domingo, 3 de febrero de 2013

LA ESTACIÓN PERDIDA

Si hubiese empezado a leer el libro que hoy traigo a esta página sin conocer la edad ni el nombre del autor, habría supuesto que se trataba de una persona mayor con un bagaje intelectual y humano sólido y asentado. Por ejemplo, una persona como Pío Baroja, Luis Mateo Díez, Miguel Delibes o alguien similar.
Sin embargo, comencé el libro, La estación perdida, Premio Ojo Crítico de Narrativa 2012, sabiendo que su autor, Use Lahoz, había nacido en Barcelona en el año 1976. Por lo tanto es un hombre mucho más joven de lo que da a entender la lectura de esta novela.
¿En qué me baso para considerar “mayor” al autor de La estación perdida? Sobre todo en la forma que tiene de contarnos la historia contenida en el libro y en los detalles que aporta en la misma.
Historia que comienza en el año 1945 en una remota aldea de Aragón, Valdecádiar. Allí vive Santiago Lansac junto a su madre Delfina y su padre Justo que se dedican, como el resto de los vecinos de la aldea, a la agricultura y a cuidar animales que les faciliten el sustento. A los 18 años, al intentar arreglar los papeles para irse a vendimiar a Francia, Santiago descubre que es adoptado. Eso transforma por completo la percepción que tiene de su vida. Así que abandona el pueblo para marchar a la capital en un peregrinaje que le lleva a Valencia, a Barcelona y, finalmente, a Montevideo.
En este ir de un lado para otro, a Santiago Lansac le sucede de todo, se casa, tiene hijos, encuentra en el camino a delincuentes que se aprovechan de su ingenuidad pueblerina y sueña, siempre sueña con cambiar el futuro comprando lotería de forma compulsiva que, por supuesto, jamás le toca.
Los personajes están muy bien dibujados, destacando Santiago, un antihéroe soñador y desorientado al que la realidad no le permite alcanzar nunca las metas propuestas. También Candela, la mujer enamorada y fiel que aporta esperanza y ganas de seguir adelante a la existencia del protagonista.
De igual modo, están bien dibujados los ambientes: el rural, con su atraso y tradiciones seculares; el urbano, en ciudades en las que empieza el despliegue industrial y la inmigración con sus chanchullos, pillerías y gestos de solidaridad que facilitan la convivencia entre gentes distintas; el decadente de Montevideo que nos evoca pasadas grandezas de la antigua ciudad colonial.
Todos estos dibujos los realiza Use Lahoz de manera realista, pero utilizando un lenguaje profuso en imágenes y recursos estilísticos, que se va complicando conforme se complica a su vez la vida del protagonista, en línea con la mejor literatura que ha tratado estos temas.
Resumiendo, La estación perdida es una novela escrita con un cuidado primoroso que nos permitirá, de la mano de Santi, más soñador y víctima que pícaro, recorrer una parte de la historia de España, rica en claros y oscuros, y disfrutar leyendo mientras la recorremos.

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