martes, 31 de marzo de 2015

ÉBANO

"Este continente es demasiado grande para describirlo. Es todo un océano, un planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria. Sólo por una convención reduccionista, por comodidad, decimos África. En la realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe”.
Inicio el comentario del libro de hoy titulado Ébano con un fragmento de la presentación que su autor, el periodista polaco y Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2003, Ryszard Kapuscinski, nos hace de él en la segunda página. Fragmento que he elegido porque, tras haber terminado su lectura, considero que África, al menos para mí, existe como tal.
Existe porque a lo largo de los veintinueve pequeños relatos independientes entre sí que contiene el libro, Kapuscinski, mientras recorre el continente de océano a océano, con poco dinero y compartiendo las penalidades de la mayoría de sus habitantes, explica en primera persona sus experiencias en los territorios que visita, y casi todo lo que ve y experimenta es negativo.
El calor de los trópicos, un infierno húmedo; el sol que en el Sahara coagula la sangre, entumece y paraliza; la sed que es una sensación mortificante y destructiva; el olor que enseguida nos hará conscientes de que nos encontramos en ese punto de la tierra en que la frondosa e incansable biología no para de trabajar: germina, brota y florece, y al mismo tiempo padece enfermedades, se desintegra, se carcome y se pudre; las enfermedades: la tuberculosis, la malaria que convierte a la persona en una piltrafa humana; los animales, desde los mastodónticos elefantes a los fieros leones, las serpientes o los ejércitos de mosquitos, hormigas, ciempiés, arañas, escarabajos, moscas, polillas, miles y miles de criaturas diminutas a las que no soy capaz ni de describir ni de nombrar.
A todo lo anterior se añade el hambre, la miseria, el hacinamiento en suburbios inmundos, las guerras tribales y la utilización de niños en las mismas; deteniéndose en este último apartado sobre todo en Ruanda y en el enfrentamiento entre tutsis y hutus que provocó, según algunas estimaciones, más de un millón de muertos, lo que lleva a que el escritor termine por creer que en la primavera de 1994 el diablo se encontraba precisamente allí.
Junto a las guerras, el analfabetismo, las supersticiones, el tribalismo que considera al otro un enemigo, y hay dónde elegir: en tiempos anteriores a la colonización y a la conferencia de Berlín (1883-1885) que llevó a cabo la división de África en cincuenta naciones, en el continente existían más de diez mil países entre pequeños estados, reinos, uniones étnicas y federaciones.   
Pero a pesar de lo que pueda parecer por lo escrito hasta ahora, Ryszard Kapuscinski no juzga ni exagera, sólo describe y analiza lo que ve, remontándose en muchas ocasiones a la trágica historia de África: el mercado de esclavos, la explotación de los recursos por los países colonizadores y el total desprecio de éstos por la población original del territorio; la esperanza en la descolonización que quedó en desengaño y amargura al ponerse al frente de los nuevos estados personajes corruptos, tutelados casi siempre por las antiguas metrópolis que pretendían asegurarse así los privilegios económicos de antaño, y se pregunta sin encontrar respuesta qué hacer con millones y millones de personas con su energía sin emplear, con el potencial que llevan dentro que nadie parece necesitar. ¿Qué lugar ocupa esa gente en la familia humana? ¿El de miembros de pleno derecho? ¿El de prójimos maltratados? ¿El de intrusos molestos?
Ébano, considerada la obra más importante Ryszard Kapuscinski se publicó por primera vez en 1998 (ya va por la edición duodécima), entonces no andaban por África los terroristas de al-qaeda ni los del estado islámico ni los de Boko Haram; no había comenzado una nueva guerra civil en Sudán ni diezmado a la población de varios países la epidemia de Ébola ni…
Ryszard Kapuscinski murió el año 2007. La última frase de Ébano dice así: Todavía era de noche, pero se aproximaba el momento más maravilloso de África: el alba.
 

 

lunes, 23 de marzo de 2015

LA TREGUA

Hasta que en uno de los grupos de lectores de los que formo parte se nos recomendó La tregua, obra escrita por Mario Benedetti publicada en 1960, mi conocimiento del autor uruguayo se limitaba a dos libros de poemas: Insomnios y duermevelas y A dos voces. Éste último me lo regaló mi amigo Manolo con la intención de hacer las paces tras una de nuestras acostumbradas “luchas dialécticas”. Hay que decir que yo ya me había adelantado regalándole a él Mortal y rosa de Francisco Umbral. Sería fabuloso que todas las luchas dialécticas que vivimos a diario concluyesen regalando libros. A las otras no me refiero, aunque tal vez tendrían menos virulencia si las personas que las provocan leyesen más. En fin.
Los poemas de Mario Benedetti son profundos y sobrios. Hay en ellos tristeza, rebeldía y también un mensaje de esperanza en la consecución de un futuro más justo a lograr entre todos. Son poemas que agitan y conmueven, que desasosiegan y reconfortan, que duelen y despiertan. Vaya para Benedetti y su poesía un especial recuerdo por la festividad que celebramos el pasado día 21.
Sin embargo, no sé explicar por qué, nunca me aproximé a las obras en prosa del citado autor; así que La tregua ha supuesto una grata y singular sorpresa. Después he leído que se trata de la obra de Benedetti que más veces se ha editado (va ya por la edición nº 148), además se ha traducido a 19 idiomas y llevado al cine, al teatro, la radio y la televisión; pese a todo, Benedetti nunca la consideró la mejor de sus creaciones literarias.
¿Qué tiene este libro de sólo 159 páginas y en forma de diario para resultar tan atrayente? Primero, está muy bien escrito, de una manera clara y precisa; segundo, el lector ha podido sentirse en alguna ocasión, o en muchas, como el protagonista del relato; tercero, sus reflexiones sobre la naturaleza humana son intemporales; cuarto, las referencias que hace a la realidad social uruguaya podemos aplicarlas a cualquier otra sociedad.
El principal protagonista de La tregua y autor del diario es Martín Santomé, un oficinista de Montevideo, viudo y con tres hijos ya adultos: Esteban, Blanca y Jaime, a los ha debido sacar adelante solo porque su mujer murió de una infección tras dar a luz al tercero. Martín vive una vida anodina y resignada que no le facilita la comunicación con sus hijos. Aunque tiene un buen puesto en la oficina, desea jubilarse pensando, sin demasiada convicción, que la jubilación le aportará el empuje vital que no posee. Todo cambia cuando empieza a trabajar a sus órdenes Laura Avellaneda, una joven 25 años menor que él (que está a punto de cumplir 50), de la que se enamora. Con el enamoramiento de Martín, al que Laura corresponde, se inicia “la tregua” que cambiará la vida del hombre para siempre.
Explicado así, parece un argumento muy sencillo; más aún si añadimos que todo sucede durante más o menos un año. Un año en el que Martín repasa su vida, la de su familia, el trabajo, los compañeros, el único amigo, la situación del país y sus gentes, la incertidumbre ante el futuro, el concepto de Dios, el tiempo que se escapa… Lo repasa haciéndose preguntas, planteándose y planteándonos interrogantes, yendo del yo al nosotros desde la voluntad de evitar el egocentrismo y la egolatría, incluso tratándose de un diario íntimo, secreto; nada da por supuesto, no hay certezas ni un clavo al que agarrarse.
Todo hasta que en su existencia pasiva y resignada se produce una “tregua”. Esa tregua que ansía cualquier persona sea joven o vieja, y que Martín Santomé resume con una reflexión que reproduzco y con la que termino de comentar un libro que, a pesar de los años transcurridos desde que fue escrito, me parece, en su desnuda sinceridad, tan cercano como extraordinario. “Es evidente que Dios me concedió un destino oscuro. Ni siquiera cruel. Simplemente oscuro. Es evidente que me concedió una tregua. Al principio, me resistí a creer que eso pudiera ser la felicidad. Me resistí con todas mis fuerzas, después me di por vencido y lo creí. Pero no era la felicidad, era sólo una tregua”.
 

 

domingo, 15 de marzo de 2015

DISTINTAS FORMAS DE MIRAR EL AGUA

Antes de escribir la reseña de la última novela de Julio Llamazares publicada: Distintas formas de mirar el agua, he pedido a dos personas de mi entorno que la leyeran y me dieran después su opinión. Ambas han coincidido en que es un libro correcto y fácil de leer, en dos horas se terminan sus 187 páginas. He intentado ahondar un poco más en esas opiniones y me han dicho que las reflexiones que recoge son las propias de personas corrientes que viviesen una situación similar. 
¿Por qué he pedido ayuda antes de esta reseña? Sencillamente porque he leído tres novelas de Julio Llamazares: Luna de lobos, La lluvia amarilla y Las lágrimas de San Lorenzo, las tres muy diferentes por los temas tratados, pero con elementos comunes de excelente literatura que hacen inconfundible al escritor leonés: intimismo lírico de enorme belleza en las descripciones (Julio Llamazares inició su carrera de escritor escribiendo poesía), expresión de sentimientos que conmueven al brotar de lo más hondo en situaciones dramáticas, reflexiones de tipo filosófico acerca del tiempo y la memoria, por citar algunos de estos elementos de los que sólo he encontrado atisbos en las últimas páginas de la obra que acabo de leer. De ahí la necesidad que tenía de que alguien corroborase lo que me costaba trabajo aceptar.
 Julio Llamazares en Distintas formas de mirar el agua refiere en parte un acontecimiento que vivió de niño: la desaparición bajo las aguas de su pueblo, Vergamián, al construirse el embalse del río Porma. Cuando el autor tenía 28 años, enterado de que iban a vaciar el embalse con objeto de limpiarlo, visitó el lugar, y el espectáculo que contempló de los restos sumergidos le pareció dantesco.   
Así que el argumento de Distintas formas de mirar el agua gira en torno a ese embalse o pantano que recoge las aguas del Porma; pero el pueblo que se ven obligados a abandonar algunos de sus protagonistas no es Vergamián sino Ferreras, una población más entre las varias de la provincia de León que cubrieron las aguas por completo.
La historia está narrada por dieciséis personajes que se aproximan al pantano para dejar en él las cenizas de Domingo: esposo, padre, abuelo, suegro… (el parentesco aparece en la reflexión de cada uno de ellos), quien, tras abandonar Ferreras con su mujer e hijos e iniciar una nueva vida en las tierras que les vendieron no muy lejos de allí, nunca quiso volver a la zona anegada en la que permanece su antiguo pueblo; no obstante, antes de morir hizo prometer a su familia que arrojarían sus cenizas a las aguas que lo albergaban.
A la historia de Domingo, del que todos hablan muy bien, se unen las de los otros personajes que ellos mismos cuentan en su más o menos larga intervención.
De esta manera el libro se hace repetitivo y lo que se relata, carente de los elementos característicos de la prosa de Julio Llamazares ya reseñados, no despierta el interés del lector ni le conmueve en absoluto. Todo son lugares comunes, vidas planas sin ningún misterio o dramatismo y expresiones habituales que cualquiera podría utilizar.
Insisto en que se salva en las últimas páginas la narración de Agustín, hijo de Domingo, al que los demás consideran un poco retrasado y que, por esa razón, tuvo más contacto con él y de élaprendió que "hay distintas formas de mirar el agua".
En resumen y para terminar, pienso que Distintas formas de mirar el agua no está a la altura de los otros tres libros que he leído de Julio Llamazares. Y continúo sin entender por qué este gran escritor de alta literatura ha contado la historia que contiene de manera tan poco literaria.
 

 

martes, 10 de marzo de 2015

DONDE NO ESTÁS

Aunque Donde no estás, último libro publicado por Gustavo Martín Garzo, no sea precisamente mi preferido de todos los que he leído de este autor, hay en él algunas pinceladas que reflejan la personalidad literaria del escritor vallisoletano. Por ejemplo, su modo de profundizar en la psicología de los personajes femeninos y la creación de ambientes misteriosos, en los que la realidad se mezcla con la ficción y el pasado condiciona el futuro.
En el libro que hoy traigo a Opticks, titulado Donde no estás, los personajes femeninos acaparan casi todo el protagonismo, los ambientes son misteriosos, incluso hay un fantasma, y el pasado está presente de una manera u otra en todas sus páginas.
La historia que nos cuenta Gustavo Martín Garzo en Donde no estás se desarrolla en los años 60 mayormente en Villalba de los Alcores, un pequeño pueblo de la provincia de Valladolid al que llega Ana, una adolescente de 15 años que acaba de perder a su madre y vuelve al pueblo, desde el colegio en el que la internaron cuando ésta murió, para pasar las vacaciones de verano junto a su abuela, su tía Joaquina y Fernanda, sirvienta de la casa.
La abuela, otrora de enorme personalidad y capacidad empresarial y organizativa, es ahora una anciana enferma en silla de ruedas y con pocos momentos de lucidez. Fernanda y la tía Joaquina esconden secretos que Ana no logra que le revelen por completo.
Muchas noches a la jovencita se le aparece en sueños una mujer (a la que ella llama “la Señora”) vestida de blanco y con la ropa mojada, que gesticula como queriendo comunicarle cosas importantes.
Entre los sueños, los secretos que intuye y la añoranza de la madre muerta, Ana entra en un estado de tristeza y melancolía del que sólo se libra cuando viene a buscarla Ismael, un muchacho del pueblo que trabaja vendiendo pescado y que, aunque es analfabeto, posee una sensibilidad especial que atrae a la joven desde el primer momento.
Poco a poco, gracias a las confidencias de unos y otros, Ana descubre la historia de Orestes, hermano de la abuela, y de Mariana, su mujer, actriz para la que Orestes construyó una casa aneja llena de habitaciones misteriosas. Descubre también que “la Señora” es Sara, una sordomuda íntima amiga de su madre que murió de manera trágica. Le explican lo que ocurrió en el pueblo durante la guerra civil y después, a causa de la brutal represión falangista. Va sabiendo detalles de la relación que sus padres mantuvieron hasta que se separaron y él marchó a Rusia como voluntario en la División Azul, etc., etc.
Algunos de los descubrimientos que hace Ana los narran a su vez otros personajes de los que aparecen en el libro, proporcionando al lector distintas versiones de un mismo hecho que él debe dilucidar si se ajustan o no a la verdad.
Tal vez por esa reiteración y por la cantidad de acontecimientos inverosímiles que acontecen, a mí el libro no me gustó tanto como otros que he leído de Martín Garzo, por ejemplo, Las historias de Marta y Fernando con el que consiguió el Premio Nadal.
Pese a todo, hay pasajes de una gran belleza y una carta, la que escribe Lucía, madre de Ana, a su hija para que se la entreguen cuando haya muerto, que ocupa la segunda parte del relato, por la que merece la pena aguantar con buen ánimo los cincuenta y tres capítulos de la primera parte.

martes, 3 de marzo de 2015

NOTICIAS FELICES EN AVIONES DE PAPEL. BIRDMAN

Empiezo marzo con un libro de Juan Marsé bellamente editado por la editorial Lumen, se titula Noticias felices en aviones de papel y el breve texto, sólo 88 páginas, se adorna con excelentes dibujos alusivos a la historia que nos cuenta el escritor realizados por la ilustradora María Hergueta.
Una de las frases que hay al inicio del relato, “Quizá hemos acabado con el pasado, pero el pasado no ha acabado con nosotros”, me ha recordado la película Birdman del director Alejandro González Iñárritu que en la reciente gala de los Óscar fue premiada con cuatro estatuillas. Tanto el libro como la película hablan de la memoria. Una memoria que recupera el pasado en forma de alucinaciones más o menos impactantes, de las que participan de alguna manera las personas que rodean al protagonista. En el caso del libro es un adolescente, Bruno, y en el de la película un adulto, Riggan Thomson.
Bruno tiene 15 años y vive en Barcelona con su madre, Ruth, que se separó de su padre, Amador, al que había conocido en una comuna hippy de Ibiza, cuando él tenía 9 años. Al comienzo del libro, Amador, que dice piensa viajar a Nepal, visita a su mujer y a su hijo e intenta congraciarse con éste sin mucho resultado. Ruth continúa queriéndolo, pero los fracasos anteriores en la relación le impiden aceptar que se quede unos días con ellos. Ante la negativa, Amador abandona la casa.
La inquilina del 2º piso del bloque en el que viven Bruno y su madre es la señora Pauli, todos la llaman así, aunque su verdadero nombre sea Hanna Pawlikowska, nacida en Varsovia, ciudad de la que consiguió escapar cuando los nazis asesinaron a casi toda su familia y amigos; le queda una sobrina que viene a verla de vez en cuando.
La señora Pauli tiene 70 años, lleva cincuenta viviendo en Barcelona y su piso está lleno de fotografías y recuerdos de los tiempos en que se ganaba la vida como bailarina. Es una mujer alegre y bastante excéntrica, Bruno piensa que está algo “pirada” porque disfruta de la compañía de un loro, Jacinto, y tira cosas por el balcón; últimamente, pajaritas de papel que hace con hojas de periódico en las que aparecen noticias felices.
Los recuerdos del gueto de Varsovia que alberga la memoria de la señora Pauli son tan fuertes, que se convierten para Bruno en hechos reales.
Riggan Thomson es un maduro actor que en su juventud protagonizó una serie de películas en las que hacía de hombre pájaro (Birdman) que le proporcionaron un gran éxito. Su obsesión actual es dar a su carrera de actor un giro total, representando en el teatro un papel serio. Para ello ha adaptado una obra de Raymon Carver que ensaya con otros actores poco antes de estrenarla en Broadway. Riggan Thomson también está divorciado, tiene una hija adolescente problemática y los recuerdos de su etapa como hombre pájaro le persiguen hasta la alucinación.
Todos los personajes principales del libro y la película buscan amor cada uno a su manera. Amador, el padre de Bruno, le deja la siguiente reflexión sobre el amor antes de marcharse: “Nunca olvides que el amor verdadero que puedas merecer de una mujer no será el que estás buscando, sino el que no sabías que estabas buscando”.
Un libro muy breve, Noticias felices en aviones de papel, con mucho más contenido del que cabe resumir en esta página y exquisitos y sugerentes dibujos, y una película, Birdman, a la que hay quien dice que le sobran escenas, pero que ha merecido cuatro Óscar, haciendo coincidir en sus respectivos argumentos ilusiones, amor y memoria. Principios tan importantes para la vida humana que se pueden confeccionar con ellos obras de arte de diverso género; por ejemplo, estas dos con las que empiezo marzo, que recomiendo tener en cuenta.