lunes, 7 de enero de 2013

ME ENCONTRARÁS EN EL FIN DEL MUNDO

En ocasiones lees un libro y no encuentras un adjetivo apropiado para calificarlo. Acaba de ocurrirme con Me encontrarás enel fin del mundo, novela del escritor francés Nicolas Barreau que, al parecer, alcanzó el éxito gracias a una obra anterior titulada La sonrisa de lasmujeres.
No conozco tal obra, así que no puedo opinar sobre ella. Pero si está en la línea de la que acabo de leer, temo que también tendré dificultades para calificarla.
El caso es que la presentación del libro que hoy traigo a esta página, el título: Me encontrarás en el fin del mundo y la aseveración que aparece en un círculo rojo en la portada: “Este libro te hará MUCHO más feliz”, puede predisponer a su lectura (o no, según los casos).
Si ignoras todo esto y empiezas a leerlo, compruebas que está bien escrito y la experiencia que el protagonista, Jean-Luc Champollion, vivió cuando era adolescente, relatada en las primeras páginas, que le predispuso en contra de las cartas de amor, hasta te puede parecer un buen comienzo.
La decepción para el lector se inicia cuando el sensible y decepcionado joven cumple años, convirtiéndose en el frívolo, atractivo y mujeriego (dentro de un orden) propietario de una galería de arte en París, que vive en dicha ciudad con la sola compañía de un perro dálmata al que ha puesto el nombre de Cézanne.
El hecho de que sea pariente del gran egiptólogo francés y, de nuevo, el título del libro, contribuye a que pienses otra vez que la situación puede arreglarse. Pero no, la historia se reduce a que el atractivo galerista recibe por carta o por e-mail persistentes declaraciones de amor de una mujer que dice conocerlo y cuya identidad él ignora.
Obsesionado por su anónima comunicante, intenta descubrir de quién se trata y termina enamorándose de ella, aunque le preocupa que pueda tratarse de una persona poco agraciada. Porque en la novela todo, empezando por los lugares de París descritos, y siguiendo con los personajes del relato, ha pasado por el photoshop.
El final, previsible, lo dejo a merced del lector despistado.
Por mi parte, voy a seguir buscando adjetivos para calificar ésta y otras novelas de las que se publican hoy en día y que se dice tienen un gran éxito. Estoy segura de que en las obras de Gilles Lipovetsky encontraré unos cuantos.

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