lunes, 18 de mayo de 2015

EN LA TIERRA DE LOS PASOS PERDIDOS

Cuando mi amiga Mila me prestó el libro que hoy traigo a Opticks: En la tierra de los pasos perdidos de la escritora Stefanie Gercke, lo hizo diciendo que le encontraba bastantes similitudes con El tiempo entre costuras de María Dueñas. Al terminar de leerlo, comprendí que tenía razón. Veamos por qué:
En primer lugar, se trata de una novela de muchas páginas, quinientas setenta y cuatro. En segundo lugar, la protagonista es una habilidosa y cotizada costurera. En tercer lugar, existe como marco una época histórica convulsa, aquí la Sudáfrica del apartheid. En cuarto lugar, contiene los ingredientes que caracterizan a esta clase de relatos: amor, violencia e intriga. En quinto lugar, es un libro pensado para gustar sobre todo a mujeres.
Visto lo cual, absténganse puristas y exquisitos, críticos ellos con los culebrones; En la tierra de los pasos perdidos es eso, un culebrón, pero con la singularidad de que logra entretener y atrapar la atención de las lectoras, pasadas las primeras páginas que encuentro algo titubeantes.
Dicho lo cual y dejando a un lado la seguridad del entretenimiento, pienso que el principal valor de En la tierra de los pasos perdidos reside en la descripción que Stefanie Gercke realiza de los paisajes sudafricanos, ella vivió en Sudáfrica bastantes años, así como de los conflictos existentes entre la población blanca y la de color (negros e hindúes); conflictos que obligaron a la autora a abandonar el territorio, al que regresó tras ser elegido presidente del país Nelson Mandela.
En la tierra de los pasos perdidos nos cuenta una parte de la vida de Henrietta, hermosa joven alemana, nacida en África pero residente en Hamburgo, a la que sus padres, considerándola demasiado rebelde, la envían a la ciudad de Durban en Sudáfrica a casa de unos parientes. Pronto Henrietta comprobará las diferencias sociales que existen en dicha ciudad y se verá envuelta en convencionalismos y rencillas que alterarán el recuerdo difuso que guarda de su breve experiencia africana.
Insisto en que los convencionalismos, las rencillas, las injusticias que se cometen con la población de color, los abusos de la policía y el servicio secreto (BOSS) creado por los blancos, así como las primeras actividades revolucionarias del CNA y Mandela, están bien descritas y aportan la credibilidad necesaria para que la novela interese.
El amor entre Henrietta y el atractivo Ian Cargill, factor imprescindible en cualquier culebrón que se precie, pero algo exagerado y un tanto empalagoso, es lo que quizá, siempre a mi parecer, conecta la novela más con el público femenino que con el masculino. Aunque no desearía que nadie se sintiese ofendido/a con esta personal apreciación.
 

 

 

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