martes, 9 de junio de 2015

UN OTOÑO ROMANO

Javier Reverte escribió Un otoño romano, libro del que hoy hablo en Opticks, en el 2014. Inició Canta Irlanda, obra ya comentada en la revista, en 2004, aunque la terminase unos años después, 2012. Corazón de Ulises, el libro más antiguo sobre viajes que he leído de este autor, fue publicado en 1999.
Explico lo anterior al constatar que las percepciones de Javier Reverte, cosa lógica por otra parte, se han modificado con la edad y se nota bastante si comparamos, sobre todo, Corazón de Ulises con Un otoño romano.
En principio, porque el segundo es un libro de encargo. Javier Reverte cuenta en las primeras páginas que Un otoño romano nació tras sugerirle su amigo  José Antonio Bordallo, Director de la Real Academia de España en Roma, que podría escribir acerca de la ciudad  mientras residía como invitado en dicha academia.
Después y muy importante, por el contenido de la obra, más crítica y hasta despiadada con los personajes que aparecen: papas, artistas, reyes, políticos, ciudadanos de a pie, etc. que las anteriores. Sólo se salvan de la quema (en la que arden Giordano Bruno, Savonarola y a punto estuvo de arder Galileo), las hermosas mujeres romanas.
Finalmente, por la vida que lleva el escritor durante el tiempo en que da forma al libro: comidas exquisitas, recepciones, conferencias, honores y agasajos, algo propio también de un personaje popular y mundialmente reconocido.
Así que Un otoño romano, siempre a mi parecer, es un libro otoñal en el amplio sentido del vocablo. La mirada del joven que escribiera Corazón de Ulises ha perdido el candor, la benevolencia y el ansia de futuro. Ahora se trata de un hombre mayor que analiza el pasado sin poner nunca excusas y apoyándose a veces en textos y poemas que dan aún más rotundidad a lo que expone, como Giuseppe Gioachino Belli, poeta satírico romano del siglo XIX ateo, descarado y obsceno; Valle-Inclán, cuya experiencia como director de la Academia de Bellas Artes de España en Roma durante la 2ª República fue un desastre, Charles Dickens, Mark Twain, James Joyce o Chateaubriand, entre otros varios.
Por lo demás, el libro sigue un esquema parecido a los anteriores: análisis histórico y de personalidades destacadas en todos los campos, que ha requerido una cuidada y exhaustiva investigación; observación de la realidad cotidiana y descripción detallada de los lugares que se visitan, muy poética cuando se refiere a paisajes o cambios de tiempo, y fragmentos de obras u opiniones de las personas estudiadas.
Termino el comentario de Un otoño romano con el poema de Ovidio que aparece en la penúltima página, creo que expresa de manera genial lo que intuyo sentía Javier Reverte escribiendo en otoño sobre la ciudad en la que todo es obra humana destinada a la eternidad, ambición de trascendencia… Pero no por los caminos de la mística, sino por los senderos del arte.
Cuando me asalta el recuerdo de aquella tristísima noche
que fuera la última vivida en la ciudad;
cuando revivo la noche en que abandoné todo cuanto amaba,
una lágrima se desliza de mis ojos.
Ya callaban las voces de hombres y de los perros
y la alta Luna conducía corceles nocturnos…

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