martes, 12 de enero de 2016

LOS RESTOS DEL DÍA

El libro que hoy traigo a Opticks, escrito por el autor británico nacido en Japón, Kazuo Ishiguro, se titula Los restos del día. Conforme iba avanzando en su lectura, caí en la cuenta de que había visto una película basada en él. Busqué información y descubrí que la película se estrenó en 1993 y la protagonizaron Emma Thompson y Anthony Hopkins. Lo curioso es que la personalidad del mayordomo, personaje principal de dicho libro, me recordó de nuevo a Emma Thompson y su papel de Elinor en otra película, Sentido y sensibilidad, estrenada en 1995 con guión extraído de una novela de Jane Austen. Ambos protagonistas contienen sus emociones guiados por un rígido sentido del deber, de la educación o de las costumbres, aunque Elinor me simpatiza bastante más que Stevens.
Los restos del día, está escrito en primera persona por Stevens, mayordomo desde hace treinta años en la mansión de Darlington Hall, primero al servicio de lord Darlington, y durante los tres últimos sirviendo a mister John Farraday, un acaudalado hombre de negocios norteamericano que compró la mansión al morir su anterior propietario.
Es precisamente mister Farraday el que, ante un inminente viaje que ha de realizar a Estados Unidos, sugiere al mayordomo que se tome unos días de vacaciones y los dedique a conocer el país; él le presta el lujoso Ford propiedad que tienen en casa, así como el dinero necesario para la gasolina.
Steven considera que podría aprovechar esos días visitando a miss Kenton, antigua ama de llaves de la mansión, empleo que abandonó al casarse y convertirse en la señora Benn. Miss Kenton ha escrito al mayordomo una carta contándole que se ha separado de su marido y recordando los buenos momentos pasados en Darlington Hall. Steven piensa que a ella puede apetecerle recuperar el puesto de ama de llaves, con lo que se solucionaría el problema del servicio reducido ahora a cuatro personas, insuficientes para una propiedad tan extensa.
Durante el viaje, Steven tiene la oportunidad de disfrutar de hermosos paisajes ingleses mientras reflexiona sobre las cualidades de un buen mayordomo, algo que ha dado lugar con frecuencia a largas discusiones entre los distintos mayordomos que se reunían en Darlington Hall cuando acompañaban a sus respectivos señores a la mansión, ya que ésta fue lugar de encuentro de importantes personalidades que, entre otras cuestiones, intentaron mediar para que se suavizaran las cargas impuestas a Alemania en el Tratado de Versalles.
El mayordomo está convencido de que la cualidad más importante que debe tener en el desempeño de su puesto es la dignidad, que participa de la misma dignidad de su señor. Así que si éste es una persona digna que trabaja por el bien común, como considera ha hecho lord Darlington, también lo será él que ha contribuido a ello haciendo que todos los servicios ofrecidos en la mansión fuesen perfectos.
Por supuesto el mayordomo intenta justificar siempre sus acciones, a veces tan crueles como no permanecer al lado de su padre moribundo o echar del trabajo a dos criadas por ser judías, siguiendo las órdenes de su señor.
Hay muchos más detalles que convierten a Los restos del día, un libro, sencillo en apariencia, escrito por Kazuo Ishiguro con una sobriedad y elegancia insuperables, en una auténtica carga de profundidad para determinadas actitudes y comportamientos, haciendo emerger ante los admirados ojos del lector una realidad amarga y terrible al mismo tiempo.
Yo podría decir hoy, de manera especial, por qué esa realidad me parece desesperanzadora y amarga, pero prefiero que el posible lector encuentre sus propias razones.

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