lunes, 6 de mayo de 2013

EL ANARQUISTA QUE SE LLAMABA COMO YO

El mes de mayo lo empiezo con un libro que me proporcionó a principios de abril Kiko, uno de los bibliotecarios de mi pueblo.
Conocía el título, El anarquista que se llamaba como yo, al haber leído en el periódico que su publicación le valió al autor, Pablo Martín Sánchez, el premio a la mejor ópera-prima 2012 otorgado por la revista El Cultural.
Pese a todo, conocedora también por el periódico del argumento del citado libro, no tenía intención de pedirlo prestado, (lo único que me faltaba para deprimirme aún más era una historia de anarquistas condenados a garrote vil).
Pero la mujer propone y Kiko dispone. Así que al tenerlo en las manos, no fui capaz de renunciar a su lectura y me lo traje a casa, dispuesta a un sacrificio que he ido posponiendo hasta hace justo una semana. 
Menos mal que el sacrificio dejó pronto de serlo, cuando empecé a profundizar en la vida de un joven idealista llamado Pablo Martín Sánchez que terminó enrolado, casi a su pesar, en una misión tan disparatada como suicida.
Nos cuenta el autor, para justificar el porqué de la obra, que la idea le surgió tras teclear su nombre en goegle y descubrir que un anarquista condenado a garrote vil por haber participado en los sucesos acaecidos en noviembre de 1924 en Vera del Bidasoa (Navarra) se llamaba igual que él. Interesado por tal coincidencia, comenzó a investigar en los lugares donde había vivido esa persona y hasta tuvo la suerte de encontrar a una sobrina de 90 años que, con sus confidencias, le proveyó de aún más alicientes para escribir la historia. Una historia que también había servido a Pío Baroja como argumento de su novela La familia de Errotacho.
Pablo Martín Sánchez inicia la suya en 1980, año en que su homónimo nace en Baracaldo, hasta que muere ajusticiado en Pamplona en 1924. Lo hace alternando los capítulos en los que, sin proponérselo, se ve implicado en el proyecto revolucionario pergeñado en París por los anarquistas, con otros en los que nos relata su infancia, adolescencia y juventud.
Gracias a lo exhaustivamente documentado que está el libro, podemos conocer la situación de España a finales del siglo XIX y principios del XX, sobre todo durante el reinado de Alfonso XIII y la dictadura de Primo de Rivera: las enormes diferencias sociales, la lucha de los sindicatos por mejorar las condiciones de trabajo de los obreros y,  más que nada, las aspiraciones y actividades del movimiento anarquista, tanto en nuestro país como en el exterior: Francia, Estados Unidos y Argentina.
Es en Francia donde suceden muchos de los acontecimientos que el autor explica, por ejemplo, las actividades de Unamuno, Ortega y Gasset y Blasco Ibáñez, intelectuales que desean acabar con la dictadura; o revolucionarios como Francisco Ascaso y Buenaventura Durruti, que pretenden lo mismo con otros métodos.
Me parece muy interesante, además de la historia en sí y de todo lo que he aprendido sobre la época en la que se desarrolla, el modo cómo Pablo Martín Sánchez inicia la novela y, más aún, el sorprendente epílogo que nos regala al final.
En resumen, El anarquista que se llamaba como yo es un libro bien escrito y bien documentado que, tal vez por la cantidad de detalles históricos que aporta, puede no resultar de fácil lectura para los no aficionados a esa clase de novela histórica que pretende transmitirnos los hechos relatados con precisión y objetividad.

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