domingo, 22 de septiembre de 2013

LA CRIPTA DE INVIERNO

El libro que hoy traigo a Opticks, La cripta de invierno, está escrito por una mujer, Anne Michaels, que primero se dedicó a la poesía. Quizá por eso sus páginas reflejan una exquisita sensibilidad plasmada en la belleza de unas palabras que surgen tras la más profunda introspección.
Los personajes, muy estudiados, han sufrido pérdidas determinantes para la vida que llevan en la actualidad: padres, hijos, patria, esposos…; seres que vuelven una vez y otra a la narración, como vuelven una vez y otra los recuerdos a la mente de cualquier ser humano que reflexione sobre su existencia.
La pintura que de ellos hace la autora canadiense es tan real, los lugares en los que viven y las situaciones que atraviesan están descritos con tantos detalles, que se visualizan sin dificultad alguna y eres capaz de percibir y hasta de compartir sus dudas, alegrías y sufrimientos.
El libro empieza en Egipto en el año 1964 cuando bajo el mandato del presidente Nasser se está construyendo la presa alta de Assuan y los arqueólogos advierten que las aguas del Nilo van a sepultar los templos de Abu Simbel. Entonces, bajo el patrocinio de la UNESCO, se inicia el traslado de dichos templos a un lugar en el que el agua no pueda alcanzarlos.
Uno de los principales protagonistas del relato, el ingeniero inglés Avery, trabaja en el traslado del Gran Templo, por lo que vive en las inmediaciones. Le acompaña su esposa, Jean, canadiense y apasionada por la botánica.
La relación entre estas dos personas y con el entorno, el desastre ecológico y humano que supone la presa al desplazar de sus tierras inundadas a más de 90.000 nubios que son reubicados en lugares  inhóspitos, lejos de la influencia benefactora del Nilo; el desgarramiento que produce todo ello en los afectados y la forma, insisto, reflexiva y estudiada que tiene la autora de contarlo puedo asegurar que impresiona.
La intensidad con la que Avery y Jean han vivido los trabajos de reubicación del templo y sus efectos, unido a la muerte de la primera hija de ambos al término del embarazo, provoca que la joven decida que deben separarse. Ella vuelve a sus plantas e intenta encontrar un sentido a todo lo acaecido y él se matricula en la universidad para estudiar arquitectura, otra de sus aficiones junto a la ingeniería.
Al alejarse de Avery, Jean conoce a Lucjan, un pintor judío nacido en Polonia que vivió en el gueto de Varsovia, padeció la dominación alemana primero y soviética después, emigrando a Canadá donde se relaciona con varios compatriotas atrapados como él por su pasado. Ni qué decir tiene que aquí la historia que rememora el hombre impresiona aún más.
Lo que vamos sabiendo en el relato de la vida de estos tres personajes y de otros ya muertos, como el padre de Avery y las madres de Jean y Lucjan, o vivos como la madre de Avery, Marina, así como eruditas explicaciones de ingeniería, botánica, historia, arquitectura, pintura, etc. se intercala en el texto de un modo natural, de igual manera que pensamientos y conocimientos se materializan en forma de palabras durante una conversación con alguien que te comprende y escucha.
Pienso que el hecho de que los principales personajes elegidos por  Anne Michaels a la hora de escribir La cripta de invierno tengan inquietudes artísticas y sean especialmente sensibles ante la belleza, la naturaleza y sus cambios contribuye a que el libro resulte tan íntimo y poético, también a que nos interpele y nos haga pensar. Hay frases que te obligan a dejar la lectura, cerrar los ojos y decirte a ti mismo: Es así, es esto.

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