miércoles, 2 de enero de 2013

GRANDES PECHOS AMPLIAS CADERAS

Terminé el año 2012 con El país imaginado, novela del escritor argentino Eduardo Berti cuya trama se desarrolla en China.
Empiezo  el  2013 con Grandes pechos amplias caderas, novela  de Mo Yan, escritor chino y Premio Nobel 2012, que nos aproxima a la historia de su país durante casi todo el siglo XX.
Grandes pechos amplias caderas se publicó en China en 1996 y, de inmediato, el libro fue prohibido. Algo muy normal en los regímenes totalitarios, tan contrarios a la libertad como adictos a la propaganda manejada por ellos.
Sin embargo, considero que la obra de Mo Yan bastante imparcial. Trata con la misma objetividad los abusos cometidos en la China maoísta, en la imperial (finales de la dinastía Ming), la Guerra Civil o la invasión japonesa.
En todos los casos, el relato destaca por su enorme crudeza, con escenas violentas y de un realismo poco apto para estómagos delicados. Realismo sucio que se alterna a veces con el realismo mágico propio de Hispanoamérica y en el que fue maestro indiscutible Gabriel García Márquez.
Ese realismo y esa violencia conviven en muchas descripciones con la belleza que el escritor destaca en las personas y en los paisajes. Recuerdo un episodio de las primeras páginas, cuando llevan al cementerio amontonados en unos carros los cadáveres, algunos putrefactos, de los que han muerto en el ataque japonés. La descripción del campo de trigo en sazón que recorren los carros y el asalto a los mismos por bandadas de cuervos, te demuestra, sin ningún tipo de adoctrinamiento, lo unidas que están la muerte y la vida.
Muerte contra la que se enfrenta a lo largo de toda la novela  una mujer, Shangguan Lu, Madre, excepcional protagonista de la historia, cuya personalidad destaca por encima del resto de los personajes en un despliegue de universalismo. 
Shangguan Lu, Madre, acogida por sus tíos al quedarse huérfana, a la que vendan los pies como símbolo de feminidad y para resaltar su atractivo, casándola después con un herrero estéril que la desprecia y maltrata, acusándola de su propia incapacidad. Cansada de palizas y desprecios, Madre engendra con hombres diferentes ocho chicas y un chico, Jintong, su único hijo varón, una criatura débil de carácter, obsesionado por los pechos femeninos y narrador principal del relato.
El libro, muy extenso, 836 páginas, se desarrolla en su mayor parte en la China rural (Gaomi del Noroeste) y creo que merece la pena que los posible lectores dediquen unos días en este 2013 que comienza a profundizar en él y pensar en todo lo que nos dice. Insisto en que el autor no pretende adoctrinar a nadie, se limita a presentar ante nosotros escena tras escena el trato a las mujeres y a los débiles, el desarrollo y consecuencias de las guerras, los abusos en las revoluciones, la corrupción asociada al poder, etc. El retrato que hace de todo ello puede calificarse de sarcástico y demoledor.
Por eso no entiendo cómo se ha podido acusar a Mo Yan de colaboracionista con el gobierno revolucionario. Mi opinión es que se trata de un escritor tan bueno, que trasciende la realidad próxima. Las conclusiones que podemos extraer al leer el libro son aplicables a cualquier país y a cualquier tiempo.

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