viernes, 30 de agosto de 2013

LA CASA REDONDA

La novela ganadora del National Book Awvard 2012 se titula La casa redonda y su autora es Louise Erdrich, prestigiosa escritora norteamericana descendiente de la tribu india Ojibwe y nieta de un dirigente de la reserva india Ojibwe en Dakota del Norte en la que ella colabora activamente.
Con los antecedentes citados, no debe extrañarnos que la historia contenida en La casa redonda se desarrolle en una reserva india, que los protagonistas sean sobre todo personas que viven en dicha reserva y que estén muy presentes en el transcurso de la misma las injusticias que a lo largo de la historia de Estados Unidos se han cometido con ellas.
 
El relato lo cuenta en primera persona Joe, un chico de 13 años cuyo padre ejerce como juez entre los ojibwe y cuya madre es administradora tribal.
La plácida vida de esta familia se interrumpe de manera trágica cuando la madre sufre una terrible violación en los alrededores de La casa redonda. Tras recuperarse de las heridas sufridas, la mujer se encierra en su habitación sin querer hablar ni ver a nadie.
Como las investigaciones para averiguar la identidad del agresor van muy lentas, Joe decide, junto a su amigo Cappy, vengar a su madre castigando al hombre que ha cometido el atropello. Se inicia así una trama propia de novela negra que conduce al lector a un laberinto en el que la injusticia, la venganza, la culpa, el miedo, el dolor, el remordimiento y el sentido de familia, expresados a través de los ojos de un púber, le seducirán hasta el final.
 
La casa redonda es una novela fácil de leer porque la autora ha conseguido de manera perfecta hablarnos con la voz de un chico de sólo 13 años, al que la vida fuerza a madurar de forma abrupta, pero que no ha perdido su candor, su capacidad de soñar y su afán de aventura; y al que mueve a la acción el amor que siente por sus padres, por la historia y tradiciones de los suyos y el deseo de que se haga justicia.
 
Resumiendo, La casa redonda de Louise Erdrich es un libro aconsejable por múltiples razones: está muy bien escrito, con una prosa profunda y de gran belleza plástica; la historia que nos cuenta interesa y conmueve desde el principio al fin; todos los personajes, principales y secundarios, son creíbles y poseen una enorme intensidad dramática; permite que conozcamos la realidad actual de unas gentes a las que se les arrebataron sus tierras y con ellas sus formas de vida, y que aún, en medio del desastre, intentan conservar y legar a los jóvenes tradiciones y modos de existencia ancestrales y, lo más importante, intentan conservar su dignidad.

 

viernes, 23 de agosto de 2013

EL ANIMAL MORIBUNDO

Una de las muchas reflexiones que se puede extraer de El animal moribundo, libro del escritor norteamericano Philip Roth que traigo a Opticks esta semana se refiere al modo cómo nos aproximamos los lectores a una determinada obra literaria, bien valorando sólo su calidad, bien fijándonos en aquellas cuestiones que tienen algo que ver con nuestras vivencias o forma de pensar. Él opina que el buen lector es el que deja al margen su lado afectivo y sentimental y se centra en los valores literarios del libro que ocupa su tiempo.
Debo decir que no conozco a nadie que pertenezca a este segundo grupo, integrado quizá por los críticos cuyo trabajo consiste en analizar con la máxima objetividad las obras sobre las que se les ha pedido opinión.
El resto de los aficionados a la lectura acostumbramos a implicarnos en aquello que estamos leyendo, compartiendo o no los contenidos que encontramos y sintiéndonos más o menos reflejados en los personajes que creó el autor; de ahí la universalidad de un determinado relato.
Philip Roth es un gran escritor y sus libros no pueden dejar a nadie indiferente, es un placer leerlo por la forma que tiene de expresarse y por la profundidad con la que trata los temas que desarrolla en cada una de sus creaciones.
En El animal moribundo el protagonista, David Kepesh, prestigioso profesor de escritura crítica, Crítica Práctica, explica a una persona de la que sólo sabemos que es hombre y que está de visita en su casa, la decisión que ha tomado en lo concerniente a Consuelo Castillo, una joven de origen cubano que fue alumna suya y más tarde amante, cuando el profesor tenía sesenta y dos años y ella veinticuatro.
Las relaciones sexuales con jóvenes alumnas, una vez que el curso había terminado, eran habituales en la vida de David Kepesh, divorciado y con un hijo adulto al que siempre prestó poca atención.
Párrafo tras párrafo, el profesor explica a quien le escucha cuándo surgió su afición al sexo y a la belleza femenina, el declive de su matrimonio, las relaciones paterno filiares, sus ideas sobre la vida y el papel que juegan en ella la música y la literatura y los recuerdos más sobresalientes que tiene de las mujeres con las que se ha acostado, hasta que conoció a Consuelo Castillo y ese hecho y sus consecuencias le obligaron a modificar esquemas que consideraba inamovibles.
La explicación, detallada y profunda, se apoya en acontecimientos históricos o  sociológicos, como la revolución sexual de los sesenta, la crisis de la familia con la generalización del divorcio, las nuevas cotas de libertad, los enfrentamientos entre generaciones, etc.
El autor, en la persona de David Kepesh, no rehúye ninguna cuestión por polémica que resulte: la sexualidad, la muerte, el libertinaje, la represión, la homosexualidad, el egoísmo o el sacrificio, están analizados con tal maestría intelectual y humana, que interpelan al lector y hacen que se interrogue sobre lo planteado, buscando hallar con el rigor que muestra Philip Roth sus propias conclusiones al respecto.   

miércoles, 14 de agosto de 2013

DOS LIBROS, DOS AUTORAS

Los libros de hoy están escritos por mujeres y son muy distintos en todos los aspectos. El más extenso (418 páginas) se titula La mujer que vivió un año en la cama y su autora es Sue Townsend, considerada, según leo en la reseña biográfica, “una de las mejores escritoras de Gran Bretaña”.
El título del más breve (121 páginas) es Amantes amados, siendo la primera obra de la “contadora de historias” nacida en Ulea (Murcia) Raquel López Cascales.
Empezando por el más extenso, La mujer que vivió un año en la cama, cuenta la historia de Eva, ama de casa eficaz y atareada que ha vivido sólo para cuidar de un impecable hogar, de un marido astrónomo que no la valora en absoluto y de sus dos hijos mellizos superdotados y bastante excéntricos.
El día en que los mellizos se marchan a la universidad, Eva decide meterse en la cama sin estar ni enferma ni cansada, lo único que parece desear es que cuiden de ella de la misma manera que ella siempre cuidó de todo y de todos.
Progresivamente conoceremos al marido de Eva, a su madre, su suegra, los compañeros de la residencia universitaria en la que están alojados sus hijos, trabajadores, vecinos, médicos, etc., casi todos, por no decir todos, se ven afectados por una buena cantidad de problemas existenciales que intentan solucionar como mejor pueden.
Los editores de esta historia la califican de delirante y profunda, es cierto. Tanto los personajes como las situaciones parecen ser producto de un delirio. Un delirio que esconde una crítica feroz y que a mí personalmente no me ha hecho reír.
Aunque en la portada se reproduce la frase del Daily Mail: “Reí hasta que lloré”, no creo que la intención de la autora consistiese en divertir al lector, sino más bien en hacerle pensar, de ahí el calificativo de “profunda”, algo que sí comparto, porque aunque Sue Townsend haya exagerado las situaciones hasta rozar el esperpento, hay que reconocer que en la vida real a veces se toman decisiones drásticas que esconden angustias parecidas.
 

El segundo libro es un divertimento integrado por veintinueve pequeños relatos que tienen como protagonistas a mujeres que comparten marido y amante, prefieren al amante en lugar de al marido o buscan un amante ocasional.
Todos los relatos poseen un ritmo ágil y están escritos para ser contados (ya he dicho  que la autora se presenta como “contadora de historias”).
Está claro que aquí no se pretende hacer pensar ni que profundicemos en las relaciones y los comportamientos humanos. De acuerdo con los nuevos tiempos, la mujer se libera y elige su personal placer sin hacer planes de futuro ni aceptar ataduras que limiten su ansiada libertad.
Las distintas protagonistas de las historias que cuenta Raquel López Cascales en Amantes amados no se toman la vida a la tremenda como hace Eva, La mujer que vivió un año en la cama. Para ellas todo es relativo, exhiben un marcado sentido del humor y los diversos amoríos que mantienen contribuyen a que el vivir les resulte más grato y, por supuesto, más estimulante.
En resumen, dos libros diferentes escritos por mujeres apropiados ambos para leer en los días calurosos del verano.  

martes, 6 de agosto de 2013

DOS OBRAS DE WILLIGIS JÄGER

Antes de comentar las obras literarias que hoy traigo a Opticks, debo decir que el personaje histórico que más admiro es Jesús de Nazaret y que todos los libros que he escrito intentan reproducir, de una forma  u otra, el mensaje que él nos dejó.
Si al autor de las anunciadas obras le tradujesen las palabras que acabo de escribir, quizá diría que su lectura no me aportó nada, porque he empezado la reseña de hoy con mi “yo”  en primer plano. Insisto en el error y añado que siempre tuve una visión universalista de la vida; he repetido multitud de veces que “donde está mi tesoro, allí está mi corazón”, y mi tesoro siempre lo han conformado personas (hoy, una menos de las más queridas). Para acabarlo de estropear, confieso que desde que recuerdo me atrajo la mística y que me sé de memoria algunos poemas de Teresa de Ávila y de Juan de la Cruz.
Dicho lo cual, toca hablar de las obras anunciadas, son dos: La ola es el mar y En busca de la verdad: Caminos-Esperanzas-Soluciones ambas están escritas por Willigis Jäger.
Willigis Jäger es un monje benedictino alemán profundamente enraizado en la tradición contemplativa del cristianismo y que, al enviarle su orden a un colegio en Japón, tuvo la oportunidad de investigar otras corrientes místicas, convirtiéndose, tras doce años de entrenamiento, en Maestro Zen y maestro de contemplación.
La ola es el mar recoge una conversación entre Willigis Jäger y Christoph Quarch, en la que el primero va respondiendo a las preguntas que le plantea su interlocutor, que no son otras que aquellas que los seres humanos nos hemos hecho desde el principio de los tiempos: ¿Cuál es el sentido de la vida?, ¿por qué existen la muerte y el dolor?, ¿hay algo que pueda ser mi absoluto?...
Willigis Jäger ofrece respuestas y soluciones que superan una visión anticuada del mundo y transmiten una visión nueva de la realidad y del ser humano, porque hoy en día ya no es posible hablar de Dios tal como se hacía en el siglo XX.
El segundo libro: En busca de la verdad: Caminos-Esperanzas-Soluciones profundiza en las cuestiones que se nos presentaron en el anterior y, de manera más elaborada, va analizando comparativamente las diferentes tradiciones místicas de las religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo, islamismo, remontándose en este análisis a los egipcios y a los griegos; interpreta a la luz de la mística “El mito de la caverna” de Platón y se apoya para su análisis en las reflexiones que nos han dejado grandes místicos de todas las épocas.
Poco a poco vamos descubriendo que las vidrieras pueden ser muchas y variadas, pero que la luz que recibimos a través de ellas es la misma en cualquier tiempo, momento o lugar.
Una luz que no alcanzamos a percibir en su totalidad porque estamos cegados por el “yo”, antepuesto a cualquier signo de trascendencia.
Es el “yo” el que nos inquieta, nos hace sufrir, nos seduce apartándonos de la comprensión de que somos uno con esa realidad primera: “La ola es el mar”, “Yo y el Padre somos una misma cosa”, “Yo soy la vid vosotros los sarmientos”, “Todos los seres tienen la naturaleza originaria desde el principio”, “Nunca estuvimos alejados de la casa paterna. Cuando estuvimos fuera, estuvimos dentro” (Parábola del hijo pródigo).
Aquellos que lograron y logran comprender lo anterior, sea cual sea su credo religioso o no tengan ninguno, saben “sentirse una figura en el grandioso juego de Dios, danzarines de su hermosa danza”.
Me gusta Willigis Jäger y recomiendo a los interesados su lectura por múltiples razones: No es dogmático, te plantea un camino de búsqueda hasta que logres caer en la cuenta de que nosotros no somos los buscadores sino los buscados; sus reflexiones dejan un poso de serenidad y alegría; te hace sentirte muy pequeño, pero también muy importante (no hay mar sin olas ni danzarín sin danza); alcanzas a entender en su totalidad por qué Juan de la Cruz, tras caminar en una noche oscura, pudo decir por fin: “Quedéme y olvidéme, el rostro recliné sobre el Amado; cesó todo, y dexéme, dexando mi cuidado entre las azucenas olvidado”.