domingo, 8 de diciembre de 2013

TODO LO QUE ERA SÓLIDO

Cuando ya las ciudades están engalanadas para las próximas fiestas navideñas y el bombardeo publicitario, con la finalidad de aumentar el consumo, se hace cada día más insistente, creo que puede resultar interesante la lectura de Todo lo que era sólido, libro escrito por Antonio Muñoz Molina que nos habla, entre otras inquietantes y actuales cuestiones, del afán consumista propio de nuevos ricos que ha caracterizado a muchos españoles a lo largo de bastantes años.
El relato de Muñoz Molina está escrito desde el más absoluto desasosiego. El desasosiego que provoca a un hombre confiado en que el fin de la dictadura franquista y esa Transición considerada por tantos modélica traerían a España la democracia y la libertad ansiadas, analizar en qué nos hemos convertido.
Porque aunque es cierto que a España llegó la democracia y la libertad “sin ira” glosada por el cantor, junto a ellas aparecieron también actitudes y defectos propios de unas gentes a las que nadie enseñó a ser libres.
Ante la España actual, en la que el deterioro político, económico y social va en aumento, Muñoz Molina en Todo lo que era sólido se remonta al pasado, a su época como administrativo en Granada, como reconocido escritor en los fastos que acompañaron a la Expo en Sevilla, como Director del Instituto Cervantes en Nueva York, como un simple ciudadano que contempla lo que la especulación urbanística ha hecho con nuestros pueblos y ciudades, que está informado del despilfarro obsceno de tantas entidades y administraciones creadas cuando el dinero parecía inagotable, que ve surgir de nuevo rencillas propias de las dos Españas (por no decir diecisiete y pico), que helaron el corazón a Antonio Machado. Ante todo ese cúmulo de barbaridades y errores, Muñoz Molina alza su voz.
Y alza su voz con incredulidad y con rabia, buscando las razones que puedan explicar por qué se desvaneció en el aire “todo lo que era sólido”.
Nace así un relato vibrante y sincero, en el que se reconoce el buen hacer y el extraordinario ritmo narrativo característico de las muchas y variadas obras del escritor jienense.
Pero el ensayo no se limita sólo a denunciar de manera exhaustiva y pormenorizada, sino que una vez expuesto y analizado el panorama social, político y económico del país, una vez que nos ha colocado a todos frente al espejo de nuestra estupidez, nuestra ambición o nuestra cobardía, Muñoz Molina, como también lo hacen de continuo José Antonio Marina o Mario Vargas Llosa, plantea en Todo lo que era sólido la necesidad de “una serena rebelión cívica”, apremiándonos porque “hay cosas inaplazables”.
Hemos descubierto que “el rey está desnudo”, se ha desmontado El retablo de las maravillas y ante el falso oropel, ante la desnudez de aquellos que creímos dignos de confianza, “ya no nos queda más remedio que empeñarnos en ver las cosas tal como son, a la sobria luz de lo real”.
Ver las cosas como son implica distinguir lo que se ha hecho bien de lo que se ha hecho mal y actuar en consecuencia. Dejar a un lado ideologías, banderas y rasgos diferenciales. Buscar lo mejor para el conjunto cada uno en el puesto que tenga encomendado. Emular a Machado y procurar ser buenos con la misma intención que él se definiera en su Retrato; es decir, ser buenos “en el buen sentido de la palabra”.

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