sábado, 31 de mayo de 2014

EL JILGUERO

Vuelvo de la biblioteca con un libro de 1145 páginas titulado El jilguero. No conozco a su autora, Donna Tartt, tampoco me ha llegado ninguna referencia del mismo. Así que he bromeado con los bibliotecarios sobre el tiempo que dedicaría a su lectura.
Sólo mis obligaciones domésticas y la certeza de que un atracón semejante podía resultar perjudicial en múltiples y variados aspectos, impidió que lo terminara en un día (le he dedicado cuatro).
Ahora entiendo por qué, lo supe a posteriori, El jilguero le ha valido a Donna Tartt la concesión del Premio Pulitzer de novela.
Desde la primera página, cuando Theo Decker, principal protagonista de la historia, recluido en la habitación de un hotel en Ámsterdam, desorientado y enfermo por el alcohol, las drogas, la falta de comida y los recuerdos, sueña con su madre, el lector se siente atrapado de tal manera, que siente la necesidad de saber qué pasará después.
Y cuando Theo, en las siguientes páginas, evoca la muerte de su madre a consecuencia de un atentado terrorista en el Metropolitan Museum de Nueva York, mientras los dos visitan una muestra de pintura holandesa y ella alaba a Rembrandt, Frans Hals o Vermeer, deteniéndose con especial arrobo ante un pequeño cuadro pintado en 1654 por Carel Fabritius que representa un jilguero atado con una cadenita, ya eres incapaz de dejar de leer.
Todo sucedió en Nueva York un 10 de abril frío y lluvioso. Theo tiene 13 años, su padre se ha marchado de casa y a él lo han expulsado del colegio. Esa mañana madre e hijo han de entrevistarse con el director. Aún es pronto para la entrevista, así que la madre decide entrar en el museo. Durante la visita, el chico está más atento a una niña pelirroja que recorre la muestra en compañía de un señor anciano. Se produce una explosión y, al recuperarse, Theo se encuentra tumbado junto a ese señor que, malherido, le entrega balbuceante un anillo y le pide que rescate el cuadro de Fabritius de entre los escombros.
No descubro nada más. He leído que Donna Tartt  publica un libro cada diez años. Tanta dedicación se nota en el cuidado exquisito que pone en cada uno de los aspectos de lo narrado, en los conocimientos que demuestra y en las técnicas que utiliza mientras describe ciudades: Nueva York, Las Vegas, Ámsterdam; ambientes: el mundo marginal del delito o la noche, el refinado y falso de Park Avenue; ocupaciones de unos y otros: restauración de obras de arte, juego como manera de ganarse la vida; sensaciones:   calor, frío, humedad, texturas, música, amor, belleza, duda, temor, angustia, disimulo, desconcierto, bondad, maldad… Literatura en estado puro.
Luego están las personas, todas te dicen algo, no existen personajes secundarios anodinos: Audrey, la madre omnipresente y añorada; Larry, el padre irresponsable y desorientado; Boris, el fiel y complicado amigo; Hobie, maestro, apoyo y referencia, Pippa, la amada inalcanzable. Y los señores Barbour y sus hijos, y los conserjes, médicos, profesores, traficantes, camareros, etc. Son tan reales, tan humanos, están descritos con tanta maestría, que los visualizas sin dificultad y te interesa o te conmueve todo lo que les pasa.
Se ha comparado a Donna Tartt con Dickens, recuerdo las mil y pico páginas de Casa desolada. Ella admira al escritor inglés, a Melville y a Dostoyevsky. Está claro que se trata de escritores con experiencias y estilos distintos.
Pero creo que tanto Dickens como Melville, Dostoyevsky y ahora Donna Tartt se sienten realizados escribiendo y buscan la excelencia en sus escritos. Todo lo cual facilita el reencuentro, por muchas páginas que tengan sus obras, hoy las 1145 de El jilguero, con el placer febril de leer.   

lunes, 26 de mayo de 2014

CUENTOS SENTIMENTALES

Rosalía Rico Verdú es una profesora de literatura ibense de la que hasta hace unas semanas sólo conocía su faceta como escritora de cuentos para niños; algunos de ellos galardonados con el Premio de Cuentos Villa de Ibi.
Así que ha supuesto una grata sorpresa descubrir que, además de poseer la capacidad de conectar con el público joven y utilizar un lenguaje asequible a sus inquietudes y motivaciones, Rosalía Rico Verdú, a través de los personajes que aparecen en Cuentos sentimentales, libro que hoy traigo a Opticks, se adentra en el mundo de los adultos y, con gran profundidad y enorme ternura, nos habla de los sueños, las frustraciones, las renuncias y los anhelos que los seres humanos compartimos y que, en determinadas ocasiones, pueden cambiar para bien o para mal nuestra existencia.  
Cuentos sentimentales contiene dos historias: la primera y más larga que se titula Viaje al corazón tiene como principal protagonista a Clara, una profesora de dibujo enferma de cáncer y a punto de jubilarse que valiéndose de los cuentos que leía de niña, sobre todo de Andersen, y que su padre, un ferroviario enamorado de su trabajo y filósofo, le contaba, reflexiona sobre la vida, el paso del tiempo, el amor, la soledad y las relaciones entre las personas en general.
Además de apoyarse en los cuentos: La Reina de la Nieve, El gato con botas, La bella durmiente, La pequeña cerillera, etc. Rosalía Rico Verdú utiliza para sus reflexiones obras de determinados pintores, Arthur Rackham y René Magritte, (recordemos que Clara es profesora de dibujo).   
La segunda historia recogida en Cuentos sentimentales gira en torno al cuadro El Alma de la rosa de John William Waterhouse, de hecho así se titula el relato: Alma de rosa (4 variaciones sobre un cuadro). También aquí, y de una forma especialmente intensa debido a la brevedad de lo narrado, Rosalía Rico Verdú demuestra su capacidad para profundizar en la condición humana y emocionar, sorprender y hasta inquietar al lector con sus historias en las que los personajes aparecen y desaparecen en una identidad cambiante según las circunstancias que nos hace recordar la repetida frase de Ortega y Gasset.
En resumen, Cuentos sentimentales de Rosalía Rico Verdú es un libro de los que apetece leer poco a poco paladeando la belleza, profundidad y plasticidad del lenguaje que la autora utiliza y meditando sobre la moraleja que encierran los cuentos que analiza, porque como ella dice, citando a Martín Garzo: “En los cuentos la muerte y la vida siempre van de la mano, pero esa muerte no supone una aniquilación sino la liberación total, por ese motivo los cuentos nos ayudan a vencer a la muerte”.  

viernes, 16 de mayo de 2014

LA FAMILIA MOSKAT

Cuando Isa me prestó el libro de Isaac Bashevis Singer titulado La familia Moskat, pidiéndome que le diese mi opinión tras su lectura, añadió que esta extensa novela (575 páginas) estaba considerada por la crítica como la mejor del escritor judío y Premio Nobel 1978.
Comparando La familia Moskat, publicada en 1950, y La casa de Jampol de 1967 que leí hace algún tiempo se observan similitudes y diferencias.
En ambas la temática gira en torno a los judíos y su azarosa y atormentada historia. Las dos tienen como protagonista a una familia. En una y otra se estudia la relación de los judíos con su espacio y tiempo histórico, sobre todo Polonia, entre 1863 y finales del siglo XIX La casa de Jampol, y principios del siglo XX, poco antes de la 1ª Guerra Mundial, y 1939, invasión de Polonia por las tropas de Hitler, La familia Moskat.
Esto a grandes rasgos, también respecto a las diferencias que yo resumiría en la mayor facilidad con que se lee La casa de Jampol, quizá por el menor número de personajes y acontecimientos históricos traumáticos; quizá porque Isaac B. Singer al escribirla acumulaba más experiencia y conocimientos sobre lo que pretendía contar y cómo hacerlo.
Centrándonos en La familia Moskat, a comienzos de la obra aparecen tres árboles genealógicos que nos dan idea de la complejidad del relato y nos permiten ubicar en el lugar correcto a cada uno de los que intervienen en ella, si es que nos despistamos.
De todas formas, Isaac B. Singer es un narrador tan genial, que al lector le cuesta poco adentrarse en el argumento y avanzar de la mano del patriarca del clan, Meshulam Moskat, sus tres esposas, hijos e hijas, nietos, nietas y demás parientes, además de Koppel, su “mayordomo” administrador, secundario admirable, y el resto de los servidores y amigos de la casa.
Meshulam Moskat vive en Varsovia y, junto a Koppel, se ocupa de numerosos negocios que le proporcionan cuantiosos ingresos. Por desgracia sus hijos e hijas no han heredado las habilidades paternas, suponen un lastre y sólo la presencia del viejo los mantiene unidos. Cuando muere, la hecatombe familiar es un hecho.
Poco después del tercer matrimonio de Meshulam Moskat, llega a Varsovia el joven Asa Heshel, principal protagonista del libro, educado en el judaísmo más estricto y que ahora, con la ética de Spinoza bajo el brazo, busca respuestas para las muchas dudas ideológicas y doctrinales que le agobian.
En Varsovia Asa Heshel conoce a Hadassah, nieta de Meshulam Moskat; el amor surge entre ellos y su relación estará llena de dificultades.
El desarrollo de la historia lo dejo a posibles lectores. Destaco, eso sí, la extraordinaria panorámica trazada por el autor que nos permite contemplar como en una película, por el detalle y la viveza de las descripciones, el desarrollo de la vida en  la comunidad judía polaca en ese tiempo: fiestas, tradiciones, ceremonias religiosas, bodas, comidas, viviendas, ropas, relaciones, etc. A la vez; Isaac B. Singer profundiza en la persona concreta analizando las contradicciones entre las creencias y el modo de vivir de algunos, los enfrentamientos que se producen entre los partidarios de la tradición y la modernidad, el dolor o  el rechazo provocado por la traición a unos principios, los sueños, deseos, inquietudes, ambiciones, pulsiones sexuales, etc. que llevan a actuar de una determinada manera.
Junto a la riqueza que supone lo anterior, Isaac B. Singer nos habla de esa Europa que se va deteriorando por momentos afectando a la familia Moskat y a todos los judíos en general: 1ª Guerra Mundial, conflictos en Polonia y triunfo del nazismo, posibilidades que ofrecen Palestina y Estados Unidos; así como los nuevos movimientos sociales y religiosos entre los propios judíos: socialismo, sionismo, ortodoxia…                                         
En resumen, La familia Moskat de Isaac B. Singer es un extraordinario libro protagonizado por judíos que plantea cuestiones universales expuestas con tal maestría, realismo y fuerza narrativa que no dejará a nadie indiferente.

lunes, 5 de mayo de 2014

LA ANALFABETA QUE ERA UN GENIO DE LOS NÚMEROS

Cuando leí la primera novela de Jonas Jonasson, El abuelo que saltó por la ventana y se largó, pensé que era el libro adecuado para aquellas personas que se toman los acontecimientos históricos y la vida en general demasiado en serio.
La segunda novela del periodista y escritor sueco titulada La analfabeta que era un genio de los números ratifica mi opinión inicial. Desaparecido el factor sorpresa, creo que las intenciones del autor en uno y otro libro son similares. Jonas Jonasson quiere ayudar a que los lectores a través del humor relativicen todo lo que sucede. Porque como afirma citando a Charles Chaplin: “Nada dura para siempre, ni siquiera nuestros problemas”.
Y si las intenciones del autor son similares en ambos libros también lo es cómo las expresa: repasa la historia del siglo XX con mirada crítica, haciendo coincidir a personajes reales (Thatcher, Reagan, Gorvachov, Mandela, Oloff Palme, Gaddafi, Deng Xiaoping…) e imaginarios en una hilarante mezcla que sorprende y hace reflexionar.
La acción comienza a principios de los años 60 en Sudáfrica, concretamente en el gueto de Soweto en pleno apartheid. La protagonista es Nombeko Mayeki, una niña negra de 14 años que vive de forma miserable junto a su madre alcohólica y drogadicta que muere a poco de iniciarse el relato.
Nombeko nunca fue a la escuela, pero su extraordinaria inteligencia y su habilidad para el cálculo, unido a carambolas del destino, logran que se convierta en jefe de las letrinas del lugar, aprenda a leer y consiga una fortuna en diamantes.
Con los diamantes cosidos en el forro de su chaqueta, Nombeko busca la seguridad que cree encontrará en la Biblioteca de Pretoria. En el trayecto es atropellada por el ingeniero alemán alcohólico que se encarga del programa nuclear sudafricano y un juez la condena a trabajar gratis en el bunker de éste. Durante el obligado encierro, la joven termina dominando la física nuclear, ayudando a su jefe en la fabricación de seis bombas (al final son siete) y hasta aprendiendo chino gracias al contacto con tres sirvientas chinas que están allí por falsificadoras.
Toda esta parte de la historia de Nombeko tiene por escenario el continente africano y le sirve a Jonas Jonasson, utilizando personajes disparatados que viven situaciones surrealistas, para presentar lo absurdo e injusto del colonialismo, las políticas racistas de los primeros presidentes de Sudáfrica, las desigualdades sociales, el armamentismo, los embargos económicos, etc.
Paralela a la historia de Nombeko, Jonas Jonasson nos cuenta la del sueco Ingmar Qvist y su esperpéntica familia, sin detenerse según acostumbra en detalladas descripciones ni disertaciones, sino aportando una ocurrencia irónica e inteligente casi en cada línea.
La llegada de Nombeko a Suecia ayudada por dos agentes del Mosad y su encuentro con los hijos gemelos de Ingmar, Holger 1 y Holger 2, provoca situaciones aún más rocambolescas y se acentúa el histrionismo de los personajes: los dos Holgers, la novia antisistema de Holger 1 y su abuela falsa aristócrata que cultiva patatas, el norteamericano desertor de la guerra de Vietnam que se cree perseguido por la CIA, el rey Gustavo Adolfo y su Primer Ministro, etc. Jonas Jonasson no deja títere con cabeza y se vale de todos ellos para criticar por igual al comunismo que al capitalismo, a la monarquía que a la república, los movimientos antiglobalización, la policía, la cerrazón ideológica de algunos de sus compatriotas, las contradicciones de la sociedad sueca, el fanatismo, incluyendo una cita del escritor israelí Amos Oz: “Jamás he conocido a un fanático con sentido del humor”, etc.
Dejando a un lado el análisis histórico que el autor sueco realiza utilizando los mismos recursos, creo que la diferencia entre El abuelo que saltó por la ventana y se largó y La analfabeta que era un genio de los números puede hallarse en el personaje principal de una y otra historia. En la primera se trata de un abuelo, con la reivindicación que esto supone de las personas que están en esa etapa de la vida y la sociedad las considera inútiles, y en la segunda es una adolescente, pero no de las del botellón y el consumismo desaforado, sino una adolescente idealista que no quiere hacer daño a nadie, evita un desastre nuclear y logra superar las condiciones más adversas a base de trabajo, inteligencia e ingenio.