martes, 11 de octubre de 2016

LA CONJURA DE LOS IGNORANTES

Empieza el curso y vuelve la polémica. Hablo con profesores y padres. Los segundos se quejan de los escasos conocimientos que tienen los alumnos y el poco interés que muestran, en general, por aumentarlos. También se quejan de la excesiva burocracia, folios y más folios a rellenar con utilidad nula en la tarea docente.
Los padres, por su lado, critican el elevado precio de los libros y del resto de material escolar que precisan sus hijos, consideran que están sobrecargados de trabajo, cuestionan los deberes.
En los periódicos hablan sindicalistas, expertos en educación, políticos. Todos coinciden en que nuestro sistema educativo no funciona. Unos lo achacan a la falta de financiación. Otros a los principios de la LOGSE que siguen aplicándose.
 Los abuelos, al menos los que pasan por mi calle, arrastran las mochilas escolares para ayudar al nieto que en Primaria se enfrenta con diez o más asignaturas, casi todas con su correspondiente manual, a saber: Lengua Castellana y Literatura, Valenciano, Ingles, Matemáticas, Ciencias de la Naturaleza, Ciencias Sociales, Educación Física, Educación Artística,  Religión o Valores Sociales y Cívicos. Además el profesorado ha de prepararlos para que posean lo que la ley llama Competencias clave, que leo son las siguientes: Comunicación lingüística, Competencia matemática, Competencias básicas en ciencia y tecnología, Competencia digital, Aprender a aprender, Competencias sociales y cívicas, Sentido de iniciativa y espíritu emprendedor, Conciencia y expresiones culturales.
Si alguna de las citadas competencias no saben lo que significa, coinciden con el autor del libro que hoy traigo a Opticks. Se trata de La conjura de los ignorantes. De cómo los pedagogos han destruido la enseñanza y lo ha escrito Ricardo Moreno Castillo.
Aportando fragmentos de las teorías y directrices pedagógicas en las que se apoyaba la LOGSE y que los sucesivos gobiernos han continuado teniendo en cuenta, Moreno Castillo critica y ridiculiza desde el vocabulario utilizado, incomprensible por lo ampuloso y retorcido, hasta los objetivos que el profesor debe tener presentes en su trabajo con los alumnos o el enfado con el que los pedagogos acogen cualquier clase de crítica.
Moreno Castillo insiste en este libro en la catástrofe que ha supuesto para la educación pública la moderna pedagogía, un lenguaje sin contenido, no una ciencia sino una jerga particularmente dañina porque quienes viven de ella tienen mucho poder y a ellos está encomendada en gran parte la formación de los futuros profesores.
Al profesor Moreno Castillo, que ha vivido desde dentro la paulatina descomposición de la enseñanza en nuestro país, le han preocupado siempre las pretensiones de los pedagogos. Hace diez años ya denunció en su Panfleto antipedagógico algunas de ellas, por ejemplo, no agobiar a los alumnos con demasiados contenidos, sino enseñarlos a “aprender a aprender”; utilizar la motivación como recurso mágico cuando han de enfrentarse a cualquier actividad o materia; prescindir de la memoria, “la inteligencia de los tontos”; dejar que se expresen en libertad y critiquen todo lo que se les ocurre aunque su base argumental resulte inexistente, denostar la exigencia (hay que aprender jugando), considerar retrógrada la autoridad del maestro.
Como parte de una realidad que conoce muy bien desde dentro, Ricardo Moreno Castillo argumenta sus aseveraciones apoyándolas en multitud de ejemplos.
También yo, que coincido prácticamente en su totalidad con lo que el profesor expone, podría hablar largo y tendido del estado actual de la educación pública. Pero no es mi función. Lean el libro.

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