lunes, 7 de marzo de 2016

BROOKLYN

Utopía es el nombre que se ha dado esta vez a la revista Opticks. Sin embargo, en sus páginas podemos encontrar a un número elevado de creadores que han hecho realidad proyectos quizá considerados por ellos mismos en un principio utópicos, o sea, irrealizables.
El personaje principal del libro que acabo de leer no parece anhelar utopías, más aún, deja que otros planifiquen hallarlas en su nombre. El personaje se llama Eilis y protagoniza Brooklyn, obra del escritor irlandés Colm Tóibín que ha servido de base a la película del mismo título estrenada hace pocas semanas.
Colm Tóibín sitúa a Eilis en un pequeño pueblo del sudeste de Irlanda, allí vive con su madre, viuda reciente, y su hermana mayor Rose que trabaja en una oficina y contribuye con parte de su sueldo a la economía familiar; economía que se sostiene de forma precaria al contar sólo con la pequeña pensión de la madre. El resto de los hermanos, tres varones, buscó trabajo en Birmingham, ante la imposibilidad de encontrarlo en la misma población.
La novela comienza cuando Eilis, que ha terminado los estudios de contabilidad, acepta el empleo que le ofrece  la dueña, no demasiado amable, de una tienda de comestibles; empleo mal pagado y de escaso futuro con el que Rose, a quien la jovencita admira en todos los aspectos, no está muy de acuerdo.
Un día Rose llega a casa y explica que ha invitado a comer a un sacerdote, ya que le ha comentado, mientras ambos jugaban al golf, que conoció a sus padres de joven. El padre Flood, así se llama el sacerdote, reside en Nueva York, concretamente en el barrio de Brooklyn, y ha venido al pueblo a pasar sus primeras vacaciones después de la guerra (la novela se desarrolla en la década de los 50). Durante la comida, el sacerdote habla de las muchas posibilidades de encontrar un empleo que Eilis tendría en su barrio neoyorquino y se ofrece a la vez para ayudarle a encontrarlo.
De este modo, sin pretenderlo, Eilis, que entiende que su madre y su hermana consideran la oferta del sacerdote como lo mejor que le puede pasar, se ve viajando en la tercera clase de un barco que la traslada a Estados Unidos; y en Brooklyn, contando siempre con la ayuda del sacerdote, inicia una vida repleta de experiencias diferentes.
Aquí me veo obligada a interrumpir la historia para no molestar a quienes deseen leer el libro y ver la película, algo que yo aún no he podido hacer.
La novela, narrada en tercera persona por Colm Tóibín, es fácil de leer; pero esa aparente facilidad resulta engañosa si analizamos los distintos aspectos de la historia, en especial las relaciones entre las personas y los problemas a los que se enfrentan aquellos que dejan su país y van en busca de un mejor futuro.  En el relato destacan los personajes femeninos, sobre todo Eilis, y la visión de los masculinos que obtenemos a través de ella.
En resumen, Brooklyn, y recojo lo que dice sobre el libro el diario El País, además de hacer pensar y estar bien escrito, consigue desde la primera línea que te sumerjas en una conciencia.
 

 

 

 

 

 

 

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