lunes, 15 de abril de 2013

AQUÍ YACEN DRAGONES

Cuando empiezas a leer Aquí yacen dragones, si no conoces nada del escritor, Fernando León de Aranoa, piensas que debe tratarse de un señor aficionado al cine, tal es la capacidad que tienen los relatos de estimular tu imaginación conforme vas leyendo y la perfecta estructura de cada una de las escenas narradas.
Luego aprendes que Fernando León de Aranoa es director de cine, creador de películas como Barrio, Los lunes al sol o Princesas, y que, además, escribe sus propios guiones. De esta forma ves justificadas tus impresiones iniciales.
Aquí yacen dragones es un libro de relatos. En concreto contiene ciento trece piezas narrativas de distinta temática y distinto tamaño, desde una línea (Risas), dos páginas y media (Manual para manejar los recuerdos), o siete páginas el más largo (Una casa abierta), por citar algunos ejemplos, que recogen pensamientos, reflexiones y experiencias de su autor, mientras explora los límites entre la realidad y la fantasía (reino de los dragones).
Si tenemos en cuenta la temática elegida, deducimos que Fernando León de Aranoa viaja mucho. Así habla de aeropuertos, de maletas, de azafatas, de ciudades y personas allende de los mares…, (El último adiós, El doble, Las chicas de los aeropuertos, La maleta…).
Deducimos también que es muy observador, no sólo de individuos y su apariencia externa, sino de caracteres, situaciones y ambientes de lo más variopinto, (Las cosas que se quieren perder, Los nombres, Variaciones, Temores…).
Una tercera deducción nos hablaría de su sensibilidad ante el infortunio: la muerte, la enfermedad, las injusticias sociales…, (Las muertes de María, Abdel, el de los barcos, Los terratenientes, Oro…).  En cuarto lugar encontramos en este escritor una gran capacidad para sentir ternura y expresarla, (Los adioses elegidos, Razones, Tu nombre y el mío, Las cosas pequeñas…).
Podría continuar deduciendo y citando relatos: los que recuerdan al realismo mágico, (Las siete tumbas del Sr. Barea, Niño Pena, Perdido); los que, por su extensión, evocan a mi admirado Monterroso, (No sé qué pensar, Los meteorólogos en el ascensor, El hombre); los que juegan con las palabras y su significado, (Epidemia, Acuerdo, Risas).   
Mi última deducción consistiría en que, a través de sus relatos, podemos intuir que Fernando León de Aranoa es una persona culta, inteligente, profunda, imaginativa, trabajadora y solidaria.
Además, escribe bien. Sobran motivos para leer su libro.

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