domingo, 26 de octubre de 2014

FLORES DE VERANO

Si no profundizamos en el título del libro que hoy traigo a Opticks, es decir, si conocedores del tema que desarrolla en su interior, no le damos vueltas intentando buscar mensajes ocultos, podríamos calificarlo de PARADOJA, ya que el libro se llama Flores de verano y trata de la destrucción de Hiroshima por la primera bomba atómica lanzada en la historia.
El autor de Flores de verano es Tamiki Hara, un escritor japonés nacido en Hiroshima, ciudad donde se hallaba el día 6 de agosto de 1945 cuando, a las 8 y quince minutos estalló la bomba que mató de forma instantánea a unas 140.000 personas, entre ellas algunos de sus familiares.
Esa traumática experiencia la recoge Tamiki Hara en Flores de verano que da nombre al libro, aunque en él encontramos otros dos relatos del escritor relacionados con la ciudad: Preludio a la aniquilación y De las ruinas.
La obra, de poco más de ciento treinta páginas, incluye también una interesante introducción escrita por Fernando Cordobés, un conjunto de fotografías de Hiroshima después del bombardeo y hasta un mapa que reproduce a doble página el territorio que abarcaba.
Tamiki Hara, de personalidad sensible y tímida, pertenecía a una familia numerosa visitada con frecuencia por la muerte. Quizá ese hecho contribuyó a que se convirtiese en un joven introvertido y antisocial que tenía como refugio la Literatura y se comunicaba con los demás a través de su esposa, con la que estuvo casado once años hasta que murió de tuberculosis en 1944.
Esta nueva muerte hizo que Tamiki Hara regresase a la casa familiar en Hiroshima, lo que describe en Preludio a la aniquilación.
La destrucción que provocaban los bombardeos del ejército norteamericano, el alistamiento y entrenamiento forzoso de muchos jóvenes, entre ellos él mismo; la evacuación de niños y niñas a lugares seguros, las sirenas que avisaban de la llegada de aviones enemigos, la adaptación de los habitantes de la ciudad a las restricciones y problemas que trae consigo la guerra…Todo lo narra Tamiki Hara de tal manera, que podemos contemplar lo que ocurre y pasear a su lado por los lugares en los que había transcurrido su infancia.
Sin esperarlo y sin tan siquiera saber qué estaba sucediendo, cae sobre los habitantes de Hiroshima la primera bomba nuclear de la historia. Tamiki Hara es testigo de todo y su narración en el capítulo titulado Flores de verano constituye un documento estremecedor de enorme valía, tanto histórica como literaria.
El terror más absoluto se apodera de los supervivientes, que huyen despavoridos en la oscuridad sobrevenida, entre ruinas humeantes o tremendos incendios. Las heridas causadas por la bomba no se parecen a nada conocido. El escritor no ahorra detalles escalofriantes de esas heridas y de las lesiones, igualmente impactantes, que provoca la radiactividad.
Como su nombre indica, De las ruinas presenta el intento de los afectados por seguir viviendo, cuando todo a su alrededor es una ruina y el aire está lleno de algo desconocido que hace enfermar y morir a la gente entre terribles sufrimientos. La búsqueda de seres queridos entre cadáveres putrefactos, los gemidos de los agonizantes, la masiva incineración de los muertos, el hambre, la desesperación, el final de la guerra que nada significa para los pocos que han sobrevivido.
Tamiki Hara sobrevivió al horror de esos días. Su testimonio debiera ser lectura obligatoria para todos aquellos que ponen la confianza en las armas y las finanzas en los beneficios que obtienen con su fabricación. En ambos casos, temo sería inútil.
Como también fue inútil para Tamiki Hara intentar exorcizar fantasmas y recuerdos aprovechando su pasión por la Literatura. Al poco tiempo de publicar El país que mi corazón desea se suicidó. Fue un 13 de marzo de 1951, tenía 45 años.

lunes, 20 de octubre de 2014

EN LA ORILLA

El libro En la orilla que le ha valido a Rafael Chirbes el Premio Nacional de Narrativa 2014 y el Premio Francisco Umbral a la mejor novela 2013, es una extensa (437 páginas) y desalentadora reflexión sobre la vida en general, tomando como punto central del argumento los problemas que la crisis de la construcción acarrea a Esteban, un carpintero de Olba.
El primero en ver la carroña es Ahmed Ouallahi”. Así empieza En la orilla. De ahí en adelante podríamos decir que todo lo que nos presenta el autor valenciano tiene el aspecto y el olor de la carroña, de la podredumbre que esconden las mansas aguas del pantano. Todo, excepto la imagen de la infancia que evoca Esteban, el protagonista principal de la historia: la pesca en el pantano con el tío Antón, la visita a la feria también en compañía de éste, la ayuda que le prestaba para lograr que dominase el arte de la carpintería en el taller del padre que antes fue del abuelo.
Un padre que no olvida la cárcel en la que estuvo por republicano, las penalidades de la posguerra y el asesinato de su propio padre junto a las tapias del cementerio en la guerra civil.
Un padre que esperaba de Esteban algo distinto de lo que ha obtenido y que, quizá por eso o por la amargura que traen consigo los recuerdos, nunca tuvo con él un gesto de amabilidad o reconocimiento.
Un padre al que ahora con más de 90 años, impedido y ausente, Esteban debe cuidar en todos los aspectos, al no poder pagar a la mujer colombiana que se había ocupado de él hasta la llegada de la crisis.
Junto a la benévola imagen de la infancia, proporciona un respiro en el desastre la bella descripción del paisaje, cuando aún no había sido afectado por la especulación urbanística que llenó el horizonte de grúas y el aire de impaciencias.
Todos querían alcanzar en poco tiempo lo que sólo unos privilegiados disfrutaban: potentes y aparatosos automóviles, chalets de muchos metros, pantagruélicos banquetes, prostitutas de lujo, yates, drogas, viajes a lugares exóticos… Excesos acompañados de la más absoluta corrupción.
No se escapa ningún estamento social ni se deja fuera ninguno de aquellos llamados Pecados Capitales que nos hicieron aprender de niños: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza abundan en las páginas del libro, ofreciéndonos escenas inquietantes y, demasiadas veces, repulsivas.
En el universo creado por Rafael Chirbes, que él sitúa en su Valencia natal, reconocida sin esforzarse en absoluto, aunque cambie los nombres de los pueblos por Olba o por Misent, no caben ni la esperanza ni la compasión: “El hombre es un siniestro reproductor de sombras”, “No hay ser humano que no merezca ser tratado como culpable”.
El estilo del escritor es sobrio y denso, los temas tratados en sus libros, al menos en los que yo he leído: La buena letra, Los viejos amigos, Crematorio y ahora En la orilla, no admiten florituras. Escribe con frases cortas y directas, utiliza poco el punto y aparte, escasean los diálogos.
En esta última novela, En la orilla, alterna la primera persona y la tercera. Las reflexiones y recuerdos de Esteban, que ocupan la mayor parte del libro, se acompañan y diferencian, mediante la utilización de cursiva, de lo que cuentan otras personas. Entre ellas algunas que se ha visto obligado a despedir por culpa de la crisis (le han embargado todo lo que posee, al actuar como avalista de un promotor inmobiliario que ha desaparecido dejando a mucha gente en la ruina). Las aportaciones de esas personas siguen la línea amarga del relato.
Resumiendo, En la orilla es uno de esos libros bien escritos que abruma y desalienta por la crudeza y el realismo con los que el autor, Rafael Chirbes, expresa lo que piensa y siente.
Creo que no es una obra aconsejable para que la lean posibles turistas.

lunes, 13 de octubre de 2014

HEREJES

Hace ya algunos meses la directora de un taller de escritura me recomendó leyera El hombre que amaba a los perros del escritor cubano Leonardo Padura, hasta entonces desconocido para mí.
Al informarme del argumento del libro en cuestión (asesinato de Trotsky por Ramón Mercader), no me apeteció demasiado su lectura, así que continué sin saber nada acerca del autor.
Ha sido ahora, al hablarnos Kiko de Herejes, X Premio de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza y  obra también de Leonardo Padura, cuando he buscado información sobre el escritor citado.
Leonardo Padura nació en La Habana, lugar donde reside, en 1955. Además del Ciudad de Zaragoza, ha recibido numerosos premios, en especial por sus novelas policiacas que tienen como protagonista principal a Mario Conde (no confundir con el banquero), antiguo policía retirado que malvive en la Cuba actual junto a un grupo de amigos que, aunque desengañados como él de la revolución, cuyos prometidos logros nunca vieron, viviendo en una Habana que se cae a pedazos, son incapaces de abandonar el país, porque fuera de su tierra se sentirían perdidos.
Ese ambiente de sueños frustrados y realidades ásperas en las que cada minuto cuenta, aunque haya que pasarlo acompañándose de tragos de ron más o menos infecto, lo refleja de forma magistral Leonado Padura en la primera parte de Herejes, que titula Libro de Daniel, y en la tercera, Libro de Judith.
El punto de partida de Herejes es la tragedia que padecieron novecientos judíos autorizados por los nazis el 1939 para salir de Hamburgo en un barco, el Saint Louis, y viajar hasta La Habana, previo pago de una cantidad de dinero a ciertas autoridades cubanas y a los responsables de la partida en Alemania, país en el que les obligaban a dejar todas sus posesiones.
Los nazis pretendían así demostrar al mundo que se podía abandonar su territorio cuando se deseara. Aunque de antemano conocían el fracaso de la expedición, ya que el ministerio de propaganda de Goebbels llevaba tiempo difundiendo en La Habana consignas antisemitas y las autoridades cubanas, débiles o corruptas, tampoco iban a facilitar la acogida.
Ésa es la historia con la que empieza el Libro de Daniel. Pero pronto el autor nos traslada a La Habana del año 2007 y nos presenta a Conde, que sobrevive actuando de intermediario entre antiguos jerarcas del régimen, que ocuparon las viviendas de exiliados o muertos durante la revolución en las que había libros antiguos que ahora quieren vender, y coleccionistas extranjeros interesados en su compra.
El hecho de que cada vez encuentre menos libros y las penurias económicas que lo acompañan preocupan sobremanera a Conde hasta que Elías Kaminsky, judío norteamericano recién llegado a Cuba, le encarga investigar sobre un suceso acaecido años atrás que protagonizó su padre, Daniel Kaminsky, hijo de dos pasajeros del Saint Louis rechazados en La Habana y muertos en un campo de concentración alemán. En el suceso resultará determinante un pequeño cuadro pintado Por Rembrandt.
La segunda parte de Herejes, Libro de Elías, se desarrolla en la ciudad de Ámsterdam a partir del año 1643. En Ámsterdam se han refugiado numerosas familias judías, tras las expulsiones o conversiones forzosas al catolicismo a las que fueron obligados tanto en España como en Portugal. El protagonista de esta parte, Elías Ambrosius Montalbo de Ávila, pertenece a una de esas familias. La máxima aspiración del joven Elías es entrar como aprendiz en el taller de pintura de Rembrandt, aun sabiendo que su religión prohíbe representar la figura humana.
Aquí Leonardo Padura entra de lleno en el terreno de la novela histórica que había tocado al principio con la tragedia del Saint Louis. Perfectamente documentado, en una especie de viaje en el tiempo, introduce al lector en el ambiente abigarrado y comercial de la considerada por los judíos de entonces como la Nueva Jerusalén. Sus gentes, sus paisajes, su clima, el complicado mundo religioso, la economía, la política y, lo que te impulsa a buscar en los libros de arte los cuadros que te va describiendo, el estudio de Rembrandt, la vida del pintor en su conjunto: profesional, artística, sentimental, social…
Total, una maravilla de relato, porque Leonardo Padura no se limita a desvelar el fresco, sino que profundiza en cada uno de los principales personajes mostrando sus defectos y sus virtudes y destacando, sobre todo, la necesidad humana de libertad. Necesidad y deseo que están presentes a lo largo de todo el libro.
En la tercera parte, la que menos me gusta, Libro de Judit, volvemos a la Habana actual y conocemos a unos jóvenes, los hemos, que buscan apartarse de la masa y crear una identidad propia sirviéndose de una determinada estética y viviendo y pensando de manera bastante negativa.
Al tratarse, en parte, de una novela policiaca, no descubro nada más del argumento de Herejes. Añado sólo que el libro me atrapó desde el principio, por lo que lo he leído en poco tiempo (a pesar de sus quinientas dieciséis páginas), y que la inteligente mezcla entre novela histórica bien documentada y policiaca con todos los ingredientes del género (amores incluidos), lo hace todavía más interesante.
Como interesante y aleccionador es el modo que tiene Leonardo Padura de hablarnos en él de libertad, identidad y libre albedrío.
En resumen, una joya más para mi heterogénea biblioteca.    
 


 

lunes, 6 de octubre de 2014

ABRIL ENCANTADO

El libro que hoy traigo a Opticks y que se titula Abril encantado puede contribuir a que alejemos, durante el tiempo que dure su lectura, la melancolía que suele invadirnos en los primeros días del otoño, cuando los tonos grises y amarillos se adueñan del paisaje y la oscuridad va poco a poco invadiendo el terreno de la luz.
Abril encantado fue escrito por la autora británica Elizabeth von Arnim que nació en Australia en 1866 y murió en Estados Unidos en 1941.
Educada en Inglaterra, Elizabeth von Arnim se casa con un noble alemán (de él tomará el apellido) y se traslada a vivir a las posesiones de éste en Alemania. Al parecer la vida conyugal resultó bastante desastrosa, así que no es de extrañar que la opinión que Elizabeth tiene de los hombres, y que reflejan sus novelas, no sea demasiado positiva.
Las protagonistas de Abril encantado son cuatro mujeres inglesas: Mrs. Wilkins, casada con un abogado que le controla cualquier clase de gasto y no la valora en absoluto; Mrs. Arbuthnot, entregada a prácticas caritativas para contrarrestar el trabajo “impío” de su marido escritor de libros protagonizados por amantes reales; Lady Caroline, bellísima joven hastiada de la admiración que su aspecto provoca en los hombres y Mrs. Fisher, respetable y solitaria viuda que dedica su tiempo a evocar los encuentros culturales que mantuvo en el pasado con intelectuales de su misma clase social. 
La relación entre las cuatro mujeres la inicia Mrs. Wilkins al leer en el periódico que se alquila durante el mes de abril un pequeño castillo en la Toscana. Entusiasmada con la idea de disfrutar de un mes de vacaciones, comunica el hallazgo a Mrs. Arbuthnot, buscando que secunde su proyecto y participe en los gastos.
Conscientes de que dos personas más abaratarían la estancia en Italia, las señoras ponen un anuncio y a él responden lady Caroline y Mrs. Wilkins, cada una de las cuales, conocida la dirección del castillo, se instala en él por su cuenta.
Desde el principio de la novela, Elizabeth von Arnim profundiza en la psicología de las cuatro mujeres inmersas en ambientes distintos, pero sujetas todas a convenciones sociales que les hacen sentirse cada vez más vacías e insatisfechas.
La convivencia de las cuatro en el idílico marco del castillo, rodeadas de flores en una primavera esplendorosa, unida al idealismo optimista desplegado por Mrs. Wilkins, provocará el deseado cambio.
Vuelvo a leer todo lo anterior y pienso que, dejando a un lado el perspicaz enfoque psicológico al que ya he aludido, podríamos decir que Abril encantado es otra novelita de moral victoriana destinada a distraer a señoras burguesas dentro de los límites del decoro.
Sin embargo, Elizabeth von Arnim pretende con su obra mucho más que eso. Así que, además de demostrar en ella sus amplios conocimientos de flores y de plantas, describiendo de manera exhaustiva el jardín que rodea el castillo, se vale de un agudo e inteligente sentido del humor para disfrazar la mordacidad de su crítica.
Resumiendo, Abril encantado de Elizabeth von Arnim, es una novela amable y bien escrita en su aspecto formal, que logra trasladar a nuestros días, criticándolos con humor, los problemas y las inquietudes de un grupo de mujeres que vivieron en los años 20.
Problemas e inquietudes que, en parte, continuamos compartiendo.