miércoles, 11 de mayo de 2016

EN TORNO A LA ENSEÑANZA

Acabo de leer dos libros que giran en torno a la enseñanza. El primero y más breve se titula El primer maestro, fue escrito en la década de los 70 por Chinguiz Aitmátov, un autor nacido en la república asiática de Kirguizia en 1928 y con una buena cantidad de obras importantes publicadas. El segundo, con el título El profesor, es una obra que publicó en el año 2005 Frank McCourt que nació en Irlanda en 1930.
Hasta leer El primer maestro, Chinguiz Aitmátov, era para mí un desconocido. En este libro he comprobado que se trata de un buen escritor, preciso, claro y con poética sensibilidad al describir los paisajes del lugar en el que se desarrolla la historia, una pequeña aldea de la estepa kazaja a la que en 1924 llega un muchacho, Duishén, oriundo de esa zona y, a pesar de la resistencia de los aldeanos que consideran que los estudios sólo les hacen falta a los que mandan, restaura a base de coraje y fuerza la vieja caballeriza que había en un cerro, convirtiéndola en una escuela. Poco a poco, pese a la oposición de los mayores, Duishén logra atraer el cariño y la simpatía de un grupo de niños y adolescentes que asisten encantados a sus clases, en especial Altinái, una huérfana de 14 años maltratada por los familiares con los que vive y a la que el maestro logrará rescatar de una situación trágica, a la que ha llegado por el atraso y la brutalidad de algunos habitantes de la estepa.
Es Altinái ya adulta la que explica en una carta lo que sucedió entonces: su adoración por el maestro, lo que le debe y cómo un joven casi analfabeto, sin programa ni método de enseñanza, logró, a base de entusiasmo y confianza en que la educación mejora el futuro de las personas, poner en marcha una escuela rural cuya presencia recuerdan dos esbeltos álamos que ella le ayudó a plantar como esperanza de una vida mejor.
De Frank McCourt conocía su libro Las cenizas de Ángela por el que recibió el Premio Pulitzer.
En El profesor, el autor irlandés relata sus experiencias profesionales con una cruda sinceridad, un sentido del humor y una fina ironía que suaviza situaciones escabrosas o complicadas.
Profesor contratado en institutos de secundaria que imparten formación profesional para dar clase de Lengua Inglesa a adolescentes, que prefieren que les cuente las penalidades que vivió en la infancia que estudiar los contenidos programados. Las anécdotas se suceden mientras va de un instituto a otro, no sabiendo muchas veces cómo enfrentarse a los problemas, sintiéndose miserable por la infancia y adolescencia vividas, soñando con alcanzar la excelencia y arrastrando los estigmas de una educación católica represiva.
Así, sin considerarse bueno en nada, va avanzando poco a poco, inventando y mejorando sus estrategias de profesor, escuchando a los alumnos, interesándose por sus problemas, no ciñéndose al programa oficial, hasta llegar a un instituto en el que se decía que los que lograban ser admitidos en él tenían abiertas las puertas de las mejores universidades. En ese nuevo ambiente, con un comprensivo y excelente director, desarrolla toda su creatividad, convirtiéndose al final en un profesor admirado y querido que hace pensar a los alumnos, pretendiendo siempre que sean críticos y conscientes de lo que les rodea y, aunque no cree que nadie alcance la libertad completa, lo que intenta hacer con todos ellos es conseguir, como él lo ha conseguido, que el miedo se refugie en un rincón.
En resumen, El primer maestro  de Chinguiz Aitmátov y El profesor de Frank McCourt son dos libros muy diferentes entre sí, pero que muestran la importancia que tiene un buen maestro o profesor en la construcción de una sociedad formada por seres humanos libres, críticos y solidarios.

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