martes, 6 de agosto de 2013

DOS OBRAS DE WILLIGIS JÄGER

Antes de comentar las obras literarias que hoy traigo a Opticks, debo decir que el personaje histórico que más admiro es Jesús de Nazaret y que todos los libros que he escrito intentan reproducir, de una forma  u otra, el mensaje que él nos dejó.
Si al autor de las anunciadas obras le tradujesen las palabras que acabo de escribir, quizá diría que su lectura no me aportó nada, porque he empezado la reseña de hoy con mi “yo”  en primer plano. Insisto en el error y añado que siempre tuve una visión universalista de la vida; he repetido multitud de veces que “donde está mi tesoro, allí está mi corazón”, y mi tesoro siempre lo han conformado personas (hoy, una menos de las más queridas). Para acabarlo de estropear, confieso que desde que recuerdo me atrajo la mística y que me sé de memoria algunos poemas de Teresa de Ávila y de Juan de la Cruz.
Dicho lo cual, toca hablar de las obras anunciadas, son dos: La ola es el mar y En busca de la verdad: Caminos-Esperanzas-Soluciones ambas están escritas por Willigis Jäger.
Willigis Jäger es un monje benedictino alemán profundamente enraizado en la tradición contemplativa del cristianismo y que, al enviarle su orden a un colegio en Japón, tuvo la oportunidad de investigar otras corrientes místicas, convirtiéndose, tras doce años de entrenamiento, en Maestro Zen y maestro de contemplación.
La ola es el mar recoge una conversación entre Willigis Jäger y Christoph Quarch, en la que el primero va respondiendo a las preguntas que le plantea su interlocutor, que no son otras que aquellas que los seres humanos nos hemos hecho desde el principio de los tiempos: ¿Cuál es el sentido de la vida?, ¿por qué existen la muerte y el dolor?, ¿hay algo que pueda ser mi absoluto?...
Willigis Jäger ofrece respuestas y soluciones que superan una visión anticuada del mundo y transmiten una visión nueva de la realidad y del ser humano, porque hoy en día ya no es posible hablar de Dios tal como se hacía en el siglo XX.
El segundo libro: En busca de la verdad: Caminos-Esperanzas-Soluciones profundiza en las cuestiones que se nos presentaron en el anterior y, de manera más elaborada, va analizando comparativamente las diferentes tradiciones místicas de las religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo, islamismo, remontándose en este análisis a los egipcios y a los griegos; interpreta a la luz de la mística “El mito de la caverna” de Platón y se apoya para su análisis en las reflexiones que nos han dejado grandes místicos de todas las épocas.
Poco a poco vamos descubriendo que las vidrieras pueden ser muchas y variadas, pero que la luz que recibimos a través de ellas es la misma en cualquier tiempo, momento o lugar.
Una luz que no alcanzamos a percibir en su totalidad porque estamos cegados por el “yo”, antepuesto a cualquier signo de trascendencia.
Es el “yo” el que nos inquieta, nos hace sufrir, nos seduce apartándonos de la comprensión de que somos uno con esa realidad primera: “La ola es el mar”, “Yo y el Padre somos una misma cosa”, “Yo soy la vid vosotros los sarmientos”, “Todos los seres tienen la naturaleza originaria desde el principio”, “Nunca estuvimos alejados de la casa paterna. Cuando estuvimos fuera, estuvimos dentro” (Parábola del hijo pródigo).
Aquellos que lograron y logran comprender lo anterior, sea cual sea su credo religioso o no tengan ninguno, saben “sentirse una figura en el grandioso juego de Dios, danzarines de su hermosa danza”.
Me gusta Willigis Jäger y recomiendo a los interesados su lectura por múltiples razones: No es dogmático, te plantea un camino de búsqueda hasta que logres caer en la cuenta de que nosotros no somos los buscadores sino los buscados; sus reflexiones dejan un poso de serenidad y alegría; te hace sentirte muy pequeño, pero también muy importante (no hay mar sin olas ni danzarín sin danza); alcanzas a entender en su totalidad por qué Juan de la Cruz, tras caminar en una noche oscura, pudo decir por fin: “Quedéme y olvidéme, el rostro recliné sobre el Amado; cesó todo, y dexéme, dexando mi cuidado entre las azucenas olvidado”.

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