domingo, 10 de noviembre de 2013

EL PROGRESO DEL AMOR

Voy a la biblioteca municipal en busca de un libro de Alice Munro, a la que acaban de conceder el Premio Nobel de Literatura 2013. Obtengo uno editado en el año 1986 y que se titula El progreso del amor. Con algo de desconfianza, lo recojo (hay libros que envejecen mal y autoras que recibieron el Nobel y  me resultaron ilegibles).
Ninguno de mis miedos literarios puede aplicarse a esta obra de Munro. Sin embargo, me veo reflejada en otros muchos temores que experimentan las protagonistas de los once relatos contenidos en ella.
Relatos que sólo podía haber escrito una mujer. Así que la idea de comparar a Alice Munro con Chejov seguro que se le ha ocurrido a un hombre. Sólo una mujer puede acercarse a la realidad cotidiana, describirla e interpretarla como lo hace la escritora canadiense.
Una mujer y además solitaria o con la facultad de abstraerse en medio del bullicio. Las historias que Alice Munro cuenta requieren tal grado de introspección y análisis, que resulta imposible alcanzarlo rodeados de gente.
En general, no son historias que se alejen de las que conocemos o hemos vivido: la divorciada que vuelve a casa al recibir la llamada del padre comunicándole que la madre ha muerto y recuerda retazos de su vida, la amistad de dos estudiantes adolescentes y los conflictos que tal relación conlleva; el largo viaje de un matrimonio y sus hijos por Estados Unidos y Canadá para visitar a los abuelos, evocado después por la protagonista cuando la vida en común ha terminado; el asesinato suicidio de una pareja de jubilados y el modo de reaccionar de la mujer que los encuentra…
En todos los relatos se alternan los tiempos: los protagonistas recuerdan, comparan, reviven sentimientos y sensaciones; lo hacen con sencillez y fluidez, pero siempre hay algo que se escapa. Intuyes que en la aparente cotidianidad se esconde un secreto absurdo, aburrido, pernicioso. Que los fragmentos claros de la vida que a veces disfrutamos no pueden considerarse promesas, sino espacios para respirar, que con frecuencia proyectamos sobre los demás nuestras precauciones y nuestros miedos; que cuando estamos bien, una persona o un momento pueden transformarse en un lirio flotando sobre las aguas brumosas del río perfectas y conocidas.  
El libro se titula El progreso del amor porque el amor está presente en todas las historias. Amor en la familia, la pareja primera y la segunda; entre hermanos, amigos o amantes, amor erótico, amor religioso… Amor en el que Alice Munro con seriedad, sin ningún margen para la burla o la ironía destaca las luces y las sombras, un poco más las sombras.
Vuelvo a leer lo que he escrito hasta aquí y creo que no he logrado explicar más que el aspecto superficial del libro que acabo de leer. La densidad que encierra, el torpedo emocional que supone lo que expresa; lo acertado y sagaz de las descripciones, la belleza y acierto en la utilización del lenguaje, todo eso y mucho más se escapa de mi análisis.
Por lo tanto, como en el caso de tantas otras opiniones personales más o menos literarias, olviden lo que acabo de decirles, busquen un libro cualquiera de relatos de Alice Munro y lean en soledad sus historias.
 
 

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