de antaño: estado fuerte, empleo indefinido, familia estable, religión como freno o como refugio han desaparecido. Ahora se nos dice que hay que hacerse a la idea de cambiar de trabajo varias veces a lo largo de la vida, también de ciudad y de forma de pensar, adaptándose a las circunstancias que se modifican de continuo, haciendo que nuestras vidas se definan por la precariedad y la incertidumbre y que la depresión se haya convertido en una enfermedad corriente.
Esa fragilidad en el pensamiento da como resultado individuos fácilmente manejables que tienen dificultad para comprometerse con nada que implique una continuidad a la que no están acostumbrados o alguna clase de sacrificio y cuyas ideas de felicidad acaban en una tienda.
Es fácil comprobar, mirando alrededor, que ante la fragmentación y la fragilidad que experimenta en situaciones como las citadas: cambio de pareja, de trabajo, de ambiente…, el individuo busque seguridad fuera de sí en un líder fuerte o un sentimiento tribal compartido: Trump, Putin, nacionalismos excluyentes.
Las redes sociales que multiplican los contactos y te proporcionan amigos virtuales no atajan esa fragilidad, todo lo contrario, aumentan la soledad, el egoísmo y hasta la simpleza, porque son tan “líquidas” que no permiten el razonamiento, la reflexión o el anclaje intelectual de las opiniones.
Sigue explicando Bauman que la globalización ha terminado con la individualidad, el conócete a ti mismo y actúa en consecuencia. La televisión muestra a personas en todos los lugares del mundo que, en general, se diferencian poco. En especial los jóvenes visten de un modo similar, escuchan las mismas músicas, consumen idénticos alimentos, leen el best seller de moda, se comportan de manera parecida. Diferenciarse de la manada sin salir de ella cuesta dinero: zapatillas, móviles de alta gama, ropa de marca, vacaciones exóticas que, no obstante, otros conseguirán también siempre que su poder adquisitivo lo permita.
De lo anterior podría deducirse que Zigmunt Bauman fue un filósofo y sociólogo pesimista y desesperanzado. Sin embargo, reconocidas y estudiadas las enfermedades que padece el mundo, el diagnóstico ya se ha realizado y las soluciones  empiezan a materializarse, apoyadas en planteamientos de personas de ambientes distintos que han sido conscientes de la gravedad del problema. Por ejemplo, las alegaciones del filósofo alemán Hans Jonas a favor de una mayor conciencia ecológica planetaria y una ética de la responsabilidad; o el Papa francisco que aporta tres soluciones para construir una sociedad sana: recuperar el arte del diálogo, ofrecer a la gente un lugar digno en la sociedad y lograr para todos una educación de calidad; o el mismo Bauman  que, junto a plantear la necesidad de una mayor solidaridad mundial o, como también dice el Papa Francisco, que la economía ponga a las personas por encima de los beneficios, insiste en lo relacionado con la educación citando una enseñanza de la sabiduría china: Si piensas en el próximo año, planta maíz. Si piensas en la próxima década, planta un árbol. Pero si piensas en el próximo siglo, educa a la gente.
Zygmun Bauman recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en el año 2010. Sería genial para todos nosotros tener su magisterio en cuenta.