domingo, 22 de diciembre de 2013

LA RIDÍCULA IDEA DE NO VOLVER A VERTE


 
Dice Rosa Montero en el libro La ridícula idea de no volver a verte que “cuando morimos nos llevamos un pedazo del mundo”. Estoy de acuerdo en esto, y ese pedazo del mundo que se ha ido acompañando a la persona amada, jamás se recupera y su carencia nos deja desvalidos.
Pero el libro de Rosa Montero no es sólo una reflexión ante la muerte de Pablo, su marido y de Pierre, esposo de Marie Curie, también en él se encuentra resumida la biografía de los dos científicos, en especial la de Marie Curie, de la que la escritora se vale para reflexionar acerca del papel asignado a las mujeres en el tiempo en que ésta vivió, de la superación del dolor, de la ciencia y de la ignorancia, de la fuerza salvadora de la literatura y de la sabiduría de quienes aprenden a vivir con plenitud y con ligereza.
La ridícula idea de no volver a verte es una obra tan sincera que interpela al lector; Rosa Montero se dirige directamente a él y lo convierte en cómplice. Complicidad que te hace pensar y te conmueve. 
Cada persona tiene una forma distinta de afrontar el dolor que provoca la muerte de alguien muy querido, quizá la religión sea la más frecuente; pero hay otras como las drogas, la actividad intensa o la literatura. Marie Curie eligió el trabajo, al que se dedicó de manera frenética, y Rosa Montero busca el bálsamo de la literatura para hablarnos, no tanto de Pablo, como de ese pedazo del mundo que se fue con su muerte y que ambos habían compartido.
La biografía de Marie Curie nos presenta a la mujer tenaz y luchadora que en una sociedad dominada por hombres, frente a todo tipo de impedimentos y penurias, consiguió descubrir dos elementos químicos: el polonio y el radio, ocupó una cátedra en la Sorbona y ganó en dos ocasiones el premio Nobel.
Pero junto a la inteligente y brillante científica, Rosa Montero muestra a la mujer enamorada y a la madre educada para serlo, que se debate entre el papel que esa sociedad le ha asignado y sus propios intereses e inquietudes.
Luego está el otro aspecto del relato, lo que se relaciona con el diario, reproducido al final del libro, que Marie Curie escribe cuando muere su esposo: el dolor desgarrado que encontramos en esas breves páginas, que insisten una vez y otra sobre la parte del mundo que compartieron ambos y se ha desvanecido, que fue lo que impulsó a Rosa Montero, tras recibir el encargo de realizar un prologo en la publicación de dicho diario, a hablarnos de manera serena e intimista de su propio dolor.
La ridícula idea de no volver a verte podría definirse como un libro especial. Primero, porque es auténtico, no hay nada en él de artificioso o falso. Segundo, por el amor que transmiten sus páginas.
No sólo amor al otro, al esposo, al amante, al hijo o al amigo, sino amor a la vida en general, y, sobre todo, al trabajo elegido; en el caso de Marie Curie y Pierre, fue la ciencia; en el caso de Rosa Montero, es la literatura.

lunes, 16 de diciembre de 2013

LEONORA

Fui a la biblioteca municipal en busca de un libro de Elena Poniatowska, Premio Cervantes 2013 y regresé con la biografía novelada de Leonora Carrington, obra por la que la escritora y periodista mejicana recibió en el año 2011 el premio Biblioteca Breve que concede la editorial Seix Barral.
Como de todos los movimientos artísticos que he debido estudiar nunca me atrajo el Surrealismo, no conocía a la protagonista de la obra citada. Ahora sé que nació en Inglaterra el año 1917 en una acomodada familia de industriales, que su era padre inglés y su madre irlandesa y que tenía tres hermanos, todos ellos varones.
Contada en tercera persona, con un estilo entre la crónica periodística y el reportaje de investigación, Elena Poniatowska, más joven que Leonora pero asidua de su casa en Méjico, hace hincapié en la rebeldía de la niña, lo que, unido a su inteligencia y extraordinaria imaginación, provocó que sus padres tuvieran muchas dificultades para educarla de acuerdo con lo que la elevada posición social que ocupaban requería.
Tras ser expulsada de varios colegios, logra por fin que le permitan estudiar pintura. Entra en contacto con el surrealismo y le impactan las obras del pintor alemán Max Ernst, con el que, a pesar de que sólo tiene 20 años y él 47 y está casado, inicia una relación amorosa en París en 1937.
En esta primera parte del libro y bastantes páginas de la segunda, Elena Poniatowska presenta a los protagonistas del surrealismo: André Breton, Artaud, Éluard, Dalí, Picasso Benjamín Péret, Marcel Duchamp, etc., hablándonos de sus obras y de su excéntrica y disparatada forma de vivir. La representación artística del mundo de los sueños, de los temores y deseos que alberga el inconsciente, da lugar a creaciones extrañas y terroríficas que ya entonces empezaban a pagarse muy bien por acaudalados mecenas, como la norteamericana Peggy Guggenheim.
La existencia llevada hasta el límite y la inestable relación que vive con Max Erns, hace que el equilibrio de Leonora se altere hasta bordear la locura y, en plena guerra mundial, internado Max en un campo de concentración francés, pasa a la España franquista en compañía de unos amigos, siendo ingresada, por mediación de su padre, en un sanatorio psiquiátrico en Santander.
En el sanatorio la someten a un agresivo y doloroso tratamiento que la autora narra con todo detalle. Una vez fuera, Leonora se traslada a Lisboa refugiándose en la embajada de Méjico. En Portugal se casa con el periodista y escritor mejicano Renato Leduc con el que viaja a Nueva York y después a Méjico, país al que, en un principio, no consigue adaptarse, lo que le lleva a separarse de Leduc.
Poco a poco Leonora se integra en el grupo de los surrealistas exiliados a causa de la guerra, se hace amiga de la pintora Remedios Varo y se une al fotógrafo húngaro de origen judío Imre Emerico Wesz (Chiki), con el que tiene dos hijos: Pablo y Gabriel.
En Méjico Leonora pinta, escribe y profundiza en la cultura ancestral del país, sintiéndose cercana a la creatividad de sus primeros pobladores, viviendo al margen de convencionalismo y explorando mediante la alquimia, la cábala, la meditación budista o la psicología de Jung las zonas oscuras que todo ser humano posee y que ella cree vislumbrar mostrándolas en sus obras.
En resumen, Leonora es un libro muy bien documentado, con el interés añadido de que su autora Elena Poniatowska conoció a la protagonista del relato homenaje, que la valora y admira de verdad y con la que, por diversas razones que dejo descubrir al lector, nuestra Premio Cervantes 2013 se identifica. 

domingo, 8 de diciembre de 2013

TODO LO QUE ERA SÓLIDO

Cuando ya las ciudades están engalanadas para las próximas fiestas navideñas y el bombardeo publicitario, con la finalidad de aumentar el consumo, se hace cada día más insistente, creo que puede resultar interesante la lectura de Todo lo que era sólido, libro escrito por Antonio Muñoz Molina que nos habla, entre otras inquietantes y actuales cuestiones, del afán consumista propio de nuevos ricos que ha caracterizado a muchos españoles a lo largo de bastantes años.
El relato de Muñoz Molina está escrito desde el más absoluto desasosiego. El desasosiego que provoca a un hombre confiado en que el fin de la dictadura franquista y esa Transición considerada por tantos modélica traerían a España la democracia y la libertad ansiadas, analizar en qué nos hemos convertido.
Porque aunque es cierto que a España llegó la democracia y la libertad “sin ira” glosada por el cantor, junto a ellas aparecieron también actitudes y defectos propios de unas gentes a las que nadie enseñó a ser libres.
Ante la España actual, en la que el deterioro político, económico y social va en aumento, Muñoz Molina en Todo lo que era sólido se remonta al pasado, a su época como administrativo en Granada, como reconocido escritor en los fastos que acompañaron a la Expo en Sevilla, como Director del Instituto Cervantes en Nueva York, como un simple ciudadano que contempla lo que la especulación urbanística ha hecho con nuestros pueblos y ciudades, que está informado del despilfarro obsceno de tantas entidades y administraciones creadas cuando el dinero parecía inagotable, que ve surgir de nuevo rencillas propias de las dos Españas (por no decir diecisiete y pico), que helaron el corazón a Antonio Machado. Ante todo ese cúmulo de barbaridades y errores, Muñoz Molina alza su voz.
Y alza su voz con incredulidad y con rabia, buscando las razones que puedan explicar por qué se desvaneció en el aire “todo lo que era sólido”.
Nace así un relato vibrante y sincero, en el que se reconoce el buen hacer y el extraordinario ritmo narrativo característico de las muchas y variadas obras del escritor jienense.
Pero el ensayo no se limita sólo a denunciar de manera exhaustiva y pormenorizada, sino que una vez expuesto y analizado el panorama social, político y económico del país, una vez que nos ha colocado a todos frente al espejo de nuestra estupidez, nuestra ambición o nuestra cobardía, Muñoz Molina, como también lo hacen de continuo José Antonio Marina o Mario Vargas Llosa, plantea en Todo lo que era sólido la necesidad de “una serena rebelión cívica”, apremiándonos porque “hay cosas inaplazables”.
Hemos descubierto que “el rey está desnudo”, se ha desmontado El retablo de las maravillas y ante el falso oropel, ante la desnudez de aquellos que creímos dignos de confianza, “ya no nos queda más remedio que empeñarnos en ver las cosas tal como son, a la sobria luz de lo real”.
Ver las cosas como son implica distinguir lo que se ha hecho bien de lo que se ha hecho mal y actuar en consecuencia. Dejar a un lado ideologías, banderas y rasgos diferenciales. Buscar lo mejor para el conjunto cada uno en el puesto que tenga encomendado. Emular a Machado y procurar ser buenos con la misma intención que él se definiera en su Retrato; es decir, ser buenos “en el buen sentido de la palabra”.

domingo, 1 de diciembre de 2013

LA TRAMA NUPCIAL

La trama nupcial, novela de quinientas treinta y una páginas escrita por el autor norteamericano Jeffrey Eugenides y que pronto será llevada al cine, al igual que ocurriera con otro de sus libros, Las vírgenes suicidas, conduce al lector al mundo universitario de Estados Unidos a principios de los ochenta, situándolo en la universidad de Brown en plena graduación de los nuevos licenciados.
La protagonista femenina de La trama nupcial es Madeleine Hanna, una joven de clase media alta estudiante de literatura clásica inglesa que está a punto de licenciarse en Lengua y cuya tesis ha versado sobre “la trama nupcial” en la novela victoriana; género por el que Madeleine, aficionada a la lectura desde la infancia, muestra predilección con autoras como Jane Austen y George Eliot.
Junto a Madeleine, comparten protagonismo dos jóvenes bastante diferentes:
-Leonard Bankhead, del que Madeleine se enamora, es un estudiante de Biología muy inteligente y brillante, pero con tendencias maniaco depresivas de origen genético, agravadas por haber vivido una infancia traumática.
Mitchell Grammaticus, enamorado de Madeleine, estudia Ciencias de la Religión e intenta encontrar un sentido a la existencia investigando corrientes religiosas en línea con los místicos, así como la forma de concretar en la práctica las distintas doctrinas. Por todo ello, tras graduarse, decide marchar a la India, iniciando un viaje que le llevará por Francia, Marruecos, Grecia y, finalmente, India, país en el que trabajará en un albergue fundado por la madre Teresa de Calcuta.
Muchas de las cuestiones reseñadas las vamos descubriendo conforme avanza la narración, ya que el relato no es lineal, sino que retrocede para contarnos situaciones vividas por los protagonistas siempre que Jeffrey Eugenides lo considera necesario.
De este modo, se nos proporciona información sobre las ramas del saber que interesan a Madeleine en la universidad: novela victoriana, semiótica o deconstrucción centrada sobre todo en Jacques Derrida. El análisis de estos tres aspectos de la formación académica de la joven es muy amplio y nos permite conocer, además de en qué consiste cada uno de ellos, el sistema de estudios de las universidades norteamericanas, más flexible y enriquecedor que el nuestro.
Dicho sistema se nos muestra también al reseñar el autor la trayectoria universitaria de los dos jóvenes. Exposición que Jeffrey Eugenides extiende hacia la enfermedad de Leonard, cuyos síntomas, evolución y tratamiento están explicados con todo detalle.
Las vidas de estos tres personajes principales se unen y separan en diversos momentos del relato; de modo que el final, en mi opinión muy acertado, termina sorprendiendo al lector.
En el curso de la historia, Jeffrey Eugenides, aparte de informarnos ampliamente sobre las cuestiones señaladas, analiza “la trama nupcial” de la que Madeleine es protagonista: romanticismo, sexo apasionado, angustia y dudas asociadas a la enfermedad del hombre al que ama, incomprensiones o apoyos familiares, etc.
Al lado de esta “trama nupcial” se presentan otras como la de la hermana de Madeleine, la de sus padres o la de los padres de Leonard, ninguna de ellas muy edificante.
En fin, La trama nupcial es una novela extensa, con gran variedad de registros, amplia información y bien escrita. Pero a mí no ha conseguido emocionarme.