lunes, 26 de enero de 2015

EL RÍO QUE NOS LLEVA

Hay libros que requieren dos lecturas, si la primera fue demasiado rápida, para captar lo que el escritor pretende comunicar a través de sus páginas. Esto es lo que sucede con El río que nos lleva, una obra de José Luis Sampedro publicada en 1961.
El argumento de El río que nos lleva gira en torno al trabajo de los gancheros, hombres encargados de arrastrar los troncos de los árboles a través de los ríos hacia las tierras bajas, en las que será transformada y aprovechada su madera. Aquí el río es el Tajo y el escenario del relato el territorio que se extiende desde el norte montañoso de Guadalajara hasta Aranjuez en la provincia de Madrid.
El río que nos lleva está dividido en tres partes: Kan, Tchan y Li, siguiendo la terminología (exagramas) del Libro de la Mutaciones o I Ching, tratado filosófico ético utilizado también como oráculo que fue escrito en China alrededor del año 1200 a. C. Estas tres partes, José Luis Sampedro las hace coincidir con el invierno, la primavera y el verano.
Simplificando mucho, podemos decir que, según El libro de las Mutaciones, el universo está en perpetuo cambio o mutación y las personas debemos aprovechar los cambios para crecer interiormente; por lo cual es importante que nos conozcamos a nosotros mismos.
El cambio en el libro lo representa el río, embravecido o manso, según el trecho o las circunstancias. Los hombres que se mueven junto a él, realizando un trabajo que se extinguirá en poco tiempo son, de alguna manera, arquetípicos y a todos se les ofrece la oportunidad de elegir el camino que les hará conservar su dignidad y realizarse plenamente como seres humanos.
El lenguaje utilizado por el autor para describir los paisajes del entorno del río es de una gran belleza, gusta paladearlo. He leído que José Luis Sampedro, cuando pensó escribir esta historia, viajó a los lugares que planeaba apareciesen en ella. Así que, además de la belleza de las imágenes, encontramos palabras de la zona y otras que ya no se utilizan relacionadas con los trabajos del campo, alimentos, costumbres: botarga, colodra, moñuda, zurra, alquitara…
Los protagonistas principales del relato son Francisco, al que llaman el Americano, que es el capataz de los gancheros; Roy Shannon, un irlandés que regresa tras haber participado en la 2ª Guerra Mundial y se une a ellos y Paula, “la mujer envuelta en sombras” que les acompaña, claro exponente de lo femenino.
El largo viaje a través del río sirve al autor para mostrarnos cómo era la vida en los pueblos durante aquel tiempo: las diferencias sociales representadas por el cacique dueño de vidas y haciendas, el analfabetismo, la dureza del trabajo, las fiestas y el importante papel de la religión de cuyos representantes presenta Sampedro dos versiones del todo antagónicas.
Quizá estas últimas cuestiones provocaron que la censura impidiera a Luis García Berlanga rodar la película que proyectaba hacer, basándose en el libro, en 1962; algo que sí pudo llevar a cabo Antonio del Real en 1989.
Termino el comentario con algunas frases que, a propósito del destino y la dignidad humana, dirige a Shannon don Pedro, un caballero que aparece en la última parte de El río que nos lleva. Las frases elegidas creo reflejan en parte el modo de pensar y sentir de José Luis Sampedro: “Se vive con dignidad cuando se vive con autenticidad”, “¡Libertad! He ahí la posibilidad única de ser auténtico, de cumplirse, de realizarse”, “¡El hombre, el hombre! ¡Ésa es mi esperanza!”

 

 

domingo, 18 de enero de 2015

LOS POLÍGLOTAS

Dice Evelyn Waugh de William Gerhardie, autor de Los políglotas, libro que esta semana traigo a Opticks: “Yo tengo talento, pero lo de Gerhardie es genialidad”.
Pero no sólo Evelyn Waugh se confesaba admirador de Gerhardie, también Graham Greene o H.G.Wells, entre otros muchos, lo consideraban un auténtico genio y a su obra, Los políglotas, la novela más influyente del siglo XX escrita en lengua inglesa.
Sin embargo, leo en la biografía del escritor, que la fama obtenida se desvaneció tras la Segunda Guerra Mundial (había nacido en San Petersburgo en 1895, dentro de una acaudalada familia inglesa, y participado en la primera Gran Guerra).
Algunos de los datos de esa biografía sirven a Gerhardie para dar forma al principal protagonista de Los Políglotas, el joven anglo-ruso Georges Hamlet Alexander Diabologh, militar inglés con el grado de capitán que se pasea por diversos países: Estados Unidos, Japón, China, Egipto…, realizando funciones tan absurdas como encontrar 50.000 gorras de piel perdidas o estar al frente de un departamento de censura inter-aliada en Harbin, lugar en el que transcurre la mayor parte de la novela.
Los acontecimientos narrados en Los políglotas suceden al término de la Primera Guerra Mundial cuando la Revolución Rusa empieza a transformar por completo el país de los zares y sus aledaños.
La familia de Georges Hamlet Alexander Diabologh, junto a la que el joven vive primero en Japón y después en Harbin, está formada por su tía Teresa, hipocondriaca obsesiva que pretende ser el centro de todo, su marido Emmanuel, militar belga que se expresa en francés repitiendo las mismas “muletillas” y es casi un obseso sexual, su hija Silvia, hermosa muchacha en apariencia bastante simple, y su hijo Anatole, al que conocemos por referencias de la tía Teresa, pero que muere fusilado a poco de empezar la novela.
El narrador de la historia es Georges, convencido de su superioridad intelectual, al igual que de otras cualidades: belleza, apostura, intuición psicológica, dinero (todos le piden) e, incluso, limpieza de las botas.
Hasta bien avanzado el relato, mientras Georges cuenta cómo transcurre su vida, la de su familia y la de multitud de allegados (políglotas) con nacionalidades y profesiones distintas que pueblan la casa o la visitan, el libro nos recuerda el humor de Chejov, con detalles hilarantes, fina ironía o descarnada crítica en la presentación de personajes, que debieran realizar misiones importantes, pero que sólo giran y giran en torno a sus manías, sus vicios o sus excentricidades. Ni el amor que a ratos parece sentir por su prima y al que ella corresponde a su manera, se libra de la sátira y está más cerca de lo cómico que de lo trágico.
El cambio de registro, la aproximación a la tragedia, se produce de manera sutil. Las elucubraciones de Alexander (como gusta llamarle su tía) y las observaciones que va recogiendo para el libro que escribe y piensa titular Análisis psicológico de las etapas sucesivas de la evolución de una actitud, se hacen más serias y profundas, alcanzando los dominios de la metafísica. Las preguntas que se hace sobre el ser y la nada, el destino, la muerte o el más allá, instan a reflexionar, cuestionan y no tienen nada de cómicas.
Junto a la detallada y pedagógica descripción, física y de actitudes, de los personajes adultos, así como de los lugares visitados, sus gentes, paisajes y costumbres, destaca el modo que tiene Gerhardie, a través de los ojos de Alexander, de hablarnos de los niños que aparecen en el relato, en especial de la pequeña Natasha, tan importante al final de la historia.
En resumen, Los políglotas de William Gerhardie, traducido con notable maestría por Martín Schifino, que escribe también la introducción de la obra, es un libro brillante, inclasificable y atemporal, capaz de complacer a los lectores más exigentes.

domingo, 11 de enero de 2015

LOS CASOS DE MONTALBANO

Para ayudarme a pasar unas vacaciones distraídas y sabiendo que algunas veces he visto en televisión la serie creada a partir de ellas, uno de mis hijos me regala las tres primeras novelas de Andrea Camilleri, publicadas entre 1994 y 1996, que tienen como protagonista al comisario Salvo Montalbano.
En el interesante prólogo que aparece en el libro que las incluye, Andrea Camilleri nos explica el proceso que le llevó a escribir una nóvela del género negro y a ponerle a su principal personaje el nombre de Montalbano.
Lo de atreverse con el género negro surgió a consecuencia de que todo lo que había escrito hasta el momento procedía de impulsos un tanto anárquicos que ajustaba en el momento de organizar la trama de la narración. Por ese motivo, suponía un reto lograr una estructura narrativa sólida sin saltos temporales ni lógicos. Una estructura que siguiera las reglas que, según un texto de Leonardo Sciascia, debe respetar un autor policiaco.
Asumido el reto, había que buscar un escenario adecuado en el que desarrollar el relato. De nuevo la idea se la dio un escritor: el relato se desarrolla en Sicilia para contradecir a Italo Calvino que consideraba imposible ambientar allí una novela negra.
También un escritor resultó determinante a la hora de elegir el nombre que debía darle al personaje principal: eligió Montalbano en homenaje a Manuel Vázquez Montalbán, afirmando que la novela de éste titulada El pianista le sirvió de orientación mientras escribía una de sus obras.
Tras explicarnos esto, el escritor italiano analiza cómo evoluciona, libro tras libro, el personaje central de la trama, ya que, tras el gran éxito obtenido por el primero, La forma del agua, y dadas las muchas peticiones de los lectores para que continuase la serie, no siendo ésa en principio su intención, tuvo que ir dotándolo de más entidad en el aspecto familiar, sentimental, psicológico, etc.
Esa evolución se aprecia fácilmente en la tercera de las tres novelas que contiene el libro, El ladrón de meriendas, en la que se nos habla de la infancia del comisario, aparece su padre y adquieren mayor importancia sus sentimientos, fobias y reacciones; algo que no encontramos en La forma del agua o en El perro de terracota, segunda de las novelas que protagoniza.
En lo que sí coinciden las tres es que en todas ellas el comisario Montalbano ha de resolver un asesinato, o varios, ayudado por su intuición policiaca y por algunos de sus colaboradores; también en la crítica de la corrupción política, administrativa y hasta policial que existe en Sicilia y, por supuesto, en el destacado papel de la mafia y el control que ejerce sobre gran parte de la sociedad siciliana. Aunque en este último apartado, Andrea Camilleri se muestra bastante prudente.
Y junto a la mafia, los asesinatos y la descarnada pintura de personajes y situaciones, suavizada con detalles de humor y ternura, resalta la figura de Salvo Montalbano: “Un hombre inteligente, fiel a su palabra, reacio a los heroísmos inútiles, culto, buen lector, que razona con sosiego y que carece de prejuicios”.
Además, y esto es común a todas las novelas negras que conozco, el protagonista disfruta de los placeres que proporciona la buena mesa y tiene la suerte de encontrar siempre personas expertas en cuestiones culinarias.
Mientras leía las citadas novelas, tuve ocasión de comentarlas con una joven italiana que nos visitaba esos días. Ella me explicó que Andrea Camilleri no exageraba en absoluto al hablar de corrupción en la isla de Sicilia, ilustró su explicación mostrándome en el móvil un puente inaugurado en las últimas semanas que se había partido por la mitad. Lo que me llevó a pensar que, dadas las circunstancias ambientales, al comisario Montalbano no va a faltarle trabajo durante mucho tiempo.

domingo, 4 de enero de 2015

LA MARAVILLOSA VIDA BREVE DE ÓSCAR WAO

Para empezar el año 2015 traigo a Opticks un libro especial, se trata de La maravillosa vida breve de Óscar Wao y su autor es  el dominicano estadounidense Junot Díaz.
Considero especial La maravillosa vida breve de Óscar Wao por diversas razones: porque tratándose de la primera novela que escribe Junot Díaz, ha obtenido el premio Pulitzer 2008 y el National Books Critics Circle Award; por el lenguaje que utiliza en ocasiones, una jerga mezcla de palabras de la República Dominicana y del inglés estadounidense; por el contenido del relato en sí, que participa de la novela histórica al adjuntar numerosas aclaraciones a pie de página que nos explican los desastres de todo tipo ocurridos durante el mandato de Trujillo, la catadura moral del político, su familia y sus colaboradores; de la autobiografía, porque da la impresión de que diversos pasajes del libro responden a vivencias del autor; de los libros de iniciación a la vida adulta, ya que el principal protagonista es un niño en el primer capítulo de la historia y tanto él como su hermana y otros personajes viven una adolescencia complicada. Pero también en La maravillosa vida breve de Óscar Wao hay magia, crítica social, humor, ciencia ficción, ternura, asesinatos, aventuras, sexo, amistad y amores más o menos intensos.
Aunque es difícil explicar lo anterior en breves líneas, me esforzaré en hacerlo. Junot Díaz comienza La maravillosa vida breve de Óscar Wao hablándonos del fukú, una especie de maldición que llegó a La Española con los primeros colonizadores y cuyo “antídoto” se encuentra en la palabra zafa, que ha de pronunciarse acompañada de un gesto con las manos. El fuku, entre otras muchas desgracias, originó el advenimiento de Rafael Leónidas Trujillo Molina y de sus huestes.
A continuación, ya en el capítulo uno, el escritor pasa a describirnos los primeros años de vida de Óscar en el seno de una familia dominicana residente en Nueva Jersey, familia que forman su madre, Belicia Cabral, su hermana, Lola, su tío Rudolfo que va y viene entre la casa y la cárcel y, en la República Dominicana, La Inca, tía abuela de Belicia.
Conforme va creciendo, el extrovertido y popular Óscar niño se convierte en un joven obeso, tímido, obsesionado con las chicas a las que es incapaz de acercarse y cuya principal afición, rayana en lo obsesivo, son los libros de ciencia ficción, los juegos de rol y los cómics. Tratándose de un lector compulsivo, su inteligencia, unida a su extenso vocabulario, le impulsan a escribir un libro similar a los que tanto le atraen, con el que lograr la fama y la admiración de las chicas.
En todo este proceso, el autor ahonda en los problemas de los inmigrantes atrapados entre dos culturas, el desarraigo, la violencia en la escuela y en la sociedad, que padecen tanto Óscar como su hermana, y las dificultades a las que se enfrenta su madre para sacar adelante a la familia de trabajo en trabajo, escondiendo su vulnerabilidad tras una capa de dureza y orgullo.
La historia, que unas veces está narrada en primera persona por Junior, amigo de Óscar y de Lola, de la que el joven está enamorado y que parece ser el alter ego de Junot Díaz, y otras en tercera persona, no es lineal. Así que, alternándose con lo que acontece a la madre, a los dos hermanos y a Junior, conocemos lo que sucedió en Santo Domingo a la familia Cabral, una sucesión de actos violentos y dramáticos ejecutados por los esbirros de Trujillo que provocaron que sólo quedase viva Belicia, que La Inca la recogiera y que su vida en la isla, por una gran variedad de motivos, resultase bastante trágica y complicada.
Los últimos capítulos narran la llegada de Belicia Cabral y de sus hijos a Santo Domingo para pasar unas vacaciones, el encuentro con los orígenes, la decepción ante la pobreza, la miseria y las desigualdades sociales, pero también la fascinación por la belleza de unos paisajes y unas gentes distintas y, a la vez, muy cercanas.
La calidad del libro requeriría un comentario mucho más extenso, pero como no es esa mi costumbre, terminaré destacando el modo magistral que tiene Junot Díaz de presentarnos a los distintos personajes, mostrándonos el carácter de cada uno de ellos a través de sus acciones, hasta conducirnos a un final de enorme valor épico. Un final que convierte en maravillosa la breve vida de Óscar Wao.