domingo, 4 de octubre de 2015

CHARLOTTE

En la presentación de su último libro titulado La Zona de Interés, que tiene como tema central el Holocausto, Martin Amis se apoya en Primo Levi cuando éste dice que no debemos tratar de entender el Holocausto; apostillando el escritor inglés: Es un alivio no tener que hacerlo, porque va más allá de lo inhumano, es antihumano.
Sin embargo, yo, cada vez que leo un libro relacionado con ese terrible periodo de la historia del mundo, continúo preguntándome cómo pudo ocurrir algo así en la muy avanzada y civilizada Alemania. Cómo unos individuos, invocando la pretendida superioridad de la raza, en este caso aria, pudieron planificar la llamada solución final que condujo al asesinato de más de seis millones de personas: hombres, mujeres, ancianos y niños.
Pues bien, mientras leía el libro que hoy traigo a Optiks, que se titula Charlotte y está escrito por David Foenkinos, me he vuelto a hacer idéntica pregunta.
Por eso, al leer en el periódico las palabras que Martin Amis reproduce de Primo Levi, he pensado que quizá debo dejar de buscar una explicación al comportamiento antihumano de tantos, porque como ser humano que soy, jamás tendré la posibilidad de entenderlo.
Así que intentaré ceñirme a lo que David Foenkinos nos cuenta de Charlotte Salomón, una pintora alemana que, por el hecho de ser judía, es conducida a las cámaras de gas en Auschwitz el 10 de octubre de 1943; tenía veintiséis años y estaba embarazada de cinco meses.
Explica David Foenkinos que descubrió a Charlotte en una exposición de su pintura realizada hace ocho años. Ocho años en los que buscó información sobre ella, visitó los lugares donde vivió, preguntó a aquellos que podían saber algo de su historia y empezó a escribir muchas veces la obra que ahora publica, a la que califica de biografía emocional por el impacto que el conocimiento de la vida de esta joven mujer causó en él.
Ese impacto emocional determina la forma en que está escrito el libro y que sorprende al lector en un principio: frases cortas a semejanza de un largo poema de versos libres.  
Luego, cuando el relato va avanzando, entiendes que no hay mejor manera de expresar la emoción, el amor, el miedo, el horror que unas pocas palabras y un punto. Puede ser porque aquello que lees es tan terrible o tan hermoso que precisas de una pausa para asimilarlo. Porque el escritor pretende golpearnos con sus frases para que no olvidemos a Charlotte. O porque él mismo, impresionado por lo descubierto, es incapaz de construir una narración a base de palabras no esenciales, es decir, de relleno.
Charlotte, que ha logrado ya el Premio Renaudor y el Goncourt des Lycéens, es una obra que indigna, conmueve y pone de manifiesto una vez más el poder que la creación artística, la inspiración, el genio ejerce sobre el ser de una persona, hasta el punto, como en el caso de Charlotte Salomon, de alejarla de la depresión y del suicidio que acabó con varios miembros de su familia; así como convertir el producto de ese genio, una especie de autobiografía en la que intervienen la literatura, la pintura y la música, a la que ella llamó ”Leben? Oder Theater?” (¿Vida? O ¿Teatro?) en un canto de amor y de esperanza.  
 

 

 

 

 

 

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