domingo, 30 de junio de 2013

BLAS DE OTERO

Ayer, 29 de junio del 2013, se cumplió el treinta y cuatro aniversario de la muerte de Blas de Otero (Bilbao 1916-Madrid 1979).
Lo más probable es que muchos jóvenes ni siquiera conozcan a este poeta, a pesar de que escribió numerosos libros de poesía y recibió prestigiosos premios.
Sea o no así, yo quiero recordarlo hoy en Opticks porque me gustan los escritores que sienten lo que escriben:

“Ni una palabra
brotará en mis labios
que no sea
verdad.
Ni una sílaba
que no sea
necesaria”,

Entre ellos, como es lógico, los poetas ocupan un lugar preferente.
El camino que recorrió Blas de Otero a lo largo de su vida podríamos decir que es similar al recorrido por otros autores de su época:

“AHORA
voy a contar la historia de mi vida,
en un abecedario ceniciento.
El país de los ricos rodeando mi cintura”.

 Pasó de un catolicismo aprendido en la infancia y centrado en su “yo”:

“Madre, no me mandes más a coger miedo
y frío ante un pupitre con estampas”,

 a la duda y la desesperación al no hallar la respuesta del Dios-Tú a quien implora:

“Escucha como estoy, Dios de las ruinas.
Hecho un cristo, gritando en el vacío,
arrancando, con rabia, las espinas”, y a creer, sobre todo, en el hombre, “nosotros” :

"Solo está el hombre. ¿Es esto lo que os hace
gemir? Oh si supieseis que es bastante.
Si supieseis bastaros, ensamblaros.
Si supierais ser hombres, sólo humanos”.

Y es ese meditado momento del “nosotros” el que más me impresiona. Tanto si se refiere a España, su historia y sus gentes, con lo que demuestra un conocimiento profundo de autores que vivieron antes que él: Garcilaso, Juan de la Cruz, Cervantes… y de contemporáneos: Antonio Machado, Miguel Hernández, Gabriel Celaya...; como en lo referido a esa patria que le duele por dentro y a la paz que anhela por encima de todas las cosas, (recordemos que Blas de Otero padeció la Guerra Civil y sus efectos).

“¡ESPAÑA,
Patria de piedra y sol y líneas.
De lluvia liviana
(orvallo, sirimiri de Galicia
Asturias, Vascongadas:
mi imborrable lluvia en cursiva),
desesperada
España, camisa limpia de mi esperanza”. Y también:

“Madre y maestra mía, triste, espaciosa España.
He aquí a tu hijo. Úngenos, madre. Haz
habitable tu ámbito. Respirable tu extraña
paz. Para el hombre. Paz. Para el aire, Madre, paz”.

Y para terminar este breve homenaje, dentro aún del “nosotros”, añado algunos versos en los que, a la vez que nos habla muchas veces de paz, pone de manifiesto el valor inequívoco y universal de la palabra e, insisto, del ser humano portador de ella:   

PIDO la paz y la palabra.
Escribo
En defensa del reino del hombre y su justicia”.

 Versos que suenan como un aldabonazo:

“Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré como un anillo al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra”.

 Y que tienen en el tiempo que vivimos una vigencia total:

“CREO en el hombre. He visto
espaldas astilladas a trallazos,
almas cegadas avanzando a brincos
(Españas a caballo
del dolor y del hambre). Y he creído”.

Definitivamente, cantaré para el hombre.
Algún día –después-, alguna noche,
me oirán. Hoy van –vamos- sin rumbo,
sordos de sed, famélicos de oscuro”.

lunes, 24 de junio de 2013

DOS LIBROS DE LAURA ESQUIVEL

Hoy traigo a Opticks dos libros, a los que podríamos encuadrar dentro de la literatura de tipo didáctico que encierra un mensaje positivo. Se trata de La ley del amor y Tan veloz como el deseo, escritos ambos por Laura Esquivel, autora mejicana que se hizo mundialmente famosa al publicar en el año 1989 Como agua para el chocolate.
La ley del amor, el más antiguo de los dos citados, es una novela “multimedia”, ya que va acompañada de un CD conteniendo opera y canciones populares mejicanas. A la vez, en el texto de la novela se intercalan escenas de cómic que representan los fragmentos de ópera del CD y las letras de las canciones populares.
Laura Esquivel aconseja con bastante humor que los lectores de su libro sigan las instrucciones del mismo, deteniendo la lectura cuando toque escuchar ópera y bailando solo o en pareja en el momento que suena la música popular.
Al volumen que yo he sacado de la biblioteca le faltaba el CD. Así que me limitaré a comentar la historia que nos cuenta la autora.
Se trata de un relato de ciencia ficción iniciado en el Méjico azteca a la llegada de los españoles. Rodrigo, uno de los conquistadores, mata a la familia de Citlali, noble azteca que le asignan en encomienda y de la que se enamora perdidamente. Citlali no perdona lo que ha hecho el hombre y cuando la mujer de éste, Isabel, tiene un hijo, lo estrella contra el suelo.
Algunos siglos más adelante, en concreto en el siglo XXIII, aparecen todos estos personajes, que se han ido reencarnando de forma progresiva y viven en un mundo poblado de ángeles, demonios y seres más perfeccionados (por las sucesivas reencarnaciones), o menos.
Con ironía se juzga a los dirigentes políticos y a otras personas de la sociedad no muy honorables. La parte didáctica es la que recoge lo que debe hacerse para alcanzar la perfección: poner en práctica La ley del amor. Ley que los protagonistas del libro consiguen cumplir, por lo que todo termina bien.
El segundo libro, Tan veloz como el deseo, lo inicia Lluvia, una mujer que está cuidando de su padre, Júbilo, aquejado de Parkinson y casi moribundo. El relato de Lluvia se interrumpe cuando se nos cuenta la historia de Júbilo, telegrafista de profesión y un ser humano muy especial.
La vida de Júbilo, que desde pequeño supo interpretar los mensajes ocultos que las personas se dirigían y que por eso se hizo telegrafista, es emotiva e interesante. El cómo interpreta en positivo esos mensajes, el amor que sentía por su esposa Lucha, los altibajos en su matrimonio y en la profesión elegida, etc. hacen que la obra, por lo demás no demasiado extenso, se lea de un tirón.
Aquí, junto a lo didáctico que tiene el comportamiento del hombre, está el modo en que la hija embellece y llena de felicidad la última etapa en la vida de sus padres.
Resumiendo, dos libros distintos que recogen multitud de mensajes positivos y que sirven para pasar un rato entretenido y, al mismo tiempo, reflexionar un poco sobre nuestra manera de vivir.

lunes, 17 de junio de 2013

LOS BULEVARES PERIFÉRICOS

Una vez más me he fiado de Manuel Hidalgo para elegir el libro de esta semana. En uno de sus últimos artículos, hablaba de Patrick Modiano, considerándolo el mejor escritor francés actual.
La información que he buscado sobre este autor se ajusta a lo dicho por Manuel Hidalgo, Patrick Modiano ha ganado el Premio Goncourt, el de la Académie Française y el Nacional de las Letras, y el libro que acabo de leer, Los bulevares periféricos, demuestra de manera rotunda lo merecido de estos galardones.
Aunque se puede encontrar en Wikipedia, adelanto que Patrick Modiano nació en Francia en 1947, que su padre, un judío de origen italiano afincado en Salónica, desde donde emigró a París, se ausentaba frecuentemente de casa, y que eso, unido a la profesión de actriz de su madre, junto a algún otro detalle trágico, provocó que la infancia del futuro escritor resultase bastante solitaria.
Soledad que le condujo a la introspección que caracteriza todas sus obras y que, en la que voy a comentar hoy, ocupa un lugar primordial.
La historia contenida en Los bulevares periféricos, novela bastante breve que se lee en una tarde, la cuenta el protagonista de la misma, un joven de veintiséis años empeñado en buscar a su padre en la Francia ocupada por los alemanes.
Poco más se puede explicar, sin que ello aclare demasiado la trama del relato. La verdad es que la historia en sí importa bastante menos que la manera cómo el autor la cuenta.
Mediante la utilización de frases cortas y multitud de detalles descriptivos, Patrick Modiano recrea ante nosotros un ambiente inquietante, poblado por personajes oscuros y amorales, que se dejan llevar por los instintos, y que se dedican a negocios turbios que no acabamos de entender del todo. En ese ambiente, en un pequeño pueblo de veraneantes, el joven encuentra a su padre que, en apariencia, no le reconoce.
A partir de ahí, el chico recuerda el primer contacto que tuvo con él en París cuando era adolescente y las vivencias y acontecimientos acaecidos entonces. De nuevo aquí los personajes y los ambientes, también sórdidos, extraños y peligrosos, se describen con tal verismo, que terminan atrapándote y provocan en ti una sensación incómoda de no saber y no querer saber más de lo que se intuye.
En resumen, Los bulevares periféricos es un libro basado en los recuerdos y en la memoria, en el que los amantes de la buena literatura podrán hallar todo aquello por lo que un escritor nunca será relegado al olvido.

lunes, 10 de junio de 2013

LA CANCIÓN DEL EXILIO

Dice Isabel Allende, refiriéndose a La canción del exilio, obra de la escritora de ascendencia tahitiana por parte de madre Kiana Davenport: “La prosa de Davenport es nítida y brillante como una espada. Su sentido de la poesía y el amor por la naturaleza impregnan cada línea”.
El análisis de la autora chilena me parece acertado, en lo que se relaciona con el sentido de la poesía y el amor por la naturaleza que encontramos en muchas páginas de La canción del exilio; pero la idea de “espada” yo no utilizaría para referirme al estilo, sino más bien a los sentimientos que impulsaron a Kiana Davenport a escribir la novela.
Sin extenderme en el argumento, porque es bueno que el lector se vaya adentrando poco a poco y sin pistas en la trama, diré que la historia se desarrolla sobre todo en Hawái y su actual capital, Honolulu, aunque también aparecen otras islas, ciudades y lugares del mundo como Nueva Orleáns, Shanghái, París, Molokai o Nueva Bretaña.
El relato comienza en el año 1942, precisamente en una población de Nueva Bretaña, Rabaul, allí los japoneses han instalado una base militar en la que malviven multitud de mujeres convertidas en esclavas sexuales; entre estas mujeres está Sunny, principal protagonista femenina de la historia.
El siguiente capítulo nos traslada a Honolulu, a mediados de los años treinta, presentándonos a Keo, un humilde muchacho, de Hawái como Sunny, que vive con sus padres, dos hermanos y una hermana, trabaja de camarero y siente que la música es algo consustancial a él mismo. Afición que le lleva del ukelele, la guitarra y el piano hasta la trompeta, convirtiéndose en un extraordinario músico de jazz.
Durante una actuación, Keo conoce a Sunny, estudiante universitaria, hija de un médico coreano y de una hawaiana. Pese a las diferencias sociales, Keo y Sunny se enamoran e inician una relación que les conducirá a vivir en algunos de los lugares ya citados, cuando la Segunda Guerra Mundial empieza a afectar a gran parte del planeta.
La escritora describe de forma detallada lo que supone la guerra para las personas que habitan los lugares en los que se desarrolla, insistiendo en las aberraciones cometidas por los nazis y los japoneses, (confieso que en ocasiones me he tenido que saltar bastantes líneas). El trato que se da a los prisioneros en los campos de concentración, la enorme cantidad de mujeres que sufrieron la más abyecta esclavitud, las penalidades padecidas por la población civil; la deshumanización total al servicio del totalitarismo y la expansión territorial, ordenada por Hitler e Hiro-Hito, te conducen, si no lo tenías del todo claro, a la práctica del más ardiente pacifismo.
Pero la novela no es sólo una denuncia de los horrores que trae consigo la guerra, contada desde la perspectiva de las razas y pueblos sometidos a los que se ha robado, además de su tierra, su identidad, constituye también un directo alegato en contra de tal situación.
Es en ese apartado en el que la Kiana Davenport se recrea hablándonos del paisaje de las islas de la Polinesia, costumbres, alimentos, tipos humanos, religión, unidad entre la naturaleza y el hombre, belleza en estado virgen, que desaparece de forma paulatina bajo toneladas de hormigón, miles de hoteles y establecimientos turísticos e imposición de costumbres y actividades no habituales para los nativos.
Otros muchos aspectos podrían resaltarse en el libro: el exhaustivo estudio que se hace del jazz, el bombardeo de Pearl Harbour y sus consecuencias, el proceso seguido hasta que Hawái se convierte en un Estado más de EEUU, etc.
Son tantas las cuestiones tratadas por la autora y tantos los acontecimientos históricos que toca, que no entiendo cómo se puede encuadrar esta novela en el apartado de “romántica”, si entendemos el romanticismo en un sentido sentimental y cursi.
Sólo podremos aplicar a La canción del exilio de Kiana Davenport el calificativo de “romántica” si entendemos el término como expresión de la libertad interior más absoluta, la expiación o la redención mediante el sufrimiento que acompaña a la pérdida o la renuncia.

lunes, 3 de junio de 2013

EL TANGO DE LA GUARDIA VIEJA

Conocí por primera vez a Arturo Pérez Reverte a través de los libros que mis hijos leían aconsejados por sus profesores. Recuerdo, por ejemplo, La sombra del águila o las múltiples aventuras del Capitán Alatriste.
Después, una vez que los chicos crecieron, todos continuamos leyendo las obras de este autor: El maestro de esgrima, El club Dumas o La tabla de Flandes, por citar algunas novelas, y conjuntos de artículos: Con ánimo de ofender y Cuando éramos honrados mercenarios.
Explico lo anterior, porque el libro que hoy traigo a esta página, El tango de la Guardia Vieja, presenta muchas características de las obras citadas; es decir, es un claro exponente de la forma de hacer del escritor: Una prosa clara y fluida que resulta fácil de leer, cuidadas, detalladas y hasta muy poéticas descripciones, violencia, intriga, crítica feroz de la “idiosincrasia” española y, en el caso de El tango de la Guardia Vieja, yo diría que más que  otras veces, sexo bastante explícito, pero que, al formar parte natural de la trama, otro tanto sucede con las escenas de violencia, no escandaliza ni disgusta en absoluto. Una curiosidad, al igual que en La tabla de Flandes, aquí juega también un papel importante el ajedrez.
El tango de la Guardia Vieja ha sido considerado por los críticos de El Cultural como uno de los mejores libros de autores españoles e hispanoamericanos publicados en el año 2012. Su protagonista principal es Max Costa, un apuesto buscavidas ladrón y tramposo que, al inicio del libro, 1928, trabaja de bailarín mundano. En un viaje a Argentina, desempeñando la tarea para la que ha sido contratado, Max entabla relación con Mecha Inzunza, la bellísima hija de un rico empresario español que viaja a Buenos Aires en compañía de su marido, reputado compositor que pretende escribir allí un tango.
En paralelo a esta historia, Pérez Reverte nos muestra a Max Costa con sesenta y pocos años, trabajando de chofer de un famoso y acaudalado médico en Sorrento, y encontrándose de nuevo con Mecha Inzunza, que esta vez acompaña a su hijo, prestigioso ajedrecista, en un torneo de dicha disciplina.
El tercer contacto entre ambos es anterior, tuvo lugar en la Riviera francesa, refugio de muchos ricos españoles que huían de la Guerra Civil y lo relata el escritor entre el primero y el tercer encuentro.
No aclaro nada más de esta turbia y apasionada historia de amor, traiciones e intrigas, que se prolonga durante cuatro décadas (literal en la contraportada); sólo que ella nos permite conocer o recordar, (Arturo Pérez Reverte se documenta de forma exhaustiva a la hora de escribir), lugares y situaciones importantes en el devenir del pasado siglo, mediante un hermoso y magnífico relato cuyo ritmo mejora de modo progresivo, atrapando al lector, en busca de un final, no por previsible, menos interesante y literario.