martes, 24 de mayo de 2016

EL CASO SANTAMARIA

De Andrea Camilleri he leído tres libros de la serie que tiene como protagonista al comisario Montalbano. Fue una lectura entretenida y grata porque me gustan las novelas policiacas y Andrea Camilleri es un maestro en el género.
El libro que hoy traigo a Opticks titulado El caso Santamaria no pertenece a la serie citada y tampoco es una novela policiaca. El escritor italiano, consciente de lo que ocurre en la actualidad en bastantes países, entre ellos el nuestro, ha elegido para protagonizar su relato a un inspector bancario, Mauro Assante, encargado por sus jefes de realizar un informe sobre la Banca Santamaria.
Mauro es un hombre racional, metódico y responsable de su trabajo; felizmente casado desde hace siete años con Mutti, tienen un hijo, Stefano, del que el pediatra ha dicho le iría muy bien el aire de montaña. Así que Mutti decide marcharse con el pequeño al pueblo de los abuelos y pasar allí tres meses, Mauro se les unirá en vacaciones. Todo esto lo explica el autor en la página 10 del relato. En la primera, mientras Mauro trabaja en su casa con la habitual meticulosidad en el informe solicitado, recibe la visita de una treintañera alta, rubia, elegante y, sobre todo, muy, muy hermosa.
En principio parece entenderse que la rubia se equivocó de piso; pero poco a poco Andrea Camilleri teje ante nosotros una estudiada tela de araña que va cercando al inspector bancario y provoca en el lector, al menos en mi caso,  bastante desasosiego.
El caso Santamaria es una obra inquietante por la destreza del autor en el desarrollo de la trama, la caracterización de los personajes, en especial el protagonista, cuya forma de ser le convierte en un sujeto crédulo y manipulable; y sobre todo por el tema que trata: la corrupción del sistema financiero en la que participan tanto banqueros como políticos.
Cualquier persona que siga de una forma regular las noticias, a pesar de que Andrea Camilleri insiste en que la historia que cuenta en su libro es inventada, sentirá el mismo desasosiego que he sentido yo al comprobar, en esta interesante y breve novela (sólo ciento ochenta y cinco páginas), los recursos con los que cuentan los poderosos para ocultar todas sus corruptelas y hasta dónde son capaces de llegar cuando creen que serán descubiertos.
 

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