lunes, 28 de julio de 2014

PROHIBIDO ENTRAR SIN PANTALONES

Vuelvo de la biblioteca con un libro de Juan Bonilla que me recomienda Kiko con notable entusiasmo. Se titula Prohibido entrar sin pantalones.
Inicio la lectura y me adentro en la vida de Vladimir Maiakovski, genuino representante de la vanguardia rusa, apasionado poeta futurista que creyó que dicho movimiento artístico podía influir de forma decisiva en el porvenir de las personas y confió en que los bolcheviques llevarían a la práctica este cambio.
Teniendo en cuenta lo anterior, podríamos decir que Juan Bonilla, que ha contado con toda la documentación posible sobre el que, durante un tiempo, se consideró el “poeta nacional ruso”, ha escrito una biografía. Sin embargo, la obra se presenta como “novela”.
Una novela cercana a la poesía por la forma en que está escrita y los poemas de Miakovski que reproduce. Pero en la que también, al recoger los esfuerzos del poeta por influir en la sociedad a través de cualquier manifestación cultural, transformando la vida en arte o haciendo un arte que sea vida, se nos habla de  periodismo, de cine, de circo y hasta de carteles publicitarios. Miakovski llega a afirmar que “El lugar natural de la poesía es el cartel”.
Aunque esta densa biografía novelada y poética tampoco se queda en eso. Repasando la vida de Vladimir Maiakovski asistimos a los profundos cambios que experimenta Rusia al inicio y durante la revolución comunista. Sobre todo antes de la llegada de Lenin al poder, mientras lo ostenta y cuando es Stalin el que dirige los destinos del país y el poeta de la revolución comprende que todo está perdido.
Por el libro desfilan las personalidades de la cultura rusa más representativa de aquel tiempo: Gorki, Isaak Babel, Boris Pasternak, Iván Bunin, Nikolái Gumiliov, Boris Pilniak, David Burliuk, etc. Muchos de ellos represaliados por los burócratas que mandan, muriendo en el olvido o asesinados en las purgas de Stalin.
Aparecen países que el poeta visita para extender, en cierta manera, los logros de la revolución y de los que nos deja sus impresiones: Francia, Méjico, Estados Unidos y Rusia, siempre Rusia, la Rusia soñada en el exilio de tantos desterrados víctimas del fracaso de unas ideas que en la práctica resultaron letales.
Y en ese marco abigarrado que cambia a cada instante, la personalidad de Vladimir Maiakovski lo arrolla todo porque es original, creativa, libre y….vulnerable. Necesita el amor de una mujer; en el libro la más presente es Lily, pero hay otras. Necesita el aplauso y la admiración de sus conciudadanos. Necesita sentirse necesario. Es, al igual que cualquiera de los grandes creadores, egocéntrico y no acepta que pueda equivocarse cuando lleva a la práctica unas ideas con las que quiere cambiar el futuro.
Con una personalidad así, es lógico que el final de Prohibido entrar sin pantalones resulte previsible.
Mi final de la reseña de este impactante libro son unas cuantas líneas del último poema de Vladimir Maiakovski. Es un pequeño homenaje a su figura, a Juan Bonilla y a Kiko que me ha aproximado a él.

No vale la pena
que me ponga a enumerar dolores y desgracias, ofensas mutuas.
Fíjate: reina la paz en el universo.
La noche ha puesto sobre el cielo un mantel de estrellas.
Es la hora perfecta para que uno se levante y le hable
a los siglos, a la historia, al universo…

domingo, 20 de julio de 2014

LA VERDAD SOBRE EL CASO HARRY QUEBERT

Son varios los calificativos que se me ocurren cuando pienso en la novela que acabo de leer. En principio podría decirse que es una novela original y sorprendente por la forma que tiene el autor de contarnos la historia y por los muchos caminos que, en apariencia, conducen al desenlace final.
En segundo lugar me parece una novela “joven”. Lo es el autor: Joel Dicker (29 años), lo son los principales personajes cuando ocurren los hechos que constituyen el núcleo del relato y lo es, por su actualidad, una buena parte del relato en sí: estudiante tramposo que se arroga un prestigio no merecido, catapultado al éxito con la primera obra que publica y que ha escrito según las directrices del también escritor y profesor de literatura Harry Quebert, enfrentado a la crisis de la “página en blanco” al pretender escribir la segunda, presionado por su editor neoyorkino que desea fabricar un best seller y le ofrece la ayuda de “escritores fantasma” y algunos elementos más que los lectores descubrirán sin duda.
La novela, que se titula La verdad sobre el caso Harry Quebert, tiene seiscientas setenta y tres páginas, resulta muy adecuada para leer en vacaciones y ha recibido numerosos premios: Goncourt des Lycéens, Gran Premio de la Academia Francesa y el premio Lire a la mejor novela en lengua francesa; además, los lectores de El País la han elegido como Mejor libro del año.
Con estos antecedentes, sería absurdo negarle merecimientos a La verdad sobre el caso Harry Quebert. En el mundo del “género negro”, la historia que nos cuenta el joven y famoso escritor Marcus Goldman, centrada en la investigación de un doble asesinato por parte de varios policías y de él mismo en la pequeña y aparentemente tranquila ciudad de Aurora, a la que ha regresado a petición de Harry Quebert que piensa que la tranquilidad de la ciudad contribuirá a que venza el desastroso síndrome de la página en blanco e ideé su segunda novela, atrapa e interesa desde el principio.
La simultaneidad entre sucesos ocurridos en tiempos diferentes, las inteligentes salidas falsas que Joël Dicker presenta para confundir al lector y las indicaciones que, en relación con la escritura, el autor veterano proporciona a su aventajado alumno, aportan una considerable calidad a la trama.
Una trama con multitud de elementos diferentes que mantienen la intriga hasta las últimas líneas del libro. Y quizá ahí resida una posible objeción por mi parte: la gran cantidad de elementos de despiste me resulta un tanto artificiosa.
Artificio que, unido a lo poco creíbles que me parecen algunos personajes, contribuyó a que calificase de “joven” en el inicio de este comentario a La verdad sobre el caso Harry Quebert del escritor nacido en Ginebra Joël Dicker.

domingo, 13 de julio de 2014

ISABEL ALLENDE. JACK LONDON

Las obras que hoy traigo a Opticks son distintas en muchos aspectos. La primera, publicada en Argentina el año 1975, se titula Cuentos del Ártico y su autor es el escritor norteamericano Jack London. La segunda, Retrato en sepia, se publicó en España el año 2002 y su autora es la escritora chilena Isabel Allende.
El hecho de hablar sobre ambas obras a la vez es porque de Isabel Allende sólo he leído La casa de los espíritus y de Jack London, Colmillo blanco.
La casa de los espíritus me gustó tanto que pensé que cualquier obra posterior de esta escritora, una vez famosa, me decepcionaría. Colmillo blanco fue un libro de adolescencia, así que sobran comentarios.  
Retrato en sepia es una novela en parte histórica y en parte biográfica que se desarrolla en Estados Unidos y en Chile de 1862 a 1910. Narrada en primera persona por una de sus protagonistas, Aurora del Valle, cuenta con los elementos necesarios para llegar a un elevado número de lectores: amor, violencia, intriga, ambientes suntuosos, acción, etc., lo que, unido a la forma de escribir de Isabel Allende y a los temas que toca en sus escritos, la convierten en un éxito de ventas seguro.
Aurora del Valle nace en San Francisco. Su madre muere al dar a luz, su padre no la reconoce, así que se ocupan de ella sus abuelos maternos, Eliza Sommers y Tao Chi’en, un médico chino.
A la muerte de Tao, la pequeña pasa al cuidado de la abuela paterna, Paulina del Valle, acaudalada, inteligente y enérgica mujer de negocios nacida en Chile pero que tiene su campo de operaciones en San Francisco, ciudad en la que reside junto con su marido e hijos, uno de los cuales, Matías, es el padre de la pequeña Aurora.
Paulina acoge con enorme cariño a su nieta procurando convertirla en una perfecta señorita, tarea difícil por el carácter solitario y rebelde de Aurora, aquejada de frecuentes pesadillas incapaz de explicar.
Al morir su marido, Paulina del Valle se traslada a Chile, cuya sociedad retrógrada y machista es analizada por Isabel Allende de manera muy crítica. Crítica que, a la par que una enorme crudeza, utiliza también cuando habla de las diversas guerras que enfrentan a los chilenos con los países limítrofes.
En Chile, con el paréntesis de algunos viajes a Europa, continúa la vida de Aurora: estudios, muerte de su padre, matrimonio poco afortunado, amor maduro, descubrimiento de la fotografía como profesión y como placer y final de sus pesadillas al conocer por fin, gracias a las confidencias de su abuela Eliza, qué era lo que las provocaba.
En resumen, Retrato en sepia de Isabel Allende es una novela bien escrita y bien documentada en la que apreciamos las inquietudes y características de esta escritora chilena: espíritu crítico, defensa de la mujer, pacifismo y profundidad en el retrato psicológico de los distintos personajes y en la descripción de paisajes y ambientes.
Cuentos del Ártico, conjunto de relatos de Jack London, dan idea también de cuáles eran las inquietudes del autor norteamericano, un aventurero con poco arraigo y multitud de proyectos fallidos, como marino, buscador de oro o granjero.
En los relatos de este libro, nada amables, aparece la lucha despiadada del hombre con la naturaleza, con los animales salvajes o con otros hombres que intentan proteger su hábitat o la supervivencia personal.
Las perfectas e impactantes descripciones de una naturaleza virgen que se resiste a ser hollada por los seres humanos y el esfuerzo de éstos, fallido muchas veces, para intentar dominarla, sobrecoge y angustia, incluso si se trata de un relato que, por lo descabellado, pudiera resultar humorístico, como es el de Las mil docenas.
Después de leer Cuentos del Ártico, se me ocurre que, si volviera a leer Colmillo blanco, desaparecería la impresión que tengo ahora (en la distancia), de que se trataba de un libro apropiado para adolescentes.
 

domingo, 6 de julio de 2014

EL CERCO DE ISPAHÁN

Empiezo el mes de julio con El cerco de Ispahán, novela histórica que, según he leído en la contraportada, es la continuación de otra del mismo autor, Jean-Christophe Rufin, titulada El abisinio, por la que recibió el premio Goncourt en 1997.
Pese a que El cerco de Ispahán, al ser continuación de El abisinio, nos cuente la vida de sus protagonistas principales, aunque en este caso veinte años después, los acontecimientos narrados y los lugares en los que se desarrolla la historia son distintos. Por lo tanto, la obra puede leerse de forma independiente.  
Jean-Christophe Rufin, además de escritor, es médico, académico y diplomático. Así no es de extrañar que el personaje principal de sus dos libros, Jean-Baptiste Poncet, sea también médico, y el padre de Alix, mujer de Jean-Baptiste, Benoit de Maillet (1656-1738), diplomático y naturalista, autor de un libro sobre la evolución y otras cuestiones que ponían en tela de juicio ciertas “verdades” de su tiempo al que llamó Telliamed y que le ocasionó bastantes problemas con las jerarquías eclesiásticas.
Con lo anterior quiero decir que en El cerco de Ispahán conviven personajes reales con imaginarios y en los hechos narrados hay una parte de verdad.
La historia se desarrolla en Ispahán, capital entonces de Persia (comienzos del siglo XVIII),  en la que vive Jean-Baptiste Poncet, su mujer Alix, su hija Saba y George, un joven huérfano al que han dado cobijo. Todos disfrutan de la protección de los gobernantes persas de la ciudad que agradecen así los servicios profesionales del doctor.
La descripción de la vida en Ispahán, ciudad cosmopolita habitada por personas de diferentes credos y procedencias, sirve al autor para hablarnos de la belleza y variedad de plantas que adornan sus jardines, el refinamiento de sus gentes, la manera de alimentarse y hasta la religión, musulmana ya pero no demasiado rigorista.
Por una serie de circunstancias que los lectores del libro irán descubriendo, Jean-Baptiste decide ir en busca de su amigo Juremi que ha sido hecho prisionero por los rusos. Lo hará acompañado de George y de Küyüt, un estrambótico criado mongol.
Tras un accidentado viaje que les lleva a cruzar el Cáucaso y gran parte de la actual Rusia, viviendo aventuras de muchas clases, como el encuentro con Pedro el Grande, todas ellas explicadas detalladamente por el autor: paisajes, pueblos, costumbres, conflictos diplomáticos y militares, etc., Jean-Baptiste y sus acompañantes consiguen liberar a Juremi y a la vuelta a Ispahán descubren que un ejército afgano ha puesto cerco a la ciudad.
El desenlace dejo que los descubran los lectores aficionados a esta clase de libros. Por mi parte terminaré diciendo que El cerco de Ispahán de Jean-Christophe Rufin,  al estar muy bien documentado y ser tan detallista, nos aproxima a una serie de lugares: Afganistán, Irak, Paquistán, Irán, Turquía, Rusia… que en la época actual aparecen a diario en la prensa y no precisamente por sus costumbres refinadas.