domingo, 26 de abril de 2015

EL SUEÑO DE CANUTO. TAN SOLO AMOR

Hay algunas personas que piensan que en el mundo abunda más la gente buena que la mala; y hasta que “los malos”, con un poco de ayuda, incluso, pueden convertirse en excelentes. Hoy traigo a Opticks dos autores que pertenecen a ese optimista grupo de personas.
Pertenecen y además intentan difundir sus ideas al respecto sirviéndose de un libro. El sueño de Canuto se titula el publicado por Manuel Amat Payá y Tan solo amor es el título del que publica Joaquín Sabater Amorós.
Manuel Amat Payá, que se define como “tiendólogo”, intenta con esta obra, inteligentemente ilustrada por Simarro, ayudar a los emprendedores a construir una historia de amor en torno al negocio que desean montar.
Joaquín Sabater Amorós, Licenciado en Ciencias Físicas y profesor de instituto, pretende con Tan solo amor que los lectores descubran la importancia del amor como eje primordial del individuo y energía vital de su existencia.   
El sueño de Canuto es un cuento ilustrado en el que Canuto, un simpático ser con las facciones que cada uno desee dibujarle, inspirado en un pequeño hurón que el hijo de Manuel Abad tuvo de niño, sueña con montar una tienda de sombreros.
Valiéndose de los sueños de Canuto, Manuel Abad nos habla de lo que necesita un emprendedor para que su proyecto funcione, consiguiendo a la vez ser él feliz y que los que están a su alrededor, familiares y colaboradores, también lo sean.
Debo decir que al terminar de leer esta historia, uno desearía encontrar la tienda de sombreros propiedad de Canuto y quedarse un buen rato disfrutando del ambiente logrado y de la amabilidad y el buen hacer del propietario y empleados en ella; todo conseguido gracias a las acertadas, prácticas y “amorosas” indicaciones que desarrolla a lo largo de su libro el “tiendólogo” Manuel Amat Payá.
Tan solo amor es una novela a través de la cual Joaquín Sabater Amorós pretende mostrarnos el error que entraña vivir con el único objetivo de ganar dinero, ascender en el escalafón y acumular más y más cosas, lo que conlleva postergar a la propia familia, los amigos, el disfrute de la naturaleza y olvidar que lo único que puede hacernos crecer como personas es el amor que nos una a los demás.
El protagonista del libro, Mario, un alto ejecutivo de gran éxito profesional, casado y con dos hijos, un niño y una adolescente, que vive el ajetreo de su vida de jefe ayudándose del café y de la cocaína y descuidando las relaciones familiares y humanas en general, tiene un accidente de coche y queda en coma. 
Durante el tiempo que permanece en ese estado, se ve “viviendo” en un lugar paradisiaco, en el que una especie de maestro o guía lo va pacientemente situando ante sus propias contradicciones; rebate sus “peros”, muchas veces coléricos e incrédulos, y le muestra su vida pasada, sus aciertos y errores, haciéndole entender que es el amor lo que está consiguiendo que el frágil vínculo que le une a su esposa e hijos no se rompa. Por otro lado, éstos viven cada uno a su manera la postración de Mario y recorren su personal camino de aprendizaje, que en el caso de la hija adolescente, supone todo un proceso madurativo de aceptación del otro y gestión de las propias emociones.
He apuntado al principio que, tanto Manuel Amat Paya como Joaquín Sabater Amorós, creen en la bondad intrínseca de la gente y en su capacidad de aprendizaje para ser todavía mejores. Es la razón por la que han publicado estos libros que, en ambos casos, parten de la experiencia: Manuel Amat Payá pertenece a una antigua y prestigiosa estirpe de emprendedores y desarrolla su trabajo en ese campo, y Joaquín Sabater Amorós ejerce como profesor en un instituto de secundaria, por lo que está ampliamente concienciado de que son numerosas las cuestiones que deberían mejorarse en la educación y en las familias.

 

domingo, 19 de abril de 2015

MALDITO KARMA

Hoy traigo a Opticks un libro del que me hablaron hace bastante tiempo, pero que tal vez porque la referencia no me pareció interesante, aplacé hasta esta semana su lectura. Me refiero a Maldito karma, la primera novela del guionista de televisión alemán David Safier.
Al tratarse de una persona ligada al mundo televisivo, David Safier elige como protagonista de Maldito karma a una famosa presentadora de televisión a la que llama Kim Lange. La tal presentadora, nacida en un barrio marginal, de familia humilde y desestructurada, se propone alcanzar la riqueza y la fama apartando a todos aquellos que dificulten sus propósitos: compañeros, parientes, amigos…
Kim Lange está casada y tiene una hija de corta edad, de la que debe ocuparse Alex, el marido, al igual que de las cuestiones relacionadas con la casa, sacrificando así sus propias aficiones en aras de que su mujer alcance el éxito soñado.
Hasta aquí, la historia serviría, incluso, como guión dramático. Sin embargo, David Safier utiliza para contárnosla un tono desenfadado y humorístico, introduciendo multitud de escenas cómicas que hasta podrían considerarse una crítica al ambiente superficial y egocéntrico que existe en torno a la farándula. El problema es que la crítica se queda en amable y termina dando la impresión de que la única intención del autor es hacernos reír.
El resultado de una vida en la que prima el egoísmo es que, según David Safier, el egoísta acumula mal karma y debe redimirse si pretende alcanzar el nirvana. La consecuencia de esto para Kim Lange es que, al caerle encima un lavabo desprendido de una estación espacial rusa y morir aplastada, se reencarne en una hormiga obrera. En el hormiguero entra en contacto con Giacomo Casanova, cuyo karma tampoco debería ser de alta calidad, ya que se ha convertido en hormiga también. Juntos vivirán estrambóticas aventuras que les conducirán a sucesivas reencarnaciones: cobaya, vaca, gato… dependiendo de sus respectivos comportamientos.
Omito el final porque resulta un tanto sorprendente y creo está adornado con demasiadas dosis de moralina. Dejo que aquellos que no conocen el libro, lo descubran y juzguen.
Mi opinión es que Maldito karma es uno de esos libros que se lee en una hora, que tiene cierta originalidad, como las notas a pie de página referidas a Casanova, pero en el que abundan los detalles manidos y previsibles que pueden hacerte sonreír a veces, pero que no te aportan nada nuevo.
 

 

lunes, 13 de abril de 2015

EL LECTOR

Hace ya algunos años leí por primera vez la novela del juez y profesor de leyes Bernhard Schlink titulada El lector y me pareció extraordinaria. Estos días, al tratarse del libro que hemos de comentar en la próxima reunión de lectores, he visto la película que se hizo sobre ella el año 2008 y he vuelto a leerla. Me complace decir que continúo opinando igual y que esa opinión se extiende también a la película.
Pocas veces un autor está de acuerdo con la adaptación de su obra para la televisión o el cine. En el caso de El lector, aunque no tengo noticias al respecto, pienso que Bernhard Schlink debió sentirse muy satisfecho al ver su obra reflejada en la gran pantalla. Una obra que David Hare adapta y  Stephen Daldry dirige con la misma maestría que los actores interpretan a los distintos personajes: Kate Winslet que da vida a Hanna, la protagonista femenina de la historia, obtuvo un óscar por su interpretación. 
Bernhard Schlink publicó El lector en 1995. La novela consiguió pronto un enorme éxito en Alemania y fuera de ella; traducida a treinta idiomas, ha recibido numerosos premios.
El lector se divide en tres partes contadas en primera persona por su protagonista masculino, Michael Berg. La primera, situada en 1958, narra la relación que se establece entre Michael, un joven de 15 años, y Hanna Schmitz, una mujer de 35. Los encuentros entre ambos combinan la sexualidad con la lectura, ya que Hanna pide al joven que lea en voz alta libros que a él le recomiendan sus profesores: La Odisea, Guerra y paz, La dama del perrito, etc. Esta relación amorosa, sexual y literaria, que el joven oculta a todos, termina abruptamente cuando la mujer desaparece sin dejar rastro.
La segunda parte muestra a Michael como estudiante obsesionado aún con la experiencia vivida. Al decidirse por la carrera de Leyes, en unas prácticas, el profesor invita a varios alumnos a asistir al juicio contra cinco guardianas de un campo de concentración nazi acusadas de crímenes de guerra. Michael descubre que una de estas guardianas es Hanna.
En la tercera y última parte, Hanna está en la cárcel y Michael, que ha fracasado en su matrimonio, tiene una hija y es profesor de Historia del Derecho, decide enviarle cintas grabadas con los libros que le leyó entonces y otros nuevos.
Esta sería, a grandes rasgos, la historia, se dice que en gran parte autobiográfica, que nos relata Bernhard Schlink en El lector.
Sin embargo, El lector es mucho más que lo que acabo de contar. Por ejemplo, impresiona el tratamiento que hace de la culpa en sus múltiples variantes y aspectos; también la forma de mostrar el perdón, el arrepentimiento y la piedad.
Página tras página, el autor disecciona con la habilidad, moderación y sobriedad que se le supone a un jurista, los sentimientos y las acciones de unos y otros para que los lectores tomen partido, o no. En todo caso, para que se reflexione sobre los seres humanos con toda su grandeza y su miseria.  

lunes, 6 de abril de 2015

LA EXTRAÑA

Hace ya muchos años, por mi amigo Manolo (para variar), conocí algunas novelas del escritor húngaro Sándor Márai. Esta semana, en la biblioteca, me han prestado una que aún no había leído titulada La extraña, que muestra de modo magistral las cualidades literarias del escritor citado.
Sándor Márai, autor que gozó de gran prestigio en su país y gran parte de Europa hasta la llegada de los nazis y, peor todavía, de los soviéticos que consideraron que sus libros reflejaban una sociedad decadente y burguesa que era necesario erradicar, profundiza en el carácter de la persona mediante un riguroso análisis psicológico, y reivindica la libertad de acción y de conciencia. Es, por lo tanto, lógico los regímenes totalitarios le consideraran un enemigo.
Ese deseo de libertad, de buscar la “verdad”, provoca que los personajes creados por él se enfrenten a conflictos de difícil solución, tomando decisiones que el autor presenta a los lectores sin emitir un juicio; serán ellos los que deban juzgar las motivaciones de las mismas y si fueron acertadas o no.
En general, en las novelas de Sándor Márai predomina la reflexión sobre la acción, lo que nos lleva a comprobar hasta qué punto era un observador y dibujante riguroso de personajes y situaciones.
En relación con La extraña, creo que, en cierta manera, el hecho de saber que Sándor Márai  se suicidó ha podido influirme en el momento de su lectura. Desde las primeras páginas, la desesperada búsqueda de algo, algo similar a la “Idea” platónica, algo que no acaba de concretarse, mantenida por su protagonista, Viktor Henrik Askenasi, cuarenta y ocho años, profesor de Griego y Lenguas de Asia Menor en la Escuela de Estudios Orientales de París, a lo largo de un viaje y posterior estancia en el hotel Argentina en Dubrovnik, ha provocado que visualizase al mismo Sándor planteándose interrogantes similares. “Tal vez me he equivocado. Tal vez existe esta paz… la renuncia, el silencio, la reconciliación”. “Sólo la razón es capaz de doler”.
En tercera persona, entrecomillando lo que se dice a sí mismo el protagonista, tras describirnos detalladamente el hotel y a los viajeros que en él se alojan, Sándor Márai se centra en Askenasi, al que sus amigos han empujado a realizar el viaje en solitario para que descanse y se aleje de una situación conflictiva: la que surgió cuando él, respetado investigador y docente, abandona a su mujer, Anna, y a su hija y se va a vivir con una bailarina, Eliz, a la que conoce mientras ayuda a llevar un pesado bolso hasta su piso; circunstancia que vamos descubriendo, junto con otras relativas a la forma de vivir de Askenasi por las reflexiones de éste. “Se acordó de lo mucho que había amado a Anna, todo lo que habían hecho juntos en los primeros años de su matrimonio, mientras aún eran unos extraños, mientras aún había cierto misterio entre ellos”. “Eliz le brindaba todo lo que podía darle el cuerpo. Hasta que un día Askenasi se dio cuenta de que, aunque ella le ofrecía mucho, no era suficiente”.
La soledad, el vacío; la necesidad de encontrar un sentido a la existencia, una “solución”, una chispa que llene de plenitud el interior, chispa que falta pero que no se sabe en qué consiste, porque como dice en el impresionante monólogo que dirige a Dios casi al final del libro: “Las palabras fallan, son burdas e imperfectas, en nada recuerdan a las originales…”; todo eso conduce a Askenasi a realizar una acción irracional: entrar en la habitación de una extraña con consecuencias imprevisibles.