domingo, 30 de agosto de 2015

DEMONIOS FAMILIARES

Afirma Pere Gimferrer en el prólogo de Demonios familiares, último libro de Ana Mº Matute que cuando una obra, en la forma en que se nos manifiesta y llega a nosotros, posee plenitud, la noción de inacabamiento carece de sentido.
Sin embargo, y quizá sea a consecuencia de esa plenitud, Demonios familiares nos sabe a poco. Al terminar de leer sus 155 páginas, te has sumergido tanto en la historia, atrapado tanto los personajes y el ambiente creado por la autora, que te gustaría conocer qué les ocurrirá en el futuro a cada uno de ellos: Eva, Yago, el Coronel, Mada, Berni, Jovita…
Por lo demás, en esta obra de Ana Mª Matute están presentes algunos de los demonios que acompañaron siempre a la escritora: la soledad, la frialdad en las relaciones familiares, la incomunicación, los silencios, la rebeldía o la dificultad para expresar los propios sentimientos. Todo ello lo encontramos aquí, junto a esa especial sensibilidad que muestra al describir lo misterioso; adentrarse en lo oscuro, el bosque, los sueños, los recuerdos…
La historia que contiene Demonios familiares está narrada en primera persona por Eva y en tercera por la propia narradora.
Todo comienza en julio de 1936 cuando la quema del convento que alberga a un grupo de monjas, entre las que está la novicia de 16 años, Eva, provoca la salida de todas ellas y el regreso de la joven a la gran casa cercana al bosque en la que vive su padre, el Coronel, junto a Magdalena, cocinera y ama de llaves, y Yago, un hombre de unos 30 años callado y distante que atiende al militar que va en silla de ruedas.
La vuelta a casa hace que Eva reflexione sobre lo que ha sido su vida hasta ese momento: su solitaria y controlada infancia, su rebeldía, su poca experiencia, y la relación que ha mantenido con sus familiares, en especial con el Coronel.
La guerra, que se escucha en la distancia y determina las reacciones de las personas y el desarrollo del relato, provoca que Yago y Eva se unan para esconder y atender a Berni, un paracaidista republicano herido que ha caído en el bosque.
No añado nada más sobre la historia en sí. Sólo que, conforme voy pensando y escribiendo, me doy cuenta de todos los matices que contiene, de la enorme riqueza que se puede extraer de este corto relato.
Al final del libro, María Paz Ortuño, pienso que secretaria y amiga de Ana Mª Matute, explica el proceso de creación y las dificultades de tipo físico a las que hubo de enfrentarse la autora, muy limitada ya por sus achaques, para escribir Demonios familiares. Habla de la necesidad que sentía antes de empezar a escribir de encontrar el tono adecuado a lo que pretendía contar; de su obsesión por el perfeccionismo y su responsabilidad ante el lector, que la llevaba a corregir y corregir hasta lograr el resultado que creía más digno.
Termina María Paz Ortuño reproduciendo unas líneas que Ana Mª Matute escribió al inicio del proceso que la condujo a crear Demonios familiares. Yo me permito también reproducirlas aquí para disfrute del posible lector, como homenaje a la escritora desaparecida y como adelanto de la belleza que hallará si se adentra en sus páginas.
Y le amé como nunca había amado a nadie antes, ni después, ni nunca. Porque aquel deslumbramiento doloroso sólo duró unos minutos, y desapareció. Como todo en mi vida, siempre a punto de atravesar el umbral de algún paraíso, donde nadie logró entrar, ni lo logrará jamás, el inhabitado paraíso de los deseos.

martes, 25 de agosto de 2015

HOMBRES BUENOS

Atendiendo a la recomendación de mi amiga Mila, acabo de leer la novela  Hombres buenos de Arturo Pérez-Reverte. Novela que me interesó desde el principio por el  tema que trata y por la forma original que tiene el escritor de plantearlo.
Antes de comentar el argumento, reproduzco unos párrafos en los que Pérez-Reverte manifiesta las intenciones que le movieron a escribir esta historia: “Demostrar que en un mundo como el actual, donde el fanatismo, la estupidez y la ignorancia hacen tanto daño, donde radicalismos absurdos están destrozando muchos lugares del planeta, sigue siendo el diálogo y la razón, la cultura en torno a los libros y la buena voluntad el único mecanismo de salvación, la única terapia y analgésico”.
Afirma Pérez-Reverte en la misma entrevista que hombres buenos hay muchos pero ni se les ve ni se les escucha; y yo me permito añadir, sus voces se confunden con las de tantos otros que gritan más aunque no digan nada provechoso.
La novela Hombres buenos nos cuenta los problemas a los que tuvieron que enfrentarse dos “hombres buenos” miembros de la Real Academia Española, el bibliotecario Hermógenes Molina y el brigadier Pedro Zárate y Queralt, cuando aceptaron llevar a cabo la tarea que en la Real Academia les encargaron, que consistía en viajar a París y adquirir de forma casi clandestina los 28 volúmenes de la primera edición de la Encyclopédic de D´Alembert y Diderot que estaba prohibida en España.
El relato del viaje realizado por los dos académicos desde el Madrid de Carlos III hasta el París de Luis XVI, jalonado de intrigas, incertidumbres y sobresaltos, nos recuerda las novelas de aventuras que tanto aprecia este escritor. El carruaje que transporta al bibliotecario y al brigadier transita por caminos que dificultan sobremanera su paso la mayoría de las veces y en los que abundan, junto a los baches, los bandoleros. El descanso nocturno de hombres y bestias tiene lugar en ventas y posadas, atendidas por los típicos venteros, mozos y mozas característicos de aquella novelada época, que los alojan en habitaciones con pocas o nulas comodidades. Todos esos inconvenientes se ven agravados por la presencia de un matón siniestro, Pascual Raposo, al que otros dos académicos, llevados ambos por motivaciones diferentes, expuestas con detalle en el libro, le han encomendado la misión de impedir por cualquier método que los tomos de la Enciclopedia puedan llegar a España.
La descripción del París anterior a la revolución, a la que se aplica Pérez-Reverte con meticulosidad, se inicia con la entrada en la ciudad de los “hombres buenos”. En el París de entonces convivían la miseria absoluta y la opulencia más obscena, reflejada en suntuosas fiestas y espléndidos salones literarios. Las ideas del Enciclopedismo, apelando a la razón, al diálogo y a la cultura, quedaban apagadas por consignas revolucionarias que pretendían acabar por la fuerza con el antiguo régimen, y que se encargaban de difundir los más exaltados, como el abate Bringas, que acompaña a los dos caballeros durante sus pesquisas para hacerse con la Enciclopedia y les enseña las muchas caras que tiene la capital de Francia.
Pero junto a los aspectos propios de la novela histórica y de aventuras, Pérez Reverte desarrolla un aspecto más que tiene que ver con lo que algunos llaman metaliteratura. Así explica la gestación y posterior elaboración de Hombres buenos mezclando datos y personajes verídicos con otros inventados, tanto históricos como personales. De manera que no sabes dónde acaba el rigor documentalista y empieza la fabulación. Merced a este sistema, Pérez-Reverte introduce en el texto sus opiniones, no muy positivas, sobre España y los españoles, a la luz, nunca mejor dicho, del denominado Siglo de las Luces.
En resumen, Hombres buenos es una novela con el sello inconfundible de su autor, Arturo Pérez-Reverte, que ilustra y entretiene al mismo tiempo.  

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 16 de agosto de 2015

HA MUERTO RAFAEL CHIRBES

Ha muerto Rafael Chirbes, el autor de Tabernes de Valdigna que denunció en sus obras, desde la soledad de un retiro elegido, todo aquello que consideró injusto. Enemigo de camarillas literarias y falsos agasajos, se mantuvo siempre fiel a sí mismo, a sus más profundas convicciones como persona y como escritor: “Me importan la libertad y la justicia y no los problemas de realismo o irrealidad, un novelista auténtico no puede quedar reducido a un estilo determinado”.
Sin embargo, sus novelas pueden calificarse de realistas, en el sentido de que los personajes que aparecen, contemporáneos nuestros, responden a un patrón reconocible y se sienten cercanos, ya que para él novelar supone “obtener el placer de nombrar a los seres humanos y hacerlos vivir por el hecho de nombrarlos”. Así el grupo de hombres y mujeres que lucharon contra la dictadura franquista en Los viejos amigos que se encuentran después de muchos años y en sus conversaciones constatamos, además de la soledad de unos y otros, el fracaso de aquel idealismo ante las mentiras de los políticos de derechas e izquierdas que modifican sus comportamientos una vez que alcanzan el poder, arrastrando a los que les siguieron o hundiendo en el desánimo a aquellos que, al igual que Rafael Chirbes, no se contaminaron de inmundicias y optaron por clamar en el desierto. Los individuos de toda clase y condición que protagonizan Crematorio y En la orilla, retrato trágico de la España del pelotazo y la corrupción urbanística que llega acompañada de otras variadas y terribles corrupciones. La mujer que, al final del camino, cuenta al hijo, escasamente receptivo, lo que ha sido su vida, de tristeza en tristeza, hasta llegar al hoy, que nos conmueve en La buena letra.
La buena letra, Los viejos amigos, El novelista perplejo, Crematorio, En la orilla… He leído muchos libros de Rafael Chirbes desde que mi amigo Manolo me habló de él y me prestó el primero. Al terminarlos, queda un sabor amargo parejo con el tono que imprime a sus historias, en las que espera poco de los seres humanos que las protagonizan, al estar convencido de que en todos los tiempos los valores estuvieron en crisis.
Pero el sabor amargo se compensa con el placer de sumergirse en unos textos sabiamente escritos, propios de un artesano de la literatura cuyas obras demuestran, además de su enorme valía como artesano del lenguaje y la forma, un inmenso bagaje de lector atento y exquisito: Stendhal, Flaubert, Jane Austen, Galdos, Balzac, Mann, Musil, Juan Marsé, Max Aub, Antonio Machado, Eça de Queiroz, Cernuda, Blasco Ibáñez
En el prólogo de El novelista perplejo expone lo que le motivó a escribir, nos dice que en sus recuerdos siempre se ve leyendo o escribiendo, algo que le hace diferente de los que le rodean: “No estoy capacitado para vivir la vida que ellos viven”. Añade después que con la literatura domestica el miedo a la muerte.
Una muerte que llegó de improviso ayer, 15 de agosto, de la mano de un cáncer de pulmón fulminante que se lo ha llevado ahora, cuando la crítica y los lectores en España empezaban a reconocer su singular valía, lo que determinó que se le concediese el Premio Nacional de la Crítica, el Nacional de Narrativa y el Francisco Umbral de Novela y que su obra Crematorio se adaptase a la televisión.
Ha muerto Rafael Chirbes del mismo mal que mi amigo Manolo. Ojalá que en el reino de la literatura puedan hablar de los libros que amaron.

sábado, 8 de agosto de 2015

MISTERIOSO ASESINATO EN CASA DE CERVANTES

Siempre es un placer acercarse a las obras de Juan Eslava Galán porque ilustran, divierten y hacen pensar a un tiempo. Esto me ha sucedido con la titulada Misterioso asesinato en casa de Cervantes que acabo de leer y que creo es la última publicada por el autor.
Misterioso asesinato en casa de Cervantes mezcla la realidad con la ficción en una historia detectivesca que sucedió en Valladolid cuando el rey Felipe III había trasladado allí la corte y la ciudad era un hervidero de gente de lo más variopinto: nobles con cientos de criados a su servicio, numerosas personas de habito y sotana, artesanos, mercaderes, mendigos, ganapanes, busconas, es decir, una verdadera corte de los milagros, propia de la España del Siglo de Oro empobrecida por las guerras y anegada de clases ociosas e improductivas.
Miguel de Cervantes vivía entonces en Valladolid junto con su hija, dos hermanas y una sobrina a las que el autor llama las Cervantas.
Al ser asesinado delante de la casa de Cervantes el caballero de la orden de Santiago Gaspar de Ezpeleta, una vieja beata (bastante malparadas en la historia), acusa de la muerte a Cervantes y a su familia, por lo que son llevados a prisión.
Una dama de la nobleza, doña Teresa, duquesa de Arjona, admiradora del autor del Quijote y de su obra, pide la colaboración de la joven pesquisidora Dorotea de Osuna que, disfrazada de caballero y con el nombre de Teodoro de Anuso, se presenta en la ciudad para descubrir al autor del crimen y demostrar la inocencia del escritor y su familia.
Misterioso asesinato en casa de Cervantes está dividido en cuarenta y un capítulos cuyos títulos, a imitación de los que titulan los capítulos del Quijote, resumen brevemente lo que se cuenta en cada uno de ellos. Así el 1 señala: DE LA LLEGADA DEL PESQUISIDOR CON QUE DA COMIENZO ESTA VERDADERA HISTORIA. Y el 14: DE LAS LECTURAS DE DON MIGUEL DE CERVANTES Y DE SUS OPINIONES SOBRE LAS MUJERES. Por poner dos ejemplos.  
Todo el libro es un homenaje a Miguel de Cervantes con la excusa de la admiración que sienten por su obra y el respeto que le profesan doña Teresa y doña Dorotea; pero también por la forma “quijotesca” en que escribe Juan Eslava Galán, las expresiones que utiliza, la investigación que ha realizado de sucesos verídicos y el modo de novelar lo que ocurrió entonces.
Sin embargo, la riqueza del libro no se reduce a eso, la descripción irónica y descarnada de ambientes y personajes con sus defectos y virtudes nos muestran una realidad histórica que el autor convierte en cercana. La viveza del estilo, la multitud de detalles: formas de vestir, comidas y bebidas, usos y costumbres ilustran, divierten y hacen pensar.
En resumen, Misterioso asesinato en casa de Cervantes es una obra muy aconsejable para recordar al autor del Quijote y aproximarnos a la época en que vivió, finales del XVI, comienzos del XVII, siglos no muy distintos en algunos aspectos de éstos en los que vivimos nosotros.