jueves, 22 de diciembre de 2016

BUENOS DESEOS

Este año mi felicitación navideña para todos los que hacemos o nos aprovechamos de Opticks consiste en la recomendación de un libro.
Se trata de un libro de viajes de Javier Reverte. En él abundan los buenos deseos y las experiencias positivas que proporciona su cumplimiento. Su título es El río de la luz y fue un regalo de mi hijo menor que sabe cuánto admiro al escritor madrileño.
En El río de la luz Javier Reverte nos cuenta, con el estilo directo, poético, didáctico y ameno que le caracteriza, el viaje que realizó en el año 2006 por territorios de Canadá y Alaska. Fiel a su forma de narrar, que incluye citar a autores que vivieron en los lugares que él describe ahora, sigue los pasos de Jack London por las costas de la Columbia Británica hasta alcanzar el nacimiento del río Yukon, del que recorre, junto a  cinco españoles más, setecientos cincuenta kilómetros en canoa. Un mar de bosques ascendía de las riberas hacia las laderas de las montañas. Y el río se extendía azulado, largo como una soga, en las honduras del valle flanqueado por las cordilleras. Sentía aflorar en mi ánimo cuanto de primitivo se esconde en las profundidades del corazón humano. Y la emoción, que tenía algo de impreciso misticismo, me inyectaba juventud y vigor.
Tras un apasionante mes en medio de una naturaleza salvajemente hermosa, Javier Reverte regresa a Europa a través del Atlántico en un carguero que hace la ruta de Montreal a Liverpool, el Eilbek, cuya tripulación la integran marinos de varias nacionalidades.
Gran parte del relato que contiene El río de la luz está dedicado a lo que se llamó a finales del siglo XIX la “fiebre del oro”, por la que una multitud de seres humanos acudió a aquellas tierras en busca del preciado metal. Viajaban buscavidas, jóvenes aristócratas europeos en pos de nuevas experiencias, hombres de negocios y comerciantes arruinados, delincuentes recién salidos de prisión, funcionarios aburridos, banqueros, prostitutas, periodistas, taberneros, músicos, bailarinas, escritores y todo un universo variopinto de personas.
La creación y organización de nuevas poblaciones, la lucha con los indios dueños del territorio, los héroes legendarios cuyas vidas se han llevado al cine en famosas películas, las guerras, los triunfos y también los fracasos que han ido transformando lugares e individuos, admiran y emocionan a la vez.
El río de la luz es un libro muy extenso, quinientas veinte páginas con letra pequeña. Incluye mapas, fotografías, una cronología que va desde el año 1543 al 1959 en el que Alaska pasa a ser oficialmente el estado número 49 de los Estados Unidos, y un exhaustivo y pormenorizado índice.
Aún así, la lectura no resulta pesada, ya que Javier Reverte te hace partícipe de todo lo que cuenta. Tanto que, al terminar el libro, apetece compartir la experiencia con posibles lectores que, de la misma manera, con la imaginación han viajado.
Y no sólo con ellos, también, utilizando Opticks, comparto la experiencia grata de esta lectura con todos los que intentan, o ya saben tejer una recia alfombra de espíritu comunitario; reconstruir espacios de amor y dignidad, incluso, en la guerra, que es lo más tenebroso que ha ideado la humanidad, pues destruye todo lo que hemos construido durante años: la familia, el trabajo, la convivencia, el arte, el esfuerzo, la escuela y la bondad. En la posibilidad poco segura de reconstruir ese espacio, residen el valor y la grandeza del destino humano.
Que sepamos fomentar el espíritu comunitario y construir o reconstruir, si han sido destruidos, cada vez más espacios de amor y dignidad, es mi deseo para la Navidad que ya está próxima y para el año 2017.

 

 

 

 

 

 

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