martes, 25 de agosto de 2015

HOMBRES BUENOS

Atendiendo a la recomendación de mi amiga Mila, acabo de leer la novela  Hombres buenos de Arturo Pérez-Reverte. Novela que me interesó desde el principio por el  tema que trata y por la forma original que tiene el escritor de plantearlo.
Antes de comentar el argumento, reproduzco unos párrafos en los que Pérez-Reverte manifiesta las intenciones que le movieron a escribir esta historia: “Demostrar que en un mundo como el actual, donde el fanatismo, la estupidez y la ignorancia hacen tanto daño, donde radicalismos absurdos están destrozando muchos lugares del planeta, sigue siendo el diálogo y la razón, la cultura en torno a los libros y la buena voluntad el único mecanismo de salvación, la única terapia y analgésico”.
Afirma Pérez-Reverte en la misma entrevista que hombres buenos hay muchos pero ni se les ve ni se les escucha; y yo me permito añadir, sus voces se confunden con las de tantos otros que gritan más aunque no digan nada provechoso.
La novela Hombres buenos nos cuenta los problemas a los que tuvieron que enfrentarse dos “hombres buenos” miembros de la Real Academia Española, el bibliotecario Hermógenes Molina y el brigadier Pedro Zárate y Queralt, cuando aceptaron llevar a cabo la tarea que en la Real Academia les encargaron, que consistía en viajar a París y adquirir de forma casi clandestina los 28 volúmenes de la primera edición de la Encyclopédic de D´Alembert y Diderot que estaba prohibida en España.
El relato del viaje realizado por los dos académicos desde el Madrid de Carlos III hasta el París de Luis XVI, jalonado de intrigas, incertidumbres y sobresaltos, nos recuerda las novelas de aventuras que tanto aprecia este escritor. El carruaje que transporta al bibliotecario y al brigadier transita por caminos que dificultan sobremanera su paso la mayoría de las veces y en los que abundan, junto a los baches, los bandoleros. El descanso nocturno de hombres y bestias tiene lugar en ventas y posadas, atendidas por los típicos venteros, mozos y mozas característicos de aquella novelada época, que los alojan en habitaciones con pocas o nulas comodidades. Todos esos inconvenientes se ven agravados por la presencia de un matón siniestro, Pascual Raposo, al que otros dos académicos, llevados ambos por motivaciones diferentes, expuestas con detalle en el libro, le han encomendado la misión de impedir por cualquier método que los tomos de la Enciclopedia puedan llegar a España.
La descripción del París anterior a la revolución, a la que se aplica Pérez-Reverte con meticulosidad, se inicia con la entrada en la ciudad de los “hombres buenos”. En el París de entonces convivían la miseria absoluta y la opulencia más obscena, reflejada en suntuosas fiestas y espléndidos salones literarios. Las ideas del Enciclopedismo, apelando a la razón, al diálogo y a la cultura, quedaban apagadas por consignas revolucionarias que pretendían acabar por la fuerza con el antiguo régimen, y que se encargaban de difundir los más exaltados, como el abate Bringas, que acompaña a los dos caballeros durante sus pesquisas para hacerse con la Enciclopedia y les enseña las muchas caras que tiene la capital de Francia.
Pero junto a los aspectos propios de la novela histórica y de aventuras, Pérez Reverte desarrolla un aspecto más que tiene que ver con lo que algunos llaman metaliteratura. Así explica la gestación y posterior elaboración de Hombres buenos mezclando datos y personajes verídicos con otros inventados, tanto históricos como personales. De manera que no sabes dónde acaba el rigor documentalista y empieza la fabulación. Merced a este sistema, Pérez-Reverte introduce en el texto sus opiniones, no muy positivas, sobre España y los españoles, a la luz, nunca mejor dicho, del denominado Siglo de las Luces.
En resumen, Hombres buenos es una novela con el sello inconfundible de su autor, Arturo Pérez-Reverte, que ilustra y entretiene al mismo tiempo.  

 

 

 

 

 

 

 

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