lunes, 20 de mayo de 2013

LA MUJER QUE LLORA

Hay ciertos escritores que me provocan pensamientos tristes, dejando a un lado los aspectos formales de los libros que escriben. La escritora cubana Zoé Valdés está entre ellos. Incluso, cuando las obras que he leído presentan situaciones que podrían considerarse alegres. En el fondo de todos sus relatos vislumbro una tristeza melancólica que quizá esté en parte causada por haberse tenido que exiliar de su tierra, con los muchos conflictos que conlleva un exilio.
El caso es que en La mujer que llora, Premio Azorín de Novela 2013, de nuevo encuentro como elemento destacado la tristeza. No sólo en lo que se refiere a la vida de Dora Maar, ya de por sí conflictiva y triste, sino cuando nos habla de ella misma, en la breve mención que realiza de su militancia contra la dictadura cubana antes de exiliarse, o, ya en París, mientras consigue la información que necesita para escribir el libro que hoy traigo a Opticks.
Según explica la escritora, de Dora Maar se había escrito antes, ocupó un lugar destacado en el movimiento surrealista en los tiempos en que París, tras la Primera Guerra Mundial, se convirtió en un hervidero de artistas que buscaban nuevas y distintas formas de expresión: André Breton, G. Apollinaire, Paul Éluard, Man Ray, Max Ernst, Max Jacob, por citar algunos de las que aparecen en el libro. Entre todos también está Picasso, que atravesó un periodo surrealista, y Dora Maar, pintora y fotógrafa, adscrita al movimiento, musa de Man Ray y Max Jacob y amante del escritor Georges Bataille.
Zoé Valdés relata de manera simultánea dos historias: más breve, la suya propia en París, en diversas etapas tras el exilio, mientras escribe o busca información valiéndose de dos amigos de Dora Maar, James Lord y Bernat Minoret, que acompañaron a la pintora a Venecia en un viaje que duró una semana y, al término del cual, ella decidió apartarse de todos, buscó refugio en la religión y se enclaustró en su apartamento, rodeada de los cuadros de Picasso.
La segunda historia se centra en el viaje a Venecia citado. Aquí es Dora la que nos cuenta sus impresiones y rememora lo que ha sido su vida hasta esos días: relación con sus padres, viaje a Argentina en la adolescencia, amigos en París, aficiones, surrealismo, amantes y entre éstos, en el lugar más destacado, el que será por siempre su gran amor: Pablo Picasso.
Dora Maar conoció a Picasso con 24 años, él tenía 42, y fue su amante a lo largo de 10. El dibujo que Zoé Valdés, en palabras de Dora, nos hace de esa etapa, deja al Picasso hombre bastante mal: mezquino, cruel, egoísta, al borde del sadismo y la depravación sexual. Sin embargo, el Picasso genio queda intacto y los cuadros en los que representa a Dora, “mujer que llora”, son una muestra de esa genialidad.
La mujer que llora no es una novela fácil de leer. Al igual que en el movimiento surrealista, hay mucha introspección y búsqueda en sus páginas; (a la vez que una información enriquecedora y exhaustiva). 
En las obras de Zoé Valdés, la honradez intelectual,  la introspección, la búsqueda, los deseos de libertad, el compromiso, la entrega absoluta a un ideal, suelen estar bastante presentes. Quizá en ello resida la razón del poso de tristeza que me suele quedar tras su lectura.  

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