lunes, 25 de febrero de 2013

SALIENDO DE LA ESTACIÓN DE ATOCHA

A poco de empezar a leer Saliendo de la estación de Atocha, primera novela del poeta Ben Lerner (Kansas 1979), pensé que podía considerarse una actualización de La tesis de Nancy de Ramón J. Sénder. En ambos casos los protagonistas son jóvenes que vienen a España desde Estados Unidos para realizar un trabajo de investigación relacionado con sus estudios. Pero conforme avanzaba en la lectura, me daba cuenta de que sólo en esto y en la crítica social, determinante en el libro de Sénder, se asemejaban ambas obras.
Otra idea que se me ocurrió mientras leía, por  la descripción de lugares y la riqueza de detalles, fue que el autor había vivido lo que su personaje narraba. En parte, es cierto. Ben Lerner estuvo en España con el objetivo de estudiar la Guerra Civil y su influencia en los escritores de esa época histórica. Aunque afirma que, al contrario del citado personaje, él sí tenía las cosas claras y aprovechaba bien el tiempo.
Centrándonos ya en el relato, su protagonista, Adan, joven norteamericano que llega a Madrid con una sustanciosa beca para realizar un “proyecto poético sobre el legado literario de la Guerra Civil”, nos cuenta en primera persona cómo se desenvuelve su vida en fechas anteriores y posteriores a los atentados del 11-M; hay que decir que éstos no guardan demasiada relación con el fondo argumental de la historia.
Bajo la influencia casi continuada de porros y tranquilizantes, Adan busca la propia identidad, ya que no tiene nada claro su proyecto, duda de su valía como poeta y, en muchas cosas, se considera un fraude.
Esa inseguridad provoca que, al relacionarse con otras personas, en especial mujeres: sus amores Isabel y Teresa, invente historias y situaciones que cree pueden hacerlo más interesante y atrayente. Incluso, ensaya gestos y muecas con el fin de parecer distinto y hasta aprende de memoria frases hechas que, aunque no dicen nada, suenan profundas y dan prestigio a aquél que las pronuncia.
Todo esto da lugar a escenas hilarantes en las que está presente la crítica de ciertos ambientes de creación “modernos”, en los que obras y creadores son admirados y sólo venden “humo”.    
A pesar de tratarse de un joven en busca de la propia identidad, Saliendo de la estación de Atocha no es una novela de iniciación a la vida adulta. Más bien podría decirse que es una inteligente reflexión sobre la creación a la que, por un lado, el autor desmitifica y, por otro, valora apoyándose en escritores y obras a las que admira y que acepta han influido en él, como Tolstói, John Ashbery, García Lorca, Antonio Machado, El Quijote…; o los cuadros que contempla Adan en sus visitas al Museo del Prado. Dicha reflexión, enriquecida con bastantes ejemplos, se extiende al lenguaje, sobre todo poético, y a la pintura centrada en determinados cuadros.
Los sucesos del aciago 11-M están narrados bajo la óptica de un extranjero que vivía en esos momentos en Madrid y que los ve como un acontecimiento ajeno, ayudándose de las noticias que aparecen en la prensa. También aquí aparece la crítica, en este caso, política, que, junto a la social y a la literaria, expresadas, como el resto de lo que nos cuenta el autor, de manera brillante y actual, hacen distinta y muy recomendable esta primera novela de Ben Lerner.

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