miércoles, 29 de junio de 2016

ESPLENDOR

Esplendor es el tercer libro que leo de Margaret Mazzantini que vuelve a sorprenderme gratamente por su excepcional capacidad de hacer llegar al lector lo que piensan y sienten los personajes de sus obras sea cual sea su sexo, profesión o condición social.
En el caso de Esplendor, la historia, contada en primera persona por Guido, protagonista principal de la misma, se inicia con la relación que se establece en los años sesenta entre dos niños: Guido, que vive con sus padres de clase acomodada en la cuarta planta de un vetusto edificio situado en el centro de Roma y Constantino, el hijo del portero.
Las diferencias familiares y de personalidad entre los niños son enormes y están narradas con todo detalle por Guido. Sin embargo, por una serie de circunstancias relacionadas con los estudios de ambos, ya adolescentes, se van aproximando el uno al otro hasta que se enamoran con un amor explícito e inmenso que en Guido, que siempre persiguió la belleza, provoca una sensación de esplendor vitalista y total.
Pero manifestar un amor de esa clase en una sociedad llena de prejuicios resulta complicado y peligroso. Así que los dos amantes se separan y sus vidas emprenden caminos distintos. Guido marcha a Inglaterra, encuentra un trabajo de profesor y se casa con una joven japonesa madre de una niña que él adopta como suya. Constantino permanece en Italia, se casa también con su novia de siempre, tiene hijos, se especializa en vinos, monta un restaurante; y en un viaje de negocios a Inglaterra, vuelve a verse con Guido.
Confieso que Esplendor es el primer libro que leo que trate el tema del amor homosexual de manera tan clara e intensa. Quizá por eso se presta a hablar sobre él en profundidad dentro de un grupo de lectores, porque las cuestiones que se abordan en sus páginas son muchas y variadas.
Aquí me temo haber hablado demasiado sobre algunas de esas cuestiones. Es mejor que el lector descubra por sí mismo y poco a poco el complicado periplo vital de Guido y Constantino.
Por tanto diré sólo y para terminar la reseña que Esplendor de Margaret Mazzantini editado por Seix Barral, es una obra muy bien escrita que disecciona la condición humana, junto a las circunstancias que la modifican y determinan; y cuya lectura maravilla, ilustra y conmueve a la vez.

miércoles, 22 de junio de 2016

MÁSCARAS

Máscaras es el segundo libro que leo del escritor cubano Leonardo Padura. El anterior fue Herejes y me pareció tan excepcional que ha sido una de las obras que he recomendado a todos mis amigos lectores.
El protagonista de Máscaras es también el teniente de policía Mario Conde que aquí debe investigar el asesinato de un chico homosexual, Alexis Arayán Rodríguez, cuyo cadáver aparece en el Bosque de la Habana vestido de mujer.
Averiguo que Máscaras forma parte de la Tetralogía de las cuatro estaciones y ocupa el lugar que corresponde al verano; antes están Pasado perfecto y Vientos de cuaresma, después, Paisaje de otoño.
Al situarse las acciones desarrolladas en el libro en la estación veraniega, el calor  predispone a la pereza y al malestar general. Un malestar que en Mario Conde se agudiza y contribuye a que sea aún más crítico que de costumbre con la degradación que observa en torno de ambientes y personas. En ese estado acude a la llamada de un cargo superior que le ordena investigue la muerte del travesti Alexis Arayán.
La investigación sirve de excusa a Leonardo Padura para mostrarnos el mundo homosexual de La Habana en un tiempo en el que la homosexualidad se consideraba decadente y ridícula, aunque ya no se perseguía y maltrataba a los homosexuales como había sucedido al principio de la revolución.
Junto a la descripción de dicho mundo, está la que Padura, insisto, por medio del teniente Mario Conde realiza de La Habana ciudad y que ya me impresionó en Herejes. Una hermosa y antigua urbe que se cae a pedazos, en la que la mayoría de sus habitantes sufre toda clase de carencias, mientras que las élites políticas, corruptas casi siempre, disfrutan de las más refinadas comodidades. Una ciudad en la que la delación y la sospecha, junto a la picaresca, la ocultación y la mentira, envenenan la vida de la gente que utilizan estas oscuras mañas como método de supervivencia.
Sin embargo, es preciso apuntar que las feroces críticas de Padura dejan siempre entrever un profundo amor por su tierra, aquello de “amo a Cuba porque no me gusta”, y ese amor se refleja en el modo en el que, a través  del teniente Mario Conde, interpreta la realidad cubana.
Al igual que en Herejes, aunque de forma más breve, en Máscaras confluyen tres historias: la del asesinato del travesti y su investigación, la del dramaturgo homosexual Alberto Marqués represaliado por el régimen y la que contiene el relato que inventa Mario Conde en su afán por convertirse en escritor. Las tres historias hablan de máscaras, conscientes o inconscientes, que el ser humano usa en sus relaciones con los demás.
En resumen, Máscaras de Leonardo Padura, escritor que entre otros muchos galardoness ha recibido el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015, es un libro muy recomendable con el que cualquier lector podrá enriquecerse y disfrutar.
 

 

martes, 14 de junio de 2016

NO TE MUEVAS

Vuelvo de Cataluña en tren. Son cinco horas de un recorrido que ya conozco por lo que me dedico a la lectura de un libro de la escritora italiana Margaret Mazzantini, se titula No te muevas.
De Margaret Mazzantini leí en el año 2009 La palabra más hermosa, una inolvidable obra centrada en las últimas guerras en la antigua Yugoslavia que mereció el Premio Campiello 2009.
No te muevas es una novela anterior a La palabra más hermosa, Margaret Mazzantini la publicó en el año 2001 consiguiendo con ella un gran éxito de crítica y público, además de los prestigiosos premios Grinzane Cavour, Strega, Città di Bari y Zepter a la mejor novela europea.
Pienso que un escritor demuestra en buena parte su valía si es capaz de fundirse con los protagonistas del relato que escribe, sea niño, hombre, mujer, adulto, joven o anciano, rico o pobre, logrando que todos ellos resulten creíbles para el lector; Margaret Mazzantini en esto es una experta.
Tanto los personajes de La palabra más hermosa de distintas edades, géneros, trabajos y clases sociales como los que protagonizan No te muevas, resultan creíbles y así lo que nos cuentan conmueve e interesa. 
El protagonista principal de No te muevas es Timoteo, prestigioso cirujano que ante la grave intervención quirúrgica a la que se enfrenta Ángela, su única hija adolescente que ha tenido un accidente de moto, mientras espera temeroso el resultado de la misma, siente la necesidad de contarle la relación que tuvo con Italia, una pobre muchacha bastante maltratada por el destino: Tú no la conoces, pasó por mi vida cuando aún no existías, pasó pero me dejó una huella fósil. Quiero alcanzarte, Ángela, en ese limbo de tubos donde te has acurrucado, donde el craneotomo te abrirá la cabeza, para hablarte de esa mujer.
No te muevas se convierte así en una larga e intensa reflexión sobre el amor y la culpa, sobre la compasión y la soledad. Timoteo repasa toda su vida con la misma precisión y frialdad con la que utiliza el bisturí en una operación a vida o muerte. Se trata de una disección metódica sin subterfugios ni justificaciones, los hechos son los que son y el juicio de los mismos queda reservado a los lectores.
Las historias que contienen La palabra más hermosa y No te muevas están contadas en primera persona por los personajes principales: una mujer, Gemma, en La palabra más hermosa y un hombre, Timoteo, en No te muevas. Hombre, mujer y ambientes muy distintos que han debido suponer para la escritora un minucioso trabajo de investigación. Este llamémosle perfeccionismo que se refleja en el fondo y en la forma de sus textos hacen que Margaret Mazzantini sea considerada como una de las grandes voces de la narrativa italiana contemporánea.

 

miércoles, 8 de junio de 2016

EN MANOS DE LAS FURIAS

Inauguro esta sección en junio con una obra de la escritora norteamericana Lauren Groff, se titula En manos de las Furias y el argumento se ajusta perfectamente al título, ya que la vida de la protagonista principal, sobre todo, se desarrolla a merced de tan pérfidas y vengativas damas.
En general, cuando no conozco ninguna característica del autor o del libro que voy a leer, me dejo llevar por las primeras impresiones. Y la primera impresión que me produjo En manos de las Furias fue que se trataba de una pretenciosa novela americana de iniciación.
Sin embargo, conforme avanzaba en la historia de Lancelot (Lotto) y de Mathilde y aparecían nuevos personajes y nuevas situaciones, me iba interesando cada vez más una trama que va de adelante atrás y de atrás adelante, haciendo encajar en el lugar exacto las muchas piezas de un complicado puzle, hasta llegar al final que la escritora resuelve con acierto.
El primer capítulo nos muestra  a una pareja de jóvenes enamorados, Lancelot y Mathilde, que acaban de casarse y para los que el matrimonio, según Mathilde, es una larga conversación, y según Lotto, un banquete interminable, en el que comes y comes y nunca te sacias. De forma progresiva y en muy pequeñas dosis, conocemos la historia familiar de los dos, una historia que sólo se aclarará por completo al término del relato.
Ese encaje de las distintas piezas que componen la trama que el lector ha de ir descubriendo poco a poco, hace que no resulte conveniente hablar demasiado del argumento de En manos de las Furias.
Diré sólo que el joven protagonista se dedica en principio a representar obras de Shakespeare, lo que no proporciona a la pareja casi ningún ingreso, por lo que la esposa ha de trabajar para el mantenimiento de ambos. Después él, animado por ella y con su ayuda, se convierte en un exitoso y cotizado autor teatral.
Las dos ocupaciones de Lotto proporcionan a Lauren Groff la posibilidad de demostrarnos sus conocimientos tanto de Shakespeare como de las tragedias clásicas, en las que están basadas muchas de las obras de teatro que Lancelot escribe y de las que aparecen fragmentos representativos.
Esto último, el tono general del libro y el modo de escribir de la autora contribuye a la creación de un ambiente de tragedia, en ocasiones mágico,  en la que todos los personajes participan de una manera u otra como víctimas o como verdugos.
Ambiente trágico que quizá conduzca al lector a la misma y radical conclusión que Lauren Groff apunta en la contraportada de En manos de las Furias afirmando: La certeza absoluta no existe en ningún lugar. A los dioses les encanta jodernos.