miércoles, 11 de junio de 2014

LA SED DE SAL

De Gonzalo Hidalgo Bayal, autor de La sed de sal, libro que hoy traigo a Opticks, sólo he leído Campo de amapolas blancas, recomendación de mi amigo Manolo; por lo tanto, una buena recomendación.
Gonzalo Hidalgo Bayal ha cultivado la poesía, la novela y el ensayo, apartado éste en el que dedica atención especial a la figura del que considera su maestro, Rafael Sánchez Ferlosio; también se declara admirador de Kafka, de Melville, Camus y Faulkner, es decir, de escritores que han creado mundos imaginativos propios y que ocupan un lugar sobresaliente en la literatura universal.
En La sed de sal encontramos la influencia de los autores citados y de otros que reconoceremos sin dificultad, lo que demuestra los profundos conocimientos humanísticos y literarios que posee el autor; algo que, unido a sus reconocidas aficiones cinematográficas, da lugar a una novela difícil de encuadrar en un determinado género, pero con enorme poder didáctico.
El principal protagonista de La sed de sal comienza su relato con la frase: “Llamadme Travel” (recordemos que la frase inicial de Moby Dick es “Llamadme Ismael”). Travel, del que nunca sabremos su verdadero nombre, nos cuenta lo ocurrido cuando decidió seguir los pasos de un hispanista norteamericano, Walter Alway, que en los años 30 recorrió las tierras de Murania (territorio imaginario que aparece en diversas obras de Hidalgo Bayal), dejando constancia de su viaje en el libro Travel of Murania que él encontró en circunstancias un tanto sorprendentes.
Durante el viaje, con sólo una mochila y un saco de dormir, el protagonista intenta hallar cualquier vestigio que le permita aproximarse al máximo al libro que le sirve de guía.
Al término de unas fiestas populares, “pandorgas” y “venerandas”, de regreso a la ciudad, es conducido a una oscura mazmorra en un ambiente del todo kafkiano. Allí es vigilado de manera alterna por dos guardianes; él los llama, guiado por su aspecto y comportamiento, “el flaco samaritano” y el “gordo guardián”.
Tras un breve espacio de tiempo en esa primera cárcel, le trasladan a una zona escondida en el monte donde descubre que le acusan de la desaparición de una joven de la localidad, a la que ciertos testigos dicen haber visto en compañía de un forastero.
En la segunda cárcel recibe la visita del comisario Noé León que le explica que sólo es un señuelo para atrapar al que ha hecho desaparecer a la muchacha.
Contada así y sin añadir más, podríamos decir que se trata de una novela del género negro. Pero, como he indicado antes, eso es sólo la excusa que permite al autor extremeño disfrutar escribiendo y, utilizando juegos de palabras, alusiones literarias, descripciones perfectas, reflexiones, etc., características de la mejor literatura, transmitirnos su amplia cultura en múltiples campos. Por ejemplo, cinematografía, Travel en sus prisiones evoca y visualiza películas que no suelen terminar demasiado bien: Sed de mal, Casablanca, Al final de la escapada, etc. Por su parte, Noé León, apoyándose en fábulas, tonadillas populares y saberes filosóficos y bíblicos, justifica sus teorías en relación con el crimen, los criminales y la condición humana en general: La sed de sal.
La sed de sal es un libro triste y denso de los que no se pueden leer de una tacada. En las primeras páginas Travel declara: “Odio la alegría. Odio toda la alegría, la alegría oficial, la alegría institucional, la alegría espontánea y la alegría imprevista”. En las últimas páginas opina Noé León: “La felicidad es un accidente y la desdicha es esencia. La felicidad es estar y la desdicha es ser”.
Manolo decía que los buenos libros son siempre tristes. La sed de sal de Gonzalo Hidalgo Bayal podemos afirmar que está entre ellos.

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