martes, 23 de septiembre de 2014

AÑOS LUZ

Tras leer Juego y distracción, novela del escritor norteamericano James Salter recomendada por Muñoz Molina, me quedó la impresión de que tampoco era para tanto. Esto o que no había sido capaz de descubrir la valía del libro recomendado.
Ante la duda, busqué una nueva obra del mismo autor y encontré Años luz, considerada por la crítica como la mejor de todas las publicadas.
Años luz es una larga reflexión sobre el matrimonio, la libertad y la realización personal mediante la búsqueda de uno mismo, personalizada, sobre todo, en una mujer que llega hasta el final en esta búsqueda. Veamos el argumento.
En una hermosa y antigua casa a las afueras de Nueva York  con vistas al río Hudson viven los Berland en compañía de una poni, Úrsula, un perro, Hadji, y unas cuantas gallinas.
 El marido, Viri, es arquitecto. La mujer, Nedra, guapa y de carácter fuerte y arrollador, se dedica a cuidar a los suyos. Viri y Nedra tienen dos hijas, Franca de 7 años y Danny de 5. “Los hijos son nuestra cosecha, nuestro cultivo, nuestra tierra. Son pájaros a los que se da suelta en la oscuridad. Son errores renovados”.
Los Berland forman, en apariencia, una familia idílica envidiada por los pocos y elegidos amigos que los visitan y participan en las fiestas familiares llenas de creatividad y colorido.
Tanto el padre como la madre buscan la felicidad de las niñas. Ella inventa cuentos, prepara comidas especiales y adorna la casa para que todo resulte perfecto. Él dibuja historias y crea personajes que les hacen reír y soñar.
“Cenas en el campo, la mesa rebosante de vasos, flores, comida hasta saciarse, cenas que acababan en humo de tabaco, una sensación de bienestar”.
Poco a poco, utilizando frases cortas, muy descriptivas y, a veces, impactantes, James Salter nos muestra cómo transcurre la vida de los Berland y sus amigos en un ambiente burgués e ilustrado. “Aquella vida era como una prenda de vestir. Su belleza estaba fuera, su calor dentro”. Se habla de música, de pintura, de literatura. Se conocen personas interesantes. Se reflexiona. Se critica.
El descubrimiento de que no todo es como parece nos llega de sorpresa. Viri persigue una excelencia en su trabajo que no logra alcanzar, “Quería ser crucial para la familia humana”. Nedra está a su lado y acepta sus limitaciones, pero “el afecto desesperado e intolerable del principio” ha desaparecido.
La vida sigue y Nedra busca un amante entre los amigos que frecuentan la casa. Viri hace otro tanto con su secretaria, hasta que la joven lo abandona. Él conoce las distintas relaciones que mantiene su mujer. Ella, no.
El hecho de que Viri calle ante lo que hace para que la armonía familiar no se vea alterada, para que “las niñas crezcan en el más feliz de los hogares”, tranquiliza a Nedra.
Pero pasan los años y la muerte del padre de la esposa provoca el desenlace. “El camino hacia su propio fin quedaba despejado”. Llega el divorcio y cada uno lo vive a su manera. “Dos personas que se separan es como un leño que se parte. Las mitades nunca son iguales. Una de ellas contiene el núcleo”.
 Nedra viaja, busca nuevos quehaceres, prueba nuevos amantes. Viri se cierra en sí mismo. Viaja también, ninguna relación le satisface. Ansía recobrarla.
Si se tratase sólo de lo que acabo de escribir hasta aquí (el relato continúa y no adelanto lo que ocurre al final), Años luz quedaría reducido a una especie de folletín con escenas de sexo explícito protagonizado por una familia burguesa y sus hijas.
Sin embargo, la novela de James Salter contiene mucho más. Alrededor de los Berland existen otras vidas que el escritor despliega ante nosotros con enorme profundidad y belleza. Una belleza que parece obsesionarle en las descripciones de los paisajes, los elementos materiales y las personas. El deterioro que sufre la casa abandonada, los efectos del tiempo sobre rostros y objetos, la enfermedad, la muerte… "Sucede en un instante. Todo es un largo día, una tarde interminable, los amigos se marchan, nos quedamos en la orilla".
En resumen, la novela Años luz de James Salter, publicada en el año 1975, es uno de esos libros deslumbrantes, imposibles de resumir en unas pocas líneas, cuya lectura ha de complacer al lector exigente por la actualidad de su contenido y por la exquisita forma de mostrarlo.

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