miércoles, 1 de julio de 2015

LA ISLA DEL PADRE

“A cada marino que sepa merecerlo, el mar, mágicamente, le asigna una isla para que sea su refugio de reposo o serenidad en la inabarcable incertidumbre de los océanos”. Esta es una de las muchas historias que Leonardo, el padre, jefe de máquinas en tantos barcos, contaba a su hijo Fernando con la intención de vencer el Miedo Mutuo que se había levantado entre ambos desde aquella primera vez que, al volver de uno de sus viajes a la casa familiar en Bilbao, él con 18 meses, rey absoluto del hogar hasta entonces, rechazó su presencia: ¿Quién es este hombre? –Es papá- ¿Y se va a quedar?
Ahora, en 2013, cuando el padre ya ha muerto, en una prolongación inesperada de la vida que ha durado cuatro años, tras operarle de un cáncer de estómago al cumplir los 90, la madre se ha marchado a vivir con su hermana y la casa, escenario de tantas vivencias familiares, está a punto de entregarse a las personas que acaban de comprarla, Fernando Marías, acompañado de la figura amable y vigorosa del padre ausente, en un intenso ejercicio de introspección, va volcando en un libro los recuerdos, lo que le aproximó o alejó de un hombre del que no puede decir nada malo, aun sabiendo que todos los seres humanos ocultamos en nuestro interior un legajo de sombras.
La isla del padre  es una obra intimista y sincera que conmueve al lector, quizá más al de mediana edad que ha vivido en primera persona el proceso de envejecimiento y muerte de sus padres.
Aunque también los jóvenes podrán reconocerse en el muchacho que sale de casa y va a estudiar a la capital, Madrid nada menos, dispuesto a comerse el mundo. Aquí Fernando Marías se centra en sí mismo, nos muestra sus miedos, sus titubeos, ilusiones y fracasos; su caída al abismo del alcohol y la noche y su, por fin reconquistada serenidad actual.
Cinco palabras: Pagasarri. Árbol. Aurora. Temblores. H., viejas fotografías color sepia, una carpeta de lugares y fechas en la que el padre guarda los distintos servicios profesionales que, a partir de 1954, realiza como marino mercante; algunas indicaciones de la madre y la sobrina Irene y los propios recuerdos, sirven a Fernando Marías para llevarnos al encuentro del hombre que tanto significó en su vida de niño solitario y sensible aficionado a la lectura y al cine, hasta el extremo de que en las páginas del libro aparecen los títulos de una gran cantidad de películas que le impulsaron a querer emular a los directores que tanto admiraba.
Amor al cine y a la literatura compartidos por el padre y el hijo, de los que se sirvieron, ahora Fernando va cayendo en la cuenta de situaciones que así lo atestiguan, para alejar el Miedo Mutuo instalado entre ellos.
La isla del padre es un libro breve pero muy bien escrito y con una enorme variedad y riqueza de contenido. La historia del padre, desde que con 17 años se enrolase en el ejército republicano hasta su muerte en el 2013, hace que los lectores recorramos también una parte de la historia de España. Las aficiones al cine y a la literatura del hijo, su desbordante imaginación que le lleva a ver en el padre ausente unas veces un aventurero, otras un espía, otras el heroico protagonista de sus películas, nos aproxima al mundo mágico de bibliotecas y filmotecas que tantas emociones y ratos especiales nos aporta.
Luego está el aspecto sentimental de la obra, la ternura, el cariño, la nostalgia y el agradecimiento por el amor que se entregó sin esperar ninguna clase de contrapartida. Un amor que ha hecho a Fernando Marías ser lo que ahora es y a su libro La isla del padre recibir el Premio Biblioteca Breve 2015 que otorga la Editorial Seix Barral.

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