lunes, 27 de julio de 2015

OPINIONES DE UN PAYASO

Deseando contrarrestar el efecto de la lectura diaria del periódico, afición que me viene de antiguo, busco autores enamorados de la Literatura y de la libertad del individuo para crear y vivir según unas convicciones a las que se ha llegado tras un periplo vital intenso y una profunda introspección. La semana pasada elegí al ruso Mijaíl Bulgákov y a su obra El maestro y Margarita. Esta semana me ocupo del alemán Heinrich Böll y de su libro Opiniones de un payaso.
Mijaíl Bulgákov nació en 1891, participó en la 1ª Guerra Mundial y fue una víctima del sistema comunista que le prohibió escribir y publicar, lo que precipitó su muerte cuando sólo tenía 49 años.  
Heinrich Böll nació en 1917, participó en la 2ª Guerra Mundial, denunció en sus obras los horrores de esa guerra, el sectarismo, la hipocresía, la manipulación y todo aquello que supone un atentado contra la libertad y la dignidad del ser humano sea cual sea su raza o credo religioso. Resulta lógico que los nazis reconvertidos y los poderosos a quienes criticaba no le tuviesen muchas simpatías. De hecho pasaba largas temporadas en Irlanda para alejarse de la maledicencia de la sociedad alemana de su época.
Opiniones de un payaso es un libro denso, reflexivo y de enorme dureza argumental, así que no resulta fácil de leer. Está escrito en primera persona por el payaso ateo Hans Schnier poco después de que Marie, la joven católica con la que convivía y a la que consideraba su esposa, lo haya abandonado para casarse con Züpner, católico como ella.
Hans tiene 27 años es hijo de una acaudalada familia alemana de religión protestante que supo vivir bien bajo los nazis y continúa viviendo bien después de ellos. La madre, que acogía en su casa a jerarcas del régimen, abominaba de los “yanquis judíos”, e hizo que sus hijos se afiliaran a las juventudes del partido, lo que provocó la muerte en la guerra de Henriette, su hija de 16 años, y un trauma en Hans y su hermano menor Leo, ahora es la Presidenta del Comité Central de las Asociaciones para la emancipación de las diferencias raciales. El padre, magnate del lignito, de moral económica intachable que difunde a través de la televisión y una joven amante a la que cuida de manera espléndida, considera que su hijo mayor ha defraudado las expectativas familiares al elegir la profesión de “Cómico”, por lo que no merece ninguna clase de consideración o ayuda.
Todo lo anterior lo vamos conociendo a través de Hans que reflexiona sobre su propia vida: infancia, amor por Marie, opciones religiosas y políticas, profesión, trabajo, familiares, amigos y conocidos; circunstancias y personajes que aparecen página tras página y son diseccionados por el autor con estudiada objetividad.
Una objetividad que Hans mantiene al hablar de sí mismo, entendiendo que es muy difícil mantenerse libre y ser fiel a las propias convicciones en un mundo regido por multitud de formulismos e hipocresías sociales.
La falsa moral de unos y otros, las calificaciones gratuitas, el adoctrinamiento político y religioso, las contradicciones entre lo que se dice y lo que se hace, la simulación, el infundio, la manipulación de las conciencias y otros recursos igualmente aciagos utilizados por los poderosos provocan la destrucción de las personalidades débiles y la soledad de los que intentan resistir.
Hans, el payaso, es uno de esos. Desde la infancia se ha buscado a sí mismo en el espejo que siempre nos muestran los demás, tras las máscaras con las que se disfraza cuando actúa; en los ojos y la piel de Marie, la mujer que ama y a la que la sociedad que él rechaza por fin ha atrapado.
Opiniones de un payaso del escritor alemán Heinrich Böll, que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1972, es un gran libro. Vale la pena dedicar un tiempo a su lectura.

lunes, 20 de julio de 2015

EL MAESTRO Y MARGARITA

En las charlas sobre literatura que mantuve con mi amigo Manolo durante tantas inolvidables tardes, a veces se quedaba suspendido en el aire el nombre de un escritor, de una obra que él consideraba importante y que yo apuntaba al llegar a casa, consciente de que merecería la pena su lectura.
Esto sucedió con El maestro y Margarita del escritor, nacido en Ucrania cuando formaba parte del Imperio Ruso, Mijaíl Bulgákov, que ahora he tenido ocasión de leer.
Para entender el significado de esta obra maestra es preciso hablar un poco de su autor. Mijaíl Bulgákov nació en 1891, participó en la 1ª Guerra Mundial, estudió medicina, se casó tres veces y se dedicó a la literatura que era su gran pasión.
El problema es que el régimen soviético no tenía en demasiada estima a los intelectuales que pretendían crear en libertad (las purgas de Stalin fueron un ejemplo). Bulgákov se salvó porque, además de ser amigo de Stalin, había escrito un cuento satírico sobre Iván el Terrible que debió gustar mucho a Don José. Aún así sus obras fueron censuradas y se prohibió su publicación y representación. Al protestar por ello y pedir que le dejasen salir de Rusia, Stalin le dio un cargo burocrático en el teatro nacional, que incluía barrer la sala; en el libro de Juan Bonilla, Prohibido entrar sin pantalones, sobre Vladimir Maiakovski que vivió en la misma época, se alude a este episodio.
Pese a todo, la crítica oficial siguió machacando a Mijaíl Bulgákov y tal vez no se suicidó como Maiakovski porque estaba escribiendo El maestro y Margarita, considerada su mejor obra, en la que, tomando como ejemplo el Fausto de Goethe, inventa otro demonio para ridiculizar con extraordinaria maestría la sociedad que le rodea, en la que incluye con toda intención a los críticos y a los literatos domesticados.
Bulgákov empezó a escribir El maestro y Margarita en 1928, tras ser acusado de antisoviético y prohibida la publicación de sus obras. En 1930, después del suicidio de Maiakovski, quemó ese primer manuscrito, pero la historia permanecía en su cabeza y la inició de nuevo para deleite de las generaciones futuras. Él no pudo verla publicada, murió en 1940. Fue su tercera mujer la que la publicó, aunque censurada, en la URSS en 1966. La versión íntegra llegó a los lectores en Alemania en 1967.  
El maestro y Margarita consta de dos partes muy diferentes por la época en la que se sitúan, los personajes que aparecen y la forma de narrar del escritor. La primera, una extensa, disparatada, corrosiva e inteligente sátira social, toma como escenario la ciudad de Moscú en la que vivía Bulgákov, y hasta la zona próxima a su casa, Los Estanques del Patriarca. En dicha zona y con un calor infernal, coloca a dos escritores que mantienen un diálogo sobre la no existencia del Jesús histórico, mientras intentan refrescarse en un puesto en el que sólo venden zumo de melocotón caliente y medio podrido. Entonces aparece ante ellos un extraño personaje que interviene en la conversación y demuestra saber muchas cosas de ambos. En capítulos posteriores descubriremos que este personaje es el diablo, que se presenta aquí con el nombre de Voland, uno de los nombres comunes del diablo en lengua alemana.
La segunda parte nos conduce a la residencia de Poncio Pilatos en Jerusalén el día en el que apresaron a Jesús. En este caso el humor y la sátira desaparecen. El tono es poético y dramático y las descripciones y los diálogos, profundos y filosóficos, están al servicio de ese dramatismo. Las referencias a Pilatos, Jesús y su pasión tienen poco que ver con lo que leemos en el Evangelio.  
La manera en la que Bulgákov enlaza las dos partes creando un personaje más, el maestro, que escribe la historia de Poncio Pilatos y del que se enamora Margarita, una hermosa y bien situada señora casada de Moscú, es otra de las características que hace valiosa la novela.
El maestro y Margarita tiene 448 páginas y todas ellas aportan algo al lector. Las distintas intervenciones de Satán y su corte de demonios, en especial cuando actúan en el teatro de variedades y ponen al descubierto de manera hilarante los muchos defectos de una clase social corrupta. El demoniaco baile de medianoche en el que Margarita acepta participar por amor al maestro, después de volar convertida en bruja hasta el mágico lugar de la celebración. El desenlace de la relación amorosa entre el maestro y Margarita que sorprende y hace pensar. La estancia y cambios experimentados por todos aquellos a los que encierran en el manicomio tras confesar sus distintos encuentros con los diablos. Las reflexiones de Poncio Pilatos. El simbolismo de muchos de los elementos que aparecen en la historia. La brillantez del estilo con el que está escrita. La formación humanística, literaria y filosófica que muestra en todo el libro Mijaíl Bulgákov, y más características que omito por no alargar demasiado la reseña, logran que esta novela sea recomendable para leerla en soledad y para comentarla en un grupo de aficionados a lo mejor de la literatura.   

martes, 14 de julio de 2015

EL SUEÑO ETERNO

Buscando, buscando libros con los que paliar de alguna manera el calor asfixiante de estos días, recurrí a un clásico de la novela negra, género con el que casi siempre logro evadirme cuando las circunstancias son adversas.
El clásico esta vez fue Raymond Chandler y la obra, que aún no había leído pese a estar publicada en 1939, El sueño eterno.
El sueño eterno, que fue llevada al cine en 1946 con Humphrey Bogart y Lauren Bacall en sus principales papeles, tiene como protagonista al detective privado Philip Marlowe, que aparecerá en otras muchas novelas de Chandler.
En ésta, el detective es contratado por el general Sternwood, envejecido y enfermo, para que intervenga en un caso de chantaje. El general, de familia enriquecida gracias al petróleo, tiene dos hijas: Carmen, 20 años y un tanto desquiciada, y Vivian, algo mayor y con relaciones matrimoniales desastrosas.
El chantaje está relacionado con Carmen, y al comenzar las averiguaciones, Philip Marlowe descubre que el interés del general se centra, más que en el chantaje en sí, en la desaparición del último marido de Vivian, Rusty Regan.
La trama de la novela no es fácil de seguir, o quizá mi cabeza no está para demasiadas complicaciones. El caso es que ante el detective se abren varios frentes: libros pornográficos, deudas de juego y un asesinato tras otro.
El sueño eterno encierra una crítica mordaz y sarcástica de esa sociedad decadente y sin valores envilecida por la abundancia de dinero. Personajes y ambientes se hayan perfectamente retratados, desde el mayordomo del general, hasta el policía de la ciudad que hace suyos los éxitos del detective; sin olvidar los matones, chantajistas, mafiosos, etc.
El sarcasmo y la ironía se encuentran, sobre todo, presentes en los diálogos que Philip Marlowe mantiene con el resto de las personas que aparecen en el relato.
Pero pese a reconocer sus seguros méritos literarios, El sueño eterno no me ha convencido. La historia que nos cuenta Raymond Chandler está demasiado embrollada; hay desapariciones que no acabas de saber por qué se producen y asesinatos que tampoco sabes quién los cometió.
Tal vez el calor afecta de un modo negativo a mi cerebro y tendré que leer, más adelante, otra novela negra de este autor que me permita ser más objetiva.
Hoy por hoy me quedo con Andrea Camilleri, Donna Leon, Patricia Corwell, Agatha Christie y el grupo sueco (son varios y con nombres difíciles). Ninguno de ellos te hace sudar como sucede con El sueño eterno del famoso escritor americano.
 
 
 

martes, 7 de julio de 2015

NOS VEMOS ALLÁ ARRIBA

Me recomienda Isa en la biblioteca una novela de Pierre Lemaitre, Nos vemos allá arriba, que obtuvo el Premio Goncourt en el año 2013.
Empiezo a leerla con un cierto desánimo tras la frase inicial: “Todos los que pensaban que aquella guerra acabaría pronto habían muerto hacía mucho tiempo. Precisamente a causa de la guerra”. La carnicería que supuso el desarrollo de la 1ª Guerra Mundial no me resulta en absoluto apetecible en los momentos actuales.
Pero el hecho de que se trate de un libro recomendado de forma entusiasta, me predispone a seguir adelante página tras página hasta… ¡quedar por completo atrapada en la historia que cuenta el escritor francés!
No vemos allá arriba es, sobre todo, la historia de dos jóvenes soldados. Por un lado, Albert Maillard, apocado, pusilánime, de familia humilde, madre viuda que le reprocha de continuo su falta de carácter, contable en la vida civil y con una guapa novia a la que añora. Por otro, Édouard Péricourt, heredero de una acaudalada familia, extraordinario dibujante, perdió a su madre cuando era pequeño, tiene una hermana, Madeleine, y un padre, Marcel Péricourt, con el que nunca se ha entendido debido a su manera de ser rebelde y disparatada que, entre otras ocurrencias, le conduce a hacer caricaturas de todos los que le rodean sin respetar a nada ni a nadie.
La vida de estos jóvenes se altera para siempre el 2 de noviembre de 1918, Día de Difuntos,  a consecuencia de la ambición desmedida de Henri d`Aulnay-Pradelle, el teniente Pradelle, que manda su unidad y desea aprovechar el tiempo escaso que queda de guerra para lograr un ascenso que le permita recuperar en la escala social el puesto que cree le corresponde por su apellido, antepasados nobles y arruinados.
La dramática experiencia que Albert y Édouard viven por causa del teniente, presencia maléfica durante buena parte del libro, provoca que entre ellos surja una relación que va más allá de la amistad y el agradecimiento.
Terminada la guerra y después de una caótica desmovilización, la posguerra para los miles de jóvenes excombatientes, muchos de ellos heridos y mutilados, en una Francia empobrecida resulta terrorífica. “El país contaba con excombatientes la mal de creativos, lástima que la mayoría estuvieran en paro”.
A estas alturas del relato nos adentramos de lleno en el terreno de la novela picaresca con la aparición de dos gigantescas estafas que pretenden servirse de los cadáveres ocasionados por la contienda, del dolor de los familiares y de la hipocresía de los mandamases políticos y militares, a los que el autor retrata con ironía descarnada.
Como una parte del valor de Nos vemos allá arriba reside en lo rocambolesco del argumento y las sorpresas que depara al lector, no descubro nada más de la historia. Sí deseo decir que los numerosos personajes que aparecen están bien dibujados y son sus acciones las que determinan el carácter de cada uno de ellos, sin entrar en disquisiciones psicológicas y filosóficas que alejarían a Nos vemos allá arriba de lo que es en realidad, además de picaresca, una novela de aventuras.
Nos vemos allá arriba del escritor francés Pierre Lemaitre, a pesar de sus 448 páginas, mantiene el interés del lector desde el principio al fin porque está bien escrita y bien organizada. Hay en ella de todo: amor, ternura, venganza, gratitud, denuncia, osadía, creatividad, ambición, humor y hasta sarcasmo. Supone un alegato antimilitarista radical y valiente. Pertenece al conjunto de esas grandes novelas de aventuras de las que habla Fernando Savater en su libro Misterio, emoción y riesgo, en las que “El individuo es capaz de protagonizar una acción que desafía a la necesidad y logra con mayor o menor perdida rescatarse de ella. Toda aventura es la crónica de un desacato a lo irremediable”.
 

miércoles, 1 de julio de 2015

LA ISLA DEL PADRE

“A cada marino que sepa merecerlo, el mar, mágicamente, le asigna una isla para que sea su refugio de reposo o serenidad en la inabarcable incertidumbre de los océanos”. Esta es una de las muchas historias que Leonardo, el padre, jefe de máquinas en tantos barcos, contaba a su hijo Fernando con la intención de vencer el Miedo Mutuo que se había levantado entre ambos desde aquella primera vez que, al volver de uno de sus viajes a la casa familiar en Bilbao, él con 18 meses, rey absoluto del hogar hasta entonces, rechazó su presencia: ¿Quién es este hombre? –Es papá- ¿Y se va a quedar?
Ahora, en 2013, cuando el padre ya ha muerto, en una prolongación inesperada de la vida que ha durado cuatro años, tras operarle de un cáncer de estómago al cumplir los 90, la madre se ha marchado a vivir con su hermana y la casa, escenario de tantas vivencias familiares, está a punto de entregarse a las personas que acaban de comprarla, Fernando Marías, acompañado de la figura amable y vigorosa del padre ausente, en un intenso ejercicio de introspección, va volcando en un libro los recuerdos, lo que le aproximó o alejó de un hombre del que no puede decir nada malo, aun sabiendo que todos los seres humanos ocultamos en nuestro interior un legajo de sombras.
La isla del padre  es una obra intimista y sincera que conmueve al lector, quizá más al de mediana edad que ha vivido en primera persona el proceso de envejecimiento y muerte de sus padres.
Aunque también los jóvenes podrán reconocerse en el muchacho que sale de casa y va a estudiar a la capital, Madrid nada menos, dispuesto a comerse el mundo. Aquí Fernando Marías se centra en sí mismo, nos muestra sus miedos, sus titubeos, ilusiones y fracasos; su caída al abismo del alcohol y la noche y su, por fin reconquistada serenidad actual.
Cinco palabras: Pagasarri. Árbol. Aurora. Temblores. H., viejas fotografías color sepia, una carpeta de lugares y fechas en la que el padre guarda los distintos servicios profesionales que, a partir de 1954, realiza como marino mercante; algunas indicaciones de la madre y la sobrina Irene y los propios recuerdos, sirven a Fernando Marías para llevarnos al encuentro del hombre que tanto significó en su vida de niño solitario y sensible aficionado a la lectura y al cine, hasta el extremo de que en las páginas del libro aparecen los títulos de una gran cantidad de películas que le impulsaron a querer emular a los directores que tanto admiraba.
Amor al cine y a la literatura compartidos por el padre y el hijo, de los que se sirvieron, ahora Fernando va cayendo en la cuenta de situaciones que así lo atestiguan, para alejar el Miedo Mutuo instalado entre ellos.
La isla del padre es un libro breve pero muy bien escrito y con una enorme variedad y riqueza de contenido. La historia del padre, desde que con 17 años se enrolase en el ejército republicano hasta su muerte en el 2013, hace que los lectores recorramos también una parte de la historia de España. Las aficiones al cine y a la literatura del hijo, su desbordante imaginación que le lleva a ver en el padre ausente unas veces un aventurero, otras un espía, otras el heroico protagonista de sus películas, nos aproxima al mundo mágico de bibliotecas y filmotecas que tantas emociones y ratos especiales nos aporta.
Luego está el aspecto sentimental de la obra, la ternura, el cariño, la nostalgia y el agradecimiento por el amor que se entregó sin esperar ninguna clase de contrapartida. Un amor que ha hecho a Fernando Marías ser lo que ahora es y a su libro La isla del padre recibir el Premio Biblioteca Breve 2015 que otorga la Editorial Seix Barral.